Ser sal y luz en la ciudad y la comunidad, Lección 6. Leer Mateo 5:13-16. Servimos, pero no nos atrevemos a explicar la razón de nuestra esperanza; o predicamos sin asumir las necesidades reales del prójimo
Pasaje principal: Mateo 5:13-16
Jesús declaró primero **“Vosotros sois la sal de la tierra” y “Vosotros sois la luz del mundo”**, y solo después mandó: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres”. **La identidad viene primero y el llamado después**; no ganamos esa identidad por nuestro comportamiento. Además, Jesús señaló un resultado muy concreto: **“para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos”.**
En este asunto solemos inclinarnos hacia uno de dos extremos.
En un extremo, alguien nos pregunta con sinceridad y no sabemos qué responder. Ayudamos, acompañamos y contribuimos con tiempo o dinero, pero cuando alguien pregunta de verdad “¿por qué eres así?”, nos quedamos sin palabras. A menudo pensamos: “No quiero que crea que tengo segundas intenciones” o “si hablo, la relación perderá su naturalidad”. En el otro extremo, hablamos pero no nos implicamos. Explicamos bien la doctrina y contamos nuestro testimonio, pero las dificultades de nuestros vecinos no tienen nada que ver con nosotros.
Los cuatro versículos de Mateo 5 unen estas dos partes.
Veamos primero estas dos declaraciones:
Vosotros sois la sal de la tierra... (Mateo 5:13)
Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (Mateo 5:14)
Fijémonos en que ambas dicen “Vosotros sois”. Son declaraciones de identidad. Ese “vosotros” se dirige al grupo de personas comunes que acababa de escuchar las bienaventuranzas. No eran personas especialmente capaces, sino personas que pertenecían a Jesús.
La sal y la luz tienen propiedades diferentes. ⚠️ Jesús no explicó una por una las funciones de la sal. Su advertencia se centra en lo que ocurre “si la sal se desvaneciere” (Mateo 5:13): cuando nuestra vida contradice la identidad a la que hemos sido llamados, dejamos de cumplir nuestra función. El peligro de la luz es el opuesto: “Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa” (Mateo 5:15). El problema de la luz es quedar tapada.
Juntas, estas dos imágenes describen precisamente los dos extremos: mezclarnos hasta no mostrar ninguna diferencia —que la sal pierda su sabor— o escondernos —poner la lámpara debajo del almud—.
Después llega el resultado:
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:16)
Observemos con cuidado el orden: ven las buenas obras → glorifican al Padre. ⚠️ Este versículo dice directamente que las buenas obras llevan a otros a glorificar al Padre celestial, pero no explica cuándo ni cómo debemos hablar. Para “responder con mansedumbre y reverencia” cuando alguien pregunte por nuestra esperanza, debemos acudir a 1 Pedro 3:15. Así, el servicio no se convierte en un cebo, ni tampoco tenemos que fabricar una oportunidad para hablar.
Pedro escribe otros dos versículos sobre lo mismo y añade el contexto:
Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos... (1 Pedro 2:11)
Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. (1 Pedro 2:12)
“En lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores”: Pedro da por sentado un contexto de incomprensión. Aquí subraya una conducta honesta, en lugar de una defensa apresurada mediante discusiones. ⚠️ Tampoco descarta explicar la fe; en 3:15 aconseja responder cuando alguien pregunte por nuestra esperanza.
Esto se traduce en varias acciones muy concretas:
Primera, hagamos bien nuestro trabajo y tratemos bien a las personas. Ser puntuales, cumplir la palabra, no aprovecharse de nadie y no hablar mal de otros: ese es el sabor de la sal. Para la mayoría de la gente, estas cosas resultan más convincentes que un gran discurso. Segunda, el servicio no es un cebo. Ayudamos porque alguien necesita ayuda, sin condiciones y sin llevar cuentas. ⚠️ Utilizar la necesidad de una persona como moneda de cambio para que asista a una reunión es aprovecharse de ella. Este límite debe quedar claro. Tercera, tampoco permanezcamos siempre en silencio. Cuando llegue el momento, basta con una frase sincera: “Creo en el Señor, y él me ha sostenido durante estos años”. No hace falta dar un discurso ni exigir una respuesta. Cuarta, cuando nos malinterpreten, vivamos primero de una manera íntegra. Pedro subraya aquí la conducta, no la urgencia por ganar una discusión. Quinta, la gloria pertenece al Padre. Cuando alguien nos elogie, demos primero las gracias con sinceridad; si la conversación surge de manera natural y apropiada, podemos contar cómo nos ha sostenido la fe.
⚠️ También debemos recordar algo: las buenas obras no son la razón por la que Dios nos acepta. No conseguimos su favor mediante nuestras obras. Vivimos así porque él ya nos ha aceptado. De otro modo, esta lección se convertiría en una nueva carga.
Por tanto, el punto central de esta lección es: hagamos primero lo que corresponde y no callemos para siempre lo que corresponde decir. Ambas cosas sirven a un mismo propósito: que las personas glorifiquen al Padre celestial.
1. Primero viene “Vosotros sois”, y después “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres”. La identidad viene primero y el llamado después.
2. “Vosotros” se refiere a la gente común que acababa de escuchar las bienaventuranzas. No eran personas especialmente capaces, sino personas que pertenecían a Jesús.
3. El peligro de la sal es que se desvanezca. Jesús no explicó una por una sus funciones; advirtió sobre una vida que contradice la identidad a la que hemos sido llamados.
4. El peligro de la luz es que la pongan “debajo de un almud”. Escondernos.
5. Mateo 5:16 dice directamente que las buenas obras llevan a otros a glorificar al Padre. La instrucción de explicar nuestra esperanza aparece en 1 Pedro 3:15: cuando alguien pregunte, respondemos con mansedumbre.
6. Pedro da por sentado un contexto de incomprensión. Aquí subraya una conducta honesta, no la urgencia por discutir; tampoco descarta explicar la fe.
7. Las buenas obras no son la razón por la que Dios nos acepta. Vivimos así porque él ya nos ha aceptado.
Pregunta inicial: ¿Conoces a alguien que, aun antes de decir nada, te parece diferente? ¿En qué lo notas? (Quien viene por primera vez también puede responder).
Sugerencia para quien dirige: conversen con sencillez. La mayoría mencionará cosas pequeñas: no se queja, no se aprovecha de otros o trata a todos por igual. Esta pregunta prepara el camino para lo que sigue.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Mateo 5:13-16. Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres. Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos. El pasaje de referencia es 1 Pedro 2: Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos... Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. Hoy conversaremos sobre cómo las buenas obras y el evangelio dan testimonio juntos.
1. Lean los versículos 13-14. ¿Qué dos imágenes utilizó Jesús? ¿Dijo “deben llegar a ser” o “son”?
Sugerencia para quien dirige: la sal y la luz. Dijo “Vosotros sois”: es una declaración, no un mandato. Fíjense en que “una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”.
2. Lean los versículos 13 y 15. ¿Cuál es el peligro de la sal? ¿Y el de la luz?
Sugerencia para quien dirige: el peligro de la sal es que se desvanezca; el de la luz, que la pongan debajo de un almud. Son dos extremos opuestos.
3. Lean el versículo 16 y después 1 Pedro 2:11-12. ¿Cuál es el orden en el versículo 16? ¿Qué contexto da por sentado Pedro y qué respuesta propone?
Sugerencia para quien dirige: ven sus buenas obras → glorifican al Padre que está en los cielos. Pedro da por sentado que algunos murmuran de los creyentes como de malhechores. La respuesta es una conducta honesta.
4. ¿Cómo se conectan “ver las buenas obras” y “glorificar al Padre”?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Ver buenas obras no lleva automáticamente a pensar en el Padre celestial; llega un momento en que alguien debe hablar de ese Padre. Por eso las buenas obras y el evangelio deben dar testimonio juntos.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿A cuáles de nuestros dos extremos corresponden la sal que se desvanece y la lámpara puesta debajo de un almud?
Sugerencia para quien dirige: mezclarnos con el entorno hasta que no se vea ninguna diferencia, o escondernos por miedo a ser vistos. También pueden preguntar: ¿hacia cuál de los dos extremos tiendo yo?
6. Cuando ayudamos a alguien, ¿cómo evitamos que sienta que tenemos segundas intenciones?
Sugerencia para quien dirige: ayudar es ayudar, sin condiciones y sin llevar cuentas. Quien dirige debe decirlo con claridad: utilizar la ayuda como moneda de cambio para que la otra persona asista a una reunión es aprovecharse de su necesidad. Aclaren también que ayudar sin condiciones no significa guardar silencio para siempre.
7. Dentro de lo que sea seguro y apropiado, ¿en qué detalles cotidianos pueden percibir tu fe las personas que te rodean? Si no puedes hablar de ella públicamente, también puedes contar cómo procuras que tu fe y tu vida sean coherentes. (Quien viene por primera vez puede contar cómo se dio cuenta de que alguien cercano era cristiano).
Sugerencia para quien dirige: quien dirige responde primero, incluyendo las ocasiones en que no se atreve a hablar. No evalúen a nadie. Recuerden también que los contextos son diferentes y algunas personas de verdad no pueden hablar de su fe públicamente.
8. ¿En qué pequeña acción te gustaría vivir de acuerdo con tu fe esta semana? Si alguien te pregunta espontáneamente por tu esperanza, ¿cómo podrías responder con mansedumbre y brevedad?
Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: terminar bien una tarea que podrías hacer a medias, no aprovecharte de alguien, o preparar una o dos frases sencillas. ⚠️ Si no surge una oportunidad apropiada, no hace falta fabricarla. La lista de acciones que sigue parte de esto.
Pide a una persona que lea despacio Mateo 5:13-16. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual piensa en alguien que observa su vida cotidiana. Quienes quieran pueden orar en una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; quien viene por primera vez puede escuchar tranquilamente, sin obligación alguna de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige pide por cada persona del grupo, para que sea sal y luz allí donde está. Los motivos de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se obtiene primero el consentimiento de la persona y luego se anotan en privado solo una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: se debe contactar de inmediato con los servicios de emergencia, los organismos locales de seguridad pública o la policía, o la institución de protección correspondiente.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, Tú dijiste: “Vosotros sois la sal de la tierra” y “Vosotros sois la luz del mundo”. No lo hemos ganado; Tú lo declaraste. Reconocemos que a veces nos mezclamos hasta no mostrar ninguna diferencia y otras veces nos escondemos debajo del almud. Ayúdanos a hacer bien nuestro trabajo y tratar bien a las personas. Danos también el momento y las palabras apropiadas para hablar de Ti. Guárdanos de ayudar con condiciones o llevando cuentas. Cuando otros lo vean, que glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos. Te lo pedimos en Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con escoger una; si en este momento no puedes decidir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, puedes contar la próxima vez cómo te fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden elegir la lección “Ver a las personas de esta ciudad” (Mateo 9:35-38), o la lección “Abrir tu hogar para recibir a otros” (Lucas 14:12-24).