Responder con amabilidad y atreverse a decir “no lo sé” · Grupos pequeños

Aprender a compartir el evangelio, Lección 5. Leer 1 Pedro 3:13-17. El miedo a no saber responder te impide hablar, o convierte la respuesta en un intento de ganar una discusión

Pasaje principal: 1 Pedro 3:13-17

Pedro dice que debemos estar “siempre aparejados”, y también dice cómo debemos responder a cada uno: “con mansedumbre y reverencia”. Prepararse no es prepararse para ganar, y no saber responder tampoco es fracasar. Decir “no lo sé; voy a investigarlo y después te cuento” es mucho más sincero y poderoso que fingir una respuesta.

Introducción

Muchas veces hay una sola razón por la que no nos atrevemos a hablar: tenemos miedo de que nos hagan una pregunta que no sepamos contestar. La teoría de la evolución, el sufrimiento, otras religiones, los escándalos de la iglesia, la oposición de la familia... Basta con que la otra persona haga una pregunta más para que empecemos a sentir inseguridad. Entonces solemos tomar una de dos salidas: callarnos por completo o convertir la conversación en un debate que tenemos que ganar.

Estos versículos de 1 Pedro 3 tratan este asunto con gran equilibrio.

Veamos primero el contexto. Pedro escribe a personas que están sufriendo: “Mas también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados” (1 Pedro 3:14). Estos versículos no fueron escritos para participantes en un torneo de debate, sino para personas que se encontraban en una situación desfavorable.

Después viene lo primero y más importante:

Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones. (1 Pedro 3:15)

Esta frase aparece antes de “estad siempre aparejados”. Cuando primero damos a Cristo el lugar que le corresponde en nuestro corazón, nuestro temor tiene adónde ir. Muchas veces, debajo del miedo a no saber contestar está el miedo a quedar mal; pero santificar a Cristo como Señor aparta el centro de la conversación de nosotros mismos.

Solo entonces se habla de la preparación: “estad siempre aparejados para responder [...] á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Observemos tres cosas. Primero, alguien pregunta: Pedro está hablando aquí de cómo responder cuando alguien pregunta; esto no excluye que demos testimonio por iniciativa propia en el momento apropiado. Segundo, preguntan por “la esperanza que hay en vosotros”: la pregunta puede nacer de la curiosidad, la perplejidad, una objeción o incluso la presión; con frecuencia, nuestra manera de vivir es lo que despierta la pregunta. Tercero, estar “siempre aparejados” exige una preparación real. Esta frase nos impide cubrir la falta de preparación con palabras espirituales. Podemos empezar por una de las preguntas que encontramos con más frecuencia y aprender a responderla con sinceridad.

Miremos ahora la actitud: “con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15). Mansedumbre: no tratamos de demostrar que tenemos razón aplastando a la otra persona. Reverencia: actuamos con cuidado delante de Dios y tratamos con el debido respeto a quien pregunta. “Responder [...] á cada uno”: debemos estar preparados para responder a cualquiera y recordar que tenemos delante a una persona concreta. Después viene otra frase: “Teniendo buena conciencia” (1 Pedro 3:16). Además de la respuesta, está la vida. Si alguien habla de manera impecable pero su vida no se sostiene, sus palabras no tendrán peso.

Entonces, ¿qué hacemos cuando no sabemos responder?

Veamos a Pablo ante el rey Agripa. Festo lo interrumpió delante de todos: “Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco” (Hechos 26:24). Pablo respondió sin perder la serenidad: “No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza” (Hechos 26:25). No respondió con insultos ni retrocedió. El rey Agripa dijo: “Por poco me persuades á ser Cristiano” (Hechos 26:28). El texto no explica con qué tono lo dijo. La respuesta de Pablo es la frase más conmovedora del pasaje:

¡Pluguiese á Dios que por poco ó por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones! (Hechos 26:29)

No ganó la conversación; expresó su deseo. Después de ser interrumpido y recibir aquella respuesta, pidió a Dios que todos los que lo escuchaban recibieran lo que él había recibido, y eso es lo que brota de la mansedumbre y la reverencia.

Entonces, ¿cómo decimos “no lo sé”? Tal como es: “No sé responder a esa pregunta. Voy a investigarla y la próxima vez te cuento”. Después, investígala de verdad y vuelve para responder. Esto tiene mucha más fuerza que improvisar una respuesta, porque comunica dos cosas a la vez: respeto tu pregunta y no pienso engañarte.

Hay que dejar algo claro: atreverse a decir “no lo sé” no significa renunciar a prepararse. Las cuestiones centrales —el contenido del evangelio, por qué creemos y las evidencias de la resurrección— se pueden y se deben preparar. Admitimos que no sabemos aquello que de verdad todavía no hemos comprendido.

Así que la conclusión de esta lección es esta: descansa primero tu corazón en Cristo, prepárate en serio para algunas preguntas frecuentes y responde con mansedumbre; cuando no sepas, dilo con sinceridad y ve a investigarlo.

Notas de estudio

1. Los destinatarios estaban sufriendo. Estos versículos no fueron escritos para participantes en un torneo de debate, sino para personas que se encontraban en una situación desfavorable.

2. “Santificad al Señor Dios en vuestros corazones” aparece primero. Cuando damos a Cristo el lugar que le corresponde, nuestro temor tiene adónde ir.

3. “Cada uno que os demande”. El versículo habla primero de cómo responder cuando alguien pregunta; no excluye que demos testimonio por iniciativa propia en el momento apropiado.

4. Preguntan por “la esperanza que hay en vosotros”. La otra persona puede sentir curiosidad por nuestra esperanza o cuestionarla en medio de la presión. En ambos casos debemos estar preparados para explicar en quién esperamos y por qué seguimos teniendo esperanza.

5. Estar “siempre aparejados” exige una preparación real. No cubramos la falta de preparación con palabras espirituales; podemos empezar por una pregunta que encontramos con frecuencia.

6. La actitud tiene tres dimensiones. Mansedumbre: no demostramos que tenemos razón aplastando a la otra persona. Reverencia: actuamos con cuidado delante de Dios y respetamos a quien pregunta. “Responder [...] á cada uno”: estamos preparados para responder a cualquiera y tenemos delante a una persona concreta.

7. “Teniendo buena conciencia”. Además de la respuesta, está la vida; por muy buenas que sean nuestras palabras, si nuestra vida no se sostiene, no tendrán peso.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.

Dinámica inicial: ¿alguna vez te hicieron una pregunta que no supiste contestar? ¿Cómo terminaste la conversación? (Puede haber ocurrido en el trabajo, en casa o con la pregunta de un niño; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)

Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad; probablemente habrá risas. Muchas personas descubrirán que las veces en que fingieron saber la respuesta acabaron siendo más incómodas. Esta pregunta prepara el terreno para lo que viene después.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en 1 Pedro 3:13-17. Pedro dice: ¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados; sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo mal. El pasaje relacionado está en Hechos 26. Festo dijo a Pablo: Estás loco, Pablo. Pablo respondió: No estoy loco, sino que hablo palabras de verdad y de templanza. Agripa dijo: Por poco me persuades á ser Cristiano. Pablo respondió: ¡Pluguiese á Dios que por poco ó por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones! Hoy conversaremos sobre cómo responder cuando nos hacen preguntas.

Observación

1. Lean los versículos 13-14. ¿En qué situación se encontraban los destinatarios de Pedro? ¿Qué les dijo que no hicieran?

Sugerencia para quien dirige: estaban sufriendo por hacer el bien. No debían temer ni turbarse. El contexto de estos versículos no es una situación cómoda.

2. Lean el versículo 15. ¿Qué frase aparece antes de “estad siempre aparejados”? ¿Qué dimensiones tiene la actitud al responder?

Sugerencia para quien dirige: “santificad al Señor Dios en vuestros corazones”. La actitud incluye mansedumbre, reverencia y responder “á cada uno”. Observen también que alguien les pregunta.

3. Lean los versículos 16-17 y después Hechos 26:24-29. Además de una respuesta, ¿qué deben tener? ¿Cómo respondió Pablo cuando se burlaron de él?

Sugerencia para quien dirige: una buena conciencia. Pablo dijo: “No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza”. Después de la respuesta de Agripa, pidió a Dios que todos los que lo escuchaban llegaran a ser como él, excepto por las cadenas.

Interpretación

4. ¿Por qué “santificad al Señor Dios en vuestros corazones” aparece antes de “estad siempre aparejados”?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. Muchas veces, debajo del miedo a no saber contestar está el miedo a quedar mal. Cuando Cristo ocupa el centro, la conversación ya no sirve para proteger nuestra imagen. Pueden preguntar: ¿preparamos respuestas para ganar o para explicar la verdad con claridad?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Pedro dice que otros preguntarán por la esperanza que hay en nosotros. En situaciones de presión o cuestionamiento, ¿cómo puede surgir una pregunta así? ¿Qué debemos estar preparados para explicar?

Sugerencia para quien dirige: la pregunta puede nacer de la curiosidad, un malentendido o la presión. Lo importante es estar preparados para explicar que nuestra esperanza está en Cristo y responder con mansedumbre y reverencia. También pueden conversar sobre esto: ¿hay ahora en nuestra vida algo que lleve a otros a preguntar?

6. Cuando Festo lo interrumpió y Agripa respondió, ¿cómo evitó Pablo tanto retroceder como contraatacar? ¿Qué clase de corazón revela su última frase?

Sugerencia para quien dirige: expresó su deseo de que Dios permitiera que todos los que lo escuchaban recibieran lo que él había recibido, excepto sus cadenas. Eso es lo que brota de la mansedumbre y la reverencia.

Aplicación

7. ¿Cuál es la pregunta que más temes que te hagan? (Puede ser sobre el sufrimiento, la ciencia, otras religiones o los problemas de la iglesia. Si una persona que viene por primera vez quiere hacerlo, puede plantear una pregunta que realmente tenga; también puede decidir no compartirla.)

Sugerencia para quien dirige: reúnan las preguntas sin intentar responderlas todas en el momento. Quien dirige puede dar ejemplo diciendo: “No sé responder a esto. Voy a investigarlo y la próxima vez te cuento”. No olviden traer de verdad la respuesta la próxima vez.

8. ¿Para cuál de estas preguntas quieres prepararte un poco esta semana?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor. Pueden leer un artículo, preguntar a un pastor o escribir su respuesta en tres frases. La lista de acciones que viene a continuación retoma estas ideas.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona que lea despacio 1 Pedro 3:15-16 y guarden dos minutos de silencio. Cada persona puede entregar al Señor la pregunta que más teme que le hagan. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases, y también pueden orar por alguien que cuestione con frecuencia su fe. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede pedir mansedumbre y sinceridad para todos. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, nos mandas santificarte en nuestro corazón y estar siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros. Reconocemos que muchas veces tememos no saber contestar y quedar mal, y por eso callamos o nos apresuramos a ganar. Afirma nuestro corazón en Ti. Danos disposición para prepararnos y sinceridad para reconocer lo que no sabemos. Cuando se burlaron de Pablo, su deseo fue que quienes lo escuchaban recibieran lo que él había recibido; danos también ese corazón. En el nombre de Jesús, amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “Comenzar por la creación” (Hechos 14:8-18), o la lección “Evangelizar es un proceso: remover la tierra y después sembrar” (1 Corintios 3:1-9).

Guía para quien dirige