Prepararse para el matrimonio, Lección 5. Leer Santiago 4:1-10. Antes de casarse ya discuten sin parar por la boda, el dinero o a qué familia visitar; al cabo de un rato, la discusión ya ni siquiera trata de ese asunto
Pasaje principal: Santiago 4:1-10
Santiago pregunta: “¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?”. Responde que proceden de los deseos que combaten dentro de nosotros. Una pareja puede discutir aparentemente por el vestido de novia, el dinero o con qué familia pasar el Año Nuevo chino, mientras debajo de todo suele haber un “yo quiero”. Dios “da mayor gracia” y “da gracia á los humildes”. Llevar delante de Él aquello que creemos necesitar a toda costa y aprender a responder con mansedumbre es una de las prácticas más valiosas antes del matrimonio.
Después del compromiso, las discusiones parecen multiplicarse. ¿En qué estudio tomar las fotos de boda? ¿Cuántas mesas reservar para el banquete? ¿Invitar a ese pariente con quien nadie habla desde hace años? ¿Quién administrará el dinero después de casarse? ¿Pasarán el fin de semana con los amigos de él o con la familia de ella? Poco a poco, la discusión deja de tratar de ese asunto: “Nunca te importan mis sentimientos”, “Tú solo haces caso a tu madre”, “Si hubiera sabido que eras así...”. Algunos empiezan a preguntarse: si ya discutimos tanto antes de casarnos, ¿qué ocurrirá después? Otros piensan: como nunca discutimos, ¿será señal de que somos muy compatibles?
Santiago escribió a creyentes entre los que también había conflictos. Planteó una pregunta muy directa:
¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1)
No empieza preguntando quién tiene razón y quién está equivocado, sino mirando hacia dentro: la raíz de la pelea está en los deseos que combaten en nosotros. Desear respeto, comprensión o seguridad puede ser legítimo. Pero cuando ese deseo se convierte en un “tengo que conseguirlo” que domina al otro, pasa a ser la concupiscencia que Santiago reprende, y choca con aquello que la otra persona también cree necesitar a toda costa.
Los versículos 2 y 3 lo explican con más detalle: “no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2); “Pedís, y no recibís, porque pedís mal” (Santiago 4:3). Aquí “pedir” significa pedir a Dios: ellos no se vuelven a Él y, aun cuando piden, lo hacen para gastar en sus propios deleites. El pasaje no define directamente cómo debe comunicarse una pareja, pero nos recuerda que primero debemos llevar nuestros deseos delante de Dios. No le pedimos solamente “haz que la otra persona cambie”, sino también “muéstrame qué es eso que yo quiero”. En una relación normal y segura, esto puede enseñarnos además a expresar nuestras necesidades de manera concreta y amable. En vez de atacar con “¿por qué vuelves a llegar tarde?”, podemos decir: “Me inquieto cuando te espero; la próxima vez que te retrases, ¿puedes avisarme?”.
Los versículos 4 y 5 emplean palabras muy fuertes. “Adúlteros y adúlteras” es aquí una metáfora de la infidelidad espiritual de quienes se hacen amigos del mundo. Los intérpretes no coinciden por completo en el sentido del versículo 5, y no es necesario resolverlo aquí. Después, Santiago presenta la salida de esta sección:
Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes. (Santiago 4:6)
Durante una discusión, el orgullo suele aparecer así: tengo que ganar; la otra persona tiene que disculparse primero; yo tengo que decir la última palabra. Santiago afirma que Dios da una gracia mayor a los humildes. Los versículos 7-10 reúnen una serie de mandatos —someterse a Dios, acercarse a Dios y limpiarse las manos— y terminan: “Humillaos delante del Señor” (Santiago 4:10). Ambos necesitan volver primero a Dios para que pueda abrirse un espacio entre ellos.
Proverbios ofrece una práctica muy concreta: “LA blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). La misma idea, expresada con otro tono, puede producir un resultado completamente distinto.
Discutir antes de casarse no siempre es malo. No discutir nunca puede significar que la pareja realmente concuerda, pero también puede indicar que uno cede siempre y nunca expresa lo que piensa. Más importante que discutir o no discutir es cómo se discute: después del conflicto, ¿pueden expresar qué les importaba de verdad?, ¿puede cada uno reconocer su parte?, ¿pueden reconciliarse?
También debemos distinguir los desacuerdos de las señales de peligro. Tener opiniones distintas o decir algo duro alguna vez son asuntos que se pueden aprender a manejar juntos. Golpear, romper cosas, amenazar, acechar, revisar el teléfono, impedir ver a los amigos o utilizar la ruptura o la amenaza de hacerse daño como chantaje no son “discusiones”, sino señales de peligro. Si aparecen antes del matrimonio, hay que detenerse y pedir ayuda, no esperar que la boda las haga desaparecer.
1. Mirar primero hacia dentro. Santiago 4:1 no pregunta en primer lugar quién tiene razón, sino de dónde vienen los conflictos. Responde que proceden de los deseos que combaten dentro de nosotros.
2. No pedir y pedir mal. En Santiago 4:2-3, “pedir” significa pedir a Dios: no le piden o solo piden para gastar en sus propios deleites. Aplicarlo a la comunicación de una pareja es una aplicación derivada del texto.
3. “Adúlteros y adúlteras” es una metáfora. Santiago 4:4 emplea una imagen frecuente en los profetas del Antiguo Testamento para hablar de un corazón infiel y amigo del mundo. Los intérpretes no coinciden por completo en el sentido de 4:5 y no es necesario detenerse en ello durante el grupo.
4. Mayor gracia. Santiago 4:6 cita Proverbios 3:34: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. La salida es la gracia, no esforzarse todavía más por ganar.
5. El pasaje se dirigía originalmente a la iglesia. Santiago 4 habla de conflictos entre creyentes. Aplicarlo a una pareja que se prepara para casarse es una aplicación del texto, pero resulta muy pertinente.
Una frase inicial (para que la lea quien dirige)
Lo que se comparte en el grupo no se comenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá únicamente la información necesaria con quienes puedan prestar ayuda real. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será imprescindible obtener antes su consentimiento: según el caso, se contactará a un pastor, un profesional cualificado, la policía local o los servicios de emergencia o de salud. Ante un peligro inmediato, se pedirá ayuda en ese mismo momento y no se dejará sola a la persona.
Rompehielos: ¿Por qué asunto pequeño discutes más a menudo con tu familia? (La temperatura del aire acondicionado, cómo se aprieta el tubo de pasta dental, quién lava los platos... Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Hablen con ligereza y permitan que el grupo se ría. Cierren con una frase: muchas veces discutimos por algo pequeño, pero debajo nos importa otra cosa.
Repaso de la lección (para que lo lea quien dirige; alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no pudieron prepararse)
En esta lección leemos Santiago 4:1-10. Santiago pregunta: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre ustedes? ¿No proceden de los deseos que combaten dentro de ustedes?”. No tienen lo que desean porque no piden; piden y no reciben porque piden mal. La amistad del mundo es enemistad con Dios. Pero Él da mayor gracia: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Por eso deben someterse a Dios y resistir al diablo; acercarse a Dios, y Él se acercará a ustedes; humillarse delante del Señor, y Él los ensalzará. El pasaje de contraste está en Proverbios 15: la respuesta blanda quita la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor. Hoy hablaremos de dónde vienen nuestras discusiones.
1. Lean los versículos 1-3. Según Santiago, ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos? ¿Qué dos razones da para que las personas no reciban lo que desean?
Sugerencia para quien dirige: Proceden de los deseos que combaten dentro de ellas. Una razón es que no piden; la otra, que piden mal para gastarlo en sus propios deleites.
2. Lean el versículo 6. ¿Cómo trata Dios a los soberbios y a los humildes? ¿Qué dice Santiago que Dios da?
Sugerencia para quien dirige: Resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Él da mayor gracia.
3. Lean los versículos 7-10 y después Proverbios 15:1. ¿Qué mandatos da Santiago uno tras otro? Según Proverbios, ¿qué clase de respuesta quita la ira?
Sugerencia para quien dirige: Someterse a Dios, resistir al diablo, acercarse a Dios, limpiarse las manos, purificar el corazón y humillarse delante del Señor. Proverbios dice que la respuesta blanda quita la ira, mientras la palabra áspera hace subir el furor.
4. Santiago afirma que los conflictos vienen de los deseos que combaten dentro de nosotros. Cuando una pareja discute, ¿qué diferencia suele haber entre el asunto visible y lo que cada uno desea en el fondo?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Aparentemente discuten por el vestido de novia, el banquete, el dinero o con qué familia pasar una fiesta. En el fondo, quizá desean sentirse respetados, ocupar el primer lugar, tener seguridad, evitar que la familia del otro los menosprecie o hacer las cosas a su manera. Esas aspiraciones pueden ser legítimas; cuando se convierten en un “tengo que conseguirlo” que domina al otro, pasan a ser los deseos que Santiago reprende y chocan con el “tengo que conseguirlo” de la otra persona. Reconocer ese “yo quiero” que hay debajo abre un camino en medio del conflicto. Recuerden también que Santiago 4 habla originalmente de la iglesia; aplicarlo a una pareja es una aplicación.
5. “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal”. ¿A quién se dirige ese pedir? ¿Cómo puede cambiar nuestra manera de hablar con la otra persona cuando primero llevamos nuestros deseos delante de Dios?
Sugerencia para quien dirige: En su contexto, se trata de pedir a Dios. No le piden o piden para sus propios deleites. Cuando primero abrimos el corazón delante de Dios, ya no necesitamos discutir para obligar al otro a satisfacer nuestros deseos. Una aplicación derivada de esto es que, en una relación normal y segura, podemos expresar de forma directa y amable una necesidad concreta —“Me inquieto cuando te espero; la próxima vez que te retrases, ¿puedes avisarme?”—, en vez de esperar que la otra persona la adivine y enfadarnos si no lo hace.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿No discutir nunca antes del matrimonio es necesariamente una buena señal? Más allá de si una pareja discute o no, ¿qué merece mayor atención?
Sugerencia para quien dirige: No discutir nunca puede indicar verdadera compatibilidad, pero también puede significar que uno cede siempre y calla. Lo más importante es si después del conflicto pueden expresar qué les importaba realmente, reconocer cada uno su parte y reconciliarse. También deben distinguirse las dos cosas: golpear, amenazar y controlar no son “discusiones”, sino señales de peligro.
7. Piensa en una discusión reciente con tu pareja, un familiar o un amigo. ¿Cuál era el asunto visible y qué querías realmente en el fondo? (Habla de ti; quien no quiera hablar puede limitarse a escuchar; quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Quien dirige puede compartir primero algo propio. Escuchen sin decidir quién tenía razón.
8. ¿Qué frase estás dispuesto a expresar con más mansedumbre esta semana?
Sugerencia para quien dirige: Oriéntenlos hacia algo concreto: cambiar “¿por qué vuelves a...?” por “Me gustaría...”. Solo cuando la relación sea segura, la otra persona respete una pausa y no haya riesgo de represalias, pueden acordar detener una discusión y retomarla más tarde, o disculparse en persona por una frase hiriente. Si el otro no permite una pausa o utiliza la disculpa para seguir controlando, no organicen otra conversación; busquen primero ayuda individual. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.
Pidan a alguien que lea despacio Santiago 4:1-3 y después 4:6-10, y guarden un minuto de silencio. Quien lo desee puede orar una o dos frases: reconocer aquello que cree necesitar a toda costa, pedir a Dios un corazón humilde y manso o interceder por una relación cercana. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige puede recoger las oraciones e interceder por cada integrante del grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero el consentimiento de la persona y se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta obtener consentimiento previo: hay que contactar de inmediato los servicios locales de emergencia, la policía o el organismo de protección adecuado.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, reconocemos que muchos conflictos nacen dentro de nosotros: queremos ganar, queremos ocupar el primer lugar y queremos hacer las cosas a nuestra manera. Danos mayor gracia para humillarnos delante de Ti, ver qué buscamos realmente, llevar esos deseos a Tu presencia y aprender a responder con mansedumbre. Guarda nuestras relaciones y permite que, incluso en medio del conflicto, aprendamos a conocernos mejor. Protege también a quienes sufren daño en el noviazgo y dales valor para reconocer el peligro y salir de él. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; no pasa nada si ahora mismo no sabes cuál elegir.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lo lograste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Si ambos asistieron, al llegar a casa piensen primero por separado y después compartan sus respuestas. Si solo vino uno, puede pensar por su cuenta la primera pregunta y buscar otro momento para hacerle la segunda a la otra persona.
Mientras intercambian sus respuestas, uno habla y el otro escucha, sin defenderse ni aprovechar la ocasión para sacar reproches antiguos. Al terminar, repitan con sus propias palabras lo que entendieron. Si en el noviazgo hay golpes o amenazas, si alguien controla el dinero o los documentos, impide ver a otras personas, o una de las partes teme represalias por hablar, no hagan esta tarea ni la utilicen para organizar una negociación o confrontación. Busquen primero ayuda individual siguiendo la acción correspondiente de la lista.
Pueden elegir la lección “Prontos para oír, tardos para hablar” de la serie “Comunicación y relaciones cercanas” (Santiago 1:19-21), o la lección “Después del conflicto, la reconciliación es posible” de la misma serie (Génesis 33:1-11).