Dirigir un estudio bíblico en grupo pequeño, Lección 5. Leer 1 Corintios 14:26-33. Algunas personas monopolizan la conversación, otras nunca hablan y el tema se aleja cada vez más
Pasaje principal: 1 Corintios 14:26-33
Las instrucciones de Pablo para la reunión de la iglesia de Corinto se resumen en una sola frase: “hágase todo para edificación”. No dijo que solo pudiera hablar una persona, sino: “podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados”. **Dar lugar a cada persona no busca animar el ambiente; responde a la forma en que la reunión fue diseñada.**
En los grupos pequeños suelen aparecer dos desequilibrios muy reales.
En uno de ellos, una o dos personas hablan durante la mayor parte de la reunión. No necesariamente quieren llamar la atención. Muchas veces responden con rapidez y lo que dicen viene al caso. Pero, después de tres o cuatro reuniones, las demás personas dan por sentado que no importa si ellas no hablan. En el otro, nadie dice nada. Quien dirige hace una pregunta y todos miran al suelo. Como no logra soportar el silencio, termina respondiendo él mismo y la lección se convierte en un sermón.
La reunión de la iglesia de Corinto sufría otro tipo de desorden: quienes hablaban en lenguas y quienes profetizaban debían turnarse, limitar su número y someter lo dicho al discernimiento de los demás. Vale la pena que quienes dirigen grupos lean, frase por frase, cómo respondió Pablo.
Primero encontramos el principio general:
¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: hágase todo para edificación. (1 Corintios 14:26)
Fijémonos en “cada uno”. Pablo describe una reunión a la que cada persona trae algo. El criterio es la edificación. ⚠️ Esto no significa que no importe si el contenido es verdadero. El versículo 29 pide inmediatamente que los demás juzguen. Que algo sea conforme a la verdad forma parte de la edificación. Pablo plantea dos preguntas: ¿es verdad lo que se dice y está siendo edificada toda la comunidad?
Después estableció instrucciones muy concretas. Si alguien hablaba en lengua extraña, debían hacerlo “dos, ó á lo más tres, y por turno”, y una persona debía interpretar (1 Corintios 14:27). Si no había intérprete, debía callar en la iglesia (1 Corintios 14:28). También debían hablar “dos ó tres” profetas, mientras los demás juzgaban (1 Corintios 14:29). Si alguien que estaba sentado recibía una revelación, “calle el primero” (1 Corintios 14:30).
Todas estas reglas limitan a quienes hablan; no presionan a quienes guardan silencio. Quienes hablan deben hacerlo por turnos y en número limitado; quienes interpretan y quienes disciernen también ocupan su lugar. Entonces aparece este versículo:
Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. (1 Corintios 14:31)
“Uno por uno” y “todos” deben leerse juntos. No se habla al mismo tiempo, pero tampoco queda la profecía encerrada en manos de unas pocas personas. ⚠️ Sin embargo, dentro del contexto de los versículos 29-32, este texto habla del orden al profetizar. El mismo pasaje dice que en una reunión deben hablar solo dos o tres y que los demás deben juzgar. No podemos leerlo directamente como si dijera que todas las personas están obligadas a intervenir. El principio que podemos aplicar es este: servir por turnos, conservar diversas formas de participación y procurar que todos sean edificados.
Más adelante aparece una frase que resulta fácil pasar por alto:
Y los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas; Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz. (1 Corintios 14:32-33)
⚠️ Aquí la “paz” no significa que la reunión deba quedar en silencio. La palabra original eirēnē suele referirse a paz y armonía, el extremo opuesto a la confusión.
“Los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas” significa que quien habla puede gobernarse a sí mismo. “No puedo parar” o “tengo que decirlo” no son excusas. El orden no apaga al Espíritu Santo; Dios mismo no es Dios de disensión, sino de paz.
Siguiendo este principio, un grupo pequeño puede hacer varias cosas concretas:
Primero, explicar antes de empezar cómo se van a turnar. “En esta pregunta iremos uno por uno, comenzando por la persona que está a mi derecha” funciona mucho mejor que “que hable quien quiera”. Para quien necesita más tiempo, “que hable quien quiera” suena como “puedes no decir nada”. Segundo, ofrecer un lugar digno a quien suele hablar mucho. Quien dirige puede pedirle en privado: “Hoy no respondas primero. Espera a que hablen dos o tres personas y después completa lo que falte; tus aportes suelen ser muy precisos”. Esto no busca reprimirlo, sino invitarlo a colaborar. Tercero, sostener el silencio. Guardar cinco segundos después de preguntar no significa que la conversación haya fracasado. Si de verdad nadie habla, hagan una pregunta más pequeña o pidan a cada persona que escriba primero una frase. Cuarto, dejar también una salida para quien no quiera hablar. “Si hoy solo quieres escuchar, puedes decir: ‘Primero escucharé’”. Un silencio que tiene una salida no es lo mismo que dejar a alguien expuesto sin saber qué hacer. Quinto, mantener la mirada en el criterio. Después de cada ronda, podemos preguntarnos: ¿han recibido algo los demás durante estos minutos?
Por tanto, esta lección nos lleva a lo siguiente: quien dirige no es la persona que más habla ni la que busca que hable el mayor número posible, sino quien sirve con verdad y orden para que todos sean edificados. Algunas personas comparten, otras disciernen y otras escuchan en silencio; todas pueden tener parte.
1. “Cada uno”. Pablo describe una reunión a la que cada persona trae algo.
2. El criterio es “hágase todo para edificación”. El versículo 29 pide a los demás que juzguen; que algo sea verdadero también forma parte de la edificación.
3. Todas las instrucciones limitan a quienes hablan. Dos o tres personas, por turnos, con interpretación; si alguien más recibe revelación, quien hablaba primero debe callar.
4. “Podéis todos profetizar uno por uno”. Habla del orden al profetizar, no de que todas las personas estén obligadas a intervenir.
5. El pasaje trata la profecía en la iglesia primitiva. No se puede equiparar directamente con la conversación libre de un grupo pequeño actual; el principio aplicable es servir por turnos, conservar diversas formas de participación y procurar que todos sean edificados.
6. “Los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas”. Quien habla puede gobernarse a sí mismo; decir “no puedo parar” no es una excusa.
7. “Dios no es Dios de disensión, sino de paz”. La paz se opone a la confusión y habla de armonía y orden, no de ausencia de sonido.
Actividad inicial: Cuando estás en un grupo, ¿te resulta más fácil hablar o guardar silencio? ¿Por qué? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Hablen con ligereza y no evalúen qué opción es mejor. Oirán respuestas muy diferentes: algunas personas temen equivocarse y otras temen ocupar el tiempo de los demás. La actividad prepara el terreno para lo que sigue.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección estudia 1 Corintios 14:26-33. Pablo pregunta qué debe ocurrir cuando la iglesia se reúne. Cada persona tiene salmo, doctrina, lengua, revelación o interpretación, y todo debe hacerse para edificación. Si alguien habla en lengua extraña, deben hacerlo dos o como máximo tres, por turnos, y una persona debe interpretar; si no hay intérprete, debe callar en la iglesia y hablar para sí y para Dios. Deben hablar dos o tres profetas, y los demás han de juzgar. Si otra persona sentada recibe revelación, la primera debe callar. Todos pueden profetizar uno por uno, para que todos aprendan y sean exhortados. Los espíritus de quienes profetizan están sujetos a los profetas, porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz. Hoy hablaremos de cómo dar lugar a cada persona.
1. Lean el versículo 26. ¿Qué cosas trae cada persona cuando la iglesia se reúne? ¿Qué criterio establece Pablo?
Sugerencia para quien dirige: Salmo, doctrina, lengua, revelación e interpretación. El criterio es: “hágase todo para edificación”. Fíjense en las palabras “cada uno”.
2. Lean los versículos 27-30. ¿Qué instrucciones estableció Pablo? ¿A quiénes limitan estas instrucciones?
Sugerencia para quien dirige: Dos o tres personas pueden hablar en lenguas, por turnos y con interpretación; si no hay intérprete, deben callar. Dos o tres profetas hablan y los demás juzgan; si otra persona recibe revelación, quien hablaba primero debe callar. Todas las instrucciones limitan a quienes hablan.
3. Lean los versículos 31-33. ¿Qué dos expresiones del versículo 31 debemos leer juntas? ¿Qué dicen los versículos 32 y 33?
Sugerencia para quien dirige: “Todos” y “uno por uno”. El versículo 32 dice que los espíritus de quienes profetizan se sujetan a los profetas. El versículo 33 dice que Dios no es Dios de disensión, sino de paz.
4. Si unimos “hágase todo para edificación” con el mandato del versículo 29 de que los demás juzguen, ¿qué dos criterios recibimos?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. Un criterio pregunta si lo dicho es verdadero; el otro, si todos están siendo edificados. Una frase completamente correcta, pronunciada durante veinte minutos sin permitir que nadie intervenga, no edifica. Una frase que ayuda mucho a todo el grupo, pero no se ajusta a la verdad, tampoco edifica. Pueden preguntar cuál de estos dos criterios usamos con más frecuencia.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Pablo limita el número y el orden, no los dones mismos. ¿Por qué es importante esta diferencia?
Sugerencia para quien dirige: En el mismo capítulo, Pablo también manda procurar profetizar. El orden busca que más personas sean edificadas, no hacerlas callar. Pueden hablar de cómo conservar el orden sin apagar el entusiasmo de nadie.
6. “Los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas”. ¿Qué le recuerda esta frase a quien dice que, una vez que empieza a hablar, no puede parar?
Sugerencia para quien dirige: Quien habla puede gobernarse a sí mismo. Díganlo con amabilidad: no es una acusación, sino algo que Pablo considera posible.
7. Ejercicio en el momento: En esta pregunta iremos uno por uno. Al leer esta lección, ¿qué es lo primero que quisieras probar en nuestro grupo? (Comiencen por la persona a la derecha de quien dirige; una o dos frases cada uno. Quien solo quiera escuchar puede decir “Primero escucharé”, asentir con la cabeza o sencillamente pasar, sin tener que dar explicaciones.)
Sugerencia para quien dirige: La propia ronda es el ejercicio. Quien dirige responde primero y muestra con su ejemplo la extensión esperada: una o dos frases. No hagan comentarios ni preguntas durante la ronda; dejen que llegue hasta el final. Si alguien decide pasar, no se detengan a convencerlo.
8. ¿Qué pequeña cosa quieres hacer esta semana para contribuir a la conversación del grupo?
Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor. Quien habla primero puede hacerlo brevemente; pueden invitar a todo el grupo sin señalar a nadie, preparar una conversación por parejas o un momento para escribir antes de hablar para quienes necesitan más tiempo, o guardar silencio durante una ronda. La lista de acciones que sigue parte de esta propuesta.
Pidan a una persona que lea despacio 1 Corintios 14:26 y 14:31, y guarden dos minutos de silencio. Cada cual piensa qué clase de persona suele ser dentro del grupo. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar sin tener que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige cierra este tiempo e intercede para que cada persona del grupo sea edificada en la reunión. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero permiso a la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios de emergencia, los organismos locales de seguridad pública o la policía, o una institución de protección apropiada.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, Tu Palabra dice: “hágase todo para edificación”; y también dice: “podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados”. Reconocemos que en nuestras reuniones a veces hablan solo unas pocas personas y otras veces nadie se atreve a abrir la boca. Da dominio propio a quienes hablan mucho y seguridad a quienes necesitan más tiempo; enséñanos también a escuchar con atención y a juzgar lo que se dice. Tú no eres Dios de disensión, sino de paz. Concede esta paz a nuestro grupo. En el nombre de Jesús, amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; no pasa nada si alguien todavía no sabe cuál escoger.
No hace falta anotarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Poner en práctica lo que has oído” (Ezequiel 33:30-33) o “Hacer una buena pregunta” (Lucas 7:36-50).