Enviarlos aunque cueste separarse · Grupos pequeños

Prepararse para la multiplicación del grupo, Lección 4. Leer Hechos 13:1-3. Existe un afecto verdadero por las relaciones conocidas y el temor de que los lazos se debiliten después de separarse

Pasaje principal: Hechos 13:1-3

Bernabé y Saulo, a quienes nombró el Espíritu Santo, ya desempeñaban un servicio importante en Antioquía. El relato ocupa solo tres frases: mientras ministraban al Señor y ayunaban, habló el Espíritu Santo; ellos ayunaron, oraron e impusieron las manos; después los despidieron. **Enviar significa entregar precisamente a quienes nos cuesta dejar partir.** Y la Biblia recoge tal cual el gran llanto de los ancianos de Éfeso cuando acompañaron a Pablo al barco.

Introducción

Cuando se habla de “enviar”, “dividir el grupo” o “pedir a alguien que dirija un grupo nuevo”, la pena que sentimos es real. Hemos caminado juntos durante años, conocemos nuestras debilidades y hemos atravesado algunas dificultades unos al lado de otros. Temer que la relación se enfríe después de separarnos no es tener poca fe; es una reacción muy humana.

Los tres primeros versículos de Hechos 13 son muy breves, pero muestran de manera completa cómo fue aquel envío.

Veamos primero quiénes servían en aquella iglesia: “HABÍA entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Bernabé, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo” (Hechos 13:1). Eran cinco. Lucio procedía de Cirene y Manahén se había criado con Herodes el tetrarca: estos colaboradores tenían orígenes y trayectorias muy diferentes.

Entonces llegó el momento:

Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado. (Hechos 13:2)

Fijémonos en tres cosas.

Primera, esto ocurrió mientras ministraban al Señor y ayunaban. El envío se recibió en un contexto de adoración y ayuno. Esto no significa que después no hiciera falta planificar: buscar al Señor no excluye ordenar bien los preparativos. Segunda, el Espíritu Santo dijo: “Apartadme”. La iniciativa del llamamiento procede del Espíritu Santo, y la iglesia responde con oración, ayuno e imposición de manos. Tercera, los nombrados fueron Bernabé y Saulo: dos de los cinco se marcharon. El texto no clasifica a estos cinco ni afirma que los otros tres fueran menos capaces. Pero sí deja algo claro: en aquella ocasión la iglesia dejó partir a colaboradores importantes.

Después vienen las acciones: “Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos” (Hechos 13:3). Ayunaron, oraron, impusieron las manos y los despidieron. Cada acción tiene un carácter solemne. Enviar no consiste en empujar a alguien hacia la puerta, sino en encomendarlo a Dios y reconocer públicamente, como iglesia, lo que está ocurriendo.

En cuanto a la pena de la separación, la Biblia no la evita. En Hechos 20, Pablo se despide de los ancianos de Éfeso:

Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. Entonces hubo un gran lloro de todos: y echándose en el cuello de Pablo, le besaban. (Hechos 20:36-37)

El versículo siguiente expresa lo que más les dolía: “Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron al navío” (Hechos 20:38).

Fijémonos en la última frase: “Y le acompañaron al navío”. Lloraron y después lo acompañaron. ⚠️ Este pasaje narra la despedida de Pablo y los ancianos de Éfeso, no la multiplicación de un grupo. Muestra que sentir dolor no equivale a desobedecer, pero no demuestra que “toda división que produzca tristeza deba seguir adelante”. Un envío debe depender de un llamamiento claro, de la respuesta voluntaria de las personas, del discernimiento compartido de la iglesia y de condiciones pastorales reales; no debe decidirse ni por el apego ni por la presión de avanzar.

Estos dos pasajes nos ofrecen una imagen clara del envío:

Primero, buscar juntos al Señor. El punto de partida es ministrar al Señor, ayunar y orar; esto no excluye ordenar después los preparativos. Segundo, muchas veces entregamos precisamente a la persona que más nos cuesta dejar partir. No es un accidente, sino parte del peso real de enviar. Tercero, hacen falta acciones formales. Ayunar, orar, imponer las manos y despedir: explicarlo con claridad y hacerlo públicamente es mucho mejor que avisar en privado. Cuarto, se permite estar tristes. La Biblia registra que todos lloraron. Quien dirige no debe exigir que todos “lo acepten con alegría”. Quinto, después de llorar, aun así lo acompañaron al barco. Los sentimientos no toman la decisión final.

Hay que aclarar algo: enviar no significa cortar los vínculos. Hechos cuenta que, al terminar aquel viaje, Bernabé y Pablo regresaron a Antioquía, reunieron a la iglesia para relatar lo que Dios había hecho por medio de ellos y permanecieron allí mucho tiempo con los discípulos. Aquel envío no rompió la relación con la iglesia que los había enviado. La última lección de esta serie tratará específicamente este tema.

Por eso, la conclusión de esta lección es: permitámonos sentir la pena y, al mismo tiempo, cuando haya un llamamiento claro y un discernimiento compartido, despidamos solemnemente a quienes parten. La persona enviada va a realizar la obra a la que el Señor la ha llamado.

Notas de estudio

1. Esto ocurrió mientras ministraban al Señor y ayunaban. El envío se recibió en un contexto de adoración y ayuno; esto no niega que después haga falta planificar.

2. “Apartadme”: la iniciativa del llamamiento procede del Espíritu Santo. La iglesia responde con oración, ayuno e imposición de manos, y participa realmente en el discernimiento y el envío.

3. Dos de los cinco se marcharon. El texto no clasifica a estas cinco personas, pero en aquella ocasión la iglesia dejó partir a colaboradores importantes.

4. El texto no dice qué pensaron en aquel momento quienes se quedaron. No añadamos sentimientos que no aparecen.

5. Las cuatro acciones son solemnes. Ayunar, orar, imponer las manos y despedir: la iglesia participó realmente en el discernimiento y el envío.

6. Hechos 20 habla de un gran llanto. Fue la despedida de Pablo y los ancianos de Éfeso. Muestra que sentir dolor no equivale a desobedecer, pero no demuestra que deba seguir adelante toda división que produzca tristeza.

7. “Y le acompañaron al navío”. Después de llorar, aun así lo acompañaron: los sentimientos no toman la decisión final.

Conversación

Apertura (aprox. 10 minutos)

Una aclaración inicial (la persona que dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y solo compartirá la información imprescindible con quienes realmente puedan ayudar. Cuando se trate de un niño, de alguien que no puede protegerse por sí mismo o de un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales cualificados, a la policía o a los servicios locales de urgencias y atención médica. Si existe un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Para comenzar: ¿A quién has despedido antes de un viaje largo? ¿Cómo fue aquel día? (Puede tratarse de estudios, trabajo, una mudanza o un viaje al extranjero; quienes vienen por primera vez también pueden participar.)

Sugerencia para quien dirige: Conversen con naturalidad; habrá algo de emoción. La mayoría recuerda el momento en el andén o en el aeropuerto. Esta pregunta prepara el terreno para lo que sigue.

Repaso de la lección (la persona que dirige lo lee, aprox. 1 minuto, para quienes no pudieron prepararse)

Esta lección se basa en Hechos 13:1-3. En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manahén, criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo que apartaran a Bernabé y Saulo para la obra a la que los había llamado. Entonces ayunaron, oraron, les impusieron las manos y los despidieron. El pasaje de referencia es Hechos 20: después de hablar, Pablo se puso de rodillas y oró con todos; todos lloraron, se echaron a su cuello y lo besaron. Lo que más les dolía era que no volverían a ver su rostro; después lo acompañaron al barco. Hoy conversaremos sobre enviar aunque nos cueste separarnos.

Observación

1. Lean el versículo 1. ¿Quiénes eran los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía? ¿Qué diferencias había en sus orígenes?

Sugerencia para quien dirige: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manahén, criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Tenían trayectorias muy distintas: uno procedía de Cirene y otro se había criado con Herodes.

2. Lean el versículo 2. ¿Cuándo ocurrió esto? En las palabras del Espíritu Santo, ¿quién toma la iniciativa?

Sugerencia para quien dirige: Mientras ministraban al Señor y ayunaban. El Espíritu Santo dice “Apartadme”: Él toma la iniciativa. Inviten a observar cuáles dos de los cinco fueron nombrados.

3. Lean el versículo 3 y después Hechos 20:36-38. ¿Qué cuatro acciones realizó la iglesia de Antioquía? ¿Cómo fue la despedida de los ancianos de Éfeso?

Sugerencia para quien dirige: Ayunaron, oraron, impusieron las manos y los despidieron. En Éfeso: se arrodillaron para orar, todos lloraron, se echaron al cuello de Pablo; lo que más les dolía era que no volverían a ver su rostro, y después lo acompañaron al barco.

Interpretación

4. ¿Qué nos muestra este pasaje acerca del discernimiento compartido y de la solemnidad necesaria al encomendar y enviar a alguien?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. El punto de partida fue ministrar al Señor y ayunar; el Espíritu Santo inició el llamamiento y la iglesia respondió con oración, ayuno e imposición de manos. El texto no clasifica a los cinco, pero en aquella ocasión la iglesia dejó partir a colaboradores importantes.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) ¿Por qué fueron necesarias estas cuatro acciones: ayunar, orar, imponer las manos y despedir?

Sugerencia para quien dirige: Hacerlo pública y solemnemente es mucho mejor que avisar en privado. Quienes parten saben que han sido encomendados, y quienes se quedan reconocen juntos lo ocurrido.

6. “Entonces hubo un gran lloro de todos... Y le acompañaron al navío”: ¿qué lugar da esta frase a la pena de separarse?

Sugerencia para quien dirige: El dolor fue real y quedó registrado tal cual en la Biblia; sentir dolor no equivale a desobedecer. Aclaren también que este pasaje no demuestra que “toda división que produzca tristeza deba seguir adelante”. El envío requiere un llamamiento claro, una respuesta voluntaria y el discernimiento compartido de la iglesia.

Aplicación

7. Cuando piensas que el grupo quizá tenga que separarse en el futuro, ¿qué es lo que más te cuesta dejar? (Sean concretos; quienes vienen por primera vez también pueden participar.)

Sugerencia para quien dirige: Comienza quien dirige. No se apresuren a consolar ni a rebatir; dejen que cada persona pueda expresar lo que le cuesta. Esta pregunta no necesita llegar a una conclusión.

8. Si un día realmente tenemos que enviar a alguien, ¿cómo te gustaría que lo hiciéramos?

Sugerencia para quien dirige: Pidan propuestas concretas: con cuánta antelación se comunica, cómo orar juntos, si conviene una imposición de manos y una bendición formales, y cómo mantener el contacto después de separarse. Anoten las ideas y entréguenlas a quien dirige.

Oración y práctica

Oremos juntos (aprox. 15 minutos)

Pidan a una persona que lea despacio Hechos 13:1-3 y después Hechos 20:36-38. Guarden tres minutos de silencio. Cada cual puede hablar al Señor en su interior de aquello que más le cuesta dejar, sin adornar sus palabras. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; quienes vienen por primera vez pueden escuchar tranquilamente, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige recoge lo compartido y ora por el camino futuro del grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la App ni se envían al chat. Para hacer seguimiento, normalmente se pide primero el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de suicidio o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de urgencias, a la policía o a una entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, mientras la iglesia de Antioquía te ministraba y ayunaba, el Espíritu Santo dijo: “Apartadme á Bernabé y á Saulo”. Entregaron a colaboradores importantes de la iglesia. Reconocemos que nos cuesta dejarlos partir; solo pensar en separarnos nos encoge el corazón. Gracias porque la Biblia no trató como débiles a los ancianos de Éfeso: lloraron y después acompañaron a Pablo al barco. Ayúdanos a vivir con sinceridad el dolor y, al mismo tiempo, a enviar a las personas cuando haya un llamamiento claro y un discernimiento compartido. Si de verdad llamas y la iglesia lo discierne con claridad, danos valor para enviar con amor. Si todavía no están claros el momento o las personas, danos paciencia para no decidir por presión. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (aprox. 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; no pasa nada si ahora mismo no saben cuál elegir.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Si quieren, pueden contar la próxima vez cómo les fue. Si no lo hicieron, lleven a la oración aquello que se lo impidió.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “Comenzar ahora a formar a nuevos líderes” (2 Timoteo 2:1-7) o “Explicar claramente el plan de multiplicación y hacer bien la transición” (Hechos 14:21-28).

Guía para quien dirige