Para matrimonios en la última etapa de la vida: los hijos se han ido de casa, llegó la jubilación, aumentan las enfermedades, quizá el cónyuge todavía no crea y un día uno de los dos partirá primero. Incluso esta etapa de un matrimonio de varias décadas permanece bajo la gracia de Dios. Los dos pueden aprender de nuevo a tratarse mutuamente y vivir la fe juntos —o a solas— hasta el final.
Para matrimonios en la última etapa de la vida: los hijos se han ido de casa, llegó la jubilación, aumentan las enfermedades, quizá el cónyuge todavía no crea y un día uno de los dos partirá primero. Incluso esta etapa de un matrimonio de varias décadas permanece bajo la gracia de Dios. Los dos pueden aprender de nuevo a tratarse mutuamente y vivir la fe juntos —o a solas— hasta el final.