Ámense unos a otros: vivir juntos en el cuerpo de Cristo, Lección 1. Leer Juan 13:31-35. Tratamos a la iglesia como un proveedor de contenidos: venimos cuando nos conviene y nos marchamos cuando deja de hacerlo
Pasaje principal: Juan 13:31-35
Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy”. Amarse unos a otros no era un mandamiento desconocido hasta entonces; su novedad se ve con especial claridad, al menos, en la medida que él establece: “como os he amado, que también os améis los unos á los otros”. Y lo dijo justo después de que saliera quien iba a traicionarlo.
Es muy natural ver la iglesia como un lugar que presta servicios: ¿son buenos los sermones?, ¿me gusta la música?, ¿hay algo adecuado para los niños?, ¿queda lejos?, ¿me conviene el horario? No está mal tener en cuenta estas cosas, pero esa perspectiva puede producir una consecuencia: en cuanto algo deja de convenirnos, buscamos otra iglesia. Cuando repetimos muchas veces ese cambio, se vuelve difícil que surjan relaciones verdaderas, porque siempre podemos marcharnos. Jesús pronunció las palabras de Juan 13 en aquella última noche. Primero debemos fijarnos en el contexto:
Entonces como él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. (Juan 13:31)
“él” es Judas. Quien iba a traicionar a Jesús acababa de salir. El mandamiento de amarse unos a otros fue dado en una noche en la que Jesús acababa de ser traicionado y sería arrestado pocas horas después.
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros. (Juan 13:34)
El Antiguo Testamento ya mandaba amar al prójimo como a uno mismo. La novedad de este mandamiento se ve con especial claridad, al menos, en su segunda mitad: “como os he amado”. ¿Cómo los había amado? Al comienzo de ese mismo capítulo, acababa de lavar los pies de sus discípulos, y Judas todavía estaba presente. Pocas horas después entregaría su vida por ellos. Por eso, la medida del mandamiento no consiste solo en amar al prójimo como a uno mismo, sino en amar como él nos amó. Además, él amó primero y después dio el mandamiento.
En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:35)
En este pasaje, Jesús presenta de manera particular el amor mutuo de los discípulos como la señal por la que todos podrán reconocerlos. “En esto conocerán todos”: es algo que pueden ver quienes están fuera. La manera en que un grupo se trata mutuamente resulta visible, y es difícil sostener durante mucho tiempo una mera apariencia. Romanos lo lleva a un terreno muy concreto:
Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros; (Romanos 12:10)
“previniéndoos con honra” significa adelantarse para honrar al otro, no competir por recibir honra. Muchas dificultades en la iglesia nacen precisamente de hacer lo contrario.
Esta lección nos invita, por tanto, a cambiar de identidad: pasar de ser usuarios de un servicio a ser partes del cuerpo. Cuando cambia la identidad, cambian también varias cosas. Si algo no encaja con nuestros gustos, el primer impulso ya no es solo marcharnos; también preguntamos: ¿qué puedo aportar yo? Ir a una reunión no es solo escuchar, sino también ver a las personas. No es normal que alguien lleve tres años sentado en una iglesia y nadie sepa que su familia atraviesa una crisis. También cambia el criterio con el que evaluamos: no preguntamos únicamente “¿he recibido algo hoy?”, sino “¿hay alguien que está un poco mejor hoy porque yo estuve aquí?”.
También debemos establecer varios límites. Comprometerse no significa permanecer en un lugar que hace daño. Si una iglesia tolera la manipulación espiritual, encubre abusos sexuales o silencia continuamente a quienes hacen preguntas, estamos ante un problema de seguridad y es correcto alejarse. Si un pastor o responsable está implicado, no devuelvan el asunto a la misma cadena de autoridad ni permitan que el grupo lo investigue por su cuenta. Primero protejan a la persona afectada y contacten a alguien u organismo externo capaz de intervenir. Si hay un posible delito o un peligro inmediato, avisen oportunamente a la policía y pidan ayuda. Quien ya ha sido herido por una iglesia no debe volver a ser presionado con esta lección. No le digan a nadie: “Lo que te falta es compromiso”. Algunas personas primero necesitan sanar; solo después podrán pensar en acercarse de nuevo. Este mandamiento también está dirigido a “nosotros”. Jesús dice “que os améis”; la primera persona que debe practicarlo soy yo, no es una vara para medir a los demás.
1. El “él” de “como él salió” es Judas. Este mandamiento fue dado en una noche en la que Jesús acababa de ser traicionado.
2. Lo “nuevo” no está en las palabras “os améis unos á otros”. El Antiguo Testamento ya mandaba amar al prójimo como a uno mismo.
3. La novedad de este mandamiento se ve con especial claridad, al menos, en “como os he amado”. En la primera parte del capítulo, Jesús acababa de lavar los pies de sus discípulos, y Judas todavía estaba presente.
4. Él amó primero y después dio el mandamiento. La medida fue dada antes de ser exigida.
5. En este pasaje, Jesús presenta de manera particular el amor mutuo como la señal visible por la que todos reconocerán a sus discípulos.
6. “En esto conocerán todos”: es algo que pueden ver quienes están fuera.
7. “previniéndoos con honra” es adelantarse para honrar al otro, no competir por recibir honra.
8. “Compromiso” no significa permanecer en un lugar que hace daño. La manipulación espiritual, el encubrimiento de abusos sexuales y el silenciamiento continuo de quienes preguntan son problemas de seguridad.
9. Este mandamiento está dirigido a “nosotros”; no es una vara para medir a los demás.
Primero, una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un riesgo inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En circunstancias normales, procurará hablar primero con la persona y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan ayudar de manera efectiva. Si se trata de un menor, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no es necesario obtener primero el consentimiento: según el caso, hay que contactar a un pastor, a profesionales acreditados, a la policía local, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.
Rompehielos: cuando visitas un lugar nuevo —un restaurante, un gimnasio o un grupo—, ¿cuánto tardas normalmente en decidir si volverás? ¿En qué basas la decisión? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder).
Sugerencia para quien dirige: formulen la pregunta con ligereza. La mayoría dirá que decide pronto, según la experiencia. No revelen todavía la conexión: ese suele ser también nuestro modo predeterminado de relacionarnos con una iglesia.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la preparación previa)
Esta lección se basa en Juan 13:31-35, durante la última cena, justo después de que Judas saliera. El texto dice: “Entonces como él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.” Después dijo a sus discípulos: “Hijitos, aun un poco estoy con vosotros.” Y añadió: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” El texto paralelo está en Romanos 12:10: “Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros;”. Hoy conversaremos sobre Ámense unos a otros: la señal del discípulo.
1. Lean el versículo 31. ¿Cuándo se pronunciaron estas palabras? ¿Quién es el “él” de “como él salió”?
Sugerencia para quien dirige: durante la última cena, justo después de que Judas se marchara. Las primeras palabras de Jesús fueron: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre”.
2. Lean el versículo 34. ¿Cuál es el contenido del mandamiento? ¿Cuál es la medida?
Sugerencia para quien dirige: amarse unos a otros. La medida es “como os he amado”. Pueden preguntar qué acababa de hacer Jesús en la primera parte del capítulo. Había lavado los pies de sus discípulos, y Judas todavía estaba presente.
3. Lean el versículo 35 y después Romanos 12:10. Según Jesús, ¿por qué señal reconocerán todos a sus discípulos? ¿Qué acción menciona Romanos?
Sugerencia para quien dirige: por el amor que tienen unos por otros. Romanos dice que se amen con afecto fraternal y se adelanten para honrarse unos a otros.
4. ¿Qué tiene de nuevo el “mandamiento nuevo”? El Antiguo Testamento ya mandaba amar al prójimo como a uno mismo.
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central; dedíquenle tiempo. Su novedad está, al menos, en la medida: “como os he amado”. Además, él amó primero y después dio el mandamiento: el lavamiento de los pies ocurrió antes de la orden. Pueden preguntar: si la medida cambia de “como a ti mismo” a “como él nos amó”, ¿qué diferencia concreta produce?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo). ¿Por qué destacó Jesús el amor mutuo como la señal por la que todos podrían reconocer a sus discípulos? ¿Cómo se hace visible este amor?
Sugerencia para quien dirige: es algo que pueden ver quienes están fuera y que, durante una convivencia prolongada, difícilmente puede mantenerse como una mera apariencia. Pueden preguntar: si una persona no creyente se sentara entre nosotros durante tres meses, ¿qué vería?
6. “previniéndoos con honra los unos á los otros”: ¿qué acción sería lo contrario?
Sugerencia para quien dirige: lo contrario es competir por recibir honra, disputar quién manda y preocuparse por si uno mismo es visto. Muchas dificultades en la iglesia nacen aquí. Recuerden al grupo que hable de sí mismo, no de los demás.
7. Recuerda una ocasión en la que te trataron bien en una iglesia o un grupo. ¿Quién hizo qué? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir una experiencia de cualquier otro grupo).
Sugerencia para quien dirige: la pregunta busca deliberadamente una experiencia positiva, porque esta lección puede convertirse con facilidad en una lista de quejas. Quien dirige debe responder primero. La mayoría mencionará gestos pequeños.
8. ¿Por quién, dentro del grupo o de la iglesia, estás dispuesto a hacer algo esta semana?
Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretar en algo pequeño: recordar el nombre de alguien, enviar un saludo, preguntar “¿cómo estás últimamente?” o fijarse en quien siempre se marcha primero. La lista de acciones sigue esta misma dirección.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Juan 13:34 y después Juan 13:35. Guarden dos minutos de silencio. Cada persona piensa interiormente en alguien del grupo. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quienes no deseen hablar pueden orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin tener que orar ni expresar una postura. Para terminar, quien dirige ora por el grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Por lo general, antes de hacer seguimiento se pide el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases indispensables. Cuando está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe un riesgo inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no es necesario obtener primero el consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios de emergencia, a la policía local o a los organismos de protección correspondientes.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, cuando diste este mandamiento, quien iba a traicionarte acababa de salir. Y Tú dijiste: como yo los he amado, ámense también unos a otros. Primero les lavaste los pies y después diste el mandamiento. Reconocemos que muchas veces tratamos a la iglesia como un servicio que escogemos: si nos conviene, venimos; si no, nos marchamos. Cambia nuestra identidad. Tú dices que todos reconocerán que somos Tus discípulos por el amor que tenemos unos por otros. Ten misericordia de nosotros, porque muchas veces eso no es lo que ven. Enséñanos a adelantarnos para honrar a los demás y a ver primero a las personas. Sana también a los hermanos y hermanas que han sido heridos en una iglesia; no permitas que nadie vuelva a presionarlos con este mandamiento. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para realizar esta semana. Basta con una; si ahora no puedes elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Comprometerse con una comunidad imperfecta” (Hebreos 10:19-25), o la lección “Cada persona trae su don para servir” (1 Pedro 4:7-11).