Esperar a Dios en quietud · Grupos pequeños

Orar en el Espíritu: experimentar la presencia y la guía de Dios, Lección 12. Leer Salmos 62. En cuanto guardas silencio, tu mente no para y tu mano vuelve una y otra vez al móvil

Pasaje principal: Salmos 62

Esperar a Dios en silencio es volver el corazón hacia él, no dejar la mente en blanco. El salmista también tiene que decir una y otra vez a su propia alma: “en Dios solamente reposa”. Podemos derramar ante él el corazón agitado y después descansar en su presencia como un niño destetado.

Introducción

Por fin tienes un rato libre y quieres acercarte a Dios en silencio. Pero, antes de que pase un minuto, la mente se pone en marcha: la reunión de mañana, los mensajes sin responder, los deberes de los niños, el dinero que aún falta por devolver... La mano se dirige casi sola al teléfono: “solo voy a mirar un momento”, y ese momento se convierte en media hora. Al dejar el teléfono, llega el reproche: si ni siquiera puedo estar quieto unos minutos, ¿cómo voy a esperar a Dios?

La persona que escribió el Salmo 62 tampoco llevaba una vida tranquila. Había quienes lo atacaban e intentaban derribarlo de su posición; “con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas” (Salmos 62:4). En medio de esa situación, dijo:

EN Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud. El solamente es mi fuerte, y mi salud; es mi refugio, no resbalaré mucho. (Salmos 62:1-2)

Unos versículos después, la misma idea aparece de nuevo, pero expresada de otra forma:

Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza. (Salmos 62:5)

El versículo 1 es una afirmación; en el versículo 5, el salmista exhorta a su propia alma. El versículo 2 dice “no resbalaré mucho”, mientras que el versículo 6 dice “no resbalaré”. El segundo estribillo suena más firme y nos recuerda que el corazón necesita ser conducido una y otra vez a la presencia de Dios. El silencio es la práctica de volver repetidamente a él.

Entonces, ¿estar en silencio significa que no se puede decir nada? El versículo 8 responde:

Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.) (Salmos 62:8)

Este salmo une la espera silenciosa con derramar el corazón. Cuando la mente no se detiene, podemos contarle a Dios con sinceridad lo que llevamos dentro y también podemos guardar silencio ante él. Ambas cosas vuelven el corazón hacia la misma persona: él es nuestra roca, salvación y refugio, y también nuestro amparo.

El Salmo 131 ofrece una hermosa imagen:

En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma. (Salmos 131:2)

Un niño destetado que descansa junto a su madre es una imagen de calma y confianza. A lo largo de los siglos, muchas personas han aplicado así este versículo: no nos acercamos a Dios solo para pedirle algo, sino también para descansar en su presencia. El texto no explica qué piensa el niño, pero la imagen sí une el alma sosegada con la confianza. El salmista también dice que no anduvo “en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes” (Salmos 131:1), y después llama a Israel a esperar en Jehová. Soltar el deseo de controlarlo todo también ayuda al corazón a calmarse.

Hoy, el primer obstáculo para el silencio suele estar al alcance de la mano. Podemos comenzar con algo muy pequeño: dejar el teléfono en otra habitación, leer despacio durante cinco minutos un salmo corto, contarle a Dios lo que agita el corazón y después guardar un momento de silencio, pensando en quién es él. Si te distraes, no pasa nada: vuelve otra vez. Lo importante del silencio es llevar una y otra vez la atención a la presencia de Dios.

Notas de estudio

1. De la afirmación a la exhortación de la propia alma. El versículo 1 dice: “EN Dios solamente está acallada mi alma”; el versículo 5, “Alma mía, en Dios solamente reposa”. El salmista habla a su propia alma, una forma que aparece con frecuencia en los Salmos, como en: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí?” (Salmos 42:5).

2. De “no resbalaré mucho” a “no resbalaré”. El versículo 2 dice: “no resbalaré mucho”; el versículo 6 dice: “no resbalaré”. La segunda afirmación es más firme.

3. “Solamente”. Los versículos 2 y 6 dicen: “El solamente es mi fuerte”. Esperar a Dios significa retirar nuestra confianza de otros apoyos y ponerla solo en él.

4. “Menos que la vanidad”. El versículo 9 dice que las personas, sin importar su posición, al pesarlas en la balanza “serán menos que la vanidad”. El versículo 10 añade: “si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella”. Aquello que intentamos agarrar cuando procuramos guardar silencio no puede sostenernos.

5. “Una vez... dos veces”. Los versículos 11-12 dicen: “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza. Y de ti, oh Señor, es la misericordia”. Él tiene tanto fortaleza como misericordia; por eso es digno de nuestra espera.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Pregunta inicial: Si tu teléfono se quedara sin batería y no pudieras usarlo durante todo un día, ¿qué sería lo primero que echarías de menos? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: Basta con una o dos frases. Mantengan un tono ligero y no hagan comentarios sobre las respuestas. Esta pregunta relaciona el silencio con uno de los obstáculos que tenemos más a mano.

Repaso de la lección (léelo en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no pudieron prepararse)

En esta lección leemos el Salmo 62. El salmista sufría ataques y había personas que bendecían con la boca pero maldecían por dentro. Sin embargo, dijo: “EN Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud”. Más adelante habló a su propia alma: “Alma mía, en Dios solamente reposa”. Exhortó al pueblo a esperar siempre en Dios y a derramar delante de él su corazón. También afirmó que las personas pesan menos que la vanidad, que no debemos poner el corazón en las riquezas cuando aumentan y que la fortaleza y la misericordia pertenecen a Dios. El pasaje relacionado es el Salmo 131: “como un niño destetado está mi alma”. Hoy conversaremos sobre cómo aprender a esperar a Dios cuando, al quedarnos en silencio, la mente se agita y la mano busca el teléfono.

Observación

1. Lean Salmos 62:1-2 y 5-7. ¿Qué tienen en común estos dos pasajes? ¿En qué se diferencian?

Sugerencia para quien dirige: Ambos hablan de reposar en Dios y esperar solamente en él; ambos dicen que solo él es la roca, la salvación y el refugio. Las diferencias son que el versículo 1 afirma algo y el versículo 5 habla a la propia alma; uno menciona la salvación y el otro la esperanza; uno dice “no resbalaré mucho” y el otro “no resbalaré”. Los versículos 5-7 añaden la gloria, la roca de fortaleza y el amparo.

2. Lean los versículos 3-4 y 9-10. ¿Cuál era la situación del salmista? ¿En qué cosas advierte que no debemos confiar?

Sugerencia para quien dirige: Había personas que lo atacaban juntas e intentaban derribarlo; bendecían con la boca, pero maldecían por dentro. Advierte que no confiemos en las personas, que pesan menos que la vanidad; tampoco en la violencia ni la rapiña, ni que pongamos el corazón en las riquezas cuando aumentan.

3. Lean el versículo 8 y los versículos 11-12, y después el Salmo 131. ¿Qué pide el salmista que haga el pueblo ante Dios? ¿Qué dos cosas oyó acerca de Dios? ¿Qué imagen utiliza el Salmo 131 para describir un alma sosegada?

Sugerencia para quien dirige: Esperar en él en todo tiempo y derramar delante de él el corazón; la fortaleza pertenece a Dios y la misericordia también; un niño destetado junto a su madre.

Interpretación

4. ¿Por qué tiene que decir el salmista a su propia alma: “en Dios solamente reposa”? ¿Qué consuelo y qué orientación ofrece esto a quien descubre que su mente no se detiene cuando intenta guardar silencio?

Sugerencia para quien dirige: Esta es una de las preguntas centrales de la lección; dedíquenle más tiempo. El salmista no solo afirma algo, sino que también exhorta a su propia alma. Nuestro corazón también necesita ser conducido repetidamente a la presencia de Dios. El silencio requiere práctica: si te distraes, vuelve. Pueden preguntar: ¿Qué le dirías a tu propia alma?

5. “Reposar” y “derramar el corazón” pueden parecer cosas opuestas, pero este salmo las une. ¿Qué relación hay entre esperar a Dios en silencio y contarle lo que llevamos dentro?

Sugerencia para quien dirige: Esta es una pregunta central. El salmo une las dos cosas: contar a Dios con sinceridad lo que llevamos dentro y guardar silencio ante él. Ambas vuelven el corazón hacia la misma roca y el mismo amparo. El silencio no exige reprimir lo que sentimos. Si alguien del grupo la conoce, pueden relacionarlo con la lección “Llevar tus verdaderas emociones a la oración”.

6. (Pregunta opcional, si tienen tiempo) ¿Por qué utiliza el salmista precisamente la imagen de un niño destetado junto a su madre para describir su alma? ¿Cómo nos ayuda esta imagen a entender la calma, el silencio y la esperanza?

Sugerencia para quien dirige: Es una imagen de calma y confianza. Tradicionalmente se ha aplicado así: no nos acercamos a Dios solo para obtener algo, sino también para descansar en su presencia. El texto no explica los motivos del niño, y conviene decirlo. La frase de Salmos 131:1 sobre no andar en grandezas ni en cosas demasiado sublimes también nos recuerda que debemos soltar el deseo de controlarlo todo; Salmos 131:3 relaciona el silencio con esperar en Jehová.

Aplicación

7. ¿Con qué sueles llenar los momentos de silencio: el teléfono, la televisión, el trabajo, las ocupaciones...? ¿Qué te dan esas cosas y qué te quitan?

Sugerencia para quien dirige: Basta con una frase y sin juzgar. Quien dirige puede responder primero.

8. ¿Cómo te gustaría reservar esta semana un poco de tiempo para esperar a Dios en silencio?

Sugerencia para quien dirige: Anima a elegir un paso muy pequeño y concreto: cinco minutos, el teléfono en otro lugar y un salmo. En el tiempo de oración que sigue, practicarán juntos una vez.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

En esta lección practicaremos juntos el silencio. Pongan los teléfonos en silencio y déjenlos a un lado. Quien dirige lee despacio Salmos 62:1-2 y después todos guardan silencio durante dos minutos. Cuando algo venga a la mente, entréguenselo a Dios y vuelvan a la frase: “El solamente es mi fuerte”. Si se distraen, no pasa nada; vuelvan otra vez. Después, quienes quieran pueden derramar su corazón ante Dios con una sola frase. Para terminar, lean juntos el Salmo 131; quien dirige cierra dando gracias por las personas del grupo e intercediendo por ellas. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez no tienen que hablar. Los motivos de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la App ni se envían al chat del grupo. Si hace falta dar seguimiento, quien dirige pedirá permiso a la persona antes de anotar en privado una o dos frases indispensables.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Dios, nuestro corazón muchas veces no se detiene y nuestras manos tampoco quieren soltar el teléfono. Ayúdanos a guardar silencio y esperar solamente en Ti. Solo Tú eres nuestra roca, nuestra salvación y nuestro refugio. Derramamos delante de Ti lo que agita nuestro corazón; después de hablar, ayúdanos a descansar junto a Ti como un niño destetado junto a su madre. La fortaleza Te pertenece, y también la misericordia. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede elegir una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, puedes contar cómo te fue en la próxima reunión. Si no lo haces, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden elegir la lección “Aprender a escuchar a Dios” (1 Samuel 3:1-10) o “Orar en cualquier momento de un día ajetreado” (Nehemías 2:1-8).

Guía para quien dirige