Atravesar las etapas difíciles del matrimonio, Lección 8. Leer Génesis 39:1-12. Hablas cada vez más con un colega, una expareja o alguien que conociste por internet; sabes que está mal, pero no consigues cortar la relación
Pasaje principal: Génesis 39:1-12
José rechazó la seducción de la esposa de su señor y dijo: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. No solo se negó, sino que también evitó “estar con ella” y, al final, dejó su ropa y huyó. Los vínculos ambiguos en internet y en nuestro entorno suelen comenzar con una conversación tras otra. En Cristo podemos apartarnos a tiempo y, si ya hemos cruzado un límite, todavía hay un camino de confesión y regreso.
Después de una reunión de antiguos compañeros de clase, agregaste a WeChat a aquella persona de hace años. Al principio solo recordaban el pasado; después comenzaron a hablar de todo, incluso de asuntos que nunca habías contado a tu cónyuge. O tal vez hay alguien en el trabajo que parece comprender mejor tu cansancio que la persona que te espera en casa; al terminar la jornada te quedas un poco más y conversan. Ya acostado, sigues respondiendo mensajes y después borras el historial del chat. Por dentro sabes que algo no está bien, pero te dices: “No hemos hecho nada”, y no quieres romper ese vínculo. O quizá ya cruzaste el límite y no sabes qué hacer.
En Génesis 39, José ha sido vendido en Egipto y sirve como esclavo en casa de Potiphar, capitán de la guardia. El relato comienza diciendo que “Jehová fué con José” (Génesis 39:2). Su señor ve que todo lo que José hace prospera y “entregó en su poder todo lo que tenía” (Génesis 39:4). Entonces la esposa de su señor se fija en él e intenta seducirlo una y otra vez. José responde:
No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino á ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? (Génesis 39:9)
José ve dos dimensiones. Una es humana: su señor ha puesto todo en sus manos y él no puede traicionar esa confianza. La dimensión más profunda es Dios: antes que nada, aquel acto sería pecar contra él. Cruzar los límites nunca es un asunto que solo concierne a dos personas. Daña al cónyuge y a la familia que confían en nosotros y también es pecado delante de Dios.
La seducción no termina después de un solo intento: “Y fué que hablando ella á José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella” (Génesis 39:10). José no solo se niega a acostarse con ella, sino que evita estar a solas con ella. El texto no nos dice cómo evaluaba José sus propias fuerzas; solo registra que se negó, que no estuvo con ella y que finalmente huyó. Hoy, “estar con alguien” muchas veces no ocurre en una misma habitación, sino dentro del teléfono: mensajes privados de madrugada, secretos que solo conocen dos personas, historiales de chat borrados.
Un día no hay nadie más en casa. Ella agarra la ropa de José, y el relato dice: “Entonces dejóla él su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera” (Génesis 39:12). A veces, huir es la reacción más espiritual. Proverbios lo expresa con claridad: “¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos se quemen?” (Proverbios 6:27). Quien permanece mucho tiempo junto al fuego termina quemándose.
Esta historia no conduce de inmediato a un buen desenlace. La mujer acusa falsamente a José y él acaba en la cárcel (Génesis 39:20). Hacer lo correcto no siempre trae un beneficio inmediato. Sin embargo, el relato continúa: “Mas Jehová fué con José, y extendió á él su misericordia” (Génesis 39:21). José no perdió a Dios por haberse negado.
También hay que aclarar algo. En esta historia, José es la persona a quien alguien con más poder acosa repetidamente. Hoy, quien sufre acoso o amenazas de un superior o de otra persona en el trabajo no es quien está cruzando el límite. Necesita protección y ayuda: puede guardar las pruebas y acudir a personas confiables, a su organización y a las autoridades correspondientes.
Si ya cruzaste el límite, el evangelio no ha cerrado la puerta. Juan dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). Volver atrás es algo real: confesar el pecado delante de Dios, terminar esa relación y asumir las consecuencias que correspondan, sin culpar al cónyuge diciendo que “no me prestaba atención”. La decisión de si contárselo al cónyuge y cómo hacerlo afecta su dolor y la seguridad de la familia. Conviene hablar primero con un pastor maduro o un consejero experimentado, en vez de apresurarse a manejarlo solo.
Tanto para apartarnos a tiempo como para regresar después de haber caído, no dependemos de nuestra propia fortaleza. Pablo dice: “mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar” (1 Corintios 10:13). Cristo cargó con nuestro pecado y nos da al Espíritu Santo para ayudarnos a huir.
1. “Jehová fué con José”. Los versículos 2 y 3 lo dicen dos veces, y el versículo 21 vuelve a afirmarlo cuando José está en la cárcel. El relato destaca repetidamente la presencia de Dios, pero no la presenta como una fórmula que José utilizara para rechazar la seducción.
2. José ve dos dimensiones. En el versículo 9 menciona primero la confianza de su señor y después dice que “pecaría contra Dios”. Cruzar los límites traiciona a las personas y, más aún, es pecado contra Dios.
3. “para estar con ella”. El versículo 10 dice que la seducción llegaba cada día. José no solo se negó, sino que evitó la oportunidad de quedarse a solas con ella.
4. Huyó y dejó la ropa. En el versículo 12, José prefiere dejar su ropa con tal de salir. Más tarde, esa ropa se convierte en la prueba usada para acusarlo falsamente. Huir tuvo un costo real.
5. Hacer lo correcto no siempre conduce de inmediato a un buen desenlace. En los versículos 13-20, José es acusado falsamente y enviado a la cárcel; pero el versículo 21 dice que Jehová estuvo con él y extendió a él su misericordia.
Una aclaración inicial (la lee quien dirige)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si hay daños que están ocurriendo ahora, está en peligro la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o existe un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía local o a los servicios médicos o de emergencia. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Para entrar en tema: ¿quiénes son las cinco personas o grupos con quienes más conversas por teléfono? (No hace falta decir nombres; basta con explicar la relación. Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: mantén un tono ligero. Algunos descubrirán que los primeros puestos los ocupan grupos del trabajo o de padres de la escuela, mientras que su cónyuge ni siquiera aparece. Pueden reírse un poco y terminar con una frase: muchas veces, cuando damos a alguien la mayor parte de nuestras palabras, también le entregamos el corazón.
Repaso de la lección (lo lee quien dirige; cerca de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)
En esta lección leímos Génesis 39:1-12. José fue vendido en Egipto y llevado a la casa de Potiphar, capitán de la guardia. Jehová estaba con él y hacía prosperar todo lo que emprendía, de modo que su señor puso en sus manos todo lo que tenía. La esposa de su señor puso los ojos en José y le pidió que se acostara con ella. José se negó. Dijo que su señor le había confiado todo y que solo se había reservado a su esposa; ¿cómo podía hacer aquel gran mal y pecar contra Dios? Ella hablaba con José cada día, pero él no la escuchaba ni accedía a estar con ella. Un día no había nadie más en casa; ella agarró la ropa de José, pero él la dejó en sus manos, huyó y salió afuera. El pasaje de comparación está en Proverbios 6: quien toma fuego en su seno no puede evitar que sus vestidos se quemen. Hoy hablaremos de cómo apartarnos a tiempo del coqueteo y de los vínculos que cruzan los límites.
1. Lee los versículos 1-6. ¿Cuál era la situación de José en casa de Potiphar? ¿Qué dice el pasaje sobre la actitud de Jehová y de su señor hacia él?
Sugerencia para quien dirige: era un esclavo comprado. Jehová estaba con él y hacía prosperar todo lo que emprendía. Su señor le encargó la casa y puso en sus manos todo lo que tenía.
2. Lee los versículos 7-10. ¿Cómo intentó seducirlo la esposa de su señor? ¿Cómo respondió José? Según el versículo 10, ¿qué hizo a partir de entonces?
Sugerencia para quien dirige: puso los ojos en José y le pidió que se acostara con ella. José respondió que su señor había puesto todo en sus manos y solo se había reservado a su esposa: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. Ella hablaba con él cada día, pero José no la escuchó ni accedió a estar con ella.
3. Lee los versículos 11-12 y después Proverbios 6:27-29. ¿Qué hizo José la última vez? ¿Qué imagen emplea Proverbios?
Sugerencia para quien dirige: dejó su ropa en las manos de la mujer, huyó y salió afuera. Proverbios pregunta si alguien puede tomar fuego en su seno sin quemarse la ropa o caminar sobre brasas sin quemarse los pies.
4. José dijo: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. ¿Qué dos dimensiones vio? ¿Por qué cruzar un límite no es un asunto que concierne solo a dos personas?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. Una dimensión es la confianza de su señor; la otra es Dios. Cruzar un límite daña al cónyuge, a los hijos y a la familia que confían en nosotros, y también es pecado delante de Dios. Quien dice “no hemos hecho nada” suele mirar solo a las dos personas y olvidar estas otras dimensiones.
5. José evitó estar con ella y al final prefirió dejar su ropa y huir. Ante la tentación, ¿por qué son más importantes los límites y la huida que pensar “yo puedo controlarlo”? En un vínculo ambiguo por internet, ¿cómo sería hoy no quedarse “con ella”?
Sugerencia para quien dirige: los límites se ponen antes de acercarnos al fuego. Cuando una relación tiene contenido romántico o sexual, se oculta deliberadamente o empieza a sustituir al cónyuge, hay que detenerse y marcar límites: no mantener conversaciones privadas de madrugada, no guardar secretos que solo conocen dos personas y celebrar las reuniones de trabajo en lugares públicos. Si alguien está sufriendo acoso, amenazas o control, debe guardar las pruebas y pedir ayuda de una manera segura. Huir tiene un costo: José perdió la ropa y después fue acusado falsamente. Pero ese costo es mucho menor que el de cruzar los límites.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Si alguien ya cruzó un límite, ¿qué le dice el evangelio? ¿Cómo se ven el arrepentimiento, la confesión y la aceptación de las consecuencias?
Sugerencia para quien dirige: 1 Juan 1:9 dice que, si confesamos nuestros pecados, Dios nos perdonará. Arrepentirse significa confesar el pecado delante de Dios y terminar aquella relación. Asumir las consecuencias significa no culpar al cónyuge y aceptar que la confianza tardará en reconstruirse. Antes de decidir si contárselo al cónyuge y cómo hacerlo, hay que hablar con un pastor o consejero experimentado y tener en cuenta su dolor y su seguridad.
7. En la vida cotidiana, ¿qué cosas que parecen pequeñas pueden convertirse con facilidad en el comienzo de un vínculo que cruza los límites? (No hablen de personas concretas. Quien no quiera hablar puede limitarse a escuchar. Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)
Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretar: contar a una persona del otro sexo los defectos del cónyuge, pensar que “solo esta persona me comprende”, comenzar a coquetear en los mensajes u ocultarlos deliberadamente, buscar excusas para volver tarde a casa. Escuchen sin interrogar.
8. Esta semana, ¿qué límite estás dispuesto a poner para proteger tu matrimonio? ¿O ante qué persona confiable estás dispuesto a rendir cuentas?
Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretar: interrumpir una conversación que inquieta la conciencia, dejar de quedar a solas, buscar a un hermano o hermana maduro y del mismo sexo para recordarse mutuamente estos límites. Quien ya haya cruzado un límite puede pedir una cita con un pastor. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.
Pide a una persona del grupo que lea despacio Génesis 39:9-12 y después 1 Corintios 10:13. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual puede contarle a Dios por dentro algo que no desea que otros vean, sin necesidad de decirlo en voz alta. Quien lo desee puede orar con una o dos frases: puede pedir protección para su matrimonio, valor para apartarse a tiempo o ayuda para quienes han sido heridos dentro del matrimonio. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni pronunciarse. Al final, quien dirige reúne las oraciones e intercede por los hogares de quienes están presentes. Las peticiones permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la App ni se publican en el chat del grupo. Para hacer seguimiento, por lo general se pide primero el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en peligro la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no es necesario esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a la entidad de protección adecuada.
Se puede comenzar así (orientación para la oración):
Dios fiel, Tú no permitirás que seamos tentados más de lo que podemos soportar y también darás una salida. Protege nuestros matrimonios y ayúdanos a ver a quién traicionamos y contra quién pecamos cuando cruzamos un límite. Danos valor para apartarnos a tiempo, cortar lo que debe cortarse y huir cuando debemos huir. Perdona y limpia a quienes ya han caído; dales fuerza para asumir las consecuencias y reconstruir la confianza. Protege a quienes sufren acoso y daño en el trabajo o en el hogar. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si por ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Quien quiera puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lo lograste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Si asistieron ambos cónyuges, al volver a casa cada uno reflexiona primero por su cuenta y después comparte sus respuestas con el otro. Si solo asistió uno, puede limitarse a la primera pregunta y orar por su matrimonio. Quien ya haya cruzado un límite no debe utilizar esta práctica para hacer de repente una confesión a su cónyuge; primero ha de seguir la acción de la lista que invita a consultar con un pastor o consejero.
Al compartir, uno habla y el otro se limita a escuchar, sin interrogar ni revisar. La segunda respuesta se decide entre los dos y se escribe en un papel. Si en casa hay golpes o amenazas, alguien controla el dinero o los documentos, impide que el otro vea a otras personas, o uno de los dos teme represalias por hablar, no hagan esta práctica ni la usen para organizar una negociación o confrontación. En ese caso, sigan de manera individual la acción de la lista que invita a pedir ayuda.
Pueden escoger la lección “El carácter oculto del pecado” de la serie “Sacar el pecado a la luz, confesarlo y hacerlo morir” (2 Samuel 11:1-12:13), o la lección “Respetarse física y emocionalmente” de la serie “Soltería y noviazgo” (1 Corintios 6:12-20).