Discipular a nuevos creyentes, Lección 5. Leer Hechos 2:37-47. Los nuevos creyentes se aferran solo a quien los discipuló o permanecen en los márgenes porque la iglesia es imperfecta
Pasaje principal: Hechos 2:37-47
El día de Pentecostés, la gente preguntó: “¿qué haremos?”, y Pedro respondió: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo”: primero creer y arrepentirse, y después bautizarse. Inmediatamente después del bautismo, Lucas escribe que entraron en una comunidad y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones.
Después de acompañar a alguien a creer en el Señor, suelen presentarse dos dificultades.
Una es aplazar. La persona dice: “seguiré pensándolo”, “cuando sea un poco mejor” o “cuando mi familia esté de acuerdo”. Algunas preocupaciones son reales; otras se convierten en una forma de seguir posponiendo la decisión. La otra es aferrarse. Cree, pero queda ligada únicamente a quien la acompañó; o, al ver los defectos de la iglesia, permanece siempre en la periferia: asiste a reuniones, pero no entra realmente en la comunidad.
El final de Hechos 2 responde a las dos dificultades.
Veamos primero de dónde nace la pregunta. Después del sermón de Pedro, “fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Primero fueron compungidos de corazón y después preguntaron qué debían hacer. No fue una declaración hecha bajo la presión de otros.
La respuesta de Pedro es muy clara:
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:38)
Fijémonos en el orden: primero el arrepentimiento y después el bautismo. El bautismo no es un trámite que convierte a alguien en cristiano; es la señal pública con la que se presenta una persona que ya ha creído y se ha arrepentido. Romanos explica el significado de esa señal: “¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?” (Romanos 6:3). “Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida” (Romanos 6:4). Morir con él, ser sepultados con él y resucitar con él: de eso habla el bautismo.
Veamos después el versículo 39: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). La promesa va más allá de quienes estaban presentes: alcanza a la siguiente generación y a todos los que están lejos y son llamados por el Señor. ⚠️ Leamos también la frase final: la relación familiar no hace que el bautismo sea automáticamente eficaz; la respuesta sigue siendo arrepentirse y recibir la palabra del Señor.
Después llega el resultado: “Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41).
El versículo siguiente es fundamental porque responde a la dificultad de aferrarse a una sola persona:
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. (Hechos 2:42)
Aquí las cuatro cosas forman parte de una vida común de iglesia. La doctrina de los apóstoles requiere que alguien enseñe; la comunión requiere a otras personas; el pan se parte en comunidad; y aquí las oraciones también son cosa de una comunidad. La lectura bíblica y la oración personal son indispensables, pero no sustituyen la comunión, el recibir juntos la enseñanza ni el partimiento del pan. Después de bautizarse, no entraron en una fe privada, sino en una comunidad.
Los versículos siguientes describen la vida de esa comunidad: quienes creían estaban juntos, tenían todas las cosas en común, vendían posesiones y haciendas y las repartían según la necesidad de cada uno, perseveraban cada día en el templo, partían el pan en las casas, comían con alegría y sencillez de corazón y alababan a Dios (Hechos 2:44-47). No es una lista de normas institucionales, sino la vida real de un grupo de personas que compartían sus días. La última frase dice: “Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Quien añade a las personas es el Señor.
Entonces, ¿qué hacemos en la práctica para acompañar a alguien en este paso?
Primero, explicar con claridad el bautismo, sin vaguedades ni presión. Es la señal pública que viene después de creer, no una condición para obtener la salvación. Segundo, hablar abiertamente de la preocupación “todavía no soy lo bastante bueno”. Si hubiera que esperar hasta ser suficientemente buenos, nadie llegaría a bautizarse; el bautismo señala lo que Cristo ha hecho. Tercero, acompañar a la persona a entrar en la iglesia, no solo en nuestra relación con ella. Presentémosle a otras dos o tres personas y ayudémosla a encontrar su lugar en la comunidad. Cuarto, avisarle de antemano que la iglesia no es perfecta. En los capítulos siguientes de Hechos aparecen disputas y conflictos. Si nunca lo decimos, más adelante puede sentir que la engañaron.
En cuanto a las dificultades reales —una oposición familiar intensa, un contexto delicado o preocupaciones por la seguridad—, no podemos despacharlas diciendo “hay que ser valiente”. Cuando sea necesario pensar junto con un pastor, hagámoslo; cuando sea necesario ir más despacio, vayamos más despacio. Ante una preocupación, escuchemos primero con atención y no etiquetemos a la persona diciendo “solo estás aplazándolo”. Si la dificultad no puede resolverse por ahora, sigamos acompañándola y dejemos que, pasado un tiempo, ella misma vuelva a considerarlo.
La conclusión de esta lección es la siguiente: expliquemos este paso con claridad y acompañemos a la persona a entrar en una comunidad, no solo en una relación de dos.
1. Primero fueron compungidos de corazón. Oyeron la palabra, fueron compungidos de corazón y solo entonces preguntaron: “¿qué haremos?”.
2. Primero el arrepentimiento y después el bautismo. El bautismo no es un trámite que convierte a alguien en cristiano; es la señal pública de una persona que ya ha creído.
3. Romanos 6 explica el significado de la señal. Morir con Cristo, ser sepultados con él y andar en novedad de vida.
4. El versículo 39 abre la puerta de par en par. La promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos.
5. Las cuatro cosas del versículo 42 forman parte de una vida común de iglesia. La doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. La lectura bíblica y la oración personal son indispensables, pero no pueden sustituirlas.
6. Los versículos siguientes describen los días de una comunidad. No son una lista de normas institucionales, sino la vida real que comparte un grupo de personas.
7. “El Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos”. Quien añade a las personas es el Señor, no nuestra capacidad.
Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.
Dinámica inicial: ¿a qué grupo te has unido alguna vez? La primera vez que fuiste, ¿qué te hizo sentir “ya soy parte de esto”? (Puede ser un equipo deportivo, una asociación o un lugar de trabajo. Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad. Muchas personas mencionarán un momento concreto: alguien se aprendió su nombre o les confió una tarea. Esta pregunta prepara el terreno para lo que sigue.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Hechos 2:37-47. Quienes oyeron las palabras de Pedro fueron compungidos de corazón y preguntaron qué debían hacer. Pedro les dijo que se arrepintieran y que cada uno fuera bautizado en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y que recibirían el don del Espíritu Santo. La promesa era para ellos, para sus hijos y para todos los que estaban lejos, para cuantos llamara el Señor nuestro Dios. Quienes recibieron su palabra fueron bautizados y aquel día fueron añadidas como tres mil personas. Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. Todos sentían temor, y los apóstoles hacían muchos prodigios y señales. Todos los creyentes estaban juntos, tenían todas las cosas en común y repartían según la necesidad de cada uno. Perseveraban cada día en el templo, partían el pan en las casas, comían con alegría y sencillez de corazón, alababan a Dios y gozaban del favor de todo el pueblo; el Señor añadía cada día a la iglesia quienes habían de ser salvos. El pasaje relacionado es Romanos 6: todos los bautizados en Cristo Jesús son bautizados en su muerte; somos sepultados con él por el bautismo, para que andemos en novedad de vida. Hoy conversaremos sobre bautizarse y entrar en la iglesia.
1. Lean los versículos 37-39. ¿Por qué preguntó la gente “qué haremos”? ¿Qué orden aparece en la respuesta de Pedro?
Sugerencia para quien dirige: oyeron la palabra y fueron compungidos de corazón. El orden es que cada uno se arrepienta y sea bautizado en el nombre de Jesucristo. Fíjense en qué viene primero.
2. Lean los versículos 40-42. ¿Qué ocurrió aquel día? ¿Qué cuatro cosas enumera el versículo 42?
Sugerencia para quien dirige: quienes recibieron su palabra fueron bautizados y fueron añadidas como tres mil personas. Las cuatro cosas son perseverar en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. Pueden preguntar: tomadas juntas, ¿qué clase de vida de iglesia describen?
3. Lean los versículos 43-47 y después Romanos 6:3-4. ¿Cómo eran los días de aquella comunidad? ¿Qué representa el bautismo según Romanos 6?
Sugerencia para quien dirige: estaban juntos, tenían todas las cosas en común, repartían según la necesidad de cada uno, perseveraban cada día en el templo y partían el pan en las casas, comían con alegría y sencillez de corazón y alababan a Dios. Romanos 6: ser bautizados en la muerte de Cristo y sepultados con él para andar en novedad de vida.
4. “Primero el arrepentimiento y después el bautismo”: ¿por qué hay que explicar con claridad este orden?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. El bautismo no es un trámite que convierte a alguien en cristiano, sino la señal pública con la que se presenta quien ya ha creído. Pueden preguntar: si se invierte el orden, ¿qué malentendido puede surgir?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Alguien dice: “me bautizaré cuando sea un poco mejor”. Según Romanos 6:3-4, ¿cómo le responderían?
Sugerencia para quien dirige: el bautismo representa lo que Cristo ha realizado: que hemos muerto, sido sepultados y resucitado con él; no representa que nosotros ya seamos suficientemente buenos. Si hubiera que esperar hasta serlo, nadie llegaría a bautizarse. Tomen también en serio las dificultades reales y no presionen.
6. De las cuatro cosas del versículo 42, ¿cuáles pueden practicarse individualmente y cuáles requieren una comunidad? ¿Qué nos enseña esto acerca de alguien que solo se aferra a la persona que lo acompañó?
Sugerencia para quien dirige: la lectura bíblica y la oración personal son indispensables, pero la comunión, el recibir juntos la enseñanza y el partimiento del pan requieren a un grupo de personas. Después de bautizarse se entra en una comunidad. Pueden conversar sobre cómo ayudar a la persona a conocer a otras dos o tres personas de la iglesia.
7. Al recordar el tiempo anterior y posterior a tu bautismo, ¿hay algo que nadie te explicó entonces y que descubriste después? (Quienes vienen por primera vez pueden decir qué les gustaría preguntar ahora.)
Sugerencia para quien dirige: quienes quieran pueden decir una o dos frases. Algunas respuestas comunes son: creer que después del bautismo ya no se pecaría, no saber que también hay conflictos en la iglesia o no saber que estaba permitido hacer preguntas. Estas son precisamente las cosas que debemos explicar de antemano a una persona nueva.
8. ¿Cómo te gustaría ayudar esta semana a esa persona a estar un poco más conectada con la iglesia?
Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: presentarle a otras dos o tres personas, asistir juntos a una reunión, presentarla a un pastor o invitarla a comer con otro hermano o hermana. La lista de acciones que sigue retoma esta idea.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Hechos 2:38 y 42, y guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede orar interiormente por una persona: alguien que aún no se ha bautizado o alguien recién bautizado que todavía no ha entrado en una comunidad. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede dar gracias e interceder también por la iglesia. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, el día de Pentecostés, quienes oyeron Tu palabra fueron compungidos de corazón y preguntaron qué debían hacer; Tu siervo les dijo que se arrepintieran y fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Gracias porque el bautismo no representa que seamos suficientemente buenos, sino que Cristo murió por nosotros, fue sepultado y resucitó. Guía a quienes todavía dudan a nuestro alrededor y ayúdanos a no presionarlos ni hablar con vaguedad. Después de que se bauticen, introdúcelos en una comunidad real, donde perseveren en Tu enseñanza, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. El Señor añadía cada día a quienes habían de ser salvos: quien añade eres Tú, y ponemos este asunto en Tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.
Pueden elegir la lección “Qué hacer cuando caes” (1 Juan 1:5-2:2), o la lección “De recibir acompañamiento a acompañar a otros” (Hechos 18:24-28).