Dinero e inversiones, Lección 1. Leer 1 Crónicas 29:10-18. Cuando tenemos mucho dinero nos atribuimos todo el mérito; cuando escasea, sentimos que Dios nos ha tratado injustamente
Pasaje principal: 1 Crónicas 29:10-18
David preparó una enorme cantidad de materiales para construir el templo, y todo el pueblo dio generosamente. Sin embargo, en su oración ante la congregación dijo: “Porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos”. En aquel momento solemne, cuando el pueblo daba de buena voluntad y Salomón estaba a punto de recibir el reino, David preguntó: “¿Quién soy yo?”.
Nuestra actitud hacia el dinero suele oscilar entre dos extremos. Cuando todo va bien, pensamos: esto me lo he ganado; madrugué, trabajé hasta tarde, soporté años difíciles y tomé buenas decisiones. Cuando las cosas van mal, pensamos: ¿acaso Dios ha sido injusto conmigo? Otros tenían menos oportunidades y, sin embargo, viven mejor. Ambas formas de pensar parten de la misma premisa: el dinero es mío; la única diferencia es cuánto tengo.
Primera de Crónicas 29 narra uno de los últimos actos públicos de David. Había preparado abundantes materiales para el templo y había llamado a toda la nación a contribuir; el pueblo dio de buena voluntad. En ese momento, David dijo ante la congregación:
Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza. (1 Crónicas 29:11) Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas á todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas. (1 Crónicas 29:12)
Repite varias veces que todo es de Dios. No es una fórmula de cortesía, sino una declaración clara acerca de quién es el dueño. Hasta la capacidad de una persona para conseguir algo y fortalecerse proviene de Dios. Después llega la frase central del pasaje:
Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos. (1 Crónicas 29:14)
David pregunta quién es él precisamente en el momento solemne en que los dirigentes y el pueblo dan de buena voluntad y Salomón está a punto de recibir el reino, no cuando David atraviesa una desgracia. La frase “lo recibido de tu mano te damos” también aclara qué significa ofrendar: no añadimos algo que le falte a Dios, sino que le devolvemos una parte de lo que él nos ha dado. El versículo siguiente suele pasarse por alto:
Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no dan espera. (1 Crónicas 29:15)
Las palabras «extranjeros», «advenedizos» y «sombra» subrayan una misma realidad: nuestros días son breves y no poseemos de manera permanente y absoluta los bienes de este mundo. Podemos decir, por tanto, que lo que tenemos nos ha sido confiado temporalmente por Dios. Al final, David ora:
Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espontáneamente. (1 Crónicas 29:17) Jehová, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón á ti. (1 Crónicas 29:18)
Dios examina el corazón, no solo la cantidad. David pide que Dios conserve esa disposición, lo que muestra que incluso un corazón dispuesto a volverse hacia él necesita que él lo sostenga. El Salmo 24 resume todo esto en una sola frase:
DE Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. (Salmos 24:1)
La plenitud de la tierra incluye nuestra casa, nuestros ahorros y el dinero que recibimos por trabajar; los que habitan el mundo también nos incluyen a nosotros. Por eso esta lección propone un cambio de identidad: pasar de dueños a administradores. Cuando cambia la identidad, cambian nuestras reacciones en la abundancia y en la escasez. En tiempos de abundancia no atribuimos todo a nuestro propio mérito: quien administra el almacén de otro no se cree superior porque el almacén esté lleno. En la escasez o ante una injusticia, todavía podemos lamentarnos delante de Dios, buscar justicia y pedir ayuda concreta, mientras aprendemos a ver todo lo que poseemos como algo que él nos ha confiado. También cambia la pregunta al gastar. Ya no preguntamos solamente: «Es mi dinero, ¿cómo quiero gastarlo?», sino también: «Él me lo ha confiado, ¿cómo debo usarlo?».
Esta lección no dice que merezcas la dificultad que atraviesas. La Biblia nunca niega el dolor de la pobreza ni el daño de la injusticia; los profetas hablan muchas veces en defensa de los pobres. Decir que todo pertenece a Dios no justifica la injusticia. Tampoco nos llama a dejar de esforzarnos o de planificar: David mismo preparó una enorme cantidad de materiales. Reconocer que todo pertenece a Dios nos lleva a afrontar con más seriedad la pobreza y la injusticia, y a trabajar, planificar y ayudarnos mutuamente con mayor fidelidad. Dios no examina solamente las cifras, sino un corazón vuelto hacia él. En definitiva, la libertad del administrador no consiste en despreciar el dinero, sino en reconocer que tanto nuestra vida como todo lo que poseemos lo hemos recibido de Dios, y en aprender a usarlo fielmente y a sostenernos unos a otros, tanto en la abundancia como en la escasez.
1. En el versículo 11 se repite varias veces que todo es de Dios. Es una declaración clara acerca de quién es el dueño, no una cortesía.
2. “En tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas”: hasta la capacidad de lograr algo proviene de él.
3. David pregunta quién es él en el momento solemne en que el pueblo da de buena voluntad y Salomón está a punto de recibir el reino. No lo dice en medio de una desgracia.
4. “Lo recibido de tu mano te damos”: ofrendar no añade algo que le falte a Dios, sino que le devuelve una parte de lo que él dio.
5. «Extranjeros», «advenedizos» y «sombra» subrayan que nuestros días son breves. No poseemos de manera permanente y absoluta los bienes de este mundo; lo que tenemos nos ha sido confiado temporalmente por Dios.
6. Dios escudriña los corazones: no mira solamente la cantidad.
7. David pide que Dios conserve perpetuamente esa disposición. Incluso un corazón dispuesto a volverse hacia Dios necesita que Dios lo sostenga.
8. La plenitud de la tierra en Salmos 24:1 incluye nuestra casa, nuestros ahorros y el dinero que recibimos por trabajar; quienes habitan el mundo también nos incluyen a nosotros.
9. Cuando nuestra identidad cambia de «dueños» a «administradores», cambian nuestras reacciones tanto en la abundancia como en la escasez.
10. Decir que todo pertenece a Dios no justifica la injusticia. La Biblia habla muchas veces en defensa de los pobres.
Primero, un acuerdo (quien dirige lo lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si hay daño que está ocurriendo ahora, está en riesgo la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y compartirá solo la información necesaria con quienes puedan ayudar de manera concreta. Si está implicado un menor o alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales cualificados, a la policía o seguridad pública local, a emergencias o a los servicios médicos. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en ese momento y no dejar sola a la persona.
Para entrar en tema: ¿Hay algo que lleves muchos años usando, aunque en realidad no sea tuyo? (Puede ser prestado, proporcionado por tu trabajo o entregado por tu familia. Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: Pregúntalo con ligereza. Puedes añadir que, después de usar algo durante mucho tiempo, fácilmente empezamos a tratarlo como si fuera nuestro. La pregunta prepara el terreno para toda la lección.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aprox. 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección se basa en 1 Crónicas 29:10-18. David había preparado muchos materiales para construir el templo, y todo el pueblo había dado de buena voluntad. Ante la congregación bendijo a Jehová y declaró que la magnificencia, el poder, la gloria, la victoria y el honor eran suyos; todo lo que hay en los cielos y en la tierra le pertenece, y suyo es el reino. Las riquezas y la gloria están delante de él, y la grandeza y la fuerza de todas las cosas están en su mano. Después David preguntó quiénes eran él y su pueblo para poder ofrecer así, pues todo es de Dios y le daban lo recibido de su mano. Dijo que ellos eran extranjeros y advenedizos ante Dios, igual que sus padres, y que sus días sobre la tierra eran como una sombra. Al final oró reconociendo que Dios escudriña los corazones y que le agrada la rectitud, y pidió que conservara para siempre esa disposición en el corazón de su pueblo y lo dirigiera hacia él. El pasaje relacionado es Salmos 24:1: la tierra y su plenitud, el mundo y quienes lo habitan, pertenecen a Jehová. Hoy hablaremos sobre esta verdad: todo es de Dios.
1. Lee los versículos 11-12. ¿Qué cosas dice David que pertenecen a Dios? ¿Qué más proviene de él?
Sugerencia para quien dirige: La magnificencia, el poder, la gloria, la victoria, el honor, todo lo que hay en los cielos y en la tierra, y el reino. Las riquezas y la gloria están delante de él, y la grandeza y la fuerza de todas las cosas están en su mano.
2. Lee el versículo 14. ¿Qué pregunta David? ¿Cómo describe esta ofrenda?
Sugerencia para quien dirige: Pregunta quiénes son él y su pueblo para poder ofrecer así de buena voluntad. Dice que todo pertenece a Dios y que le dan lo recibido de su mano. Lo dice en el momento solemne en que el pueblo da voluntariamente.
3. Lee los versículos 15 y 17, y después Salmos 24:1. ¿Qué tres expresiones usa David para describirse a sí mismo y al pueblo? ¿Qué dice que examina Dios? Según el salmo, ¿qué pertenece a Jehová?
Sugerencia para quien dirige: Son extranjeros y advenedizos, y sus días sobre la tierra son como una sombra. Dios examina los corazones y le agrada la rectitud. El salmo dice que la tierra y su plenitud, el mundo y quienes lo habitan pertenecen a Jehová.
4. ¿Qué diferencia produce en la abundancia y en la escasez pasar de considerarnos «dueños» a vernos como «administradores»?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central; dedícale tiempo. En la abundancia no atribuimos todo a nuestro propio mérito: quien administra un almacén no se cree superior porque esté lleno. En la escasez o ante la injusticia todavía podemos lamentarnos delante de Dios, buscar justicia y pedir ayuda concreta. Añade que esto no niega el dolor de la dificultad ni obliga a nadie a callar una injusticia.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) David preguntó quién era él precisamente en el momento solemne en que el pueblo daba de buena voluntad. ¿Por qué es especialmente difícil decir algo así en un momento de éxito?
Sugerencia para quien dirige: Porque cuando logramos algo es muy fácil atribuirnos todo el mérito. Puedes preguntar: ¿cuál suele ser la primera frase que aparece en nuestro interior después de conseguir algo?
6. ¿Qué límites de nuestra vida muestran las expresiones «extranjeros», «advenedizos» y «sombra»? ¿Cómo puede esta conciencia influir en el uso de nuestros bienes sin llevarnos a desentendernos del mundo?
Sugerencia para quien dirige: Nuestros días son breves y no poseemos los bienes de manera permanente. Pueden conversar sobre cómo gasta una persona que sabe que es extranjera y advenediza.
7. Si consideraras el dinero que tienes como algo «confiado a mi cuidado», ¿qué cambiaría en tu manera de gastarlo? (Hablen de orientaciones, no de cifras. Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: Aclara aquí mismo que hoy no se hablará de cifras. Comparte primero tu propia respuesta. Orienta la conversación hacia preguntas como: ¿me detendría a pensar si este gasto es apropiado?, ¿reservaría algo para ayudar a quien lo necesita?
8. ¿En qué asunto estás dispuesto a practicar esta semana el corazón de un administrador?
Sugerencia para quien dirige: Busca acciones concretas: hacer una oración breve antes de un gasto; si la situación económica lo permite, ayudar a alguien con una pequeña cantidad que pueda darse sin dificultad; o anotar tres cosas por las que uno se esforzó, pero que sabe que no habría obtenido solamente por sí mismo. La lista de acciones que sigue desarrolla estas opciones.
Pide a una persona que lea despacio 1 Crónicas 29:14 y después Salmos 24:1. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual puede pensar en algo que considera «mío». Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; quienes vienen por primera vez pueden escuchar sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige ora por la actitud de cada persona hacia el dinero y por quienes atraviesan dificultades económicas. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de hacer seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anota en privado lo estrictamente necesario. Si está en riesgo un menor o alguien que no puede protegerse, o existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no se necesita obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a emergencias, a la policía o seguridad pública local, o al servicio de protección adecuado.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, David preguntó quién era él en el momento solemne en que el pueblo daba de buena voluntad. Dijo que todo es Tuyo y que Te damos lo recibido de Tu mano. Reconocemos que, cuando las cosas van bien, solemos pensar que todo lo hemos ganado nosotros. Cuando nos falta algo o sufrimos una injusticia, podemos lamentarnos ante Ti; ayúdanos también a recordar que nuestra vida y todo lo que poseemos lo hemos recibido de Ti. Tu Palabra dice que la tierra y su plenitud pertenecen a Jehová. Somos extranjeros, y nuestros días son como una sombra. Haz que, al gastar, recordemos que Tú nos has confiado estos bienes. Mira también a los hermanos y las hermanas que atraviesan dificultades económicas; provéeles Tú mismo y haznos instrumentos de ayuda. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; no pasa nada si ahora mismo no sabes cuál escoger.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, la próxima vez puedes contar cómo fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “La seguridad que el dinero no puede comprar” (Mateo 6:19-34) o “Dar con alegría y libertad” (2 Corintios 8:1-15).