Comunicación y relaciones cercanas, Lección 2. Leer Santiago 1:19-21. Antes de que la otra persona termine, ya estás preparando una réplica, pensando un consejo o devolviendo el tema hacia ti
Pasaje principal: Santiago 1:19-21
Santiago marca tres velocidades: “pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse”. A continuación da una razón inesperada: “la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. Proverbios lo dice con todavía menos miramientos: “El que responde palabra antes de oir, le es fatuidad y oprobio”.
En muchas conversaciones ocurre lo mismo: la otra persona aún está hablando y yo ya estoy preparando mi respuesta. Al final, solo escucho las palabras que me sirven para intervenir. Esto tiene varias variantes: a mitad de lo que me cuentan ya empiezo con “lo que deberías hacer es…”; o digo “te entiendo, a mí también me pasó” y la conversación se convierte en mi historia; o corrijo un detalle: “No fue así, ¿verdad? Yo recuerdo que…”. Casi siempre lo hacemos con buena intención, pero quien habla siente lo mismo en todos los casos: nadie lo ha escuchado.
Santiago 1 contiene tres expresiones que van directamente al centro de este problema:
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse: (Santiago 1:19)
Cada acción tiene su propia velocidad. “Pronto para oir” subraya la disposición a escuchar primero. En el contexto del pasaje está estrechamente unido a recibir “la palabra ingerida”, pero también es una aplicación apropiada de esa actitud a la escucha de otras personas. Ser tardío para hablar significa esperar hasta que la otra persona termine y hasta haber pensado bien antes de responder. Y hay que ser aún más lento para airarse. Santiago no da por buena toda ira sin distinción: nos manda no airarnos precipitadamente ni dejar que la ira gobierne nuestra respuesta.
Vale la pena detenerse en la razón que da:
Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. (Santiago 1:20)
Cuando nos enojamos, casi siempre creemos tener razón y estar defendiendo algo justo. Este versículo desarma precisamente esa justificación. Tal vez el asunto sea realmente importante, pero la ira no puede llevar a cabo la justicia de Dios; lo que decimos en el calor del enojo casi siempre vuelve más difícil la situación.
El versículo siguiente suele pasarse por alto:
Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas. (Santiago 1:21)
Así que estas tres expresiones se refieren, ante todo, a cómo recibimos la palabra de Dios. Quien se apresura a hablar y a enojarse ni siquiera puede escucharla. Primero hemos de recibir con mansedumbre la palabra que puede salvar, dejando que ella corrija nuestra ira y nuestra lengua; solo entonces podremos escuchar bien a los demás.
Proverbios tampoco trata con mucha delicadeza a quien se adelanta a responder:
El que responde palabra antes de oir, le es fatuidad y oprobio. (Proverbios 18:13)
Usa dos palabras: “fatuidad” y “oprobio”. Quien responde antes de escuchar hasta el final suele responder a algo que el otro ni siquiera estaba diciendo; en los libros sapienciales, eso es una vergüenza.
En la vida diaria podemos comenzar con pasos muy pequeños: dejar que la otra persona termine una vez, sin interrumpirla ni completar los detalles; después, resumir con una frase como “Lo que quieres decir es… ¿te he entendido bien?”, que evita muchísimos malentendidos; cuando queramos decir “a mí también”, preguntarnos si después la conversación volverá a la otra persona o se quedará centrada en nosotros. Tampoco hay que apresurarse a dar soluciones: muchas veces la persona solo necesita que alguien sepa que está pasando por algo difícil. Podemos preguntarle directamente: “¿Quieres escuchar lo que pienso, o prefieres terminar primero lo que quieres contar?”. Si se trata de un desacuerdo corriente y sentimos que sube la ira, podemos decir: “Necesito pensarlo; hablemos más tarde”, y acordarnos de retomar el asunto cuando sea seguro y oportuno, sin convertir el silencio en una evasión permanente. Pero si alguien está sufriendo insultos, amenazas o daño, lo primero no es escuchar con rapidez, sino alejarse y ponerse a salvo.
1. Las tres acciones tienen velocidades diferentes: hay que escuchar pronto, hablar despacio y airarse aún más despacio.
2. “Pronto para oir” subraya escuchar primero y estar dispuesto a hacerlo. En el contexto está estrechamente unido a recibir la palabra ingerida; aplicarlo a escuchar a otras personas es una extensión apropiada, pero no debemos reducir el pasaje a una técnica de comunicación.
3. “Tardío para airarse” exige dominio propio y retrasar la reacción. El versículo 20 examina a continuación si esa ira concuerda con la justicia de Dios.
4. “La ira del hombre no obra la justicia de Dios” desarma la justificación que solemos darnos cuando nos enojamos. No significa que el asunto carezca de importancia, sino que la ira no es el instrumento para resolverlo.
5. Estas tres expresiones se refieren, ante todo, a cómo recibimos la palabra de Dios. Quien se apresura a hablar y a airarse ni siquiera puede escucharla.
6. Proverbios 18:13 usa dos palabras: fatuidad y oprobio. Quien responde antes de escuchar hasta el final suele responder a otra cosa.
7. “A mí también” unas veces expresa empatía y otras veces le quita la palabra al otro. La diferencia está en quién queda en el centro de la conversación después de decirlo.
8. Muchas veces la otra persona no busca una solución. Podemos preguntarle primero qué necesita.
9. Después de calmarnos, todavía debemos retomar el problema cuando sea seguro y oportuno. El silencio no ha de convertirse en una evasión permanente.
10. Esta lección no se aplica a una situación en la que alguien está sufriendo daño. En ese momento hay que alejarse y proteger la propia seguridad.
Para entrar en tema: ¿Cómo te sientes cuando alguien te interrumpe mientras hablas? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar.)
Orientación para quien dirige: Pregúntenlo con naturalidad; casi todos se sentirán identificados. Algunos dirán: “Ya no tengo ganas de seguir hablando” o “Me enfado mucho”. Recojan brevemente las respuestas y pasen al tema principal.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)
Esta lección estudia Santiago 1:19-21. Santiago dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. Después añade: “Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas”. El pasaje relacionado es Proverbios 18:13: “El que responde palabra antes de oir, le es fatuidad y oprobio”. Hoy conversaremos sobre escuchar pronto y hablar despacio.
1. Lean el versículo 19. ¿Qué tres acciones menciona Santiago? ¿Qué velocidad corresponde a cada una?
Orientación para quien dirige: Pronto para oír, tardío para hablar y tardío para airarse. No dice “no se airen”; vale la pena detenerse en este detalle.
2. Lean el versículo 20. ¿Qué razón da Santiago?
Orientación para quien dirige: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Pueden añadir una pregunta: ¿Qué justificación desarma esta frase?
3. Lean el versículo 21 y después Proverbios 18:13. Según el versículo 21, ¿qué debemos recibir y con qué actitud? ¿Qué dos palabras usa Proverbios para describir el hecho de responder antes de escuchar hasta el final?
Orientación para quien dirige: Recibir con mansedumbre la palabra ingerida. Proverbios habla de fatuidad y oprobio.
4. “La ira del hombre no obra la justicia de Dios”: cuando nos enojamos, ¿qué solemos pensar por dentro?
Orientación para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. Solemos pensar: “Yo tengo razón” o “Alguien tiene que decirlo”. Santiago no niega que el asunto importe; niega que la ira pueda resolverlo. Pueden preguntar: al mirar atrás, ¿recuerdas alguna ocasión en la que el enojo realmente arreglara el problema?
5. ¿Cómo limita Santiago tanto nuestras palabras como nuestra ira? Aquí, ser “tardío” ¿solo significa retrasar el estallido, o también no dejarse gobernar por la ira?
Orientación para quien dirige: Incluye ambas cosas: no airarse precipitadamente y no dejar que la ira dirija la respuesta, porque la ira humana no obra la justicia de Dios. También hay que aclarar que callarse y reprimirlo todo no equivale a ser “tardío”: en un desacuerdo corriente, no hablen en el calor del momento, pero vuelvan al asunto cuando estén tranquilos y sea seguro y oportuno.
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Estas tres expresiones desembocan en “recibid con mansedumbre la palabra ingerida”. ¿Por qué un pasaje que aplicamos a escuchar a otras personas termina hablando de escuchar la palabra de Dios?
Orientación para quien dirige: Porque se trata de la misma disposición: quien se apresura a hablar y a airarse tampoco puede escuchar la palabra de Dios. Pueden preguntar: cuando leemos la Biblia, ¿también nos apresuramos a sacar conclusiones?
7. Practiquen en parejas (unos 8 minutos): Una persona elige un asunto cotidiano que no sea privado y habla durante dos minutos; cualquiera puede cambiar de tema o no participar. La otra solo escucha: no interrumpe, no aconseja ni cuenta su propia experiencia, y lo que se diga no sale del grupo. Después de dos minutos, quien escuchó se limita a resumir: “Lo que acabas de decir es…”. Luego intercambian los papeles.
Orientación para quien dirige: Este ejercicio es el centro de la lección; no lo omitan. Al terminar, hagan dos preguntas: ¿qué fue lo difícil de escuchar sin intervenir? ¿Qué se sintió al poder terminar de hablar sin interrupciones? Hagan ambas.
8. ¿En qué relación te gustaría practicar una vez esta semana el estar “pronto para oir”?
Orientación para quien dirige: Ayuden a concretarlo: con el cónyuge, un hijo, los padres o un compañero de trabajo. Pidan también que piensen en una situación concreta. La lista de acciones que sigue desarrolla esta idea.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Santiago 1:19-20 y después Proverbios 18:13. Guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar en una persona a la que no ha escuchado bien. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quienes no quieran hablar pueden orar en silencio; quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de tomar una postura. Al final, quien dirige puede recoger las oraciones y pedir para todos un corazón dispuesto a escuchar.
Se puede comenzar así (orientación para la oración):
Señor, Tu Palabra dice que debemos ser prontos para oír, tardíos para hablar y tardíos para airarnos. Reconocemos que muchas veces hacemos lo contrario: nos apresuramos a hablar y a enojarnos, y mientras escuchamos ya estamos preparando la siguiente respuesta. Tú dices que la ira humana no obra Tu justicia. Graba esta verdad en nuestro corazón, sobre todo cuando estamos más convencidos de tener razón. Ayúdanos a escuchar primero lo que Tú dices, para que también podamos escuchar a los demás. Hay personas a nuestro alrededor a las que nadie escucha de verdad desde hace mucho tiempo; permite que esta semana las escuchemos hasta el final. En el nombre de Jesús, amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una, y no pasa nada si ahora mismo no pueden elegir.
No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Quien quiera puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden elegir la lección “La lengua puede edificar o destruir” (Santiago 3:1-12), o la lección “Decir la verdad con amor” (Efesios 4:25-32).