Acompañar como una madre y como un padre · Grupos pequeños

Discipular a nuevos creyentes, Lección 1. Leer 1 Tesalonicenses 2:7-12. Te apresuras a enseñar todo de una vez, o conviertes el crecimiento espiritual de la otra persona en una medida de tu propio logro

Pasaje principal: 1 Tesalonicenses 2:7-12

Para describir cómo acompañaba a otros, Pablo usó dos imágenes familiares: “como la que cría, que regala á sus hijos” y “como el padre á sus hijos”. Criar significa alimentar y acompañar el crecimiento; en la imagen del padre aparecen la exhortación, el consuelo y la instrucción. Ninguna de las dos consiste en volcar de una vez todo el conocimiento ni en convertir el crecimiento de la otra persona en un logro propio.

Introducción

Al acompañar a alguien que acaba de creer en el Señor es fácil desviarse de dos maneras.

Una es tener prisa por enseñar: métodos para leer la Biblia, normas de la iglesia, qué libros debe leer y qué defectos debe corregir, como si hubiera que explicarlo todo en un mes. La otra persona asiente, pero en su interior no logra recordarlo; después de varias ocasiones así, ya casi no se atreve a hacer preguntas.
La otra es tratar a esa persona como un logro propio: si asiste con constancia, nos alegramos; si retrocede, nos irritamos e incluso nos sentimos un poco avergonzados. A veces esa irritación nos invita a examinarnos: ¿he convertido sin darme cuenta el crecimiento de la otra persona en una medida de mis propios resultados?

En estos versículos de 1 Tesalonicenses 2, Pablo recuerda cómo trató a aquella iglesia.

Primero aparece la primera imagen: “Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos” (1 Tesalonicenses 2:7). De esta imagen de criar podemos extraer tres aplicaciones para el acompañamiento: ofrecer lo que la persona puede recibir ahora, estar dispuestos a invertir tiempo porque no se puede alimentar a alguien de una sola vez, y compartir con ella la vida real.

Después viene una frase de mucho peso:

Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos. (1 Tesalonicenses 2:8)

“No sólo… mas aun…”: hay que entregar el evangelio y también entregarse uno mismo. Acompañar a un nuevo creyente no es limitarse a transmitir contenido, sino compartir una parte del propio tiempo, las propias fuerzas y la propia vida. La razón aparece al final: “porque nos erais carísimos”.

Luego llega una observación muy práctica: “Porque ya, hermanos, os acordáis de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de día por no ser gravosos á ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios” (1 Tesalonicenses 2:9). Pablo trabajaba para sostenerse y, al mismo tiempo, predicaba el evangelio. Acompañar a alguien tiene un costo.

Después habla de su manera de vivir: “Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa y justa é irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creísteis” (1 Tesalonicenses 2:10). Una gran parte de lo que aprende un nuevo creyente la aprende mirando.

Por último aparece la segunda imagen: “Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de vosotros, como el padre á sus hijos” (1 Tesalonicenses 2:11). Al leer juntos los versículos 11-12, observa estas tres acciones: exhortar (impulsar a avanzar), consolar (sostener en la dificultad) e instruir solemnemente (decir con claridad lo importante). Las tres se complementan: animamos cuando corresponde, sostenemos cuando hace falta y también expresamos con claridad lo que es importante.

El propósito de todo ello está escrito en el versículo siguiente: “Y os protestábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó á su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2:12). La meta es la relación de esa persona con Dios, no su relación con nosotros.

En cuanto a “convertir el crecimiento de la otra persona en un logro propio”, Pablo resolvió la cuestión en otro pasaje:

Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento. (1 Corintios 3:6)

“Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento” (1 Corintios 3:7). Esta frase nos libra tanto del orgullo como de la ansiedad. Al final no controlamos la rapidez con que la persona crece. Todavía debemos examinarnos para ver si hemos sido fieles y apropiados, pero quien verdaderamente da el crecimiento es Dios.

Por eso, esta lección se concentra en tres cosas muy sencillas: darle lo que pueda recibir ahora, entregarnos también un poco y mantener juntas la exhortación, el consuelo y la instrucción. Después encomendamos el crecimiento a Dios.

Notas de estudio

1. Tres aplicaciones de la imagen de “criar”. Dar lo que la persona pueda recibir ahora, estar dispuestos a invertir tiempo y compartir con ella la vida real. (Son aplicaciones derivadas de la imagen, no tres significados propios de una sola palabra.)

2. “No sólo… mas aun…” (versículo 8). Hay que entregar el evangelio y también entregarse uno mismo.

3. “Porque nos erais carísimos”. No actuaba solo por responsabilidad; también los tesalonicenses habían llegado a ser muy amados por Pablo.

4. Trabajaba de noche y de día mientras predicaba el evangelio. Acompañar a alguien tiene un costo.

5. “Vosotros sois testigos, y Dios”. Una gran parte de lo que aprende un nuevo creyente la aprende mirando.

6. La imagen del padre contiene tres acciones. Exhortar, consolar e instruir: las tres se complementan. Animamos cuando corresponde, sostenemos cuando hace falta y también expresamos con claridad lo importante.

7. La meta aparece en el versículo 12. Que anden como es digno de Dios: se trata de su relación con Dios, no de su relación con nosotros.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.

Dinámica inicial: cuando acababas de creer en el Señor (o acababas de llegar a la iglesia), ¿qué era lo que más necesitabas? (Puede ser alguien que te acompañara, una comida o una persona a quien hacer preguntas; quienes vienen por primera vez también pueden decir qué necesitan ahora si quieren hacerlo, y pueden omitir la pregunta si prefieren no responder.)

Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad y escuchen sin dar por sentado cuál debe ser la respuesta. Puede tratarse de compañía, ayuda práctica, libertad para hacer preguntas o una enseñanza apropiada. Esta pregunta prepara el terreno para lo que sigue.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en 1 Tesalonicenses 2:7-12. Pablo dice que fueron blandos entre ellos como la que cría y cuida a sus hijos. Los amaban de tal manera que querían entregarles no solo el evangelio de Dios, sino también sus propias almas, porque les eran muy queridos. Los hermanos recordaban su trabajo y fatiga: trabajaban de noche y de día para no ser gravosos a ninguno mientras les predicaban el evangelio de Dios. Ellos y Dios eran testigos de cuán santa, justa e irreprensiblemente se habían conducido entre los creyentes. También sabían cómo Pablo y sus compañeros exhortaban, consolaban e instruían a cada uno, como un padre a sus hijos, para que anduvieran como es digno de Dios, quien los llamó a su reino y gloria. El pasaje relacionado está en 1 Corintios 3: Pablo plantó, Apolos regó, pero Dios dio el crecimiento; ni quien planta ni quien riega es algo, sino Dios, quien da el crecimiento. Hoy conversaremos sobre cómo acompañar a una persona que acaba de creer en el Señor.

Observación

1. Lean los versículos 7-8. ¿Cuál fue la primera imagen que usó Pablo? ¿Qué dos cosas estaba dispuesto a entregar?

Sugerencia para quien dirige: como la que cría y cuida a sus hijos. Las dos cosas eran el evangelio de Dios y sus propias almas. La razón era “porque nos erais carísimos”: no se debía solo a la responsabilidad, sino también a que habían llegado a ser personas muy amadas por Pablo.

2. Lean los versículos 9-10. ¿Cómo era la vida de Pablo en aquel momento? ¿De qué dijo que había testigos?

Sugerencia para quien dirige: trabajaba y se fatigaba de noche y de día para no ser gravoso a ninguno. Los tesalonicenses y Dios eran testigos de su conducta santa, justa e irreprensible entre ellos.

3. Lean los versículos 11-12 y después 1 Corintios 3:6-7. ¿Qué tres acciones aparecen en la imagen del padre? ¿Cuál era la meta? Según 1 Corintios 3, ¿quién da el crecimiento?

Sugerencia para quien dirige: exhortar, consolar e instruir. La meta era que anduvieran como es digno de Dios. Según 1 Corintios 3, solo Dios da el crecimiento.

Interpretación

4. ¿Qué nos enseña la imagen de criar acerca de la prisa por terminar de enseñar todo el conocimiento?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. Las tres dimensiones de criar son dar lo que la persona puede recibir ahora, invertir tiempo y estar presente en su vida. Pueden preguntar: cuando acompañamos a alguien, ¿damos según lo que esa persona puede asimilar o según lo que nosotros queremos explicar?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Exhortar, consolar e instruir: ¿cuál de estas acciones suele faltar más en tu acompañamiento?

Sugerencia para quien dirige: exhortar sin nada más puede aplastar a la persona; instruir sin nada más puede convertirse en un sermón; consolar sin nada más puede dejar sin decir lo que debe decirse. Quienes quieran pueden contar hacia qué lado suelen inclinarse, sin que todos tengan que confesar un error.

6. “Dios ha dado el crecimiento”: ¿cómo combate esta frase al mismo tiempo el orgullo y la ansiedad?

Sugerencia para quien dirige: si la persona crece bien, no es mérito nuestro; si crece despacio, tampoco significa que seamos incapaces. Pueden seguir preguntando: cuando la otra persona retrocede, ¿sentimos cierta “vergüenza”? ¿Qué revela eso?

Aplicación

7. A la persona que acompañas ahora (o acompañaste en el pasado), ¿qué es lo que sueles ofrecerle con más frecuencia? (Sin decir su nombre; quienes vienen por primera vez también pueden contar cómo los acompaña otra persona.)

Sugerencia para quien dirige: quienes quieran pueden decir una o dos frases y los demás no deben evaluarlas. Quien dirige puede empezar dando su propio ejemplo, especialmente si puede hablar con sinceridad sobre la tendencia a tratar a la persona como un logro propio.

8. Respetando la voluntad de la otra persona y cuidando también tus propios límites, ¿qué pequeña acción concreta estás dispuesto a hacer por ella esta semana?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: comer juntos una vez, acompañarla a una reunión, acordar un momento fijo de la semana para hablar por teléfono o enseñarle algo pequeño que pueda usar ahora. Pregúntale primero si está de acuerdo. La lista de acciones que sigue retoma esta idea.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona que lea despacio 1 Tesalonicenses 2:7-8 y 11-12, y guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar interiormente en alguien a quien está acompañando o acompañará. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases y encomendar esa persona a Dios. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede interceder por los hermanos y las hermanas del grupo que están acompañando a otros. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, Pablo trató a los hermanos de Tesalónica como una madre que cría a sus hijos y, como un padre, los exhortó, consoló e instruyó. Reconocemos que cuando acompañamos a otros solemos tener prisa por terminar de hablar y que muchas veces contamos el crecimiento de la otra persona como una puntuación propia. Danos mansedumbre para ofrecerle lo que pueda recibir ahora; haz que no solo compartamos enseñanza, sino que también estemos dispuestos a entregar nuestro tiempo y nuestras fuerzas. Ni quien planta ni quien riega es algo; solo Tú das el crecimiento. Ayúdanos a descansar y a encomendar esa persona en Tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “Conocer el amor inquebrantable del Padre” (Romanos 8:31-39), o la lección “De recibir acompañamiento a acompañar a otros” (Hechos 18:24-28).

Guía para quien dirige