Los primeros años de matrimonio, Lección 1. Leer Lucas 6:37-42. Después de casarte descubres que la otra persona está llena de defectos: calcetines tirados, mensajes sin responder y hábitos incompatibles; cuanto más miras, menos te agrada
Pasaje principal: Lucas 6:37-42
Jesús dijo: “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?” Después de casarnos, vemos con toda claridad cada defecto del otro, pero a menudo no vemos la viga que llevamos en nuestro propio ojo. Primero debemos quitar nuestra viga delante de Dios; entonces podremos ver con claridad y ayudar al otro con ternura. Vale la pena que los dos cuiden con esmero el primer año de matrimonio.
Durante el noviazgo, todo lo que hace la otra persona parece agradable. Cuando empiezan a vivir juntos, descubren cómo es realmente su vida cotidiana: deja los calcetines tirados, aprieta la pasta dental por el medio, deja los platos remojando en el fregadero después de comer, vuelve a casa y se recuesta en el sofá a mirar el teléfono, o tarda horas en contestar un mensaje. Las pequeñas cosas se van acumulando, y también las frases que guardamos por dentro: “¿Cómo es posible que ni siquiera sepas hacer esto?”, “Mi madre tenía razón”, “Si hubiera sabido que eras así...”. Poco a poco, solo vemos lo malo del otro.
En Lucas 6, Jesús pronunció unas palabras dirigidas originalmente a sus discípulos, pero muy pertinentes para los recién casados:
No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. (Lucas 6:37)
“No juzguéis” no significa que no podamos distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, ni que esté prohibido hablar de cualquier problema. Significa que no debemos ocupar el asiento del juez para condenar a una persona y dictar una sentencia sobre ella. Jesús continúa: “Con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir” (Lucas 6:38). La medida que aplicamos al otro a menudo también revela cómo somos nosotros mismos.
Después viene una comparación algo cómica, pero que toca una fibra muy profunda:
¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? (Lucas 6:41)
La paja es una pequeña brizna; la viga, un gran madero que sostiene la casa. Es la imagen de alguien con una viga atravesada en el ojo, concentrado seriamente en sacar una brizna del ojo ajeno. Jesús lo llama “hipócrita” y dice: “Echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas 6:42).
Esta frase tiene dos sentidos. El primero tiene que ver con el orden: mirarnos primero a nosotros mismos. Muchas de las “pajas” que ven los recién casados son simplemente hábitos distintos traídos de dos familias, no asuntos morales. En cambio, la viga de nuestro propio ojo suele ser un corazón criticón, comparador y dado a llevar cuentas. El segundo sentido es que Jesús no dijo que la paja debía quedarse allí; dijo que primero necesitamos ver con claridad para poder sacarla. Cuando ya hemos quitado nuestra viga, ayudar al otro deja de ser un juicio y se convierte en una corrección amable. Ya no decimos: “¿Por qué haces esto otra vez?”, sino: “¿Podemos pensar juntos en una solución?”
Estas palabras de Jesús son, en sí mismas, una advertencia seria: seremos medidos con la misma medida con que medimos a los demás. Pero esta advertencia también nos muestra que nosotros necesitamos misericordia y perdón. Cristo cargó con nuestros pecados. Quienes han recibido misericordia pueden aprender a tratar al otro con misericordia, sin observarlo bajo una lupa.
En la ley del Antiguo Testamento hay una disposición a la que rara vez prestamos atención:
Cuando tomare alguno mujer nueva, no saldrá á la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar á su mujer que tomó. (Deuteronomio 24:5)
En aquel tiempo, incluso la guerra debía dar paso a la vida de un recién casado. Esta ley protegía de manera especial el primer año de matrimonio y declaraba que su propósito era “alegrar á su mujer”. Hoy podemos aplicarla reservando conscientemente tiempo para conocerse y disfrutarse mutuamente. Tal vez no podamos quedar libres de obligaciones durante un año, pero podemos aprender el espíritu de esta disposición: en medio de las horas extra, los viajes al trabajo y la hipoteca, dejar tiempo para el hogar que acaba de nacer.
También debemos distinguir algo: las diferencias en los hábitos cotidianos son “pajas” y podemos aprender a tolerarlas. Los golpes, las amenazas, el control del dinero o de los documentos, la prohibición de ver a otras personas y los insultos prolongados no son “pajas”, ni se resuelven simplemente dejando de “juzgar”. Ante estas situaciones, no te culpes pensando que eres demasiado exigente. Busca primero seguridad y pide ayuda.
1. “No juzguéis” no significa dejar de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Lucas 6:37 dice que no ocupemos el lugar del juez para condenar a una persona. En el versículo 42, Jesús todavía dice que hay que “sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”, pero después de quitar la propia viga.
2. La comparación de la medida. Lucas 6:38 dice que seremos medidos con la misma medida con que medimos. En su contexto, la frase continúa la exhortación a dar y habla de generosidad y misericordia.
3. La paja y la viga. Lucas 6:41-42 usa un contraste exagerado para mostrar que vemos con facilidad los pequeños defectos ajenos, pero no nuestros propios problemas graves.
4. Ver con claridad antes de ayudar. Lucas 6:42 dice que “entonces verás bien”. Quitarnos nuestra propia viga nos permite ayudar verdaderamente al otro; no significa que ya nunca diremos nada.
5. El primer año de matrimonio. Deuteronomio 24:5 dispuso que el recién casado no saliera a la guerra ni recibiera otras obligaciones durante un año, para alegrar a su mujer. Era una ley del antiguo Israel. Hoy aprendemos de ella el valor que daba al comienzo del matrimonio, no la aplicamos literalmente dejando de trabajar.
Unas palabras antes de comenzar (quien dirige las lee)
Lo que compartimos en el grupo no se difunde fuera de él. Hay una excepción: si existe un daño que sigue ocurriendo, si está en riesgo la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o si alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, primero intentará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay un niño o una persona que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato, no se esperará a obtener consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales acreditados, a la policía local, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, pidan ayuda en ese mismo momento y no dejen sola a la persona.
Rompehielos: Cuando vives con otra persona (un familiar, un compañero de vivienda o tu cónyuge), ¿qué pequeño hábito suyo te cuesta más aceptar? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: Hablen con ligereza y permitan alguna risa: apretar la pasta dental por el medio, poner el aire acondicionado demasiado frío, no devolver las cosas a su lugar. Cierren con una frase: quizá la otra persona también guarda una lista sobre nosotros.
Repaso de la lección (lo lee quien dirige; cerca de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección recorre Lucas 6:37-42. Jesús dice que no juzguemos y no seremos juzgados; que no condenemos y no seremos condenados; que perdonemos y seremos perdonados. Seremos medidos con la misma medida con que medimos. ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿Por qué miramos la paja en el ojo de nuestro hermano y no consideramos la viga en el propio? Primero debemos sacar la viga de nuestro ojo; entonces veremos bien para sacar la paja del ojo de nuestro hermano. El pasaje de comparación es Deuteronomio 24: el recién casado no debía salir a la guerra, sino quedar libre en casa durante un año para alegrar a su mujer. Hoy hablaremos juntos sobre esos momentos en que, después de casarnos, todo lo que hace el otro empieza a molestarnos.
1. Lean los versículos 37-38. ¿Qué cosas dice Jesús que no hagamos? ¿Qué debemos hacer? ¿Qué significa la comparación de la medida?
Sugerencia para quien dirige: No juzgar ni condenar; perdonar y dar. Seremos medidos con la misma medida con que medimos.
2. Lean los versículos 41-42. ¿Qué comparación usa Jesús? ¿Qué debemos hacer primero y qué podremos hacer después?
Sugerencia para quien dirige: Una paja en el ojo del hermano y una viga en el propio; primero sacar la viga del propio ojo, y después ver bien para sacar la paja del ojo del hermano.
3. Lean Deuteronomio 24:5. ¿Qué disposición especial establecía la ley para el recién casado? ¿Cuál era el propósito?
Sugerencia para quien dirige: No debía salir a la guerra ni recibir otras obligaciones; quedaba libre en casa durante un año para alegrar a su mujer.
4. “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?” ¿Qué suelen ser muchas de las “pajas” que ven los recién casados? ¿Y qué suelen ser las “vigas” de nuestro propio ojo?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; denle suficiente tiempo. Muchas “pajas” son simplemente hábitos distintos traídos de dos familias, no asuntos correctos o incorrectos: horarios, orden, gastos y maneras de comer. Nuestra viga suele ser un corazón criticón, comparador, dado a llevar cuentas y a convertir nuestros propios hábitos en la norma. También pueden recordar que estas palabras se dirigieron originalmente a los discípulos; aplicarlas al matrimonio es una aplicación del pasaje.
5. Jesús no dice que la paja deba quedarse, sino que primero quitemos nuestra propia viga y que “entonces verás bien”. ¿En qué se diferenciará la manera de ayudar al otro a “sacar la paja” cuando hemos sido perdonados por Cristo?
Sugerencia para quien dirige: Ya no es juicio, sino corrección amable; no es “¿por qué haces esto otra vez?”, sino “¿podemos pensar juntos en una solución?”. Reconocemos primero nuestra parte y también escogemos un buen momento para hablar. Lucas 6:37-38 es una advertencia: seremos medidos con la misma medida con que medimos a otros; esto nos muestra que también nosotros necesitamos misericordia. Cristo cargó con nuestros pecados, y quienes han recibido misericordia pueden aprender a tratar a los demás con misericordia.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Deuteronomio 24:5 dispuso que el recién casado no saliera a la guerra durante un año. ¿Cómo pueden los recién casados de hoy aprender del espíritu de esta disposición?
Sugerencia para quien dirige: Tal vez no puedan quedar libres un año, pero, si ambos desean hacerlo, pueden reservar una noche para los dos, dejar el teléfono durante media hora al volver del trabajo, no llenar todos los fines de semana, y conocer juntos a los amigos y familiares del otro. Lo principal es reservar tiempo para el hogar recién formado.
7. En casa (o con las personas más cercanas), ¿cuál es la “viga” que aparece con más frecuencia en mi propio ojo? (Criticar, comparar, llevar cuentas, convertir mis hábitos en la norma... Hablen de ustedes mismos; quien no desee hablar puede limitarse a escuchar; quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: Compartan primero una respuesta propia. Escuchen sin hacer comentarios ni sacar conclusiones sobre los hogares ajenos.
8. Esta semana, ¿qué frase de crítica estás dispuesto a decir menos, o qué frase de agradecimiento quieres decir más?
Sugerencia para quien dirige: Ayuden a concretar, solo para relaciones seguras y asuntos de hábitos cotidianos o conflictos comunes: cuando vean un defecto del otro, piensen primero si han convertido un hábito personal en la norma; cambien “¿por qué haces esto otra vez?” por “¿podemos pensar juntos en una solución?”; busquen un momento esta semana para expresar un agradecimiento concreto. Si existe daño o control, esta pregunta no se aplica: primero hay que buscar ayuda. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Lucas 6:37-42. Guarden un minuto de silencio. Cada uno piensa en la viga que lleva en su propio ojo. Quienes quieran pueden orar una o dos frases: reconocer su actitud crítica, dar gracias por las personas cercanas o pedir a Dios un corazón amable y tolerante. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es orar. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de hacer una declaración. Al final, quien dirige recoge las oraciones e intercede por los hogares de todos. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat grupal. Para un seguimiento normal, primero se obtiene el consentimiento de la persona y luego se anota en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un niño o alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de dañar a otros, no se espera a obtener consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad de protección adecuada.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, muchas veces vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Perdona nuestro corazón criticón, comparador y dado a llevar cuentas. Nosotros también necesitamos Tu misericordia; Tú cargaste con nuestros pecados en la cruz. Ayúdanos, pues hemos recibido misericordia, a tratar con misericordia a las personas cercanas. Danos ojos que vean con claridad, una boca que hable con ternura y tiempo para amarnos dentro del hogar. Protege a quienes sufren daño dentro del matrimonio. En Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas; si quieres, la próxima vez puedes contar cómo te fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Si los dos cónyuges vinieron juntos, al volver a casa cada uno piensa primero por su cuenta y después comparte su respuesta con el otro. Si vino solo uno, puede pensar solamente en la primera pregunta y llevarla a la oración.
Respondan primero la primera pregunta y después la segunda. Uno habla y el otro se limita a escuchar, sin defenderse ni aprovechar para decir “tú haces lo mismo”. Al terminar de escuchar, quien escuchó dice: “Gracias por contármelo”. Si en casa hay golpes o amenazas, si alguien controla el dinero o los documentos, impide ver a otras personas, o si alguno teme represalias por hablar, no hagan esta tarea ni la usen para organizar una negociación o confrontación. Primero busquen ayuda por separado como se indica en la lista de acciones.
Pueden elegir la lección “Hablar con gracia, sin sacar cuentas del pasado” de la serie “Armonía en el matrimonio” (1 Pedro 3:7-12), o “Prontos para oír, tardos para hablar” de la serie “Comunicación y relaciones cercanas” (Santiago 1:19-21).