Ayuno y oración · Grupos pequeños

Orar en el Espíritu: experimentar la presencia y la guía de Dios, Lección 14. Leer Ester 4. Has oído que el ayuno y la oración tienen mucho poder, pero temes convertirlos en una práctica de castigo personal o en una forma de negociar la respuesta de Dios

Pasaje principal: Ester 4

Ayunar es humillarnos ante Dios y buscarlo con fervor; suele ir unido a la oración y al arrepentimiento. No es acumular méritos ni un método para obligar a Dios a responder. Ester ayunó junto con el pueblo, pero aun así dijo: “si perezco, que perezca”. El Señor Jesús también enseñó que no debemos ayunar para que otros nos vean. Quien no tenga la condición física adecuada no necesita ayunar.

Introducción

“Este asunto es demasiado grande; ayunemos y oremos”. Algunas personas se sienten muy animadas al oírlo, pero otras se inquietan: ¿ayunar hace que alguien sea más espiritual? Si ayunamos, ¿Dios tendrá que escucharnos? Para algunos, ayunar evoca una penitencia severa: pasar hambre como si pudiéramos cambiar el sufrimiento por la gracia de Dios.

Ester 4 relata uno de los ayunos más conocidos de la Biblia. El rey de Persia había promulgado un decreto para “destruir, y matar, y exterminar” en un solo día a todos los judíos de las provincias (Ester 3:13). Al difundirse la noticia, los judíos de cada provincia hicieron “grande luto, y ayuno, y lloro, y lamentación” (Ester 4:3). Mardoqueo envió un mensajero a la reina Ester para pedirle que se presentara ante el rey y rogara por su pueblo. Pero Ester se encontraba ante una dificultad real:

Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que cualquier hombre ó mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, por una sola ley ha de morir: salvo aquel á quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá: y yo no he sido llamada para entrar al rey estos treinta días. (Ester 4:11)

Mardoqueo le respondió con palabras muy serias:

Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino? (Ester 4:14)

Ester respondió:

Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca. (Ester 4:16)

El libro de Ester no menciona directamente el nombre de Dios, y este pasaje tampoco conserva las palabras de sus oraciones. Sin embargo, en el Antiguo Testamento el ayuno suele aparecer unido a la súplica a Dios. Esdras dice: “Ayunamos pues, y pedimos á nuestro Dios” (Esdras 8:23), y Nehemías también “ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4). Por eso, muchos lectores entienden aquel ayuno como una búsqueda comunitaria de Dios ante una situación que superaba sus fuerzas.

Fíjate en la manera en que Ester ayunó. No era un asunto individual: todo el pueblo ayunó con ella. Después del ayuno, todavía tuvo que asumir el riesgo de entrar ante el rey sin ser llamada. Sus palabras, “si perezco, que perezca”, muestran que no trataba el ayuno como una garantía del resultado. El ayuno no es un certificado de éxito ni una moneda para comprar la respuesta de Dios.

El Señor Jesús también habló del ayuno:

Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. (Mateo 6:16-18)

Jesús dijo “cuando ayunáis”, lo cual indica que esperaba que sus discípulos ayunaran. Pero advirtió que el ayuno no debe hacerse para que otros lo vean ni para exhibir espiritualidad. El profeta Isaías también reprendió a quienes ayunaban mientras oprimían a otros. El ayuno que Dios escoge consiste en “desatar las ligaduras de impiedad” y “partas tu pan con el hambriento” (Isaías 58:6-7). Si ayunar nos vuelve más orgullosos o más duros con los demás, nos apartamos del propósito que Isaías presenta aquí.

Por tanto, el ayuno puede ser una manera de humillarnos ante Dios y buscarlo con fervor: saltarnos una comida y dedicar ese tiempo a la oración, o ayunar junto con otros hermanos y hermanas por un asunto importante. No sirve para acumular méritos ni para obligar a Dios a responder. Quienes no tengan la condición física adecuada —personas con enfermedades crónicas, embarazadas o en periodo de lactancia, quienes toman medicamentos, tienen el cuerpo debilitado o viven dificultades relacionadas con la alimentación— no necesitan ayunar. Pueden renunciar durante un rato al teléfono y dedicar ese tiempo a orar. Eso no equivale al ayuno de comida, pero puede ayudar a reservar expresamente un tiempo para la oración.

Notas de estudio

1. El ayuno nace muchas veces del dolor. Mardoqueo rasgó sus vestidos, se vistió de saco y ceniza (Ester 4:1), y los judíos de cada provincia ayunaron y lloraron. En la Biblia, el ayuno es muchas veces una expresión natural de dolor y súplica ante una gran calamidad o un pecado grave. El profeta Joel dice: “lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos” (Joel 2:13). Lo esencial es el corazón.

2. La dificultad de Ester era real. Entrar ante el rey sin ser llamada podía costarle la vida, y ya llevaba treinta días sin que el rey la llamara (4:11). Mardoqueo no la acusó de cobardía, sino que puso ante ella la gravedad del asunto y la responsabilidad que tenía en aquel momento.

3. “De otra parte” y “¿quién sabe?”. Mardoqueo creía que, aunque Ester callara, los judíos recibirían respiro y liberación “de otra parte”; pero eso no eliminaba la responsabilidad de Ester. “¿Y quién sabe...?” es una pregunta, no una declaración tajante del plan de Dios. Mardoqueo la invitó a pensar si había llegado a aquella posición para una hora como esa.

4. “Si perezco, que perezca”. Aunque todos ayunaron juntos como ella pidió, Ester todavía desconocía el resultado cuando entró ante el rey. El ayuno no le consiguió una garantía. Afrontó el riesgo llevando consigo las palabras: “si perezco, que perezca”.

5. “Cuando ayunáis”. El Señor Jesús dijo que sus discípulos ayunarían en el futuro: “vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán” (Mateo 9:15). La iglesia primitiva también ayunó y oró al buscar la dirección de Dios (Hechos 13:2-3). Sin embargo, el Nuevo Testamento no establece una frecuencia ni una forma obligatoria para el ayuno.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Pregunta inicial: ¿Alguna vez una preocupación te ha quitado el apetito? ¿Qué estaba ocurriendo? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: Basta con una o dos frases, sin hacer comentarios. Esta pregunta ayuda a ver que, en la Biblia, el ayuno nace muchas veces de un dolor y una súplica así. Si alguien menciona algo muy duro, agradécele su confianza y no pidas detalles.

Repaso de la lección (léelo en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no pudieron prepararse)

En esta lección leemos Ester 4. El rey de Persia promulgó un decreto para exterminar a los judíos de todas las provincias. Mardoqueo rasgó sus vestidos y se vistió de saco; los judíos de cada provincia ayunaron y lloraron. Mardoqueo pidió a la reina Ester que entrara ante el rey para rogar por el pueblo. Ester respondió que entrar sin ser llamada podía costarle la vida. Mardoqueo le dijo: “¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?”. Entonces Ester pidió a los judíos de Susa que ayunaran por ella durante tres días; ella y sus doncellas también ayunarían. Después entraría ante el rey contra la ley: “si perezco, que perezca”. El pasaje relacionado es Mateo 6:16-17: al ayunar, no debemos imitar a los hipócritas que quieren que otros los vean. Hoy conversaremos sobre lo que es y lo que no es el ayuno y la oración.

Observación

1. Lean Ester 4:1-3 y también 3:13. ¿A qué se enfrentaban los judíos? ¿Cómo respondieron?

Sugerencia para quien dirige: El decreto del rey ordenaba exterminar a los judíos en un solo día. Mardoqueo rasgó sus vestidos, se vistió de saco y ceniza, y los judíos de cada provincia hicieron gran duelo, ayunaron, lloraron y se lamentaron; muchos se acostaron sobre saco y ceniza.

2. Lean los versículos 4-14. ¿Por qué dudó Ester? ¿Cómo le respondió Mardoqueo?

Sugerencia para quien dirige: Quien entrara ante el rey sin ser llamado moriría, a menos que el rey extendiera el cetro de oro. Ester llevaba treinta días sin ser llamada. Mardoqueo respondió que ella tampoco escaparía por estar en el palacio; si callaba, la liberación llegaría de otra parte, pero ella y la casa de su padre perecerían. ¿Y quién sabe si para aquella hora había llegado al reino?

3. Lean los versículos 15-17 y Mateo 6:16-18. ¿Qué decidió hacer Ester? ¿Qué advertencia dio el Señor Jesús acerca del ayuno?

Sugerencia para quien dirige: Ester pidió a los judíos de Susa que ayunaran por ella tres días y tres noches. Ella y sus doncellas también ayunarían; después entraría ante el rey contra la ley: “si perezco, que perezca”. El Señor Jesús enseñó que no debemos desfigurar el rostro para que otros noten que ayunamos; hay que arreglarse con normalidad y dejar que lo vea el Padre que está en secreto.

Interpretación

4. Después de ayunar, Ester todavía dijo: “si perezco, que perezca”. ¿Qué nos enseña esto frente a la idea de que el ayuno sirve para conseguir que Dios responda?

Sugerencia para quien dirige: Esta es una de las preguntas centrales de la lección; dedíquenle más tiempo. El ayuno no le dio una garantía. Ester todavía asumió el riesgo e hizo lo que debía hacer. Ayunar no hace que Dios nos deba algo; expresa que nos humillamos y lo buscamos. En el capítulo 5, el rey extendió el cetro de oro. Esto no fue un pago obtenido por ayunar. Aunque el libro de Ester no menciona directamente el nombre de Dios, muchos lectores reconocen en él el cuidado oculto de Dios.

5. Lean Isaías 58:3-7. ¿Cómo es el ayuno que agrada a Dios? ¿De qué manera puede el ayuno convertirse en penitencia o exhibición?

Sugerencia para quien dirige: Esta es una pregunta central. Aquellas personas ayunaban mientras buscaban su propio interés, oprimían a sus trabajadores y peleaban. El ayuno que Dios quiere desata las ligaduras de impiedad, deja en libertad a los oprimidos y comparte el pan con quien tiene hambre. El ayuno se corrompe cuando lo utilizamos para exhibir nuestra espiritualidad —como en Mateo 6:16 o en el fariseo que dijo que ayunaba dos veces por semana en Lucas 18:12—, o cuando pensamos que, por haber sufrido, Dios está obligado a recompensarnos.

6. (Pregunta opcional, si tienen tiempo) Mardoqueo dijo que los judíos recibirían liberación “de otra parte”, y también preguntó: “¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?”. ¿Cómo se relacionan la soberanía de Dios y la responsabilidad de Ester?

Sugerencia para quien dirige: La salvación de Dios no dependía únicamente de Ester, pero ella seguía teniendo una responsabilidad. “¿Y quién sabe...?” es una pregunta humilde; Mardoqueo no afirmó conocer el plan de Dios. Pueden preguntar: ¿Es posible que nuestra situación actual también nos permita servir en un momento determinado? No lo planteen con demasiado peso ni hagan sentir a nadie que debe realizar algo extraordinario.

Aplicación

7. ¿Qué experiencias has tenido con el ayuno? ¿Qué dudas o preocupaciones te produce?

Sugerencia para quien dirige: Basta con una frase. Algunas personas han ayunado y otras nunca lo han hecho; ambas situaciones son normales. No juzguen ni comparen. Quien no tenga la condición física adecuada puede decir sencillamente: “El ayuno no es apropiado para mí”, sin dar explicaciones.

8. ¿Hay ahora mismo un asunto importante por el que quieras buscar a Dios con más fervor? ¿De qué manera te gustaría hacerlo?

Sugerencia para quien dirige: Hay muchas posibilidades: saltarse una comida para orar, si la salud lo permite; renunciar durante un rato al teléfono; o invitar a hermanos y hermanas a orar juntos. No lo exijas ni decidas por otras personas. En el tiempo de oración que sigue, orarán por esos asuntos.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

En esta lección no ayunaremos durante la reunión, sino que oraremos juntos por las situaciones demasiado grandes para nuestras fuerzas. Guarden un minuto de silencio; cada persona puede pensar en un asunto importante que afronta ella misma, su familia, la iglesia o alguien cercano. Después, quienes quieran pueden nombrarlo sin dar detalles, y el grupo ora una o dos frases por esa persona. También pueden pedir valor para quienes necesitan hacer algo difícil, como Ester. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez no tienen que hablar. Al final, quien dirige cierra la oración. Si el grupo lo desea, pueden acordar un día de esta semana para ayunar u orar juntos: debe ser completamente voluntario; quienes no tengan la condición física adecuada solo necesitan orar a la misma hora, y nadie tiene que decir quién participó. Los motivos de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la App ni se envían al chat del grupo. Si hace falta dar seguimiento, quien dirige pedirá permiso a la persona antes de anotar en privado una o dos frases indispensables.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Padre celestial, hay asuntos demasiado grandes para nosotros; no podemos cargarlos y por eso venimos ante Ti. No queremos usar el ayuno para conseguir Tu respuesta ni para exhibir nuestra espiritualidad. Solo queremos humillarnos y buscarte con fervor. Perdónanos cuando, aun al ayunar, seguimos siendo orgullosos y duros con otras personas. Da valor a quienes deben afrontar tareas difíciles, para que asuman su responsabilidad como Ester. Nosotros también nos ponemos en Tus manos y Te entregamos el resultado, sea cual sea. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede elegir una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, puedes contar cómo te fue en la próxima reunión. Si no lo haces, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden elegir la lección “Oraciones de confesión” (Daniel 9:1-19) o “Orar juntos como grupo” (Hechos 4:23-31).

Guía para quien dirige