Trabajo y llamamiento, Lección 2. Leer Eclesiastés 2:17-26. El trabajo se ha convertido en toda tu seguridad y tu valor; un despido o un descenso parecen negar por completo quién eres
Pasaje principal: Eclesiastés 2:17-26
El Predicador lo había conseguido todo, pero al mirar atrás dijo: “Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo”, porque tendría que dejar lo obtenido a otra persona, y “¿quién sabe si será sabio, ó necio?”. Sin embargo, no terminó en la desesperación: “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios”.
Cuando alguien pregunta “¿a qué te dedicas?”, el puesto que mencionamos suele ser también la definición que llevamos dentro de quiénes somos. Por eso un despido, un descenso de categoría, la jubilación o el fracaso de un negocio no solo golpean nuestros ingresos, sino también ese “quién soy”. La segunda mitad de Eclesiastés 2 presenta a una persona que había llegado a la cima del éxito y que, al volver la mirada sobre su vida, dijo:
Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. (Eclesiastés 2:17)
Quien habla acababa de enumerar sus logros: había edificado casas, plantado viñas, acumulado plata y oro, y tenido cantores y cantoras. Lo había logrado todo. Estas palabras salieron de alguien que poseía de todo. Su razón era muy concreta:
Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí. ¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. (Eclesiastés 2:18-19)
No tenía forma de saber a quién dejaría aquello por lo que había luchado toda la vida ni si esa persona lo echaría a perder. Por eso dijo: “Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría” (Eclesiastés 2:20). Y añadió:
Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. (Eclesiastés 2:23)
“Aun de noche su corazón no reposa”: estas palabras antiguas todavía suenan como si describieran la noche pasada. La Biblia conserva tal cual la desesperanza de su corazón; no la disimula.
Pero el Predicador no terminó allí. En el versículo siguiente, el tono cambia por completo:
No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios. (Eclesiastés 2:24)
No pasemos por alto este versículo. No está proponiendo rendirse y dejar de hacer nada, ni vivir solo para el placer del momento. Disfrutar de una buena comida y de algo bueno en el trabajo que tenemos entre manos es, en sí mismo, un regalo de Dios. Una comida tranquila, una jornada terminada y una noche de buen sueño son dones. Inmediatamente después dice: “al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo” (Eclesiastés 2:26).
Eclesiastés repite la expresión “debajo del sol”. Se refiere a la condición presente del ser humano, limitado y mortal; algunas interpretaciones también subrayan que el Predicador observa la vida desde la experiencia humana. Aquí no podemos conservar nada para siempre, de modo que todo es vanidad y se nos escapa de las manos. Sin embargo, el Predicador señala una y otra vez la salida: “la mano de Dios”. En esta lección queremos desmontar una ecuación: yo soy igual a mi puesto. El Predicador ya explicó por qué esa ecuación no se sostiene. Lo que conseguimos terminará en manos de otros y no podremos controlar lo que hagan con ello. Mientras trabajamos, pasamos los días preocupados y no descansamos ni de noche. Debajo del sol, nada puede retenerse para siempre. Él no ofrece una estrategia para volver a triunfar; nos llama a reconocer que los resultados no durarán y a recibir de la mano de Dios la porción buena que hoy podemos disfrutar. “Que su alma vea el bien de su trabajo” no significa esperar hasta el día del éxito. En medio del trabajo ya hay algo bueno que recibir: la comida de hoy, una pequeña tarea terminada hoy, la brisa en el camino de regreso a casa.
Esta lección no nos invita a dejar de esforzarnos. El Predicador mismo fue una persona sumamente laboriosa, y la Biblia nunca elogia la pereza. Lo que rechaza es apoyar el sentido de toda la vida en los resultados. El dolor de perder el empleo, sufrir un descenso o jubilarse es real. Por eso no usemos esta lección para decir a quien acaba de perder su trabajo: “no le des tanta importancia”. No es el momento de decirlo. El Nuevo Testamento completa la respuesta: un puesto no puede sostener nuestra identidad definitiva, pues nuestra vida “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Perder un puesto duele de verdad, pero no puede arrancarnos de Cristo. Por eso podemos recibir de la mano de Dios el trabajo y el alimento de hoy y, cuando perdamos el trabajo, seguir sabiendo a quién pertenecemos.
1. Quien habla no es una persona fracasada. En los párrafos anteriores acaba de contar que edificó casas, plantó huertos y acumuló plata y oro: lo había logrado todo.
2. “¿Y quién sabe si será sabio, ó necio?”: lucho toda la vida, pero ni siquiera sé a quién terminaré entregándoselo.
3. La desesperanza de su corazón queda registrada tal cual. La Biblia no borró estas palabras.
4. “Aun de noche su corazón no reposa”: estas palabras antiguas todavía parecen describir la noche pasada.
5. El tono cambia por completo en el versículo 24. No lo pasemos por alto.
6. “Que su alma vea el bien de su trabajo” no significa rendirse ni vivir para el placer del momento. Significa recibir, en el trabajo que tenemos entre manos, ese bien que existe ahora.
7. “Esto es de la mano de Dios”: una comida tranquila y una noche de buen sueño son regalos.
8. “Debajo del sol” se refiere a la condición presente del ser humano, limitado y mortal. Algunas interpretaciones también subrayan que el Predicador observa la vida desde la experiencia humana, pero no conviene equipararlo con “ignorar por completo a Dios”.
9. No ofrece una estrategia para volver a triunfar. Nos llama a reconocer que los resultados no durarán y a recibir de la mano de Dios la porción buena de hoy.
10. Esta lección no nos invita a dejar de esforzarnos. El Predicador mismo se esforzó muchísimo; lo que rechaza es apoyar el sentido de toda la vida en los resultados.
Primero, una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o si alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, procurará hablar primero con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Cuando se trate de un niño o de alguien que no puede protegerse, o cuando exista un peligro inmediato, no hará falta obtener primero su consentimiento: según el caso, se contactará con el pastor, un profesional acreditado, la seguridad pública o la policía local, los servicios de emergencia o un centro médico. Si el peligro es inmediato, se pide ayuda en el acto y no se deja sola a la persona.
Pregunta inicial: cuando alguien te pregunta “¿a qué te dedicas?”, ¿qué respondes? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: haz la pregunta con ligereza. La mayoría mencionará su puesto o empresa. No evalúes las respuestas ni reveles todavía el tema. Recoge algunas respuestas y continúa; al terminar la lección, la pregunta habrá adquirido otra dimensión.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aprox. 1 minuto, para quienes no se prepararon)
En esta lección leemos Eclesiastés 2:17-26. El Predicador dice: “Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu”. También aborreció todo el trabajo que había hecho debajo del sol, porque tendría que dejarlo a quien viniera después; y ¿quién sabía si sería sabio o necio? Esa persona se enseñorearía de todo aquello por lo que él se había afanado. Por eso volvió a desesperanzar su corazón acerca de todo su trabajo. También pregunta qué obtiene el ser humano de su trabajo y de la fatiga de su corazón. Todos sus días son dolores, sus trabajos molestias y, aun de noche, su corazón no reposa. Pero en el versículo 24 dice: “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios”. Al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo. Hoy conversaremos sobre esta verdad: tu puesto no define quién eres.
1. Lee los versículos 17-19. ¿Qué aborrecía el Predicador? ¿Qué razón dio?
Sugerencia para quien dirige: aborrecía la vida y todo su trabajo. La razón era que tendría que dejar lo obtenido a quien viniera después, y no sabía si esa persona sería sabia o necia. Puedes añadir que quien dijo esto lo había logrado todo.
2. Lee los versículos 22-23. ¿Qué dice que obtiene el ser humano de su trabajo? ¿Qué tres frases usa para describir su situación?
Sugerencia para quien dirige: pregunta qué obtiene, es decir, si realmente obtiene algo. Las tres frases son: todos sus días son dolores, sus trabajos molestias y, aun de noche, su corazón no reposa.
3. Lee los versículos 24 y 26. Según el versículo 24, ¿qué es lo mejor que puede hacer el ser humano? ¿De la mano de quién viene? Según el versículo 26, ¿qué da Dios y a quién?
Sugerencia para quien dirige: que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. Esto viene de la mano de Dios. Al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo. Asegúrate de hacer esta pregunta; no se detengan en el párrafo de la desesperación.
4. Quien dijo estas palabras poseía de todo. ¿Qué nos enseña ese hecho?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central; dedíquenle suficiente tiempo. Nos enseña que alguien ya recorrió hasta el final el camino de “cuando tenga lo suficiente, ya no sentiré vacío”, y al llegar dijo que todo era vanidad y aflicción de espíritu. Puedes preguntar: ¿seguimos guardando dentro un “cuando alcance cierto puesto, entonces estaré bien”?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) “¿Y quién sabe si será sabio, ó necio?” ¿Por qué esto lo llevaba a la desesperanza?
Sugerencia para quien dirige: porque al final no tendría control sobre aquello por lo que había luchado toda la vida. Lo mismo les sucede a las personas de hoy: las empresas cambian, los sectores cambian y tampoco podemos decidir cómo se usarán nuestros ahorros después de nosotros. Pueden conversar sobre cuánto de nuestra ansiedad viene de intentar aferrar algo que nunca podremos sujetar por completo.
6. “Que su alma vea el bien de su trabajo”: ¿en qué se diferencia esto de rendirse y no hacer nada?
Sugerencia para quien dirige: rendirse es dejar de hacer; aquí se trata de seguir haciendo, pero recibir el bien presente en medio de la tarea. El Predicador se esforzó toda la vida. Tampoco lo conviertas en “vive solo para el placer”: él dice que “esto es de la mano de Dios”. Se trata de recibir, no de entregarse al desenfreno.
7. Si mañana desapareciera tu puesto, ¿qué sería lo primero que sentirías haber perdido por dentro? (Comparte solo hasta donde quieras; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: si alguien del grupo está viviendo precisamente esta situación, observa primero el ambiente y, si hace falta, cambia la pregunta por “¿has visto a alguien cercano pasar por algo así?”. Responde tú primero. No des consejos ni te apresures a consolar.
8. Esta semana, ¿en qué pequeña cosa quisieras “ver el bien de tu trabajo”?
Sugerencia para quien dirige: llévenlo a algo muy pequeño: comer tranquilamente sin mirar el teléfono, detenerse a descansar al terminar una tarea o no abrir el chat de trabajo en el trayecto de regreso a casa. La lista de acciones que sigue parte de esta idea.
Pide a una persona del grupo que lea despacio Eclesiastés 2:20 y después Eclesiastés 2:24. Guarden dos minutos de silencio. Cada persona puede entregar a Dios algo a lo que se aferra demasiado. Quien quiera puede orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de declarar una postura. Al final, quien dirige puede concluir intercediendo por quienes están cansados en su trabajo, han perdido el empleo o acaban de jubilarse. Las peticiones quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat. Para dar seguimiento, normalmente se pide primero el consentimiento de la persona y después solo se anota en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta obtener consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios de emergencia, la seguridad pública o la policía local, o la entidad de protección adecuada.
Pueden comenzar así (como orientación para la oración):
Señor, el Predicador lo había conseguido todo, pero al mirar atrás dijo que su corazón se desesperanzó; también dijo que aun de noche su corazón no reposaba, como sucede en tantas de nuestras noches. Reconocemos que hemos apoyado quiénes somos en un puesto, un ingreso o la valoración de otras personas. Quita esta carga de nosotros. Tu Palabra dice: “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios”. Ayúdanos a recibir la comida de hoy, la tarea terminada hoy y el descanso de esta noche. Acuérdate también de nuestros hermanos y hermanas que acaban de perder su trabajo, han dejado su puesto o siguen resistiendo al límite de sus fuerzas. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede elegir una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien quiera puede compartir la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te detuvo.
Pueden elegir la lección “Cuando falta el trabajo o la carrera se estanca” (Éxodo 16:13-30) o la lección “El trabajo existía antes de la caída” (Génesis 2:8-15).