Orar en el Espíritu: experimentar la presencia y la guía de Dios, Lección 7. Leer Nehemías 2:1-8. El trabajo, los desplazamientos y el cuidado de la familia han eliminado cualquier tiempo prolongado de devoción
Pasaje principal: Nehemías 2:1-8
Aunque en los días agitados no encontremos un largo rato de silencio, podemos orar en cualquier lugar. Entre la pregunta del rey y su propia respuesta, Nehemías “oró al Dios de los cielos”. Aquella oración breve venía después de haber ayunado y orado día y noche. Las oraciones breves y los tiempos de quietud se nutren mutuamente.
Levantarse poco después de las seis de la mañana, preparar el desayuno, llevar a los niños a la escuela, viajar una hora en metro hasta el trabajo; por la noche, volver a casa, cocinar, ayudar con las tareas y recoger, para acostarse después de las once. “Dedicar una hora de quietud devocional cada mañana” suena muy bien, pero para muchas personas un largo rato sin interrupciones es casi un lujo. Algunas terminan por abandonarlo del todo: ya que no puedo hacerlo bien, esperaré hasta que la vida esté menos ocupada.
Nehemías era un hombre muy ocupado. En el palacio del rey persa Artajerjes servía “de copero al rey” (Nehemías 1:11) y comparecía ante él todos los días. Un día llegaron malas noticias desde Jerusalén: el pueblo que había regresado sufría gran mal y afrenta; el muro estaba derribado y las puertas habían sido quemadas. Nehemías se sentó, lloró y guardó duelo durante varios días; ayunó y oró delante del Dios de los cielos (Nehemías 1:4), intercedió día y noche y pidió a Dios que le concediera “próspero suceso” y “gracia delante de aquel varón” (Nehemías 1:11). Sin embargo, la vida cotidiana continuaba y había que seguir sirviendo el vino al rey.
Unos cuatro meses después —desde el mes de Chisleu hasta el mes de Nisán—, mientras servía vino al rey, Nehemías ya no pudo ocultar la tristeza de su rostro. El rey le preguntó por qué estaba triste y él “temió en gran manera”: presentarse con semblante triste delante del rey podía traerle problemas. Explicó la situación de Jerusalén y el rey volvió a preguntar:
Y díjome el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, (Nehemías 2:4)
El rey había hecho una pregunta y esperaba respuesta. Nehemías no tenía tiempo para arrodillarse ni para pronunciar una oración larga. Entre la pregunta y la respuesta, oró en silencio al Dios de los cielos y después presentó su petición al rey. El rey fue concediéndole cada cosa, y Nehemías explicó que “otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí” (Nehemías 2:8).
Aquella oración breve surgió en el momento de mayor ocupación y tensión, pero no apareció de la nada. El primer capítulo cuenta que había ayunado y orado día y noche delante de Dios. Unos cuatro meses después, lo que pidió ante el rey fue precisamente la “gracia” por la que ya había orado. Quien suele presentarse delante de Dios en la vida cotidiana sabe hacia quién levantar la mirada cuando llega un momento decisivo.
Pablo dice que debemos orar “en todo tiempo con toda deprecación y súplica” (Efesios 6:18). También dice:
Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:16-18)
“Sin cesar” no significa estar pronunciando palabras de oración cada segundo, sino que la oración se convierte en un hábito al que volvemos una y otra vez. En el metro, antes de una reunión de trabajo, en la cocina o cuando un niño llora, podemos decir una frase a Dios. Quizá los días agitados no nos dejen un largo rato de silencio, pero en cualquier lugar podemos orar.
Esto no significa que los tiempos prolongados de quietud carezcan de importancia. Nehemías también tuvo días en los que se sentó a llorar, ayunó y oró; el Señor Jesús también “se apartaba á los desiertos, y oraba” (Lucas 5:16). Las oraciones breves y los tiempos de quietud se nutren mutuamente: cuando estamos en silencio leemos la Escritura y llevamos delante de Dios lo que hay en el corazón; así, en medio del ajetreo, nos acordamos de él. A su vez, las oraciones breves del día nos devuelven a su presencia. Por eso, no hace falta abandonar porque no podamos encontrar una hora, ni usar la oración “en todo tiempo” como excusa para no leer la Biblia. Comencemos por lo que hoy sí podemos hacer: una frase, cinco minutos, un pequeño pasaje de la Escritura.
Hay otro detalle en la historia de Nehemías: oró y también se preparó. Cuando el rey preguntó cuánto duraría el viaje, Nehemías fijó una fecha; pidió cartas y madera, porque ya había pensado cada cosa. La oración no sustituye la preparación ni la acción. Nehemías hizo planes cuidadosos y, al mismo tiempo, confió en la gracia de Dios. Cuando el asunto salió adelante, recordó que había sido por “la benéfica mano” de Dios.
1. “Copero del rey”. El copero servía el vino y era un funcionario cercano en quien el rey confiaba; Nehemías comparecía diariamente ante él (Nehemías 1:11). Aunque era descendiente de un pueblo llevado al cautiverio, trabajaba fielmente en el palacio de un rey extranjero. Su lugar de trabajo era también el lugar donde oraba y servía a Dios.
2. Desde el mes de Chisleu hasta el mes de Nisán. Nehemías 1:1 habla del mes de Chisleu y 2:1 del mes de Nisán; entre ambos pasaron unos cuatro meses. El primer capítulo dice que ayunó y oró día y noche por Jerusalén (Nehemías 1:4, 6). Durante ese tiempo siguió sirviendo como copero del rey, aunque el texto no describe cómo transcurrieron aquellos meses.
3. “Entonces temí en gran manera”. Antes de orar en silencio, Nehemías estaba lleno de temor (2:2). No esperamos a dejar de tener miedo para orar; precisamente en medio del temor levantamos la mirada hacia Dios.
4. Lo que pidió era lo mismo por lo que había orado. En 1:11 pidió a Dios que le diera “gracia delante de aquel varón”; en 2:5 dijo al rey: “Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de ti”. La oración cotidiana se convirtió en sus palabras cuando llegó el momento decisivo.
5. “La benéfica mano de Jehová”. En 2:8, Nehemías dice que el rey se lo otorgó “según la benéfica mano de Jehová sobre mí”; en 2:18 expresa la misma idea diciendo que “la mano de mi Dios era buena sobre mí”. Algo parecido se dice de Esdras: llegó a Jerusalén “según la buena mano de su Dios sobre él” (Esdras 7:9). El rey firmó las cartas, pero Nehemías vio detrás de la mano del rey otra mano.
Para comenzar: ¿Cuál es el momento más agitado de tu día? ¿En qué sueles pensar durante ese momento? (Quien viene por primera vez también puede responder.)
Orientación para quien dirige: Basta con una o dos frases, sin comentarios. Algunas personas dirán que es por la mañana; otras, después del trabajo. Esto ayudará al grupo a conocer la vida cotidiana de los demás.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)
Esta lección estudia Nehemías 2:1-8. Nehemías era copero del rey de Persia. Al enterarse de que el muro de Jerusalén estaba derribado y el pueblo sufría, lloró, ayunó y oró día y noche delante de Dios. Unos cuatro meses después, mientras servía vino al rey, tenía el rostro triste. El rey le preguntó el motivo y Nehemías sintió mucho temor. Después el rey preguntó: “¿Qué cosa pides?”. Nehemías oró al Dios de los cielos y pidió al rey que lo enviara a reconstruir la ciudad; también pidió cartas y madera. El rey se lo concedió todo, y Nehemías dijo que fue por la benéfica mano de Dios sobre él. Los pasajes relacionados son Efesios 6:18 y 1 Tesalonicenses 5:16-18: debemos orar en todo tiempo y sin cesar. Hoy conversaremos sobre cómo orar en todo momento durante los días agitados.
1. Lee Nehemías 1:1-4 y 1:11. ¿Qué trabajo tenía Nehemías? ¿Qué hizo después de escuchar las noticias? ¿Qué pidió a Dios?
Orientación para quien dirige: Era copero del rey. Al escuchar las noticias se sentó, lloró, guardó duelo durante varios días, ayunó y oró día y noche delante de Dios. Pidió que Dios le diera “gracia delante de aquel varón”.
2. Lee Nehemías 2:1-4. ¿Cómo se sentía cuando el rey le habló? ¿Qué hizo?
Orientación para quien dirige: “Temí en gran manera”. Cuando el rey preguntó “¿Qué cosa pides?”, Nehemías oró al Dios de los cielos. Pueden pensar cuánto tiempo debió durar aquella oración silenciosa.
3. Lee Nehemías 2:5-8. ¿Qué cosas pidió Nehemías al rey? ¿A quién atribuyó finalmente lo ocurrido?
Orientación para quien dirige: Pidió que lo enviara a reconstruir la ciudad; fijó una fecha; pidió cartas para que los gobernadores del otro lado del río le permitieran pasar y pidió madera. Al final dijo que el rey se lo otorgó “según la benéfica mano de Jehová sobre mí”.
4. La oración silenciosa de Nehemías duró apenas el intervalo entre una pregunta y una respuesta. ¿Por qué pudo orar así? ¿Qué relación tenía aquella oración breve con los meses anteriores de oración?
Orientación para quien dirige: Es una de las preguntas centrales; dedíquenle tiempo. El primer capítulo dice que había ayunado y orado día y noche, pidiendo precisamente gracia delante del rey. Cuando llegó el momento decisivo, levantó la mirada y supo a quién pedir ayuda. Puedes preguntar: cuando surge una urgencia, ¿cuál suele ser nuestro primer pensamiento?
5. Lee Efesios 6:18 y 1 Tesalonicenses 5:16-18. ¿Qué significa orar “en todo tiempo” y “sin cesar”? ¿Cómo puede verse esto en una vida agitada?
Orientación para quien dirige: Es una pregunta central. “Sin cesar” no significa pronunciar palabras de oración cada segundo, sino convertir la oración en un hábito al que volvemos una y otra vez. Pablo también dijo que se acordaba “sin cesar” de los creyentes de Tesalónica (1 Tesalonicenses 1:3). Invita al grupo a mencionar momentos concretos: al salir de casa, subir al metro, antes de una reunión, mientras se cocina o al dormir a los niños. Observen también que Efesios 6:18 dice que oremos “por todos los santos” y 1 Tesalonicenses 5:18 que demos gracias en todo: orar en todo momento no consiste solo en pedir por nuestros propios asuntos.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Nehemías oró y también se preparó cuidadosamente. ¿Qué relación hay entre orar, hacer planes y actuar?
Orientación para quien dirige: La oración no sustituye la preparación ni la acción. Nehemías hizo planes cuidadosos y, al mismo tiempo, dependió de la gracia de Dios; cuando todo salió adelante, recordó la benéfica mano de Dios. También pueden señalar que, aunque planifiquemos con cuidado y oremos con fervor, algo puede no salir adelante; incluso entonces podemos seguir confiando en él.
7. En tu vida actual, ¿qué está ocupando el tiempo prolongado de quietud? ¿Cómo te sientes al respecto?
Orientación para quien dirige: Puede haber culpa, abandono o indiferencia; todo se puede expresar. No juzguen ni comparen. Quien dirige puede comenzar compartiendo su situación real.
8. ¿En qué momentos del día podrías decir una frase a Dios esta semana? ¿Dónde podrías encontrar cinco minutos para abrir la Biblia?
Orientación para quien dirige: Anima a dar un paso muy concreto, unido de ser posible a algo que la persona ya hace cada día: salir de casa, subir al transporte, esperar el ascensor, lavar los platos o acostarse. En la oración que sigue lo practicarán una vez.
En esta lección practicaremos “la oración de una frase”. Guarden primero un minuto de silencio y que cada persona piense cuál será el momento más agitado del día siguiente. Después, quien quiera puede decir cuál es ese momento y añadir una frase que le gustaría decir entonces a Dios, por ejemplo: “Señor, antes de la reunión dame claridad de pensamiento” o “Señor, cuando llore mi hijo, dame paciencia”. Los demás pueden añadir una frase de oración por esa persona. Orar en silencio también es orar, y quien viene por primera vez no tiene que hacerlo en voz alta. Al final, quien dirige reúne las peticiones; todos leen juntos 1 Tesalonicenses 5:16-18 y dan gracias e interceden por el grupo. Los motivos de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Si hace falta dar seguimiento, quien dirige pide permiso a la persona y anota en privado solo una o dos frases necesarias.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Dios de los cielos, nuestros días están llenos de ocupaciones. A menudo vamos de una cosa a otra desde la mañana hasta la noche; queremos estar en silencio, pero no encontramos tiempo. Gracias porque no nos escuchas solamente en una habitación tranquila: nos escuchas igual en el metro, en la oficina y en la cocina. Enséñanos a hablar contigo en todo momento y ayúdanos también a reservar cada día un poco de tiempo para leer Tu Palabra. Cuando tengamos miedo en medio del ajetreo, haz que recordemos levantar la mirada hacia Ti; cuando algo salga adelante, haz que recordemos Tu mano benéfica. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para hacerla esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál escoger, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Quien quiera puede contarlo en la próxima reunión. Si no llegas a hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Esperar a Dios en quietud” (Salmos 62) o la lección “Jesús nos enseña a orar así” (Mateo 6:5-15).