Llevar tus verdaderas emociones a la oración · Grupos pequeños

Orar en el Espíritu: experimentar la presencia y la guía de Dios, Lección 2. Leer Salmos 13. Cuando estás triste, enojado o decepcionado, solo sabes decir “gracias y alabanzas”; temes que hablar con sinceridad ofenda a Dios

Pasaje principal: Salmos 13

Cuando sentimos tristeza, decepción o enojo, no tenemos que embellecer primero nuestras palabras para poder orar. Como David, podemos decir a Dios “¿hasta cuándo?”. Mientras pregunta, David sigue llamándolo “Dios mío” y continúa pidiéndole ayuda; y en esa misma oración vuelve al amor fiel de Dios.

Introducción

Durante el tiempo de compartir en el grupo, una hermana sonríe y dice: “Gracias al Señor, esta semana todo ha ido bastante bien”. En realidad, a su padre acaban de diagnosticarle una enfermedad y ella lleva varias noches sin dormir. Cuando le toca orar, vuelve a decir: “Gracias, Señor; Tú tienes un buen propósito en todo”. Al llegar a casa, llora durante mucho tiempo a solas en la cocina, pero no se atreve a decirle a Dios la frase que lleva dentro: “¿Por qué tenía que sucederle precisamente a nuestra familia?”.

Muchas personas oran de este modo: por dentro están tristes, decepcionadas o incluso enojadas, mientras sus labios solo pronuncian “gracias y alabanzas”. Detrás suele haber varios temores: si hablo así, ¿será porque me falta fe? ¿Ofenderé a Dios? También hay una costumbre aprendida desde la infancia: contar las buenas noticias y ocultar las malas. Cuando llamamos a la familia decimos siempre “todo va bien”, y hacemos lo mismo delante de Dios: creemos que primero debemos ordenar nuestras emociones y solo después podemos hablar.

El Salmo 13 nos muestra otra manera de orar. Es un salmo de David que solo tiene seis versículos; los dos primeros contienen cuatro preguntas:

¿HASTA cuándo, Jehová? ¿me olvidarás para siempre? ¿hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con ansiedad en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (Salmos 13:1-2)

“Esconder el rostro” significa volver la cara para no mirarme. David no sustituyó estas palabras por una fórmula cortés ni comenzó dando explicaciones en nombre de Dios. El título del salmo dice “al Músico principal”, es decir, que fue entregado a quien dirigía la música para el culto. Este lamento no quedó excluido de la adoración. Hay muchas oraciones semejantes en los Salmos; los estudiosos las llaman “salmos de lamento”, y constituyen la clase más numerosa dentro del libro. Al incluir estas palabras en su propia Palabra, Dios dice a su pueblo: pueden hablarme así.

También debemos observar que David dice estas cosas directamente a Dios, no habla de él con otras personas como si estuviera ausente. Mientras pregunta “¿hasta cuándo?”, sigue llamándolo “Dios mío”, continúa pidiéndole que lo mire y le responda, y todavía espera una respuesta. Este lamento puede ser una expresión de fe.

Decir la verdad tampoco significa quedarse allí para siempre. El salmo no cuenta que los enemigos se hayan retirado o que el problema esté resuelto; sin embargo, en el versículo 5 David toma otra dirección:

Mas yo en tu misericordia he confiado: alegraráse mi corazón en tu salud. Cantaré á Jehová, porque me ha hecho bien. (Salmos 13:5-6)

Confía en la “misericordia” de Dios. La palabra suele referirse a un amor firme y fiel; en la relación de Dios con su pueblo también expresa su fidelidad al pacto. David siente que Dios lo ha olvidado, pero Dios mismo dijo: “Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti” (Isaías 49:15). Muchas personas han experimentado algo parecido: después de expresar la verdad, queda espacio en el corazón para recordar cómo Dios las trató en el pasado.

El Señor Jesús también oró al Padre con clamor y lágrimas. Hebreos dice que Cristo, “en los días de su carne”, ofreció ruegos y súplicas “con gran clamor y lágrimas” (Hebreos 5:7); y en la cruz clamó con las palabras del Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Por eso Hebreos nos anima así:

Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:15-16)

Dios ya conoce todo lo que llevamos dentro: “todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Ocultar nuestras emociones no las esconde de él; si por miedo nos negamos continuamente a traer nuestra situación verdadera delante de él, tendemos a alejarnos cada vez más. Si estamos tristes, podemos decir que estamos tristes; si estamos decepcionados, podemos decirlo; si estamos enojados, también podemos hablarle de ello. Después, como David, podemos detenernos delante de él y recordar su amor fiel.

Notas de estudio

1. Seis versículos y cuatro preguntas “¿hasta cuándo?”. Los dos primeros versículos están llenos de preguntas: las dos primeras hablan de la relación de David con Dios —me olvidas, escondes tu rostro—; la tercera habla de la tristeza dentro de él; la cuarta, del enemigo que lo oprime desde fuera. David no esperó hasta comprenderlo y ordenarlo todo para venir a orar.

2. El modo de dirigirse a Dios añade “mío”. En el versículo 1 clama “¿Hasta cuándo, Jehová?”, y en el 3 dice “Jehová Dios mío”. Precisamente cuando se siente olvidado, todavía lo llama “Dios mío”.

3. Su petición es sencilla. “Mira, óyeme” (Salmos 13:3): mírame y respóndeme. “Alumbra mis ojos” significa devolverme las fuerzas. Jonatán estaba agotado en medio de la batalla, comió un poco de miel y “sus ojos fueron aclarados” (1 Samuel 14:27); es una expresión semejante.

4. Entre el versículo 4 y el 5, el texto no dice que la situación haya cambiado. No vemos que los enemigos se hayan retirado ni que el problema se haya resuelto. El “mas yo” al comienzo del versículo 5 dirige la atención hacia la confianza que David confiesa. El versículo 6 dice que Jehová le ha hecho bien; recuerda el bien que Dios ya le ha mostrado, y de allí nace el canto.

5. “Compadecerse” y “confiadamente”. En Hebreos 4:15, el verbo traducido “compadecerse” significa sentir con nosotros. El término “confiadamente” del versículo 16 se emplea también cuando los discípulos, después de orar, “hablaron la palabra de Dios con confianza” (Hechos 4:31). Aquí significa que, por medio de Cristo, podemos acercarnos a Dios con libertad y seguridad, llevando nuestra necesidad verdadera al trono de la gracia.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración inicial (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer una confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan ayudar de verdad. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes el consentimiento; según la situación, se acudirá a un pastor, a profesionales cualificados, a la policía local o a los servicios de emergencia o de salud. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Para comenzar: Cuando te sucedía algo triste en la infancia, ¿a quién se lo contabas? ¿O te lo guardabas? (Quien viene por primera vez también puede responder.)

Orientación para quien dirige: Basta con una o dos frases y no se hacen comentarios. También puedes preguntar: cuando llamas a tu familia, ¿eres de los que cuentan las buenas noticias y ocultan las malas?

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)

Esta lección estudia el Salmo 13, que solo tiene seis versículos. David comienza preguntando cuatro veces “¿hasta cuándo?”: Dios, ¿hasta cuándo me olvidarás?, ¿hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?, ¿hasta cuándo habrá tristeza en mi corazón y se enaltecerá mi enemigo sobre mí? Luego pide a Dios que lo mire y le responda, y que alumbre sus ojos. El salmo no dice que la situación haya cambiado, pero en el versículo 5 David declara: “Mas yo en tu misericordia he confiado”, y termina diciendo: “Cantaré á Jehová, porque me ha hecho bien”. El pasaje relacionado es Hebreos 4:14-16: nuestro gran Pontífice Jesús puede compadecerse de nuestras flaquezas, y por eso podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia. Hoy conversaremos sobre cómo decir la verdad a Dios cuando estamos tristes, decepcionados o enojados.

Observación

1. Lee Salmos 13:1-2. ¿Cuántas veces pregunta David “¿hasta cuándo?”? ¿Qué pregunta cada vez?

Orientación para quien dirige: Cuatro veces. “Me olvidarás” y “esconderás tu rostro de mí” hablan de su relación con Dios; “pondré consejos en mi alma” y “ansiedad en mi corazón cada día” hablan de lo que sucede dentro de él; “se enaltecerá mi enemigo sobre mí” habla de la situación exterior. Pueden leer una pregunta cada uno.

2. Lee los versículos 3-4. ¿Qué pide David a Dios? ¿Qué razones le presenta?

Orientación para quien dirige: Pide que lo mire, le responda y alumbre sus ojos; son peticiones sencillas: mírame, respóndeme y devuélveme las fuerzas. Da tres razones: para no dormir en muerte, para que el enemigo no diga “Vencílo”, y para que los adversarios no se alegren cuando él resbale.

3. Lee los versículos 5-6. Entre el versículo 4 y el 5, ¿qué ha cambiado en la situación de David? ¿Qué ha cambiado en su oración?

Orientación para quien dirige: El texto no dice que el enemigo se haya retirado ni que el problema esté resuelto. Lo que cambia es la oración: David vuelve a la misericordia de Dios y recuerda el bien que Dios le ha hecho. Deja que el grupo observe primero este giro, sin apresurarte a explicar.

Interpretación

4. Cuando David pregunta a Dios “¿hasta cuándo me olvidarás?”, ¿está mostrando incredulidad? ¿En qué se diferencia decir estas cosas directamente a Dios de quejarse ante otras personas o murmurar contra él a sus espaldas?

Orientación para quien dirige: Esta es una de las preguntas centrales; dedícale más tiempo. Los salmos de lamento hablan directamente a Dios, y quien habla todavía quiere clamar, escuchar y confiar: David aún lo llama “Dios mío”, le pide respuesta y espera que responda. Pueden compararlo con los israelitas en el desierto: “murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová” (Salmos 106:25). No hablaban a Dios ni se disponían a escucharlo.

5. Lee Hebreos 4:14-16. ¿Cómo es nuestro gran Pontífice? Puesto que él es así, ¿cómo podemos acercarnos a Dios?

Orientación para quien dirige: Esta es una pregunta central. Él es Jesús, el Hijo de Dios, que penetró los cielos; puede compadecerse de nuestras flaquezas, fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Por eso podemos acercarnos confiadamente —la palabra suele expresar hablar con libertad— al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia. Puedes añadir Hebreos 5:7 y Mateo 27:46: el Señor Jesús mismo oró con gran clamor y lágrimas, y desde la cruz también preguntó por qué había sido desamparado. Cuando venimos con lágrimas, las lágrimas no le son ajenas.

6. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) El Salmo 13 pasa de “¿hasta cuándo?” a “cantaré” en solo seis versículos. ¿Qué hacemos si alguien no logra dar ese giro y permanece en su “¿hasta cuándo?”?

Orientación para quien dirige: No le pongas un plazo. El Salmo 88 es un lamento desde el comienzo hasta el final y termina en “tiniebla”; la Biblia también lo ha incluido. Mientras una persona siga hablando a Dios, todavía está orando. Cuando no puede dar el giro, los hermanos y hermanas pueden sostenerla: orar por ella, recordar en su lugar el amor fiel de Dios y esperar a su lado.

Aplicación

7. Cuando estás triste, decepcionado o enojado, ¿cómo suele ser tu oración? ¿Qué te impide decir la verdad a Dios?

Orientación para quien dirige: Es frecuente temer ofender a Dios, pensar que hablar así demuestra falta de fe, haber aprendido a contar solo lo bueno o creer que primero hay que ordenar las emociones. No juzgues quién tiene razón. Puedes señalar que dar gracias y alabar son cosas buenas, y el Salmo 13 también termina cantando; lo que debemos dejar es usar la gratitud y la alabanza para tapar la verdad que llevamos dentro.

8. ¿Hay en tu corazón algún “¿hasta cuándo?” en este tiempo? Si quieres, exprésalo con una sola frase, sin contar detalles.

Orientación para quien dirige: Basta con una frase y también se puede guardar silencio. Cuando cada persona termine, quien dirige solo dice: “Gracias por compartirlo”; no pide detalles ni ofrece consejos. La oración que sigue presentará estos “¿hasta cuándo?” a Dios.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

En esta lección, oren siguiendo el Salmo 13. Guarden primero un minuto de silencio y que cada persona diga a Dios en su interior su propio “¿hasta cuándo?”. Después, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases por algo que hayan escuchado, siguiendo el orden del salmo: expresarlo (“Señor, ¿hasta cuándo…?”), pedir (“Mira…”), y después decir “Mas yo en tu misericordia he confiado”. Si en ese momento alguien todavía no puede decir “he confiado”, puede quedarse en “¿hasta cuándo?” o en “mira”; los hermanos y hermanas lo acompañarán en oración. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; también eso es oración. Quien viene por primera vez no tiene que hablar. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por las personas del grupo. Las peticiones permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide el consentimiento de la persona y se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si se trata de la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se necesita consentimiento previo: hay que contactar de inmediato a los servicios de emergencia, a la policía local o a las instituciones de protección apropiadas.

Puede comenzar así (orientación para la oración):

Jehová Dios nuestro, Tú conoces todo lo que llevamos dentro. Hay cosas que Te pedimos desde hace mucho tiempo sin ver cambios; hay palabras que no nos atrevemos a decir a otras personas ni tampoco a Ti. Hoy las traemos ante Ti: ¿hasta cuándo? Míranos y respóndenos; alumbra nuestros ojos. Nuestro gran Pontífice, el Señor Jesús, se compadece de nuestras flaquezas, y por eso nos acercamos confiadamente a Tu trono de gracia. Confiamos en Tu misericordia; ayúdanos a recordar cómo nos has hecho bien en el pasado. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con escoger una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie; si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir conversando

Pueden escoger la lección “Cuando la oración no se cumple como esperaba” (Lucas 22:39-46), o bien “Esperar a Dios en quietud” (Salmos 62).

Guía para quien dirige