Envejecer juntos: el matrimonio en la tercera edad, Lección 7. Leer Lucas 2:25-38. La persona que te acompañó durante décadas se ha ido de repente; ya no sabes para quién poner la mesa ni cómo seguir viviendo a solas
Pasaje principal: Lucas 2:25-38
Ana quedó viuda después de siete años de matrimonio y, ya muy anciana, seguía “sirviendo de noche y de día”; al ver al niño, dio gracias a Dios y habló de Él a quienes esperaban la redención. Simeón lo tomó en sus brazos y dijo: “Ahora despides, Señor, á tu siervo… en paz”. Después de la muerte del cónyuge, la vida a solas sigue en las manos de Dios; la esperanza en Cristo nos permite hacer lugar al dolor y nos da fuerzas para seguir adelante.
La persona con quien compartiste varias décadas se fue de repente. Termina el funeral, los parientes regresan a sus casas y los hijos vuelven al trabajo; en casa solo quedas tú. Por costumbre todavía pones dos juegos de platos y cubiertos, dejas en la televisión el programa que le gustaba y, cuando vuelves la cabeza, la silla está vacía. El primer año trae muchos “primeros momentos” que suelen ser especialmente difíciles: su cumpleaños, el Año Nuevo chino, la festividad de Qingming, los días en que tú mismo enfermas. Para algunas personas, lo más duro llega más tarde. Unas pasan la noche sin dormir; otras no quieren salir de casa; otras repasan sin cesar aquellas cosas que no alcanzaron a decir o hacer.
Lucas 2 presenta a dos personas que esperaban la salvación el día en que el niño Jesús fue llevado al templo. Una de ellas era Simeón:
Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él. (Lucas 2:25)
Había esperado durante mucho tiempo. Aquel día tomó al niño en brazos, bendijo a Dios y dijo:
Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz; (Lucas 2:29)
Porque han visto mis ojos tu salvación, (Lucas 2:30)
Simeón podía hablar con tanta serenidad de su propia muerte porque había visto la salvación de Dios. La muerte no había desaparecido de su horizonte, pero ya no tenía la última palabra.
La otra persona era la profetisa Ana. Lucas resume toda su vida en pocas palabras: “la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad” (Lucas 2:36), y después quedó viuda.
Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. (Lucas 2:37)
La versión china CUV presenta en el texto principal la lectura “tenía ya ochenta y cuatro años” y en una nota indica que también puede leerse “había vivido como viuda ochenta y cuatro años”. Sea cual sea la lectura, fueron muchos años de viudez. La Escritura no cuenta cómo atravesó la pérdida de su esposo ni cuántas veces lloró; sí registra que dedicó el largo resto de su vida a la oración y al servicio de Dios. Que “no se apartaba del templo” significa que solía estar allí, de manera que pensar en ella era pensar en la oración. Aquel día, “juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem” (Lucas 2:38). Una anciana que llevaba muchos años viuda llegó a ser una de las primeras personas que hablaron de este niño.
Cuando muere el cónyuge, la vida cambia, pero no termina. Tal vez Dios todavía nos deje tareas que realizar: orar por nuestros hijos y nietos, visitar a otras personas que también viven solas, o contar en la iglesia cómo Dios nos ha guiado todos estos años. No es necesario esperar a que el corazón deje de doler para comenzar.
Podemos estar tristes. Al hablar de quienes durmieron en Jesús, Pablo dice que no quiere “que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). No dice que esté prohibido llorar; dice que nuestro dolor contiene esperanza. Jesús murió y resucitó, y quienes le pertenecen también resucitarán. La salvación que Simeón vio es este mismo Jesús.
En Isaías hay unas palabras que conviene leer despacio durante una noche en soledad:
Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. (Isaías 46:4)
Estas palabras fueron dirigidas primero a la casa de Israel, pero también expresan el corazón de Dios hacia quienes le pertenecen: Él nos ha llevado desde nuestro nacimiento y, cuando el cabello ya está blanco y el cónyuge se ha ido, todavía nos sostiene.
1. Dos personas que esperaban. Simeón “esperaba la consolación de Israel”, y Ana dedicó el resto de su vida a orar y servir. El texto no dice qué edad tenía Simeón; la persona descrita claramente como anciana es Ana. Lucas los presenta juntos para mostrarnos cómo esperan los creyentes la salvación de Dios.
2. “Ahora despides… á tu siervo… en paz”. La idea de “despedir” en el versículo 29 se parece a la de un señor que permite a su siervo terminar su tarea y regresar a casa. La paz de Simeón viene de que sus ojos habían visto la salvación de Dios (versículo 30).
3. En la versión china CUV, el versículo 34 está unido al 35. El contenido de ambos se imprime dentro del versículo 35 y el 34 conserva solo una marca; no falta ningún texto bíblico.
4. Hay dos lecturas de la edad de Ana. En el versículo 37, el texto principal de la CUV dice que “tenía ya ochenta y cuatro años”, y una nota ofrece la lectura “había vivido como viuda ochenta y cuatro años”. La Escritura no cuenta cómo atravesó aquellos años de viudez; solo registra cómo vivió el resto de su vida.
5. “No se apartaba del templo”. Significa que frecuentaba el templo y que el servicio a Dios mediante la oración era el centro de su vida; no hace falta entender que vivía dentro del templo.
Antes de comenzar (quien dirige lo lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no lo contamos fuera. Hay una excepción: si se trata de un daño que sigue ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otros, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero intentará hablarlo con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no se esperará a obtener consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, profesionales cualificados, la policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Para comenzar: Entre las personas mayores que conoces, ¿quién te hace pensar: “También se puede vivir así de bien al llegar a la vejez”? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder)
Sugerencia para quien dirige: Mantén un tono ligero: una persona mayor que cada día ayuda a vigilar las bicicletas en el parque; una hermana de noventa años que todavía asiste a las reuniones. Termina con una idea: aun en la vejez, la vida puede tener peso y significado.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aprox. 1 minuto, para quienes no se prepararon)
Esta lección trata Lucas 2:25-38. En Jerusalén había un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel. Aquel día, movido por el Espíritu Santo, entró en el templo justo cuando los padres de Jesús llevaban al niño. Simeón lo tomó en brazos, bendijo a Dios y dijo: Señor, ahora despides a Tu siervo conforme a Tu palabra, en paz, porque mis ojos han visto Tu salvación. También estaba Ana, una profetisa que había quedado viuda después de siete años de matrimonio y había llegado a una edad avanzada. No se apartaba del templo, sino que servía a Dios de noche y de día con ayunos y oraciones. Se acercó, dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención. El pasaje de comparación es Isaías 46: hasta la vejez Dios sigue siendo el mismo y hasta las canas nos sostendrá. Hoy hablaremos juntos de cómo vivir a solas después de la muerte del cónyuge.
1. Lee los versículos 25-28. ¿Cómo era Simeón? ¿Qué había estado esperando?
Sugerencia para quien dirige: Era justo y piadoso, y el Espíritu Santo estaba sobre él. Esperaba la consolación de Israel y había recibido la revelación de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor.
2. Lee los versículos 29-35. ¿Qué dijo Simeón mientras sostenía al niño? ¿Por qué podía hablar con serenidad de su propia muerte?
Sugerencia para quien dirige: Dijo que el Señor despedía a Su siervo en paz, porque sus ojos habían visto la salvación de Dios. También habló a María del sufrimiento que vendría; el texto no lo oculta.
3. Lee los versículos 36-38. ¿Qué aspectos de la vida de Ana registra Lucas? ¿Qué hizo después de ver al niño?
Sugerencia para quien dirige: Quedó viuda después de siete años de matrimonio; había llegado a una edad avanzada; frecuentaba el templo, ayunaba, oraba y servía a Dios de noche y de día. Dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
4. Ana quedó viuda después de siete años de matrimonio, pero Lucas registra que servía a Dios “de noche y de día” y que habló del niño a otras personas. Después de la muerte del cónyuge, ¿qué puede quedar todavía en una vida a solas delante de Dios?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedica suficiente tiempo. La Escritura no cuenta cómo atravesó Ana su dolor, así que no debemos inventarlo. Sí registra que sus años de viudez no fueron inútiles: la oración, el servicio y el testimonio son asuntos de peso delante de Dios. Después de la muerte del cónyuge, la vida cambia, pero no termina; quizá Dios todavía nos deje tareas que realizar. No es necesario esperar a que el corazón deje de doler para comenzar.
5. Simeón dijo que el Señor despedía a Su siervo en paz. ¿De dónde venía su paz? ¿Qué esperanza tienen los cristianos frente a la muerte de sus seres queridos y a la propia? ¿Pueden estar tristes?
Sugerencia para quien dirige: Su paz venía de haber visto la salvación de Dios, que es Jesús. 1 Tesalonicenses 4:13 dice que nuestro dolor no es como el de quienes no tienen esperanza; Pablo no prohíbe la tristeza. Jesús murió y resucitó, y quienes le pertenecen también resucitarán. El dolor y la esperanza pueden habitar el corazón al mismo tiempo.
6. (Pregunta opcional; si hay tiempo) Isaías 46:4 dice que Dios nos sostendrá “hasta las canas”. Cuando alguien envejece y su cónyuge ha muerto, ¿qué significa que Dios lo sostenga?
Sugerencia para quien dirige: Estas palabras fueron dirigidas primero a la casa de Israel, pero también expresan el corazón de Dios hacia quienes le pertenecen. Sostener aquí es llevar cerca del corazón. Él nos ha llevado desde nuestro nacimiento y, cuando el cabello ya está blanco y la persona que estaba a nuestro lado se ha ido, todavía no nos suelta.
7. Después de perder a un ser querido, ¿qué clase de compañía te ayudó más? ¿Qué palabras, en cambio, no ayudaron? (Quien quiera puede compartir; quien no desee hablar de sí mismo puede comentar lo que ha observado; quienes vienen por primera vez también pueden responder)
Sugerencia para quien dirige: Escucha sin comentar. Algunas respuestas frecuentes: lo que más ayudó fue que alguien viniera a sentarse, compartiera una comida y escuchara hablar del cónyuge; lo que menos ayudó fue oír “no llores”, “tienes que superarlo” o “está en un lugar mejor”. Si alguien dice que ya no puede más o que no quiere vivir, sigue la indicación anterior sobre los pensamientos suicidas: quédate a su lado en ese mismo momento, sin esperar al final de la reunión.
8. Esta semana, ¿qué acción quieres realizar por ti o por una persona mayor que haya enviudado?
Sugerencia para quien dirige: Orienta hacia algo concreto: llamar a una persona mayor que viva sola e invitarla a comer; pedir a un amigo que acompañe a quien está de duelo en el aniversario de la muerte; apuntarse al equipo de visitas de la iglesia. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.
Pide a alguien del grupo que lea despacio Lucas 2:29-32 y después Isaías 46:4; luego guarden un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases: dar gracias a Dios por el cónyuge fallecido, expresar con sinceridad el dolor o pedir consuelo para las personas viudas del grupo. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar tranquilamente, sin tener que orar ni hacer ninguna declaración. Al final, quien dirige puede recoger las peticiones e interceder por quienes están presentes. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat grupal. Para un seguimiento habitual, primero se pide el consentimiento de la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un niño o alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otros, no se espera a obtener consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios locales de emergencia, la policía o los servicios de protección adecuados.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, gracias por habernos dado a nuestro cónyuge durante todos estos años. Ahora se ha ido; la casa ha quedado vacía y también sentimos un vacío en el corazón. Tú lo ves todo. Gracias porque has prometido sostenernos hasta la vejez y aun cuando nuestro cabello esté blanco. Consuela a los hermanos y hermanas viudos que están entre nosotros; acompáñalos de noche y en los días festivos. Ayúdanos a poner en Tus manos los años que nos quedan, como Ana, y a hallar paz delante de Ti al ver Tu salvación, como Simeón. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para realizarla esta semana. Basta con una; si en este momento no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta anotarlo ni informar al grupo. Si quieres, la próxima vez puedes contar cómo te fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Busca un momento tranquilo y escribe despacio en una hoja. Si te cuesta escribir, también puedes pensarlo en silencio, grabar un mensaje con el teléfono o contárselo a alguien de confianza. Si no puedes seguir escribiendo o hablando, detente y continúa otro día.
Al terminar, puedes orar con esa hoja delante; si quieres, también puedes enseñársela a un amigo o a uno de tus hijos en quien confíes.
Pueden escoger “Perder a un ser querido” de la serie “Circunstancias de la vida” (Lucas 7:11-17), o “Afrontar la muerte” de la misma serie (2 Timoteo 4:6-18).