Aprender a compartir el evangelio, Lección 8. Leer Romanos 5:6-11. El evangelio se reduce a “cree y tendrás paz” o a unas frases memorizadas; quien escucha no ve qué relación tiene con él y con Dios
Pasaje principal: Romanos 5:6-11
Pablo dice: “Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. La raíz del alejamiento del ser humano de Dios está en que dejó de confiar en su bondad; la cruz es la respuesta de Dios: ni siquiera perdonó a su propio Hijo. Explicamos con claridad la muerte y la resurrección de Cristo para que las personas vuelvan a confiar en este Padre celestial y se reconcilien con él.
Muchas personas quieren compartir el evangelio, pero al empezar a hablar solo les quedan dos maneras de hacerlo. Una consiste en hablar únicamente de beneficios: si crees, tendrás paz interior y tu vida mejorará un poco. La otra consiste en recitar una fórmula: el ser humano es pecador, Cristo murió en su lugar y quien cree recibe la salvación. Las frases están bien aprendidas, pero la otra persona no alcanza a ver qué tienen que ver con ella. La primera manera confunde los frutos del evangelio con el evangelio mismo; la segunda expresa el contenido correcto, pero no llega a hablar de la relación.
Volvamos al huerto de Edén. Lo que la serpiente insinuó al ser humano fue: Dios te está negando algo bueno. Cuando el ser humano creyó esa mentira, dejó de confiar en Dios y decidió por sí mismo qué era el bien y qué era el mal. Lo primero que se rompió entre el ser humano y Dios fue la confianza. Entonces, ¿cómo respondió Dios a esa mentira? Romanos 5 lo dice con claridad:
Porque Cristo, cuando aun éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:6-8)
Fíjate en cómo llama Pablo a “nosotros”: débiles y pecadores; unos versículos más adelante, “enemigos” (Romanos 5:10). Dios no esperó a que las personas mejoraran para amarlas; cuando todavía le daban la espalda, él fue el primero en mostrar su amor. Quizá alguien se atreva a morir por una persona buena; pero morir por quienes se oponen a uno es algo que solo Dios ha hecho así en Cristo.
En la misma carta Pablo dice algo que responde casi directamente a las palabras de la serpiente:
El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:32)
La serpiente dijo que Dios retenía cosas buenas; la cruz muestra que él entregó incluso a su propio Hijo. Un Padre que entregó a su propio Hijo jamás nos negará la gracia que necesitamos para ser salvos y reconciliarnos con él. Aquí es donde el evangelio reconstruye la confianza.
Pero hay que expresarlo con precisión: la cruz no es solo una demostración conmovedora. Pablo continúa: “Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). El pecado es real y la deuda del pecado también lo es; Cristo la cargó en nuestro lugar. 1 Corintios 15 coloca este hecho entre las verdades principales del evangelio:
Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados, conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras; (1 Corintios 15:3-4)
Hay que presentar juntas estas dos dimensiones; no podemos hablar solo de una. Si hablamos del amor sin hablar del precio, la cruz se convierte en una historia conmovedora; si hablamos del precio sin hablar del amor, la gente pensará que Dios perdonó de mala gana, porque se vio obligado. La realidad es que Dios nos ama y por eso pagó él mismo el precio. Tampoco fue el Padre quien obligó al Hijo a morir: “Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros” (Efesios 5:2); lo hizo voluntariamente.
También hay que hablar de la resurrección. Si Cristo no resucitó, todo esto no sería más que la tragedia de un hombre bueno. En 1 Corintios 15 Pablo enumera a los testigos de la resurrección y dice: “Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún” (1 Corintios 15:6). Esto se proclamó públicamente cuando muchos testigos todavía vivían y podían ser consultados. Romanos 5 también dice: “mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10). La resurrección muestra que se puede confiar en sus promesas y que esta reconciliación no es una transacción de una sola vez: el Señor vivo seguirá guardándonos.
Por último, Pablo señala la meta de todo esto:
Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. (Romanos 5:11)
La meta del evangelio no es solo quedar libres del castigo, sino reconciliarnos con Dios e incluso gloriarnos en él: volver a confiar en él, acercarnos a él y encontrar en él nuestro gozo. Hay que añadir algo más: nos convertimos en hijos de Dios al recibir a Cristo (Juan 1:12). El Padre celestial espera que las personas vuelvan a casa, pero es al recibir a Cristo como entramos de nuevo en esta relación de Padre e hijos.
Entonces, cuando hablemos con un amigo de la cruz y la resurrección, podemos seguir este orden:
Primero, preguntar por la confianza. ¿Cómo es el Dios que imaginas: severo, indiferente o simplemente ausente? Muchas personas están detenidas precisamente aquí. Segundo, hablar del amor revelado en la cruz. Cuando todavía éramos pecadores y enemigos, él entregó incluso a su Hijo por nosotros. Tercero, hablar del precio pagado en la cruz. El pecado es real y Cristo lo cargó en nuestro lugar. Cuarto, hablar de la resurrección. Él resucitó de verdad y sus promesas son dignas de confianza. Quinto, presentar la invitación a la reconciliación. Dios no quiere solamente que reconozcas tu pecado, sino que vuelvas a él y confíes de nuevo en él.
No hace falta decirlo todo de una vez, pero el centro no puede cambiar: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día.
Así que la conclusión de esta lección es esta: explicamos con claridad la cruz y la resurrección para que las personas vuelvan a confiar en el Padre celestial y se reconcilien con él. Nosotros también fuimos amados y encontrados de este modo; por eso no hablamos desde una posición de superioridad, sino como personas que han recibido gracia y le dicen a otra persona: puedes confiar en él.
1. “flacos”, “pecadores”, “enemigos”. El amor de Dios no esperó a que las personas mejoraran; vino primero cuando todavía le daban la espalda.
2. “Dios encarece su caridad para con nosotros”. Al principio, el ser humano dudó de la bondad de Dios; la cruz es la respuesta de Dios a esa duda.
3. “justificados en su sangre” y “salvos de la ira”. La cruz no es solo una demostración; la deuda del pecado es real y Cristo la cargó en nuestro lugar.
4. Hay que hablar juntos del amor y del precio. Si solo hablamos del amor, la cruz se convierte en una historia conmovedora; si solo hablamos del precio, la gente pensará que Dios actuó obligado.
5. “seremos salvos por su vida”. La resurrección muestra que sus promesas son dignas de confianza y que la reconciliación no es una transacción de una sola vez.
6. “nos gloriamos en Dios”. La meta del evangelio no es solo quedar libres del castigo, sino volver a confiar en él y hallar nuestro gozo en él.
7. El centro no puede cambiar. Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día (1 Corintios 15:3-4).
Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o haga daño a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, intentará hablar primero con la persona implicada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un menor, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional cualificado, la policía o los servicios médicos o de emergencia locales. Si hay peligro inmediato, se pedirá ayuda en el momento y no se dejará sola a la persona.
Dinámica inicial: ¿qué tendría que hacer alguien para que de verdad confiaras en esa persona? (Puede ser un familiar, un amigo o un compañero de trabajo; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: conversen con naturalidad. Es probable que aparezcan ideas como estas: estuvo presente en un momento difícil, estuvo dispuesto a pagar un precio por mí o cumplió su palabra. La pregunta prepara el terreno para lo que viene después.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Romanos 5:6-11. Pablo dice: Porque Cristo, cuando aun éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. El pasaje relacionado de 1 Corintios 15 dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados, conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras”. Romanos 8 dice: El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Hoy conversaremos sobre Explicar claramente el evangelio: la cruz y la resurrección.
1. Lean los versículos 6-8. ¿Por quién murió Cristo? ¿Qué palabras usa Pablo para describir nuestra condición de entonces?
Sugerencia para quien dirige: murió por los pecadores. Aparecen “flacos” y “pecadores”; al llegar al versículo 10, también “enemigos”. Pueden invitar al grupo a señalar estas palabras.
2. Lean los versículos 9-10. ¿Qué hizo por nosotros la muerte de Cristo?
Sugerencia para quien dirige: fuimos justificados en su sangre, salvos de la ira y reconciliados con Dios; el versículo 10 añade que “seremos salvos por su vida”.
3. Lean el versículo 11 y después Romanos 8:32. ¿Cuál es la meta de todo esto? ¿Qué entregó Dios por nosotros?
Sugerencia para quien dirige: por medio de Cristo nos gloriamos en Dios. Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.
4. Al principio, el ser humano se alejó de Dios porque dejó de confiar en su bondad. ¿Cómo responde la cruz a esa duda?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle tiempo. La serpiente dijo que Dios estaba reteniendo algo bueno; la cruz muestra que entregó incluso a su propio Hijo. Pueden preguntar: en tu propia historia, ¿qué te ayudó a volver a confiar en Dios?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) ¿Por qué hay que hablar juntos del amor y del precio? ¿Qué distorsión aparece si solo hablamos de uno de ellos?
Sugerencia para quien dirige: si solo hablamos del amor, la cruz se convierte en una historia conmovedora y el pecado parece no importar; si solo hablamos del precio, la gente pensará que Dios perdonó de mala gana, porque se vio obligado. La realidad es que Dios nos ama y por eso pagó él mismo el precio.
6. ¿Qué papel desempeña aquí la resurrección? Si Cristo no hubiera resucitado, ¿qué quedaría de esta “reconciliación”?
Sugerencia para quien dirige: la resurrección muestra que sus promesas son dignas de confianza. Muchos testigos mencionados en 1 Corintios 15 todavía vivían entonces. La frase “seremos salvos por su vida” muestra que el Señor vivo sigue guardándonos. Sin la resurrección, solo quedaría la tragedia de un hombre bueno.
7. Explica la cruz y la resurrección en tres o cuatro frases, incluyendo la idea de que “podemos confiar en Dios”. (Háganlo por parejas y explíquenselo mutuamente una vez; quienes vienen por primera vez pueden limitarse a escuchar.)
Sugerencia para quien dirige: deja claro al principio que no es un examen. Puedes ofrecer este esquema: el ser humano se alejó de Dios porque dejó de confiar en su bondad → cuando todavía éramos pecadores, Dios entregó incluso a su Hijo por nosotros → Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día → Dios nos invita a reconciliarnos con él. Al terminar, cada persona puede añadir algo a lo dicho por la otra.
8. Esta semana, ¿por quién quieres orar para que Dios le permita ver que puede confiar en él?
Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor. Escriban un nombre y oren por esa persona una vez al día. No pidan a nadie que se comprometa a hablarle del evangelio esta misma semana. La lista de acciones que sigue retoma esta idea.
Pidan a una persona que lea despacio Romanos 5:8 y después Romanos 8:32; guarden dos minutos de silencio. Cada persona puede agradecer a Dios en su interior que ya nos amó cuando todavía éramos pecadores. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases y pedir también que Dios abra una puerta con la persona cuyo nombre han escrito. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede orar para que los hermanos y hermanas del grupo sepan explicar con claridad la cruz y la resurrección. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos o de emergencia, la policía o una entidad de protección adecuada del lugar.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Padre celestial, cuando todavía éramos pecadores y enemigos Tuyos, Cristo murió por nosotros; así mostraste Tu amor hacia nosotros. No perdonaste a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por todos nosotros. Reconocemos que también nosotros hemos dudado de Tu bondad y hemos pensado que nos negabas algo. Gracias por respondernos mediante la cruz y por resucitar a Cristo de entre los muertos, reconciliándonos Contigo y haciendo que nos gocemos en Ti. Ayúdanos a explicar esto con claridad y permite que nuestros amigos vean que pueden confiar en Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te detuvo.
Pueden elegir la lección “El pecado: el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal” (Génesis 2:15-17; 3:1-13), o la lección “Invitar a un arrepentimiento verdadero y respetar su proceso” (Hechos 16:11-15).