Discipular a nuevos creyentes, Lección 3. Leer Marcos 1:35-39. Entregas un plan complicado de lectura bíblica y oración; después de faltar unos días, la persona se desanima
Pasaje principal: Marcos 1:35-39
Marcos emplea un solo versículo para narrar una oración muy concreta: “Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba”. La hora, la acción y el lugar aparecen con claridad, pero no se dice cuánto tiempo oró. Cuando acompañamos a un nuevo creyente para que se acerque a Dios, el comienzo puede ser así de sencillo: no hace falta darle una tabla complicada.
Uno de los errores más fáciles al acompañar a alguien es llenar demasiado el plan desde la primera semana: leer tres capítulos al día, tomar apuntes, memorizar un versículo y orar veinte minutos. Al principio la persona tiene muchas ganas, pero después de tres o cuatro días falla una vez y luego otra, y ya le da vergüenza contarlo. El plan no la acercó a Dios, sino que le dio un comienzo marcado por el fracaso.
Estos versículos de Marcos 1 describen con extrema sencillez lo que hizo el propio Jesús.
Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba. (Marcos 1:35)
Contemos los elementos que aparecen: la hora (muy de mañana, aun muy de noche), la acción (levantarse), el lugar (un lugar desierto) y el contenido (orar). Solo estas cuatro cosas, nada más.
Veamos también lo que ocurre antes. Este versículo viene después del relato de un día muy ocupado en Marcos 1: Jesús sanó a la suegra de Simón y, al anochecer, toda la ciudad se reunió a la puerta. Es decir, esta es la mañana siguiente a un día muy ocupado. Cuanto más ocupados estamos, más lo necesitamos. No hace falta extenderse en explicaciones; el propio orden del pasaje lo muestra.
Después aparece una escena muy real: “Y le siguió Simón, y los que estaban con él; y hallándole, le dicen: Todos te buscan” (Marcos 1:36-37). La gente lo buscaba y había asuntos esperando. Jesús respondió: “Vamos á los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38). Marcos coloca la oración inmediatamente junto a esta dirección de la misión; el pasaje no explica cómo se formó esa dirección.
En el Evangelio de Lucas se registra una petición de los discípulos:
Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos. (Lucas 11:1)
Observa que estas palabras se pronunciaron después de que Jesús estuvo orando en un lugar y acabó. Lucas primero narra que Jesús oró y después registra la petición del discípulo; el pasaje no explica qué motivó interiormente al discípulo. Este orden narrativo nos recuerda que la oración no solo se puede explicar: también se puede mostrar y practicar juntos.
Entonces, ¿cómo ayudamos a empezar a un nuevo creyente? A partir de estos dos pasajes podemos proponer un comienzo de fácil acceso. Es una sugerencia para ayudar a alguien a empezar, no una norma que obligue a orar antes del amanecer ni en ningún horario fijo:
Primero, un momento más o menos estable. No tiene que ser largo. Cinco o diez minutos pueden bastar; es más fácil mantener la constancia que sostener sesiones largas.
Segundo, un lugar con menos interrupciones. Jesús se alejó de la gente y fue a un lugar solitario. Para nosotros puede ser un balcón, un automóvil ya estacionado, un rincón durante la pausa del mediodía o un tramo del trayecto al trabajo en el que podamos hacerlo con seguridad.
Tercero, una acción concreta. Leer un pasaje breve y después repetirle a Dios una frase de lo que acabamos de leer. Eso basta.
Hay además tres recordatorios muy prácticos:
No le entregues como primera tarea un plan para leer toda la Biblia en un año. Empieza por un Evangelio y unos pocos versículos al día.
Explícale de antemano qué debe hacer si un día no cumple el plan: continuar al día siguiente, sin ponerse al día ni empezar desde el principio. Es imprescindible decirlo antes, porque de otro modo puede abandonar en silencio la primera vez que falle.
Hazlo con esa persona varias veces en lugar de limitarte a explicar el método. Como en Lucas 11:1: primero deja que lo vea.
Por último, hay que aclarar algo: todas estas disposiciones están al servicio de esa relación; no sirven para acumular días. Si la lectura bíblica y la oración se convierten en una lista para marcar, por grande que sea la cantidad no equivalen a acercarse a Dios. Cinco minutos al día también pueden ser un comienzo auténtico, y el crecimiento viene de la gracia de Dios, no del número de veces que hayamos cumplido el plan.
Así que la conclusión de esta lección es: bajar el umbral del comienzo hasta que la persona realmente pueda cruzarlo, y después acompañarla unas cuantas veces.
1. Los cuatro elementos son muy concretos. Hora (muy de mañana, aun muy de noche), acción (levantarse), lugar (un lugar desierto) y contenido (orar).
2. Era la mañana siguiente a un día muy ocupado. La noche anterior, toda la ciudad se había reunido a la puerta. El propio orden del pasaje lo muestra.
3. “Todos te buscan”. Siempre hay asuntos esperando; aun así, primero fue a orar.
4. Marcos coloca la oración inmediatamente junto a la dirección de la misión. “Vamos á los lugares vecinos… porque para esto he venido”. El pasaje no explica cómo se formó esa dirección.
5. Lucas primero narra que Jesús oró y después registra la petición de que les enseñara (Lucas 11:1). El pasaje no explica qué motivó interiormente al discípulo. Este orden nos recuerda que la oración puede mostrarse y practicarse juntos.
6. Jesús fue a “un lugar desierto”. El original se refiere a un lugar solitario, apartado de la gente. En la aplicación, el énfasis está en reservar para la oración un espacio con menos interrupciones, no en que todos tengan que buscar un lugar deshabitado o absolutamente silencioso.
7. El pasaje no dice cuánto tiempo oró. Marcos registra una oración muy concreta: la hora, la acción y el lugar están claros, pero no aparece la duración.
Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.
Dinámica inicial: ¿tienes algún pequeño hábito que hayas logrado mantener? ¿Cómo comenzaste? (Puede ser caminar, beber agua o llevar un registro de gastos; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad. La mayoría descubrirá que el hábito que logró mantener comenzó siendo muy pequeño. Esta pregunta prepara el terreno para lo que sigue.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Marcos 1:35-39. Muy de mañana, cuando aún era muy de noche, Jesús se levantó, salió, fue a un lugar desierto y allí oró. Simón y quienes estaban con él fueron tras él. Cuando lo encontraron, le dijeron que todos lo buscaban. Jesús respondió que fueran a los lugares vecinos para que también predicara allí, porque para eso había venido. Después predicó en las sinagogas por toda Galilea y echó fuera demonios. El pasaje relacionado está en Lucas 11: Jesús estaba orando en un lugar y, cuando acabó, uno de sus discípulos le pidió que les enseñara a orar, como Juan había enseñado a sus discípulos. Hoy conversaremos sobre cómo ayudar a alguien a empezar a acercarse a Dios.
1. Lean el versículo 35. ¿Qué elementos aparecen en este versículo?
Sugerencia para quien dirige: la hora (muy de mañana, aun muy de noche), la acción (levantarse y salir), el lugar (un lugar desierto) y el contenido (orar). Inviten al grupo a observar que el pasaje no dice cuánto tiempo oró.
2. Lean los versículos 36-39. ¿Qué dijeron los discípulos cuando lo encontraron? ¿Cómo respondió él?
Sugerencia para quien dirige: dijeron que todos lo buscaban. Jesús respondió que fueran a los lugares vecinos para que también predicara allí, porque para eso había venido. Pueden preguntar: en el relato, la escena de oración aparece inmediatamente antes de esta respuesta; ¿qué les recuerda esta cercanía narrativa?
3. Lean Lucas 11:1. ¿Cuándo pidió el discípulo: “Señor, enséñanos á orar”?
Sugerencia para quien dirige: después de que Jesús acabó de orar. El discípulo no deseó aprender solo porque asistió a una clase, sino después de verlo.
4. ¿Cuál es la diferencia entre un plan complicado de lectura bíblica y oración, y “un momento estable, un lugar con menos interrupciones y una acción concreta”?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. El primero suele dar a la persona un comienzo marcado por el fracaso; el segundo le permite empezar de verdad. Pueden preguntar: ¿cómo suele ser la primera “tarea” que damos a una persona nueva?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Lucas coloca la petición del discípulo después de que Jesús acabó de orar. ¿Qué nos recuerda este orden sobre acompañar a alguien que está aprendiendo a orar?
Sugerencia para quien dirige: el pasaje no explica qué motivó interiormente al discípulo. Pueden conversar sobre esto: la oración no solo se puede explicar, sino que también se puede mostrar y practicar juntos. Hacerlo juntos varias veces suele ayudar más que limitarse a explicar el método.
6. Si una persona nueva falla durante varios días, ¿qué debemos decirle?
Sugerencia para quien dirige: que continúe al día siguiente, sin ponerse al día ni empezar desde el principio. Es mejor decirlo antes de que empiece, no después de que haya abandonado.
7. ¿Cómo son ahora tu lectura bíblica y tu oración? (Puedes hablar del momento, el lugar y lo que haces, sin comparar cantidades; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: quienes quieran pueden decir una o dos frases. Quien dirige puede comenzar describiendo su propia experiencia, incluidas las partes inconstantes; eso ayudará a los demás a hablar con sinceridad. No conviertan la conversación en una comparación de duración.
8. ¿Cuál es la acción más pequeña que te gustaría hacer esta semana junto con esa persona?
Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: leer juntos cinco versículos, fijar un momento para hablar por teléfono y orar durante tres minutos, o escoger juntos el próximo pasaje. La lista de acciones que sigue retoma esta idea.
En esta lección harán juntos el ejercicio más pequeño. Pidan a una persona que lea despacio Marcos 1:35 y después lean entre todos los dos primeros versículos del Salmo 23. Guarden tres minutos de silencio; cada uno escoge una frase de lo que acaba de leer y se la dice directamente a Dios, una sola frase. Después del silencio, quienes quieran pueden compartir la frase que dijeron, sin necesidad de alargarla. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede orar por los primeros pasos de cada persona del grupo. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, cuando aún era muy de noche, te levantaste y fuiste a un lugar desierto para orar. Todos te buscaban, pero aun así acudiste primero al Padre. Reconocemos que muchas veces convertimos la cercanía contigo en una tabla que nunca logramos completar y que, después de fallar unos días, abandonamos en silencio. Ayúdanos a bajar el umbral del comienzo: un momento más o menos estable, un lugar con menos interrupciones y una pequeña acción que podamos realizar. Y cuando acompañemos a alguien, haz que primero pueda vernos orar. Te lo pedimos en Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.
Pueden elegir la lección “Acompañar como una madre y como un padre” (1 Tesalonicenses 2:7-12), o la lección “Qué hacer cuando caes” (1 Juan 1:5-2:2).