Aprender a compartir el evangelio, Lección 4. Leer Marcos 5:1-20. Piensas que un testimonio tiene que ser dramático para tener fuerza; una experiencia sencilla de llegar a la fe no parece digna de contar
Pasaje principal: Marcos 5:1-20
Jesús no permitió que el hombre sanado lo acompañara, sino que le encargó: “Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. El contenido del testimonio no es “qué dramática ha sido mi vida”, sino qué hizo el Señor y cómo tuvo misericordia de ti; incluso una experiencia sencilla puede contarse con estas palabras.
Cuando en un grupo se invita a alguien a compartir su testimonio, muchas veces se hace el silencio. Casi todos piensan algo parecido: mi experiencia es demasiado sencilla. No estuve al borde de la muerte ni pasé de ser una persona terrible a ser ejemplar; alguien de mi familia creía, empecé a ir a la iglesia y poco a poco llegué a creer. Después de escuchar varios “grandes testimonios”, una historia así parece poco digna de contar.
La historia del hombre de Marcos 5 pertenece precisamente al grupo de las más dramáticas. Veamos primero cómo era su situación: “Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar” (Marcos 5:3). “Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras” (Marcos 5:5). Las cadenas no podían sujetarlo y nadie podía dominarlo; el texto nos permite ver lo terrible de su situación.
Jesús le hizo una pregunta: “¿Cómo te llamas?” (Marcos 5:9). La respuesta revela que eran muchos los espíritus inmundos que lo dominaban; el texto no explica por qué Jesús hizo esa pregunta. Lo que sucede después está claro: Jesús venció a los espíritus inmundos y devolvió a este hombre la calma y el juicio.
Lo siguiente ocurre con rapidez: los espíritus salieron y entraron en los cerdos, y la manada se precipitó por el despeñadero y se ahogó. Cuando la gente llegó, vio esto:
Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. (Marcos 5:15)
“Sentado y vestido, y en su juicio cabal”: tres expresiones muy corrientes que, sin embargo, muestran todo el peso de lo ocurrido. La frase siguiente duele: “Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos” (Marcos 5:17). El texto no explica por qué se lo pidieron; el hecho que registra es este: el hombre estaba bien, pero ellos querían que Jesús se marchara.
Entonces llegamos al verdadero centro de esta lección. El hombre suplicó estar con Jesús; el texto no explica por qué lo pidió.
Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. (Marcos 5:19)
Observa las tres partes del encargo de Jesús.
Primero, adónde ir: a casa, a los suyos. No a un púlpito ni a una ciudad desconocida. Muchas veces, el lugar más difícil para hablar es la propia casa, porque allí conocen cómo éramos antes. Segundo, qué contar: cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de ti. El sujeto es “el Señor”. Lo central en el testimonio no es lo accidentada que haya sido nuestra experiencia, sino lo que hizo el Señor. Tercero, cómo hacerlo: “cuéntales”. No exige una técnica; sencillamente, hay que contarlo.
El último versículo dice: “Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban” (Marcos 5:20). Observa cómo Marcos une las dos frases: Jesús habla de “cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo”, y el hombre proclama “cuán grandes cosas Jesús había hecho con él”.
Volvamos a la pregunta inicial: ¿vale la pena contar una experiencia sencilla? Según las palabras de Jesús, el testimonio contiene dos cosas: “lo que el Señor hizo” y “cómo tuvo misericordia de ti”. Estas dos realidades forman parte de la vida de todo verdadero creyente. Aunque tu historia haya sido tranquila, puedes decir con sinceridad cómo Cristo te salvó, cómo te sostuvo por medio de la Biblia y la iglesia, y cómo su misericordia se ha mostrado en los pequeños detalles cotidianos. No hace falta imaginar en qué desgracias habrías caído.
También hay que aclarar dos cosas. Primero, no adornes la historia para que suene mejor. Exagerar detalles o hacer que tu pasado parezca peor perjudica el testimonio; somos testigos, no artistas en un espectáculo. Segundo, no hace falta exponer tus heridas. Jesús pone el énfasis en lo que el Señor hizo y en su misericordia. Por eso, dar testimonio no exige contar todos los detalles dolorosos ni mostrar a los demás las heridas más profundas.
Así que la conclusión de esta lección es esta: explica en tres o cinco frases qué hizo él por ti y cómo tuvo misericordia de ti. En esta ocasión Jesús envió al hombre a casa, a los suyos. Nosotros podemos empezar con las personas que Dios ya ha puesto a nuestro lado y con quienes sea apropiado y seguro compartir; si la relación familiar es segura y adecuada, la familia también está incluida.
1. Era un hombre a quien todos los intentos humanos habían dado por perdido. Las cadenas no podían sujetarlo y nadie podía dominarlo. Este detalle da peso al cambio que sigue.
2. Jesús pregunta: “¿Cómo te llamas?”. La respuesta revela que eran muchos los espíritus inmundos que lo dominaban; el texto no explica por qué Jesús hizo esa pregunta.
3. “Sentado y vestido, y en su juicio cabal”. Tres expresiones muy corrientes que muestran el resultado de todo lo ocurrido.
4. La gente pidió a Jesús que se marchara (versículo 17). El texto no explica la razón; solo registra este hecho: el hombre estaba bien, pero ellos querían que Jesús se fuera.
5. Jesús no le permitió acompañarlo. El texto no explica por qué el hombre pidió estar con él ni por qué Jesús dispuso las cosas así; lo que sí registra es que el Señor lo envió de vuelta para dar testimonio.
6. El contenido del testimonio está definido. “Cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”: el sujeto es el Señor.
7. Marcos une dos frases. Jesús dice “cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo”; el hombre proclama “cuán grandes cosas Jesús había hecho con él”.
Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.
Dinámica inicial: ¿Qué historia recuerdas especialmente? ¿Quién la contó y por qué se te quedó grabada? (No tiene que ser una historia de fe; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad. La mayoría recordará la sinceridad de quien habló, más que su técnica. Esta pregunta prepara el terreno para lo que viene después.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Marcos 5:1-20. Llegaron a la provincia de los Gadarenos y, al salir Jesús del barco, un hombre con un espíritu inmundo salió de los sepulcros a su encuentro. Vivía en los sepulcros y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Al ver de lejos a Jesús, corrió y lo adoró. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Él respondió: Legión me llamo, porque somos muchos. Los espíritus inmundos rogaron a Jesús que los enviara a los cerdos; Jesús lo permitió, y la manada se precipitó por un despeñadero al mar y se ahogó. Los que cuidaban los cerdos huyeron y avisaron en la ciudad y en los campos. La gente llegó y vio al hombre que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal, y tuvo miedo. Entonces comenzaron a rogar a Jesús que se marchara de sus términos. Cuando Jesús entraba en el barco, el hombre le rogó estar con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Él se fue y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él, y todos se maravillaban. Hoy conversaremos sobre cómo contar nuestra propia historia.
1. Lean los versículos 1-5. ¿Cómo describe el texto la situación anterior de este hombre?
Sugerencia para quien dirige: vivía en los sepulcros, nadie podía sujetarlo, rompía las cadenas, desmenuzaba los grillos y daba voces de día y de noche. Lean estos detalles con sobriedad; no hace falta dramatizarlos.
2. Lean los versículos 6-15. ¿Qué le preguntó Jesús? ¿En qué estado lo vio después la gente?
Sugerencia para quien dirige: Jesús preguntó: “¿Cómo te llamas?”. La gente lo vio sentado, vestido y en su juicio cabal. Inviten al grupo a prestar atención a estas tres expresiones tan corrientes.
3. Lean los versículos 16-20. ¿Qué pidió la gente a Jesús? ¿Qué pidió el hombre? ¿Qué tarea le encargó Jesús?
Sugerencia para quien dirige: la gente rogó a Jesús que se marchara de sus términos; el texto no explica la razón. El hombre pidió estar con Jesús. Jesús lo envió a casa, a los suyos, para contarles cuán grandes cosas el Señor había hecho con él y cómo había tenido misericordia de él.
4. Jesús definió el contenido del testimonio: “cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. Según este criterio, ¿basta una experiencia sencilla para tener algo que contar?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. Todo verdadero creyente tiene estas dos cosas. Que Dios haya guardado a una persona de caer en ciertos pozos también es misericordia. No significa que no haya historia, sino que es otra clase de historia.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Jesús no permitió que el hombre lo acompañara. ¿Qué misión le dio en cambio? ¿Dónde pone esta misión el centro del testimonio?
Sugerencia para quien dirige: el centro está en “cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. El texto no explica por qué Jesús dispuso las cosas así; no le atribuyan un motivo que el texto no da.
6. “Lo que el Señor hizo contigo”: ¿qué ocurre si cambiamos el sujeto del testimonio y lo ponemos en nosotros mismos?
Sugerencia para quien dirige: se convierte en una historia de superación, y al terminar la gente solo recuerda lo extraordinaria que es esa persona. Si el sujeto es el Señor, lo que las personas oyen es el evangelio.
7. En tres o cinco frases, cuenta qué hizo el Señor por ti y cómo tuvo misericordia de ti. (Háganlo por parejas y cuéntenselo mutuamente una vez; quienes vienen por primera vez pueden limitarse a escuchar.)
Sugerencia para quien dirige: antes de empezar, di dos cosas: no hace falta adornar la historia ni hacerla dramática; tampoco hace falta exponer la parte más dolorosa. Jesús envió al hombre a contar lo que el Señor había hecho, no los detalles de su vida entre los sepulcros. Al terminar, basta con darse las gracias mutuamente.
8. ¿A quién te gustaría contarle estas frases esta semana?
Sugerencia para quien dirige: empiecen con las personas que Dios ya ha puesto a su lado y con quienes sea seguro y apropiado compartir. Pueden ser padres, cónyuge, hijos o antiguos compañeros; no tiene que ser un familiar. La lista de acciones que viene a continuación retoma esta idea.
Pidan a una persona que lea despacio Marcos 5:19-20 y guarden dos minutos de silencio. Cada persona puede recordar en su interior una cosa que el Señor haya hecho por ella. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases y darle gracias por ello. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede orar para que cada persona del grupo tenga la oportunidad de contar su historia. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, libraste del dominio de los espíritus inmundos a aquel hombre a quien nadie podía dominar, y lo dejaste sentado, vestido y en su juicio cabal. No permitiste que Te acompañara, sino que lo enviaste a casa para contar a los suyos las grandes cosas que habías hecho por él y cómo habías tenido misericordia de él. Reconocemos que muchas veces consideramos nuestra experiencia demasiado sencilla y nos avergüenza hablar. Ayúdanos a ver lo que has hecho en nosotros y a reconocer Tu misericordia. Danos la oportunidad de empezar por casa y contarlo con sinceridad. En Tu nombre, amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.
Pueden elegir la lección “Responder con amabilidad y atreverse a decir ‘no lo sé’” (1 Pedro 3:13-17), o la lección “Escuchar primero lo que piensa la otra persona” (Marcos 10:46-52).