¿Quién es mi prójimo? · Grupos pequeños

Ser sal y luz en la ciudad y la comunidad, Lección 2. Leer Lucas 10:25-37. Vivimos muy cerca en el mismo vecindario, pero somos desconocidos y solo nos preocupamos por quienes pertenecen a nuestro círculo

Pasaje principal: Lucas 10:25-37

aquel doctor de la ley preguntó: “¿Y quién es mi prójimo?”. Después de contar la historia, Jesús le devolvió la pregunta: **“¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?”.** La pregunta quedó invertida: **ya no es “¿a qué personas debo amar?”, sino “¿estoy dispuesto a hacerme prójimo de esa persona?”.**

Introducción

Vivimos en el mismo edificio sin saber quién vive frente a nuestra puerta. Nos cruzamos en el ascensor, asentimos con la cabeza, pero no sabemos cómo se llama la otra persona. El círculo de personas por las que nos preocupamos se hace cada vez más pequeño, hasta incluir solamente a quienes conocemos y nos resultan útiles.

Este problema no pertenece solo a la vida moderna. La pregunta que aquel doctor de la ley hizo en Lucas 10 era la versión antigua de lo mismo.

Veamos primero cómo preguntó:

Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? (Lucas 10:25)

El texto declara directamente su intención: se levantó para tentar a Jesús. Jesús no le respondió de forma directa, sino que le preguntó: “¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?” (Lucas 10:26). Él dio una respuesta impecable: amar al Señor su Dios con todo su corazón, alma, fuerzas y entendimiento, y a su prójimo como a sí mismo (Lucas 10:27). Jesús le dijo: “Bien has respondido: haz esto, y vivirás” (Lucas 10:28).

Entonces viene el movimiento decisivo:

Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? (Lucas 10:29)

“Queriéndose justificar á sí mismo”: estaba trazando los límites de la palabra “prójimo”. Una vez definido el límite, las personas que quedan fuera ya no tienen nada que ver con él, y aun así él puede considerarse cumplidor de la ley. Este es uno de los recursos más frecuentes del corazón humano: no negarse a amar, sino limitar a quién se debe amar.

En la historia de Jesús, tres personas pasan junto al hombre al que los ladrones han dejado medio muerto.

El sacerdote “viéndole, se pasó de un lado” (Lucas 10:31); el levita “viéndole, se pasó de un lado” (Lucas 10:32). El texto no explica sus motivos; solo registra que lo vieron y pasaron de largo. ⚠️ No les atribuyamos motivaciones que el texto no menciona —prisa, temor a contaminarse o sospecha de una trampa—. Dejemos en blanco lo que la Escritura deja en blanco; ese silencio ya tiene suficiente peso.

Después aparece la tercera persona:

Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; (Lucas 10:33)

Su identidad es el punto que sorprende en toda la historia. Entre samaritanos y judíos existía una enemistad profunda. Para quienes oían la historia entonces, este era el hombre menos probable para detenerse a ayudar.

Veamos ahora todo lo que hizo; los verbos se suceden con una intensidad asombrosa: se acercó, echó aceite y vino sobre las heridas, las vendó, lo puso sobre su propia cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él (Lucas 10:34). Y al día siguiente la ayuda aún no había terminado:

Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. (Lucas 10:35)

Su propia cabalgadura, su propio dinero, su propio tiempo y, además, un compromiso para después: “yo cuando vuelva te lo pagaré”. No fue solo una ayuda momentánea: entregó tiempo y recursos, encargó al huésped que siguiera cuidándolo y asumió los gastos posteriores.

La pregunta final invierte por completo la del doctor de la ley:

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? (Lucas 10:36)

El doctor de la ley preguntó: “¿quién es mi prójimo?” —quién merece mi amor—. Jesús preguntó quién se hizo prójimo de aquel hombre —si estoy dispuesto a amar—. Él contestó: “El que usó con él de misericordia”. ⚠️ El texto no explica por qué no dijo directamente “el samaritano”; nosotros tampoco debemos atribuirle una motivación. Jesús le dijo:

Ve, y haz tú lo mismo. (Lucas 10:37)

Esto se traduce en varias acciones muy concretas:

Primera, comencemos por las personas que podemos ver. El prójimo no es una lista que delimitamos de antemano. Cuando nos encontramos con alguien necesitado, preguntemos primero cómo podemos hacernos prójimos suyos. Segunda, aprendamos primero su nombre. Quien vive enfrente, las personas de la misma planta y quienes vemos a menudo: si ni siquiera sabemos sus nombres, aún estamos lejos de tratarlos como prójimos. Tercera, lo que damos incluye tiempo, esfuerzo, dinero y seguimiento. El samaritano dio las cuatro cosas. El seguimiento es quizá lo más difícil y también lo que más se parece al amor. Cuarta, no calculemos primero si la persona lo merece. La historia ni siquiera nos dice quién era el hombre tendido junto al camino.

⚠️ También debemos aclarar dos límites. Primero, hay que ayudar dentro de nuestras posibilidades y con atención a la seguridad. En un lugar desconocido de noche o en una situación con peligro físico, primero llamemos a la policía o busquemos a alguien que nos acompañe. No hace falta demostrar valentía actuando solos. El samaritano mismo confió el herido al huésped; no cargó solo con todo hasta el final. Segundo, esta historia no enseña que una buena obra pueda comprarnos la vida eterna. Jesús pone al descubierto el deseo del doctor de la ley de limitar la palabra “prójimo” para justificarse, y mantiene ante él toda la exigencia de amar a Dios y al prójimo. El conjunto del Evangelio de Lucas muestra que la salvación es un regalo gratuito de Dios por medio de Cristo; quienes han recibido esa gracia son llamados a ir y hacer lo mismo.

Por tanto, el punto central de esta lección es: dejemos de preguntar quién cuenta como nuestro prójimo y hagámonos prójimos de la persona que encontramos.

Notas de estudio

1. Se levantó para tentar a Jesús. El texto declara directamente su intención.

2. “Queriéndose justificar á sí mismo”. Estaba trazando los límites del prójimo para que quienes quedaran fuera no tuvieran nada que ver con él.

3. El texto no explica los motivos del sacerdote ni del levita. No les atribuyamos motivaciones que no se mencionan.

4. El samaritano es el punto que sorprende en toda la historia. Para quienes escuchaban entonces, era el hombre menos probable para detenerse a ayudar.

5. Los verbos se suceden con una intensidad asombrosa. Se acercó, echó aceite y vino, vendó las heridas, lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él.

6. Al día siguiente la ayuda aún no había terminado. “Todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré”.

7. La pregunta quedó invertida. Ya no es “¿quién es mi prójimo?”, sino “¿quién se hizo prójimo suyo?”.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una palabra antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o si alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Cuando se trata de un menor, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no hace falta obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales cualificados, a la policía o seguridad pública local, a los servicios de emergencia o a instituciones médicas. Si existe un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.

Pregunta inicial: ¿Sabes el apellido de la persona que vive frente a tu puerta? ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella? (Quien viene por primera vez también puede responder).

Sugerencia para quien dirige: conversen con sencillez. Habrá risas y quizá también un poco de incomodidad. Esta pregunta prepara el camino para lo que sigue.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en Lucas 10:25-37. Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo. Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. Hoy conversaremos sobre quién es nuestro prójimo.

Observación

1. Lean los versículos 25-29. ¿Cuántas preguntas hizo el doctor de la ley? ¿Qué dice el texto sobre su intención al formular la segunda?

Sugerencia para quien dirige: hizo dos preguntas: qué debía hacer para heredar la vida eterna y quién era su prójimo. Con la primera tentaba a Jesús; con la segunda quería justificarse a sí mismo.

2. Lean los versículos 30-32. ¿Qué sucedió en el camino? ¿Qué hicieron las dos primeras personas? ¿Menciona el texto sus motivos?

Sugerencia para quien dirige: el hombre cayó en manos de ladrones, quienes lo despojaron y lo dejaron medio muerto. El sacerdote lo vio y pasó de largo; el levita hizo lo mismo. El texto no explica sus motivos.

3. Lean los versículos 33-37. ¿Qué acciones realizó el samaritano? ¿Qué hizo al día siguiente? ¿En qué se diferencia la pregunta final de Jesús de la pregunta del doctor de la ley?

Sugerencia para quien dirige: se acercó, echó aceite y vino sobre sus heridas, las vendó, lo puso sobre su propia cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Al día siguiente dio dos denarios al huésped y prometió pagar los gastos adicionales al volver. El doctor de la ley preguntó quién era su prójimo; Jesús preguntó quién fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones.

Interpretación

4. “Queriéndose justificar á sí mismo, dijo: ¿Y quién es mi prójimo?”. ¿Qué gana una persona cuando delimita quién cuenta como prójimo?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Una vez trazado el límite, quienes quedan fuera ya no tienen nada que ver con ella, y aun así puede considerarse cumplidora de la ley. También pueden preguntar: ¿hasta dónde suele llegar el círculo que trazamos en nuestro corazón?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿Por qué hizo Jesús que precisamente un samaritano fuera quien tendiera la mano?

Sugerencia para quien dirige: para quienes oían la historia entonces, era la persona menos probable para ayudar. También pueden fijarse en que el doctor de la ley contestó “el que usó con él de misericordia”. El texto no explica por qué no mencionó el nombre de aquel pueblo.

6. ¿Cuál de los costos que asumió el samaritano te resulta más difícil? ¿Por qué?

Sugerencia para quien dirige: cada persona puede responder de manera diferente; escuchen primero su situación. El dinero, el tiempo, la seguridad física o un cuidado prolongado pueden ser lo más difícil. Después hablen de los límites: el samaritano confió el herido al huésped y no cargó solo con todo. Hay que ayudar dentro de nuestras posibilidades y con atención a la seguridad. Quien dirige concluye con una frase del evangelio: la salvación es un regalo gratuito de Dios por medio de Cristo; quienes han recibido la gracia van y hacen lo mismo.

Aplicación

7. ¿Has visto recientemente a alguien necesitado y, aun así, pasaste de largo? (No hace falta contar detalles; quien viene por primera vez también puede responder).

Sugerencia para quien dirige: quien dirige responde primero. No dejen que esta pregunta se convierta en una comparación ni propongan soluciones de inmediato.

8. ¿De quién quieres hacerte prójimo esta semana? ¿Qué acción concreta piensas realizar?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: llevar algo a un vecino, ayudar a una persona mayor a mover un objeto, aprender un nombre o visitar a alguien enfermo. La lista de acciones que sigue parte de esto.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a una persona que lea despacio Lucas 10:33-35 y luego 10:36-37. Guarden tres minutos de silencio. Cada cual piensa en una persona que está ahora mismo en su camino. Quienes quieran pueden orar en una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; quien viene por primera vez puede escuchar tranquilamente, sin obligación alguna de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y pide también que cada persona del grupo tenga un corazón misericordioso. Los motivos de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se obtiene primero el consentimiento de la persona y luego se anotan en privado solo una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: se debe contactar de inmediato a los servicios de emergencia, a la policía o seguridad pública local, o a la institución de protección correspondiente.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, aquel doctor de la ley preguntó quién era su prójimo, pero Tú preguntaste quién se hizo prójimo del hombre herido. Reconocemos que también nosotros trazamos límites en el corazón, de modo que quienes quedan fuera parecen no tener nada que ver con nosotros. Gracias porque tuviste misericordia de nosotros, nos buscaste y nos salvaste cuando no podíamos salvarnos. Danos Tu compasión para ver a la persona que hoy está en nuestro camino, y danos fuerzas para llevar hasta el final el cuidado que hemos comenzado, en vez de conformarnos con una sola acción. Tú dices: “Ve, y haz tú lo mismo”. Ayúdanos a obedecerte. Te lo pedimos en Tu nombre. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con escoger una; si en este momento no puedes decidir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, puedes contar la próxima vez cómo te fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden elegir la lección “Abrir tu hogar para recibir a otros” (Lucas 14:12-24), o la lección “Misericordia y justicia” (Isaías 58:6-12).

Guía para quien dirige