Los primeros años de matrimonio, Lección 3. Leer Juan 13:1-17. Llevan una cuenta silenciosa de las tareas, la cocina y el cuidado de los hijos; quien hace más se siente agraviado y acaba diciendo: “¿Por qué siempre me toca a mí?”
Pasaje principal: Juan 13:1-17
Jesús sabía que “el Padre le había dado todas las cosas en las manos”; entonces se levantó de la cena, tomó una toalla, se ciñó y lavó los pies de sus discípulos. Dijo: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros”. Las tareas domésticas, la cocina y el cuidado de los hijos pueden convertirse fácilmente en un lugar donde llevamos cuentas en secreto. Quienes han sido servidos por Cristo pueden dejar de calcular quién hizo un poco más y aprender a servirse mutuamente. Mutuamente significa que no siempre lo hace una sola persona.
En un hogar recién formado, las primeras discusiones muchas veces no nacen de grandes asuntos, sino de las tareas domésticas: quién cocina, quién lava los platos, quién saca la basura, quién se levanta por la noche para atender al bebé. Los dos trabajan y los dos llegan cansados a casa, pero cada uno lleva cuentas en secreto: hoy cociné yo mientras él miraba el teléfono; la semana pasada lavé la ropa tres veces y ella solamente una. Cuanto más detallada es la cuenta, mayor es el resentimiento, hasta que la conversación empieza con: “¿Por qué otra vez me toca a mí?”. En otros hogares se da por sentado desde el principio que las tareas corresponden a una sola persona; cuando la otra “ayuda” un poco, hasta espera que la feliciten.
Juan 13 sucede la noche en que Jesús fue entregado. El capítulo comienza diciendo que Jesús, “como había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin” (Juan 13:1). A continuación ocurre algo sorprendente:
Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y á Dios iba, (Juan 13:3)
Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse. (Juan 13:4)
Puso agua en un lebrillo y fue lavando, uno por uno, los pies de los discípulos, secándolos con la toalla que llevaba ceñida (Juan 13:5). En aquel tiempo, lavar los pies era normalmente tarea de un siervo. Juan coloca lado a lado la dignidad de Jesús y su acción de inclinarse a lavar pies, y así vemos que servir no rebajó su identidad. De aquí podemos extraer una aplicación: quienes han recibido su identidad en Cristo tampoco necesitan demostrar su valor por la cantidad de tareas que hacen en casa.
Pedro se negó: “No me lavarás los pies jamás”. Jesús respondió: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). Esta frase se refiere ante todo a la obra de Jesús que limpia a las personas: para tener parte con Cristo, primero debemos permitir que él nos limpie. A partir de aquí podemos hacer una aplicación matrimonial más indirecta: el servicio no debe fluir en una sola dirección; también podemos recibir con humildad el cuidado apropiado del otro. Algunas personas saben hacer mucho por los demás, pero no saben recibir su cuidado porque siempre sienten que quedan en deuda; otras saben recibir, pero no corresponder.
Después de lavarles los pies, Jesús dijo:
Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros. (Juan 13:14)
“Los unos á los otros” es la clave de esta frase. Jesús no dijo: “La persona más débil entre ustedes debe lavar los pies de los demás”, sino que debían lavarse los pies unos a otros. En un hogar, servir no significa que una persona siempre hace y la otra siempre espera ser atendida; tampoco que cierta identidad obliga a una persona a hacer más, ni que un trabajo exigente exime por completo de colaborar. Pablo también dice: “Servíos por amor los unos á los otros” (Gálatas 5:13).
Esto no significa que no haga falta conversar y repartir las tareas. Al contrario: en un hogar donde se sirven mutuamente, pueden sentarse y hablar con franqueza sobre los horarios de trabajo, la energía y las capacidades de cada uno, y decidir qué tareas harán juntos y cuáles alternarán. La finalidad de esta conversación no es calcular quién le debe a quién, sino evitar que cualquiera de los dos quede aplastado por la carga. Quienes han sido servidos primero por Cristo pueden dejar de llevar cuentas. No llevar cuentas tampoco significa fingir que uno no está cansado; podemos decir que estamos agotados y pedir ayuda.
También hay que distinguir algo: servirse mutuamente no tiene nada que ver con tratar a una persona como sirviente, criticarla sin importar cuánto haga, o insultarla y golpearla cuando no hace algo. Esto último es daño y control, y no se resuelve haciendo un poco más. Hay que buscar primero seguridad y pedir ayuda.
1. “Amólos hasta el fin”. Juan 13:1 abre este pasaje. El lavamiento de los pies expresa el amor de Jesús y viene seguido por la cruz.
2. La dignidad y el gesto de inclinarse aparecen lado a lado. Juan 13:3-4 dice primero que Jesús sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos; entonces se levantó para lavarles los pies a sus discípulos. Juan coloca las dos cosas juntas y nos muestra que servir no rebajó la identidad de Jesús; el texto no describe cómo se sentía en ese momento.
3. Dejarse servir. En Juan 13:6-10, Pedro primero se niega y Jesús le dice: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. Esto se refiere ante todo a la obra de Jesús que limpia a las personas; para tener parte con Cristo, primero debemos ser limpiados por él. Aplicarlo a recibir el cuidado dentro del matrimonio es una aplicación más indirecta.
4. “Lavar los pies los unos á los otros”. En Juan 13:14-15, Jesús da ejemplo a sus discípulos y les manda lavarse los pies unos a otros. El énfasis está en la reciprocidad.
5. Servirse por amor unos a otros. Gálatas 5:13 dice que fuimos llamados a libertad, pero no para usar la libertad como ocasión para la carne, sino para servirnos por amor unos a otros.
Unas palabras antes de comenzar (quien dirige las lee)
Lo que compartimos en el grupo no se difunde fuera de él. Hay una excepción: si existe un daño que sigue ocurriendo, si está en riesgo la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o si alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, primero intentará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay un niño o una persona que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato, no se esperará a obtener consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales acreditados, a la policía local, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, pidan ayuda en ese mismo momento y no dejen sola a la persona.
Rompehielos: Entre las tareas domésticas, ¿cuál te gusta más y cuál te gusta menos hacer? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: Den ejemplos ligeros: a alguien le gusta cocinar, pero no lavar los platos; a otro le gusta limpiar el suelo, pero no doblar la ropa. Cierren con una frase: tal vez dos personas puedan complementarse muy bien.
Repaso de la lección (lo lee quien dirige; cerca de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección recorre Juan 13:1-17. Antes de la Pascua, Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre; habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Durante la cena, Jesús sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos. Se levantó, tomó una toalla, se ciñó, puso agua en un lebrillo y lavó los pies de sus discípulos. Pedro dijo que jamás permitiría que le lavara los pies. Jesús respondió que, si no lo lavaba, no tendría parte con él. Al terminar, Jesús dijo que, si él, el Señor y Maestro, les había lavado los pies, ellos debían lavarse los pies unos a otros, pues les había dado ejemplo. El pasaje de comparación es Gálatas 5: debemos servirnos por amor unos a otros. Hoy hablaremos juntos sobre quién hace un poco más en casa.
1. Lean los versículos 1-5. Antes de lavar los pies, ¿qué cosas sabía Jesús? ¿Qué hizo a continuación?
Sugerencia para quien dirige: Sabía que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios volvía. Entonces se levantó de la cena, tomó una toalla, se ciñó, lavó los pies de los discípulos y los secó con la toalla.
2. Lean los versículos 6-11. ¿Por qué Pedro no permite que Jesús le lave los pies? ¿Cómo responde Jesús?
Sugerencia para quien dirige: Pedro dice: “No me lavarás los pies jamás”. Jesús responde: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”.
3. Lean los versículos 12-17 y después Gálatas 5:13. ¿Qué pide Jesús a los discípulos que hagan siguiendo su ejemplo? ¿Cómo lo expresa Pablo?
Sugerencia para quien dirige: Lavarse los pies unos a otros; servirse por amor unos a otros.
4. Juan coloca lado a lado que Jesús sabía que el Padre le había dado todas las cosas en las manos y que se levantó para lavar los pies de sus discípulos. ¿Qué nos muestra esto acerca del servicio y la identidad? Cuando llevamos una cuenta detallada de las tareas, ¿qué solemos temer por dentro?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; denle suficiente tiempo. Servir no rebajó la identidad de Jesús. El texto no describe cómo se sentía; la aplicación que extraemos es que quienes reciben su identidad en Cristo no necesitan demostrar su valor por la cantidad de tareas que hacen. Muchas veces llevamos cuentas porque tememos salir perdiendo, no ser vistos o que nuestro esfuerzo no importe. Quienes han sido servidos por Cristo y amados hasta el fin pueden dejar de protegerse llevando cuentas. También hay que aclararlo: no llevar cuentas no significa fingir que no estamos cansados; podemos expresarlo.
5. Jesús dice que deben lavar los pies “los unos á los otros”, y Pablo dice: “Servíos por amor los unos á los otros”. ¿Qué enseña esta reciprocidad acerca del reparto de las tareas entre esposo y esposa? Cuando Jesús dice a Pedro “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”, ¿de qué habla ante todo?
Sugerencia para quien dirige: Reciprocidad significa que una persona no hace siempre todo mientras la otra siempre recibe, ni que cierta identidad obliga a alguien a hacer más. Pueden conversar con franqueza sobre el reparto para que ninguno quede aplastado por la carga. Las palabras de Jesús a Pedro se refieren ante todo a su obra que limpia a las personas: para tener parte con Cristo, primero debemos ser limpiados por él. De aquí extraemos una aplicación más indirecta: el servicio no debe fluir en una sola dirección; recibir humildemente el cuidado apropiado del otro también se aprende.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿Qué diferencias visibles hay entre “servirse mutuamente” y que una persona sea tratada como sirviente?
Sugerencia para quien dirige: El servicio mutuo es recíproco, toma en cuenta a la otra persona, permite expresar el cansancio y deja espacio para conversar. Ser tratado como sirviente significa que solo una persona hace todo, recibe críticas sin importar cuánto haga, es insultada o incluso golpeada si no hace algo, y además le controlan el dinero. Esto último es daño y control; hay que buscar primero seguridad y pedir ayuda.
7. En casa (o entre las personas que viven juntas), ¿qué cuenta llevo con más frecuencia por dentro? (Hablen de ustedes mismos; quien no desee hablar puede limitarse a escuchar; quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: Compartan primero una respuesta propia. Escuchen sin hacer comentarios ni sacar conclusiones sobre los hogares ajenos.
8. Dentro de una convivencia común, si la relación es segura, ambos desean hacerlo y no habrá represalias, ¿estás dispuesto esta semana a “lavar los pies” del otro una vez sin llevar cuentas? ¿O a conversar con franqueza sobre el reparto de las tareas?
Sugerencia para quien dirige: Ayuden a concretar, solo dentro de una convivencia común, si la relación es segura, ambos desean hacerlo y no habrá represalias. Si hay explotación, control o daño, no hagan estos ejercicios: busquen ayuda por separado primero. Algunas opciones: hacer sin anunciarlo una tarea que normalmente hace el otro; recibir una vez el cuidado del otro y limitarse a dar las gracias; sentarse, hacer una lista de las tareas y conversar juntos. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Juan 13:3-5 y 13:14-15. Guarden un minuto de silencio. Quienes quieran pueden orar una o dos frases: agradecer que Jesús nos sirvió, reconocer que llevamos cuentas por dentro o pedir a Dios que en el hogar se sirvan mutuamente. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es orar. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de hacer una declaración. Al final, quien dirige recoge las oraciones e intercede por los hogares de todos. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat grupal. Para un seguimiento normal, primero se obtiene el consentimiento de la persona y luego se anota en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un niño o alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de dañar a otros, no se espera a obtener consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad de protección adecuada.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, sabías que el Padre había puesto todas las cosas en Tus manos y, aun así, te inclinaste para lavar nuestros pies y entregaste Tu vida por nosotros. Reconocemos que en casa llevamos cuentas en secreto, porque tememos salir perdiendo o no ser vistos. Danos seguridad en Tu amor, enséñanos a servirnos mutuamente y también a recibir el cuidado del otro. Danos un corazón dispuesto a conversar con franqueza, para que nadie quede aplastado por la carga. Protege también a quienes son explotados o lastimados dentro del hogar. En Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas; si quieres, la próxima vez puedes contar cómo te fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Si los dos cónyuges vinieron juntos, al volver a casa cada uno piensa primero por su cuenta y después comparte su respuesta con el otro. Si vino solo uno, puede pensar solamente en la primera pregunta y llevarla a la oración.
Respondan primero la segunda pregunta y después la primera. Uno habla y el otro se limita a escuchar, sin defenderse ni empezar a hacer cuentas en sentido contrario. Al terminar de escuchar, quien escuchó dice: “Gracias por contármelo”. Si en casa hay golpes o amenazas, si alguien controla el dinero o los documentos, impide ver a otras personas, o si alguno teme represalias por hablar, no hagan esta tarea ni la usen para organizar una negociación o confrontación. Primero busquen ayuda por separado como se indica en la lista de acciones.
Pueden elegir la lección “Sométanse mutuamente, como Cristo amó a la iglesia” de la serie “Armonía en el matrimonio” (Efesios 5:21-33), o “Llevar las cargas unos de otros y cada uno la suya” de la serie “Ámense unos a otros: vivir juntos en el cuerpo de Cristo” (Gálatas 6:1-5).