Atravesar las etapas difíciles del matrimonio, Lección 3. Leer 2 Samuel 6:16-23. Sarcasmo y burlas, menospreciar al cónyuge delante de los hijos y familiares; hace tiempo que dejaste de respetarlo en el corazón
Pasaje principal: 2 Samuel 6:16-23
Michâl vio desde la ventana que David danzaba y “menosprecióle en su corazón”; cuando él volvió a casa, lo recibió con sarcasmo. David respondió mencionando la familia del padre de ella; desde la perspectiva de la convivencia matrimonial, sus palabras podrían haber sonado muy hirientes. El desprecio hace más daño que una discusión porque rebaja a la persona misma. Cristo fue despreciado por nuestra causa; en Él podemos dejar de rebajar al otro y aprender a honrarnos mutuamente.
Algunas parejas no discuten mucho, pero las heridas son profundas. “Con lo poco que sabes hacer”; una risa burlona, una mirada de desprecio; decir delante de los hijos: “Tu padre es así, no aprendas de él”; revelar los defectos del cónyuge ante los parientes como si fuera una broma; compararlo con el esposo o la esposa de otra familia. En una discusión todavía se pelea por algún asunto. Estas palabras ni siquiera tratan un asunto concreto; dicen: te desprecio.
En 2 Samuel 6, David llevó el arca a la ciudad de David y danzó con todas sus fuerzas delante de Jehová. Era un día de alegría para toda la ciudad, pero el texto se detiene en una persona:
Y como el arca de Jehová llegó á la ciudad de David, aconteció que Michâl hija de Saúl miró desde una ventana, y vió al rey David que saltaba con toda su fuerza delante de Jehová: y menosprecióle en su corazón. (2 Samuel 6:16)
El desprecio comenzó en el corazón. Después de que David ofreciera los sacrificios, repartiera pan y carne al pueblo y regresara para bendecir a su familia, Michâl salió a recibirlo. Entonces lo que estaba en su corazón salió de su boca:
¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel, desnudándose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se desnudara un juglar! (2 Samuel 6:20)
No hay en esta frase una sola palabra que converse sobre el asunto; todo es sarcasmo. David respondió que había danzado delante de Jehová, quien lo había elegido “más bien que á tu padre y á toda su casa” (2 Samuel 6:21), y añadió: “aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo á mis propios ojos” (2 Samuel 6:22). El texto no explica el tono ni la intención con que David habló, y los intérpretes lo entienden de distintas maneras. Sin embargo, desde la perspectiva de la convivencia matrimonial, mencionar la familia del padre de Michâl podría haber sonado muy hiriente para ella. El texto solo termina diciendo: “Y Michâl hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte” (2 Samuel 6:23). No explica si esto fue un castigo de Dios, si la pareja se distanció desde aquel momento o si hubo otra razón; los intérpretes también ofrecen explicaciones distintas. Lo que sí vemos es que, después de aquel día, no se vuelve a registrar nada bueno sobre la relación entre ambos.
Un pasaje anterior muestra otro aspecto de Michâl: “Mas Michâl la otra hija de Saúl amaba á David” (1 Samuel 18:20). Más tarde, Saúl la entregó en matrimonio a Palti (1 Samuel 25:44). Años después, David mandó que la trajeran de vuelta, y “su marido fué con ella, siguiéndola y llorando” (2 Samuel 3:16). La Escritura no dice que el desprecio de aquel día se debiera a estas experiencias, así que no debemos inventar sus pensamientos. Esta historia solo nos recuerda que el desprecio que se expresa en una frase así suele haberse acumulado durante mucho tiempo.
Proverbios dice: “Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: mas la lengua de los sabios es medicina” (Proverbios 12:18). Una pareja puede estar en desacuerdo, enfadarse o discutir acaloradamente sobre algo; el desprecio es distinto, porque ataca el valor de la persona. Después de ser despreciada durante mucho tiempo, una persona puede terminar creyendo que de verdad es como le dicen o puede cerrar por completo su corazón.
¿Por qué despreciamos a la persona más cercana? Muchas veces porque nosotros también tenemos miedo: miedo de valer menos que otros, miedo de que nos desprecien; entonces rebajamos primero a la otra persona. El evangelio ofrece una salida. Isaías dice acerca del Siervo sufriente:
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos. (Isaías 53:3)
Cristo fue despreciado por nuestra causa. En Él, Dios no nos menosprecia, por lo que tampoco necesitamos rebajar a otros para elevarnos. Pablo dice: “previniéndoos con honra los unos á los otros” (Romanos 12:10). Honrar al cónyuge significa reconocer el valor que Dios ha dado a esa persona y recordar, cuando hablamos, que quien está delante de nosotros es alguien precioso para Dios.
También hay que distinguir dos realidades. Decir de vez en cuando algo demasiado duro es una debilidad de la que hay que arrepentirse. Pero años de humillaciones e insultos, acompañados de control del dinero, prohibición de ver a otras personas o amenazas, ya constituyen daño. No se trata simplemente de “hablar mal”; la persona herida necesita seguridad y ayuda.
1. El desprecio comienza en el corazón. El versículo 16 dice que Michâl “menosprecióle en su corazón”; solo en el versículo 20 lo expresó con palabras. Las palabras hirientes que salen de la boca muchas veces han crecido primero en el corazón.
2. Las palabras del versículo 20 son puro sarcasmo. “¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel!” quiere decir lo contrario. Michâl no estaba conversando con David sobre la manera de adorar; se estaba burlando de él como persona.
3. La respuesta de David. En los versículos 21-22 dice que danzó delante de Jehová y menciona que Dios lo eligió en lugar del padre de Michâl y de toda su casa. El texto no explica su tono ni su intención; desde la perspectiva de la convivencia matrimonial, sus palabras podrían haber sonado muy hirientes.
4. El versículo 23 no explica la causa. Michâl no tuvo hijos hasta el día de su muerte. El texto no aclara si fue un castigo, si la pareja se distanció o si hubo otra causa, y los intérpretes tienen opiniones distintas.
5. La historia anterior de Michâl. 1 Samuel 18:20 dice que amaba a David; en 1 Samuel 25:44 fue dada en matrimonio a otro hombre; en 2 Samuel 3:14-16 fue llevada de vuelta mientras su esposo anterior la seguía llorando. El texto no relaciona estos hechos con su desprecio, así que no debemos inventar sus pensamientos al leerlo.
Antes de comenzar (quien dirige lo lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no lo contamos fuera. Hay una excepción: si se trata de un daño que sigue ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otros, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero intentará hablarlo con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no se esperará a obtener consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, profesionales cualificados, la policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Para comenzar: ¿Qué elogio que escuchaste de un adulto cuando eras niño recuerdas todavía? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder)
Sugerencia para quien dirige: Mantén un tono ligero. Termina con una idea: una frase puede recordarse durante décadas; ocurre tanto con las palabras buenas como con las que hieren.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aprox. 1 minuto, para quienes no se prepararon)
Esta lección trata 2 Samuel 6:16-23. Cuando el arca de Jehová entró en la ciudad de David, David danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová. Michâl, hija de Saúl, miró desde una ventana y lo menospreció en su corazón. Cuando David terminó de ofrecer los sacrificios y de repartir pan y carne al pueblo, volvió para bendecir a su familia. Michâl salió a recibirlo y le dijo con sarcasmo que el rey de Israel había quedado muy honrado al desnudarse ante las criadas como un juglar. David respondió que lo había hecho delante de Jehová, quien lo había elegido en lugar del padre de Michâl y de toda su casa; dijo que danzaría delante de Jehová y se haría aún más vil. El texto termina diciendo que Michâl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte. El pasaje de comparación es Proverbios 12: hay quienes hablan como dando estocadas de espada, pero la lengua de los sabios es medicina. Hoy hablaremos juntos de por qué el desprecio hace más daño que una discusión.
1. Lee los versículos 16 y 20. ¿Desde dónde vio Michâl a David? ¿Qué sintió en su corazón? ¿Qué dijo cuando salió a recibirlo?
Sugerencia para quien dirige: Lo vio desde una ventana danzando con todas sus fuerzas delante de Jehová y lo menospreció en su corazón. Se burló de que David se hubiera desnudado ante las criadas como un juglar, diciendo: “¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel!”.
2. Lee los versículos 21-22. ¿Cómo respondió David? Desde la perspectiva de la convivencia matrimonial, ¿cómo podrían haber sonado estas palabras a oídos de Michâl?
Sugerencia para quien dirige: Dijo que lo había hecho delante de Jehová, quien lo había elegido en lugar del padre de Michâl y de toda su casa, y que se haría aún más vil. El texto no explica su tono ni su intención; desde la perspectiva de la convivencia matrimonial, mencionar la familia del padre de Michâl podría haber sonado muy hiriente.
3. Lee el versículo 23. ¿Qué informa finalmente el texto? ¿Explica la causa?
Sugerencia para quien dirige: Michâl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte. El texto no explica la causa, y los intérpretes tienen opiniones distintas.
4. El versículo 16 dice que Michâl lo menospreció en su corazón, y en el versículo 20 lo expresó con palabras. ¿En qué se diferencia el desprecio de una discusión corriente? ¿Por qué hace más daño?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedica suficiente tiempo. Una discusión pelea por algún asunto; el desprecio ataca el valor de la persona y dice: “No vales”. Después de ser despreciada durante mucho tiempo, una persona puede llegar a creerlo o cerrar su corazón. Además, el desprecio suele crecer primero en el corazón, así que hay que enfrentarlo allí.
5. Pasajes anteriores dicen que Michâl amaba a David, que después fue dada en matrimonio a otro hombre y que finalmente David mandó traerla de vuelta (1 Samuel 18:20; 25:44; 2 Samuel 3:14-16). El texto no dice que estas experiencias causaran su desprecio. ¿Qué nos recuerda esta historia? ¿Qué nos muestra también la respuesta de David?
Sugerencia para quien dirige: No inventes los pensamientos de Michâl. La historia solo nos recuerda que las palabras hirientes entre los cónyuges suelen tener una larga historia que es necesario reconocer y afrontar. El texto tampoco explica la intención de David; desde la perspectiva de los matrimonios de hoy, el desprecio de uno suele provocar el contraataque del otro, y la herida se profundiza.
6. (Pregunta opcional; si hay tiempo) Isaías dice que el Siervo sufriente fue “despreciado y desechado entre los hombres” (Isaías 53:3). Cristo sufrió el desprecio por nuestra causa. ¿Cómo cambia esto nuestra manera de mirarnos a nosotros mismos y de mirar al cónyuge?
Sugerencia para quien dirige: Ya no necesitamos rebajar a otros para elevarnos, porque en Cristo Dios no nos menosprecia. El cónyuge que está delante de nosotros también es alguien precioso para Dios.
7. En casa, ¿de qué manera aparece más fácilmente en mí el desprecio hacia otra persona? (Poner los ojos en blanco, comparar con otros, revelar defectos delante de la gente, rebajar al otro como si fuera una broma… Cada persona habla de la forma que más fácilmente aparece en ella; quien no quiera hablar puede limitarse a escuchar; quienes vienen por primera vez también pueden responder)
Sugerencia para quien dirige: Comparte primero un ejemplo propio. Escucha sin comentar y sin sacar conclusiones sobre la familia de otra persona.
8. Esta semana, ¿qué frase de honra quieres usar en lugar de una frase de desprecio?
Sugerencia para quien dirige: Orienta hacia algo concreto: expresar cara a cara un aprecio específico; decir algo bueno del cónyuge delante de los hijos; pedir perdón por una frase hiriente. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.
Pide a alguien del grupo que lea despacio Proverbios 12:18 y después Isaías 53:3; luego guarden un minuto de silencio. Cada persona recuerda en su interior una frase de desprecio que haya dicho. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases: confesar su pecado, dar gracias por la persona que tienen al lado o pedir consuelo para quienes han sido menospreciados durante mucho tiempo. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar tranquilamente, sin tener que orar ni hacer ninguna declaración. Al final, quien dirige puede recoger las peticiones y orar por las familias de quienes están presentes. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat grupal. Para un seguimiento habitual, primero se pide el consentimiento de la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en riesgo un niño o alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otros, no se espera a obtener consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios locales de emergencia, la policía o los servicios de protección adecuados.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, Tú fuiste despreciado y desechado por nuestra causa. Reconocemos que muchas veces menospreciamos en el corazón a la persona más cercana, y nuestras palabras también hieren como una espada. Perdónanos, limpia nuestro corazón y ayúdanos a ver que nuestro cónyuge es precioso para Ti. Haz que nuestra lengua sea medicina. Consuela también a quienes han sido menospreciados y humillados durante mucho tiempo; dales seguridad y ayuda. En Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para realizarla esta semana. Basta con una; si en este momento no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta anotarlo ni informar al grupo. Si quieres, la próxima vez puedes contar cómo te fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Si ambos cónyuges asistieron, cada uno piensa primero sus respuestas en casa y después se las comunica al otro. Si solo asistió uno, puede pensar únicamente en la primera pregunta y buscar un momento para comunicárselo al cónyuge.
Compartan primero la respuesta a la primera pregunta y después la segunda. Una persona habla y la otra escucha; al llegar a la segunda pregunta, no aprovecha para añadir: “Tú también”. Al terminar, responde: “Gracias por decírmelo”. La humillación y los insultos prolongados constituyen daño y también entran en la advertencia siguiente. Si en casa hay golpes o amenazas, control del dinero o de los documentos, prohibición de ver a otras personas, o si uno de los dos teme represalias por hablar, no realicen esta tarea ni la usen para organizar una negociación o un enfrentamiento; sigan primero, por separado, la acción de la lista que indica buscar ayuda.
Pueden escoger “La lengua puede edificar o destruir” de la serie “Comunicación y relaciones cercanas” (Santiago 3:1-12), o “Hablar con gracia, sin sacar cuentas del pasado” de la serie “Armonía en el matrimonio” (1 Pedro 3:7-12).