Cuando el sufrimiento pesa sobre el hogar · Grupos pequeños

Atravesar las etapas difíciles del matrimonio, Lección 6. Leer Job 2:7-13. Un hijo gravemente enfermo, la pérdida del trabajo o un padre anciano postrado; uno culpa a Dios, el otro solo aguanta, y cada uno siente que el otro no lo comprende

Pasaje principal: Job 2:7-13

Job y su esposa perdieron juntos a sus hijos y sus bienes, pero en medio del sufrimiento pronunciaron palabras completamente diferentes. Cuando la aflicción pesa sobre el hogar, los cónyuges suelen soportarla de maneras distintas y fácilmente acaban enfrentados. Al decir “También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?”, Job habla de “nosotros”. En Cristo, que sufrió por nosotros, los dos pueden soportar juntos la aflicción y dejar que otros vengan a llorar con ellos.

Introducción

A veces basta un solo golpe para doblar a toda una familia: a un hijo le diagnostican una enfermedad grave, uno de los cónyuges pierde el empleo, un familiar anciano queda postrado tras un derrame cerebral o un negocio se arruina de la noche a la mañana. La vida tiene que continuar, pero parece que cada cónyuge ha caído en un pozo distinto. Uno pasa la noche en vela, culpa a Dios y pregunta: “¿De qué sirve creer?”. El otro aprieta los dientes y sigue adelante, sin llorar ni hablar, corriendo de un hospital a otro y buscando cualquier recurso. Uno piensa que el otro es insensible; el otro cree que su cónyuge solo complica las cosas. Cuando discuten, puede aparecer el reproche: “Todo es culpa de lo que hiciste entonces”. Los dos sufren por el mismo acontecimiento, pero ninguno se siente comprendido por el otro.

Al comienzo del libro de Job, este pierde en un solo día sus bienes y a sus diez hijos (Job 1:18-19). Su esposa también los perdió. Después, el propio cuerpo de Job es herido:

Y salió Satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza. (Job 2:7)

Job se sienta entre ceniza y se rasca con una teja. Entonces su esposa pronuncia unas palabras muy duras:

Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice á Dios, y muérete. (Job 2:9)

El texto no explica por qué habló así, y los intérpretes no están de acuerdo. Algunos ven desesperación; otros, amargura; y otros creen que ya no podía soportar ver sufrir así a su marido. Conviene observar que su pregunta acerca de seguir reteniendo la integridad repite precisamente el elogio que Jehová había hecho de Job (Job 2:3), y sus palabras sobre renegar de Dios recuerdan lo que Satán había predicho que Job haría (Job 2:5). En medio del sufrimiento, las palabras de la persona más cercana pueden golpear justo donde más duele.

La respuesta de Job también es directa:

Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. (Job 2:10)

Job rechaza las palabras de ella: dice que ha hablado “como” una de las mujeres fatuas. Después habla de “nosotros”: “También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?”. El relato no revela qué sentía Job hacia su esposa al decirlo. Lo que sí podemos observar es que todavía emplea “nosotros”. Al leer hoy este pasaje, los matrimonios que sufren pueden recordar que no deben convertir con facilidad a su cónyuge en enemigo.

Después llegan tres amigos. Al ver a Job desde lejos, no lo reconocen; lloran a gritos y rasgan sus mantos. “Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande” (Job 2:13). Más adelante comenzaron a hablar y se empeñaron en explicar el sufrimiento como consecuencia del pecado de Job. Dios les dijo que no habían hablado de él “lo recto” como Job (Job 42:7). Hay un contraste muy claro entre aquellos primeros siete días de acompañamiento silencioso y su posterior afán por explicar: estar presentes, llorar con quien llora y no apresurarse a dar explicaciones.

Cuando la aflicción pesa sobre el hogar, los cónyuges suelen tener que aprender precisamente estas cosas. Primero, reconocer que el otro también está sufriendo, aunque su manera de sufrir sea distinta: uno llora, otro se enoja, otro calla y otro se lanza a hacer cosas sin parar. No midamos al otro por nuestra propia reacción. Segundo, si el otro pronuncia palabras hirientes desde su dolor, podemos responder a esas palabras sin colocar a la persona en el bando contrario. Tercero, no carguemos solos con todo: invitemos a alguien a sentarse y llorar con nosotros. Pablo dice: “Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran” (Romanos 12:15).

Tampoco tenemos que encontrar una explicación para el sufrimiento. Job nunca recibió una respuesta a su pregunta sobre el porqué. Lo que sí recibimos es un Salvador que entró en nuestro sufrimiento. Isaías dice del Siervo sufriente: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4). Cristo sufrió y resucitó de entre los muertos. En él, los cónyuges que sufren pueden llorar juntos y también esperar juntos.

Después de un golpe grande, una persona puede caer fácilmente en depresión o reaccionar de manera extrema. Si alguien está tan agotado que siente que la vida ya no vale la pena, o si en casa empiezan los golpes o los insultos, los dos no podrán atravesarlo solo apretando los dientes. Hay que buscar ayuda de inmediato.

Notas de estudio

1. La esposa también lo perdió todo. Job 1:18-19 cuenta que sus diez hijos murieron juntos y que desaparecieron los bienes de la familia. Job los perdió, y su esposa también.

2. El texto no explica la razón de las palabras del versículo 9. Algunos perciben desesperación; otros, amargura; y otros, un dolor incapaz de seguir viendo sufrir a Job. No debemos atribuirle pensamientos que el texto no revela. Sus palabras evocan el elogio de Jehová en Job 2:3 y la predicción de Satán en Job 2:5.

3. Job rechaza las palabras, pero habla de “nosotros”. En el versículo 10 dice que ella ha hablado “como” una mujer fatua y después pregunta: “También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?”. El pasaje no explica lo que Job sentía entonces hacia su esposa.

4. Siete días de compañía silenciosa. El versículo 13 dice que estuvieron sentados con él siete días y siete noches sin pronunciar palabra. Esto contrasta con su posterior prisa por explicar; Dios afirmó que sus explicaciones no eran correctas (Job 42:7).

5. El libro de Job no explica “por qué”. Los lectores conocen la conversación en el cielo, pero Job nunca llega a conocerla. El libro no explica todo sufrimiento como un castigo.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración inicial (la lee quien dirige)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si hay daños que están ocurriendo ahora, está en peligro la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o existe un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía local o a los servicios médicos o de emergencia. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Para entrar en tema: cuando algo te duele por dentro, ¿cómo sueles reaccionar? (Hablar con alguien, quedarte a solas, salir a caminar, trabajar sin parar… Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)

Sugerencia para quien dirige: mantén un tono ligero; pronto verán que cada persona es distinta. Termina con una frase: dos personas pueden soportar de maneras completamente diferentes una misma dificultad, y eso, en sí mismo, no significa que una de ellas esté equivocada.

Repaso de la lección (lo lee quien dirige; cerca de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)

En esta lección leímos Job 2:7-13. Job ya había perdido sus bienes y a sus diez hijos. Después fue herido con una sarna maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla; se sentó entre ceniza y se rascó con una teja. Su esposa le preguntó si todavía retenía su integridad y le dijo que renegara de Dios y muriera. Job respondió que ella había hablado como una mujer fatua y preguntó si recibirían de Dios el bien y no también el mal. En todo esto, Job no pecó con sus labios. Cuando sus tres amigos se enteraron, acordaron ir juntos para consolarlo. Al verlo desde lejos, lloraron a gritos y se sentaron con él en tierra durante siete días y siete noches, sin decir una sola palabra, porque su dolor era muy grande. El pasaje de comparación está en Romanos 12: debemos gozarnos con quienes se gozan y llorar con quienes lloran. Hoy hablaremos de cómo los cónyuges pueden soportar juntos la aflicción cuando pesa sobre el hogar.

Observación

1. Lee los versículos 7-8 y después Job 1:18-19. ¿Qué habían perdido ya Job y su esposa? ¿En qué estado se encontraba Job?

Sugerencia para quien dirige: habían perdido los bienes familiares y a sus diez hijos. Job tenía una sarna maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla, estaba sentado entre ceniza y se rascaba con una teja. Puedes señalar que su esposa también había sufrido aquellas pérdidas.

2. Lee los versículos 9-10. ¿Qué dijo la esposa de Job? ¿Cómo respondió Job? ¿Qué palabra empleó para incluirlos a los dos?

Sugerencia para quien dirige: ella le preguntó si todavía retenía su integridad y le dijo que renegara de Dios y muriera. Job respondió que había hablado como una mujer fatua y añadió: “También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?”. Empleó “nosotros”.

3. Lee los versículos 11-13. ¿Qué hicieron los tres amigos al llegar?

Sugerencia para quien dirige: al verlo desde lejos no lo reconocieron, lloraron a gritos, rasgaron sus mantos, esparcieron polvo sobre sus cabezas y se sentaron con él en tierra durante siete días y siete noches sin decir una palabra.

Interpretación

4. Job y su esposa habían perdido las mismas cosas, pero pronunciaron palabras completamente distintas. Cuando la aflicción pesa sobre el hogar, ¿por qué los cónyuges pueden acabar fácilmente enfrentados? ¿Qué recordatorio recibimos del “nosotros” de Job?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. Cada persona soporta el dolor de manera distinta: una llora, otra se enoja y otra calla. Cuando el sufrimiento es extremo, medimos a la otra persona por nuestra propia reacción, pensamos que es insensible o que solo complica las cosas y buscamos a alguien a quien culpar. Job rechazó las palabras de ella, pero siguió hablando de “nosotros”. El texto no revela sus pensamientos; al leerlo hoy, podemos recordar que no debemos colocar con facilidad a nuestro cónyuge en el bando contrario. Podemos responder a unas palabras hirientes y a la vez reconocer que los dos estamos atravesando la misma aflicción.

5. Durante los primeros siete días, los amigos no dijeron nada; más adelante, Dios reprendió sus explicaciones (Job 42:7). En medio de la aflicción, ¿qué clase de compañía ayuda más? ¿Cómo podemos invitar a alguien a llorar con nosotros?

Sugerencia para quien dirige: estar presentes y llorar con quien llora, sin apresurarse a explicar ni a ofrecer soluciones. Se puede pedir ayuda concreta: ven a sentarte un rato en casa, haz por nosotros una gestión en el hospital o acompáñanos durante una comida. Permitir que alguien entre en la dificultad de nuestro hogar es una forma de vivir Romanos 12:15.

6. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Job nunca recibió una respuesta al “porqué”. Cristo “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4). ¿Qué significa esto para los cónyuges que sufren?

Sugerencia para quien dirige: no tenemos que inventar una causa para el sufrimiento ni fingir que no duele. Cristo entró en el sufrimiento humano y resucitó de entre los muertos. En él, sufrir no es señal de que Dios nos haya abandonado; los cónyuges pueden llorar juntos y esperar juntos.

Aplicación

7. Cuando llega una dificultad grande, ¿en qué se diferencia mi manera de soportar el dolor de la de mi cónyuge o mi familia? ¿De qué manera he malinterpretado a la otra persona? (Habla de ti; quien no quiera hablar puede limitarse a escuchar. Quienes vienen por primera vez también pueden compartir)

Sugerencia para quien dirige: comparte primero tu propio caso. Escuchen sin comentar. Si alguien dice que ya no aguanta o que no quiere seguir viviendo, aplica las pautas anteriores sobre los pensamientos suicidas: acompáñalo en ese mismo momento, sin esperar hasta después de la reunión.

8. Esta semana, ¿qué estás dispuesto a hacer por un familiar que atraviesa una aflicción o por alguien del grupo que está sufriendo?

Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretar: preguntar “¿qué es lo más difícil para ti en todo esto?” y después escuchar; invitar a un amigo a sentarse un rato en casa; hacer por alguien una gestión en el hospital o llevarle una comida. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a una persona del grupo que lea despacio Job 2:9-13 y después Romanos 12:15. Guarden un minuto de silencio. Quien lo desee puede orar con una o dos frases: puede contar a Dios con sinceridad la dificultad que atraviesa su familia, orar por el dolor de su cónyuge o interceder por una familia del grupo que está sufriendo. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni pronunciarse. Al final, quien dirige reúne las oraciones e intercede por los hogares de quienes están presentes. Las peticiones permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la App ni se publican en el chat del grupo. Para hacer seguimiento, por lo general se pide primero el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en peligro la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no es necesario esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a la entidad de protección adecuada.

Se puede comenzar así (orientación para la oración):

Señor, Tú llevaste nuestras enfermedades y sufriste nuestros dolores. Ves todas las dificultades de nuestro hogar. No entendemos por qué suceden y muchas veces nos culpamos unos a otros. Ayúdanos a ver que la otra persona también está sufriendo, a decir “nosotros” y a no colocarla en el bando contrario. Envía personas que vengan a llorar con nosotros y enséñanos también a acompañar a otros. Guarda a quienes han caído en una desesperación extrema; no permitas que se queden solos. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si por ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Quien quiera puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lo lograste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Al volver a casa: una práctica para los dos

Si asistieron ambos cónyuges, al volver a casa cada uno reflexiona por su cuenta y después, cuando ambos estén tranquilos, comparte sus respuestas con el otro. Si solo asistió uno, puede limitarse a la primera pregunta y llevarla a la oración.

  1. En esta dificultad, ¿qué parte me duele más?
  2. ¿De qué manera veo que la otra persona está intentando sostenerse? ¿Qué quisiera agradecerle?

Al compartir, uno habla y el otro se limita a escuchar, sin corregir sus sentimientos ni comparar quién lo pasa peor. Al terminar, di: “Gracias por contármelo”. Si en casa hay golpes o amenazas, alguien controla el dinero o los documentos, impide que el otro vea a otras personas, o uno de los dos teme represalias por hablar, no hagan esta práctica ni la usen para organizar una negociación o confrontación. En ese caso, sigan de manera individual la acción de la lista que invita a pedir ayuda.

Si quieren seguir conversando

Pueden escoger la lección “Acompañar a una persona con depresión” de la serie “La santificación de nuestras respuestas emocionales” (Job 2:1-13), o la lección “Acompañar a quienes sufren” de la serie “Vencer en medio del sufrimiento” (2 Corintios 1:3-11).

Guía para quien dirige