De qué familia viene cada uno · Grupos pequeños

Prepararse para el matrimonio, Lección 2. Leer Génesis 25:19-28. Sin darse cuenta, llevan a la relación la manera en que sus padres se trataban, junto con los favoritismos y las heridas de cada familia

Pasaje principal: Génesis 25:19-28

“Y amó Isaac á Esaú... mas Rebeca amaba á Jacob”: una sola frase deja ver la fractura de una familia; más tarde, Jacob también favoreció a José. Ciertos patrones familiares pueden repetirse en la generación siguiente, pero no son nuestro destino. En Cristo somos una nueva creación: podemos reconocer de qué familia venimos y decidir, sostenidos por la gracia, qué conservar y qué dejar atrás.

Introducción

Cuando dos personas están de novios, cada una ve sobre todo a la persona que tiene delante; después de casarse descubren que con ella también llega toda su familia. Cuando discuten, él sale dando un portazo, igual que su padre; cuando se habla de dinero, ella aprieta cada céntimo, igual que su madre; en la familia de él nunca se dice “gracias” ni “lo siento”, mientras que en la de ella se reúne toda la familia en cuanto ocurre algo. Nadie aprende estas costumbres de manera deliberada. Crecemos dentro de una familia y, sin darnos cuenta, sus modos de actuar pasan a ser los nuestros.

Génesis 25 habla de la familia de Isaac y Rebeca. Primero relata una oración que recibió respuesta: Rebeca era estéril, Isaac rogó a Jehová por ella y Jehová lo escuchó (Génesis 25:21). Que una oración sea respondida no significa que una familia nunca vaya a sufrir fracturas. Los gemelos ya luchaban en el vientre, y Jehová dijo a Rebeca: “el mayor servirá al menor” (Génesis 25:23). Al crecer, los hijos desarrollaron caracteres distintos: “Esaú fué diestro en la caza, hombre del campo: Jacob empero era varón quieto, que habitaba en tiendas” (Génesis 25:27). Entonces el texto lo resume en una sola frase:

Y amó Isaac á Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba á Jacob. (Génesis 25:28)

Cada padre amaba de manera especial a uno de los hijos. El texto no añade ningún comentario. Este favoritismo llegó a ser una parte importante de la fractura familiar. Más adelante, en el capítulo 27, Rebeca ayudó a Jacob a engañar a Isaac para recibir la bendición; Esaú aborreció a Jacob y quiso matarlo, y Jacob tuvo que huir de casa. Estuvo fuera veinte años y la fractura se hizo cada vez más profunda.

Hay algo aún más inquietante. En Gerar, Isaac temió que los hombres del lugar lo mataran por causa de su esposa y dijo: “Es mi hermana” (Génesis 26:7). Era exactamente lo que su padre Abraham había hecho años atrás (Génesis 12 y 20). Después, cuando Jacob llegó a ser padre, “amaba Israel á José más que á todos sus hijos” (Génesis 37:3), y por eso sus hermanos aborrecieron a José. El favoritismo, la mentira y el temor a los demás se repitieron de una generación a otra.

No se trata de una maldición familiar. Ezequiel lo dice con claridad: “el hijo no llevará por el pecado del padre” (Ezequiel 18:20). Cada persona responde por sí misma delante de Dios. Desde una perspectiva pastoral, podemos observar hoy que ciertos patrones familiares se prolongan porque se aprenden al crecer; esto no es una explicación psicológica que la Biblia dé sobre la familia de Isaac y Jacob.

Antes de entrar en el matrimonio, vale la pena dedicar tiempo a reconocer de qué familia venimos: cómo discutían nuestros padres y cómo se reconciliaban; quién administraba el dinero y cómo lo gastaba; cómo se expresaban el amor y el descontento; qué lugar ocupaba la fe en casa. Algunas cosas son buenas y merecen gratitud y continuidad; otras son heridas que debemos reconocer y dejar atrás. Honrar a los padres no significa copiar todo lo que hicieron. La Biblia dice: “Honra á tu padre y á tu madre” (Éxodo 20:12), y también: “dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer” (Génesis 2:24).

Pablo dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Esto no significa que la influencia de la familia de origen desaparezca de la noche a la mañana, sino que nuestra identidad más profunda ya no está en esa familia, sino en Cristo. En Él tenemos fuerzas para ver, reconocer y cambiar, y también podemos mirar a nuestros padres con perdón.

Si durante tu infancia sufriste golpes, maltrato o un abandono prolongado que todavía te afecta, no se trata solo de un “problema de carácter”. Puedes hablar con un pastor de confianza o con un profesional de la salud mental. Por otro lado, si la persona con quien sales ya te golpea, amenaza o controla, no uses la frase “así es su familia” para convencerte de esperar a que cambie. Protege primero tu seguridad y busca ayuda.

Notas de estudio

1. Una oración respondida. En el versículo 21, Isaac rogó a Jehová por su esposa estéril y Jehová lo escuchó. Que una oración sea respondida no garantiza que la familia nunca vaya a sufrir fracturas.

2. Las palabras del versículo 23. “El mayor servirá al menor” es la declaración de Jehová acerca del futuro de estos dos hijos. El texto no dice que, por ello, sus padres debieran favorecer a uno de los dos. El favoritismo y el engaño que vinieron después fueron actos humanos.

3. La frase del versículo 28. Isaac amó a Esaú “porque comía de su caza”, y Rebeca amaba a Jacob. El texto no añade comentarios. El favoritismo fue una parte importante de la fractura familiar, y el engaño, el odio y la separación del capítulo 27 la profundizaron.

4. Un patrón que se repite de generación en generación. Abraham dijo dos veces que su esposa era su hermana (Génesis 12 y 20); Isaac hizo lo mismo en 26:7. Más tarde, Jacob favoreció a José (37:3). La Biblia lo relata tal como ocurrió, sin afirmar que fuera inevitable.

5. Cada persona responde por sí misma. Ezequiel 18:20 dice que el hijo no cargará con el pecado del padre. La influencia de la familia de origen es real, pero no es una maldición ni una excusa para eludir nuestra responsabilidad.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una frase inicial (para que la lea quien dirige)

Lo que se comparte en el grupo no se comenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá únicamente la información necesaria con quienes puedan prestar ayuda real. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será imprescindible obtener antes su consentimiento: según el caso, se contactará a un pastor, un profesional cualificado, la policía local o los servicios de emergencia o de salud. Ante un peligro inmediato, se pedirá ayuda en ese mismo momento y no se dejará sola a la persona.

Rompehielos: ¿Hay algún plato que en tu familia se prepara de una manera que, según ustedes, “solo nosotros hacemos así”, o alguna regla propia de la casa? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Hablen con ligereza: un plato imprescindible en la cena de Año Nuevo chino, la regla de no hablar durante la comida o la obligación de ordenar perfectamente los zapatos. Cierren con una frase: cada familia tiene su propio modo de hacer las cosas, y todos crecemos dentro de esos modos.

Repaso de la lección (para que lo lea quien dirige; alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no pudieron prepararse)

En esta lección leemos Génesis 25:19-28. Isaac tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca. Como ella era estéril, Isaac rogó a Jehová por ella; Jehová lo escuchó y ella concibió gemelos. Los hijos luchaban dentro de su vientre, y Jehová le dijo que dos pueblos estaban en su seno y que el mayor serviría al menor. El primero nació rojo y cubierto de pelo, y lo llamaron Esaú; después salió su hermano agarrado del calcañar de Esaú, y lo llamaron Jacob. Cuando crecieron, Esaú llegó a ser un cazador diestro, hombre del campo; Jacob era un hombre quieto que habitaba en tiendas. Isaac amaba a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob. El pasaje de contraste está en 2 Corintios 5: si alguien está en Cristo, es una nueva creación. Hoy hablaremos de la familia de la que viene cada uno.

Observación

1. Lean los versículos 19-23. ¿Cómo relata el texto la oración de aquellos años de esterilidad y la respuesta que recibió? ¿Qué le dijo Jehová a Rebeca?

Sugerencia para quien dirige: Rebeca era estéril; Isaac rogó a Jehová por ella y Jehová lo escuchó. Los hijos luchaban dentro de su vientre, y Jehová dijo que dos pueblos estaban en su seno y que el mayor serviría al menor.

2. Lean los versículos 24-28. ¿Cómo era cada uno de los hijos? Según el versículo 28, ¿a quién amaba cada progenitor? ¿Por qué dice el texto que Isaac amaba a Esaú?

Sugerencia para quien dirige: Esaú era un cazador diestro, hombre del campo; Jacob era un hombre quieto que habitaba en tiendas. Isaac amaba a Esaú porque comía de su caza; Rebeca amaba a Jacob.

3. Lean también Génesis 26:7 y 37:3-4. ¿Qué hizo Isaac que también había hecho su padre? ¿Cómo trató Jacob a José más tarde y qué resultado tuvo?

Sugerencia para quien dirige: Por miedo a que lo mataran, Isaac dijo que su esposa era su hermana, como Abraham había hecho antes. Jacob amó a José más que a sus demás hijos y le hizo una túnica de diversos colores; por eso sus hermanos aborrecieron a José.

Interpretación

4. Una sola frase del versículo 28 deja ver la fractura de una familia, y más tarde Jacob también favoreció a José. ¿Por qué los patrones familiares se repiten tantas veces en la siguiente generación? ¿Significa que estamos “destinados” a repetirlos?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. La Biblia relata en paralelo el favoritismo de dos generaciones, pero no explica cómo pasó de una a otra. Desde una perspectiva pastoral, observamos hoy que ciertos patrones pueden continuar porque los aprendemos al crecer; eso no es algo que el texto bíblico afirme de forma explícita. No es inevitable ni es una maldición. Ezequiel 18:20 dice que cada persona responde por sí misma. El camino de ver y reconocer esos patrones, y cambiarlos poco a poco en Cristo, permanece abierto.

5. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. ¿Qué significa esto para quien entra en el matrimonio con la huella de su familia de origen? ¿Qué no está diciendo este versículo?

Sugerencia para quien dirige: Nuestra identidad más profunda ya no está en la familia de origen, sino en Cristo. En Él tenemos fuerzas para ver y cambiar, y también para mirar a nuestros padres con perdón. El versículo no dice que la influencia del pasado desaparezca de la noche a la mañana ni que no necesitemos ayuda de otras personas.

6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿Cómo pueden ir juntas la honra a los padres y la decisión de no copiar todo lo que hicieron?

Sugerencia para quien dirige: Honrar significa respetar, agradecer y cuidar a los padres. No copiarlo todo significa decidir de nuevo, a la luz de la voluntad de Dios, cómo relacionarse dentro del matrimonio. Ambas cosas son posibles y requieren ternura y sabiduría.

Aplicación

7. De lo que traes de tu familia, ¿qué te gustaría conservar y qué te gustaría dejar atrás? (Hablen de ustedes mismos, sin juzgar a sus padres; quien no quiera hablar puede limitarse a escuchar; quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Quien dirige puede compartir primero algo propio. Escuchen sin comentar sobre las familias de los demás. Si alguien habla de una herida sufrida durante su infancia, denle las gracias y hablen con esa persona en privado después.

8. ¿Cómo están dispuestos a conocer mejor esta semana las familias de origen de cada uno?

Sugerencia para quien dirige: Oriéntenlos hacia algo concreto, solo cuando la relación sea segura y ambos participen libremente: que cada uno escriba cómo se manejaban en su familia las discusiones, el dinero y las muestras de afecto, y luego intercambien sus textos; o que vayan juntos a comer con la familia del otro y después comenten lo que observaron. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a alguien que lea despacio 2 Corintios 5:17 y guarden un minuto de silencio. Quien lo desee puede orar una o dos frases: dar gracias por algo bueno que recibió de sus padres, pedir la ayuda de Dios para no llevar cierto patrón al matrimonio o interceder por quienes fueron heridos durante su infancia. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige puede recoger las oraciones e interceder por cada integrante del grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero el consentimiento de la persona y se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta obtener consentimiento previo: hay que contactar de inmediato los servicios locales de emergencia, la policía o el organismo de protección adecuado.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Padre celestial, gracias por habernos permitido crecer en nuestras familias y por las muchas cosas buenas que recibimos de nuestros padres. También reconocemos que llevamos con nosotros algunos patrones que aprendimos sin darnos cuenta: nuestra manera de discutir, el silencio hostil, el favoritismo y el temor a los demás. Ayúdanos a verlos y danos en Cristo fuerzas para cambiar. Somos una nueva creación; haz que nuestros futuros hogares tengan su comienzo en Tu gracia. Consuela a quienes fueron heridos mientras crecían. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; no pasa nada si ahora mismo no sabes cuál elegir.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lo lograste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Después de volver a casa: una tarea para los dos

Si ambos asistieron, al llegar a casa piensen primero por separado y después compartan sus respuestas. Si solo vino uno, puede pensarlas por su cuenta y buscar otro momento para preguntarle a la otra persona.

  1. Cuando en mi familia había una discusión, ¿qué solía ocurrir? ¿Qué patrón me resulta más fácil repetir?
  2. ¿En qué aspecto deseo que nuestro futuro hogar sea diferente de las familias en las que crecimos?

Mientras intercambian sus respuestas, uno habla y el otro escucha. No juzguen a los padres del otro ni comparen qué familia es mejor. Al terminar, digan: “Gracias por contármelo”. Si en el noviazgo hay golpes o amenazas, si alguien controla el dinero o los documentos, impide ver a otras personas, o una de las partes teme represalias por hablar, no hagan esta tarea ni la utilicen para organizar una negociación o confrontación. Busquen primero ayuda individual siguiendo la acción correspondiente de la lista.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “Disciplinar sin provocar a ira a los hijos”, basada en Efesios 6:1-4 y perteneciente a la serie “Criar a los hijos”; también pueden elegir “Despojarse del viejo ser y vestirse del nuevo”, basada en Colosenses 3:1-17 y perteneciente a la serie “Quién soy: mi nuevo yo en Cristo”.

Guía para quien dirige