Criar a los hijos, Lección 7. Leer Jueces 2:6-15. Los hijos crecen asistiendo a las reuniones, pero al hacerse adultos tratan la fe como un asunto de sus padres. Nosotros estamos tan ocupados sirviendo que rara vez los llevamos con nosotros
Pasaje principal: Jueces 2:6-15
Jueces relata una ruptura entre generaciones: la generación de Josué había visto las obras de Dios, pero “levantóse después de ellos otra generación, que no conocían á Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel”. Los Salmos encomiendan a la generación anterior no ocultar estas cosas, sino contarlas. Además de llevar a los hijos a la escuela dominical, debemos permitirles ver cómo seguimos al Señor y llevarlos con nosotros.
Hay una situación que muchos padres de la iglesia conocen: el hijo ha asistido desde pequeño a la escuela dominical, a campamentos infantiles y ha memorizado versículos; no se ha perdido nada. Al llegar a la secundaria, de repente dice que ya no quiere ir. Aunque todavía asiste a la fuerza, su corazón hace tiempo que está en otro lugar. Los padres sienten un escalofrío: ¡si nunca dejamos de llevarlo!
Jueces 2 ofrece un diagnóstico espiritual serio. Israel acababa de entrar en Canaán y Josué había enviado al pueblo, cada cual a su heredad. La Escritura dice:
Y el pueblo había servido á Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron largos días después de Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. (Jueces 2:7)
Las palabras “habían visto” son importantes. Aquella generación había contemplado personalmente las grandes obras que Jehová hizo por Israel. El texto coloca aquella experiencia compartida junto al hecho de que el pueblo sirvió a Jehová mientras vivieron los ancianos.
Después dice:
Y toda aquella generación fué también recogida con sus padres. Y levantóse después de ellos otra generación, que no conocían á Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. (Jueces 2:10)
La generación que se levantó después “no conocía” a Jehová. Aquí “conocer” no significa solo haber oído información; incluye un conocimiento dentro de la relación y la experiencia. Lo que ocurre después no sorprende: sirvieron a otros dioses, provocaron a ira a Jehová y fueron entregados en manos de quienes los despojaban (Jueces 2:11-14). El ciclo que recorre todo el libro de Jueces comienza con esta frase: “no conocían”. La Escritura no atribuye a los padres toda la responsabilidad por esta ruptura ni afirma que, si la generación anterior lo hace todo bien, la siguiente será fiel con toda seguridad. Muestra a cada generación que toda persona necesita conocer personalmente a Dios.
Salmos 78 da a la generación anterior una tarea clara y concreta:
No las encubriremos á sus hijos, contando á la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo. (Salmos 78:4)
Más adelante explica el propósito: “A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos” (Salmos 78:7).
“No encubrir” y “contar”: esto es una responsabilidad fiel, no una fórmula que garantice el resultado. La fe se transmite contando, y contando acerca de Aquel a quien nosotros conocemos y de lo que Él ha hecho. Este es precisamente el eslabón que hoy se pierde con mayor facilidad: enviamos a nuestros hijos para que otros les hablen, pero nosotros no les contamos nada.
Entonces, ¿cómo ayudar a que la próxima generación no sea simplemente “la que trajeron”, sino una que pueda luchar a nuestro lado?
Primero, cuenten su propia historia. Cómo llegaron a creer, qué dudas tuvieron, cómo respondió Dios a una oración, pero también cómo fallaron y recibieron perdón. Los hijos perciben qué historias son auténticas.
Segundo, llévenlos a servir con ustedes. Vayan juntos a visitar a alguien, coloquen juntos las sillas, lleven una olla de sopa a un vecino enfermo o reciban juntos a quienes llegan. A un hijo que participa desde pequeño le resulta más difícil pensar en la iglesia como un lugar al que solo se va a escuchar una clase.
Tercero, dejen que vean una iglesia real. No solo el lado bonito, sino también cómo tratamos los conflictos, cómo nos perdonamos y cómo seguimos reuniéndonos para orar en medio de las dificultades.
Cuarto, dejen que vean con sus propios ojos a Dios obrando. Oren juntos por algo concreto; luego esperen juntos y observen juntos el resultado. Si lo reciben, den gracias juntos. Si no sucede como esperaban, hablen también de ello con sinceridad.
También hay que decir algo con franqueza: nada de esto ofrece una garantía. La Escritura no evalúa cómo crió a sus hijos la generación de Josué; relata honestamente la ruptura. Los hijos tienen voluntad propia y su propio camino delante de Dios. Lo que nosotros podemos hacer es no ocultar, no delegarlo todo y no darnos por vencidos.
Hay otras dos cosas que debemos cuidar. La primera es no presionarlos comparándolos con otros: “Mira cuánto ama al Señor ese hijo”. Una frase así suele alejarlos aún más. La segunda es que las dudas de la adolescencia y cierto distanciamiento temporal pueden formar parte del proceso en que hacen suya la fe: están comprobando si es verdadera y si también les pertenece. No concluyan de inmediato que han perdido la fe, pero tampoco pasen por alto la posibilidad de que sufran acoso, dificultades emocionales u otro tipo de daño. Escuchen primero y disciernan después cómo acompañarlos. En ese momento, lo que más necesitan no es un interrogatorio, sino una presencia firme a su lado.
No podemos producir ni garantizar que la próxima generación siga al Señor. Lo que sí podemos hacer con fidelidad es contarles las obras de Dios, invitarlos a servir y orar con nosotros y dejar que, tanto en lo recibido como en las decepciones, vean cómo dependemos de Dios.
1. “Todo el tiempo de los ancianos... los cuales habían visto todas las grandes obras”. Jueces 2:7 coloca el servicio de aquella generación junto al hecho de que habían visto personalmente las grandes obras. La fe no es una idea abstracta, sino un conocimiento vinculado a obras concretas.
2. “No conocían” tiene dos dimensiones. Aquí “conocer” no significa solo haber oído información; incluye un conocimiento dentro de la relación y la experiencia. La nueva generación no había vivido lo que vio la anterior y tampoco vivía en fidelidad a Jehová. El texto no dice que nunca hubieran oído aquellos relatos.
3. Este pasaje es el marco de todo el libro de Jueces. Abandono, opresión, clamor y liberación: el ciclo de todo el libro comienza aquí. La ruptura entre generaciones no sucede de la noche a la mañana.
4. Las dos acciones de Salmos 78:4. No ocultar y contar. La manera de transmitir la fe es contársela: hablar de las alabanzas de Jehová, de Su fortaleza y de las maravillas que hizo.
5. Los tres propósitos de Salmos 78:7. Que la generación siguiente ponga su confianza en Dios, no olvide Sus obras y guarde Sus mandamientos. Las tres cosas están conectadas; no conviene separarlas como si fueran pasos automáticos.
Pregunta inicial: ¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la fe? ¿Quién te llevó? (Quien viene por primera vez también puede contar su primer recuerdo familiar de la infancia.)
Sugerencia para quien dirige: Conversen de manera relajada. La mayoría recordará a una persona o un acontecimiento, no una clase concreta. Esta pregunta introduce directamente el tema de la lección.
Resumen de la lección (la persona que dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección estudia Jueces 2:6-15. Josué despidió al pueblo de Israel y cada cual volvió a su heredad. El pueblo sirvió a Jehová todo el tiempo de Josué y mientras vivieron los ancianos que habían visto las grandes obras que Jehová hizo por Israel. Josué murió a los ciento diez años y fue sepultado en el territorio de su heredad. Toda aquella generación fue recogida con sus padres, y se levantó otra generación que no conocía a Jehová ni la obra que Él había hecho por Israel. Los israelitas hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, sirvieron a los Baales, dejaron a Jehová, que los había sacado de Egipto, siguieron a los dioses de los pueblos de alrededor y provocaron a ira a Jehová. Entonces Él los entregó en manos de quienes los despojaban. El pasaje relacionado está en Salmos 78: no ocultaremos estas cosas a sus hijos, sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Su fortaleza y las maravillas que hizo, para que pongan en Dios su confianza y no olviden Sus obras. Hoy conversaremos sobre esta pregunta: ¿luchará la próxima generación a nuestro lado?
1. Lean los versículos 6-9. ¿Cómo describe el texto a esta generación? ¿Con qué experiencia relaciona el versículo 7 su servicio a Jehová?
Sugerencia para quien dirige: El pueblo sirvió a Jehová mientras vivió Josué y mientras estuvieron los ancianos que habían visto las grandes obras de Jehová. El texto coloca su servicio junto a haber visto lo que Jehová hizo por Israel, sin explicar los motivos interiores de cada persona.
2. Lean los versículos 10-13. ¿Qué le faltaba a la generación siguiente? ¿Qué ocurrió después?
Sugerencia para quien dirige: No conocían a Jehová ni la obra que había hecho por Israel. Entonces sirvieron a otros dioses y abandonaron a Jehová, que los había sacado de Egipto.
3. Lean Salmos 78:4-7. ¿Qué manda el salmista a la generación anterior? ¿Con qué propósito?
Sugerencia para quien dirige: No ocultar, sino contar: hablar de las alabanzas de Jehová, Su fortaleza y las maravillas que hizo. El propósito es que la generación siguiente ponga su confianza en Dios, no olvide Sus obras y guarde Sus mandamientos.
4. “No conocían á Jehová, ni la obra que él había hecho”: ¿cómo se pierden estas dos cosas? ¿Por qué un hijo que crece asistiendo a la iglesia todavía puede encontrarse en esta situación?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle más tiempo. La Escritura no explica cómo se perdieron estas dos cosas, así que no se apresuren a culpar a una generación. Pueden hablar de las circunstancias que hoy hacen que los hijos solo hayan “oído hablar” de la fe sin conocer personalmente a Dios: por ejemplo, han escuchado muchas clases, pero nunca han visto a sus padres orar por algo concreto ni les han oído contar cómo llegaron a creer. Después vuelvan a Salmos 78: ¿qué debe hacer fielmente la generación anterior?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) ¿Qué pueden dar a un hijo la enseñanza de la escuela dominical y el servicio en familia? ¿En qué tareas de nuestro grupo o de la iglesia pueden participar los hijos?
Sugerencia para quien dirige: Ambas cosas se complementan. La escuela dominical explica con claridad la verdad; el servicio compartido permite participar de verdad de acuerdo con la edad. Pueden hacer una lista: colocar sillas, recibir a quienes llegan, hacer visitas, llevar comida u orar juntos por algo y esperar juntos el resultado. Las tareas cambian según la edad del hijo.
6. Ninguna de estas prácticas garantiza que los hijos seguirán al Señor. Entonces, ¿por qué debemos hacerlas?
Sugerencia para quien dirige: Tampoco la generación de Josué podía garantizar la fidelidad de la siguiente. Nuestra responsabilidad es ser fieles, no controlar el resultado: no ocultar, no delegarlo todo y no rendirnos. Esta pregunta también se dirige a los padres con el corazón roto. La situación actual del hijo no es un veredicto sobre el éxito o el fracaso de sus padres. Si Dios nos muestra alguna falta, podemos reconocerla y reparar la relación desde la gracia; la respuesta final del hijo a Dios no está en manos de sus padres.
7. ¿Hay alguna experiencia real relacionada con la fe que ya hayas contado a tu hijo o a algún joven cercano a ti? (Quien viene por primera vez también puede compartir.)
Sugerencia para quien dirige: Quienes quieran pueden decir una o dos frases. Quien todavía no haya contado nada o prefiera no compartir puede limitarse a escuchar. Muchos padres nunca lo han hecho, no porque se nieguen, sino porque no se les había ocurrido. No comparen qué familia ha hecho más; quien dirige puede contar primero una experiencia propia.
8. ¿Qué historia quisieras contar esta semana, o qué tarea quisieras hacer junto con tu hijo?
Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: contar lo que sucedió el año en que llegué a creer; llevarlo este fin de semana a visitar a alguien; orar juntos por algo específico y acordar que dentro de un mes mirarán juntos el resultado. La lista de acciones siguiente continúa en esa dirección.
Inviten a alguien a leer despacio Jueces 2:10 y Salmos 78:4-7, y guarden un minuto de silencio. Después, quienes quieran pueden orar con una o dos frases: dar gracias por quienes nos transmitieron la fe en la generación anterior; orar por los propios hijos y pedir que Dios se les manifieste personalmente; y orar también por los padres del grupo cuyos hijos ya no asisten a las reuniones, sin decir nombres ni detalles. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; quien viene por primera vez puede simplemente escuchar, sin tener que orar ni expresar una decisión. Al final, la persona que dirige recoge las oraciones y da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por lo general, para dar seguimiento se pide primero el consentimiento de la persona y se anota en privado solo lo imprescindible. Si está en riesgo un niño o alguien que no puede protegerse, o existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios de emergencia, la policía, protección infantil u otros profesionales adecuados.
Se puede comenzar así (orientación para la oración):
Señor, aquella generación de Jueces se desvió porque no Te conocía ni conocía lo que habías hecho. Te pedimos que nuestra generación no oculte nada: que cuente a los hijos Tus alabanzas, Tu fortaleza y lo que has hecho en nosotros. Danos oportunidades para llevarlos a servir, orar y ver juntos cómo obras. Los hijos tienen su propio camino y no podemos escoger por ellos; Te pedimos que Tú mismo Te manifiestes a ellos. Consuela también a los padres cuyos hijos ya se han alejado y no permitas que se desanimen. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración lo que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Vivir la fe en la vida cotidiana” (Deuteronomio 6:4-9), o “Cuando un hijo se aleja, mantén abierta la puerta” (Lucas 15:11-32).