Perdón y restauración, también con seguridad · Grupos pequeños

Armonía en el matrimonio, Lección 6. Leer Mateo 18:21-35. Después de sufrir daño, oscilas entre la amargura y fingir que no ocurrió nada; ¿perdonar significa soportarlo todo?

Pasaje principal: Mateo 18:21-35

Jesús dice que debemos perdonar “hasta setenta veces siete”. La razón aparece en su parábola: el señor perdona a su siervo una deuda de diez mil talentos, mientras que los cien denarios que un consiervo le debía eran una deuda real, pero muchísimo menor. Al mismo tiempo, Proverbios afirma: “El avisado ve el mal, y escóndese”. El perdón nace del corazón y la seguridad también debe protegerse; ambas cosas no se contradicen.

Introducción

“Tienes que perdonar” es una frase que con frecuencia se pronuncia en el peor momento. Quien acaba de sufrir una herida puede debatirse una y otra vez entre reprimir el dolor, buscar justicia, protegerse y aprender a perdonar. Al oír entonces “tienes que perdonar”, es fácil sentir que la única opción es fingir que nada ocurrió. El pasaje de Mateo 18 habla del perdón con gran claridad. No manda fingir que no pasó nada ni deja a la persona herida sola en la amargura. Comencemos con la pregunta de Pedro:

Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? (Mateo 18:21)

Una tradición rabínica posterior menciona un límite de tres veces, aunque no es seguro que representara una opinión generalizada en tiempos de Pedro. En cualquier caso, proponer siete veces ya era una cifra generosa. Jesús responde: “No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22). No establece un nuevo límite que se pueda contar, sino que se niega a limitar el perdón mediante una cifra. Después cuenta una parábola. Hay que observar la diferencia entre las dos deudas:

Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos. (Mateo 18:24)

Diez mil talentos constituían una suma astronómica que el siervo jamás podría pagar. Por eso su promesa, “Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo” (Mateo 18:26), resulta absurda. El señor hace mucho más de lo que el siervo le pide: “El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda” (Mateo 18:27). El siervo pide tiempo y recibe la cancelación completa. Pero al salir encuentra a un consiervo que le debe cien denarios, “y trabando de él, le ahogaba” (Mateo 18:28). Cien denarios también eran una deuda real. La Escritura no niega que el daño que otros nos causan sea real; al colocar esos cien denarios junto a los diez mil talentos perdonados por el señor, nos hace ver la inmensa misericordia que nosotros recibimos primero. El consiervo le suplica casi con las mismas palabras que él había usado: “Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo” (Mateo 18:29). Pero el siervo se niega.

La pregunta que el señor formula al final constituye el centro de la parábola:

¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti? (Mateo 18:33)

La razón no es que el otro lo merezca, sino que tú ya has recibido misericordia. La última frase es solemne: “Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35). Perdonar “de vuestros corazones” excluye un perdón de labios que por dentro insiste en vengarse. No significa que una persona tenga que perder la memoria ni dejar de sentir dolor de inmediato. El perdón sincero irá produciendo, con el tiempo, acciones que renuncian a la venganza y muestran misericordia, pero eso no equivale a recuperar la confianza.

La otra mitad de esta lección se encuentra en Proverbios:

El avisado ve el mal, y escóndese: mas los simples pasan, y reciben el daño. (Proverbios 22:3)

Esconderse al ver el mal es una sabiduría que la Escritura elogia; apartarse del peligro no es falta de espiritualidad. Al leer juntos ambos pasajes, vemos que perdonar y proteger la seguridad son dos cosas distintas, y ninguna debe cancelar la otra. Perdonar significa renunciar a la venganza personal y a devolver mal por mal, y entregar el juicio y la justicia a Dios. Todavía podemos clamar a él por justicia y exigir responsabilidades por vías legales. El perdón reconoce que el daño fue real, pero no significa restaurar la relación a su estado anterior, cancelar las consecuencias debidas ni volver a una situación peligrosa. Para saber si la confianza y la relación pueden reconstruirse hacen falta verdad, arrepentimiento, tiempo y seguridad. Las palabras de Jesús muestran, ante todo, que el perdón no puede tener un límite numérico. En el acompañamiento pastoral, algunas personas también descubren que, cuando vuelve el recuerdo de una misma herida, necesitan entregar de nuevo a Dios el deseo de venganza. Por eso el perdón requiere tiempo y, a menudo, ayuda. No conseguirlo ahora no significa que una persona sea poco espiritual. Si hay violencia o amenazas que continúan, o daño contra un niño, hay que proteger primero la seguridad, sin hablar de restauración. Ante un peligro inmediato, se debe llamar a los servicios de emergencia o a la policía local.

Notas de estudio

1. Las siete veces que propone Pedro ya son una cifra generosa. Una tradición rabínica posterior menciona un límite de tres veces, aunque no es seguro que represente la opinión de los tiempos de Pedro.

2. “Setenta veces siete” se niega a limitar el perdón mediante una cifra. Registrar daños repetidos puede ser necesario para proteger la seguridad y exigir responsabilidades. Lo importante es no usar el número como pretexto para negar misericordia o buscar venganza.

3. Diez mil talentos constituyen una suma astronómica. Por eso decir “yo te lo pagaré todo” resulta absurdo: el siervo todavía cree que puede pagarla.

4. Pide tiempo y recibe la cancelación completa.

5. Cien denarios también eran una deuda real. La deuda que otros tienen con nosotros es real; no se trata de exagerar algo insignificante.

6. El consiervo dice casi exactamente lo mismo que el siervo había dicho antes.

7. El centro está en el versículo 33: la razón es que tú ya has recibido misericordia, no que el otro la merezca.

8. Perdonar “de vuestros corazones” excluye un perdón de labios que por dentro insiste en vengarse. No significa perder la memoria ni dejar de sentir dolor de inmediato.

9. Proverbios 22:3 elogia la sabiduría del avisado que ve el mal y se esconde. Apartarse del peligro no es falta de espiritualidad.

10. Perdonar no equivale a restaurar la relación a su estado anterior, cancelar las consecuencias, volver junto a quien te hizo daño ni completar todo el proceso de una sola vez.

11. “Tienes que perdonar” jamás puede usarse para convencer a alguien de que permanezca en peligro.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración inicial (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En situaciones normales, procurará hablar primero con la persona afectada y solo comunicará la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, profesionales acreditados, la policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona afectada.

Para entrar en tema: Cuando oyes “tienes que perdonarlo”, ¿cuál es tu primera reacción? (Respondan con sinceridad; quienes vienen por primera vez también pueden participar.)

Orientación para quien dirige: Esta pregunta busca una reacción sincera. Algunos dirán: “Es fácil decirlo” o “¿por qué tengo que hacerlo?”. No defiendan la frase. Respondan: “Hoy veremos cómo habla Jesús del perdón y qué más dice la Escritura”, y pasen al tema principal.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección estudia Mateo 18:21-35. Pedro pregunta a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?”. Jesús responde: “No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete”. Después cuenta una parábola: el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Le presentaron a uno que debía diez mil talentos y no podía pagar. El señor mandó venderlo con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía. El siervo se postró y pidió paciencia, prometiendo pagarlo todo. “El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda”. Al salir, el siervo encontró a un consiervo que le debía cien denarios, lo agarró y lo ahogaba, exigiéndole que pagara. El consiervo pidió paciencia de la misma manera, pero él se negó y lo echó en la cárcel. Cuando el señor lo supo, le dijo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: ¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?”. Al final Jesús dice que el Padre celestial hará lo mismo si cada uno no perdona de corazón a su hermano. El pasaje relacionado es Proverbios 22:3: “El avisado ve el mal, y escóndese: mas los simples pasan, y reciben el daño”. Hoy conversaremos sobre el perdón y la restauración, sin dejar de proteger la seguridad.

Observación

1. Lean los versículos 21-22. ¿Cuántas veces propone Pedro perdonar? ¿Cómo responde Jesús?

Orientación para quien dirige: Siete veces. Jesús dice: “No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete”. Pueden añadir que Pedro ya estaba siendo muy generoso; una tradición de la época posterior hablaba de tres veces.

2. Lean los versículos 24 y 28. ¿Cuáles son las dos cantidades? ¿Qué hace el siervo con su consiervo?

Orientación para quien dirige: Diez mil talentos y cien denarios. Lo agarra y lo ahoga, exigiéndole que pague. Cien denarios también eran una deuda real.

3. Lean los versículos 33 y 35 y después Proverbios 22:3. ¿Qué pregunta el señor? ¿Qué expresión añade Jesús al final? Según Proverbios, ¿qué hace el avisado?

Orientación para quien dirige: “¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?”. Jesús habla de perdonar “de vuestros corazones”. Proverbios dice que el avisado ve el mal y se esconde.

Interpretación

4. En el versículo 33, ¿cómo explica el señor que el siervo debía tener misericordia de su consiervo? ¿Dónde sitúa esto el comienzo del perdón?

Orientación para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedíquenle bastante tiempo. “Como también yo tuve misericordia de ti”: el perdón comienza en la misericordia que ya hemos recibido, no en esperar a que la otra persona la merezca. Pueden preguntar: Si tuviéramos que esperar a que el otro la mereciera, ¿hasta cuándo esperaríamos?

5. Cien denarios eran una deuda real. ¿Por qué el texto no la reduce a cero?

Orientación para quien dirige: Porque la deuda que otros tienen con nosotros es real. Digan claramente que esta lección no pide a nadie que finja no haber sufrido. El texto no minimiza la deuda; muestra la proporción.

6. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Proverbios 22:3 llama avisado a quien ve el mal y se esconde. ¿Cómo se entiende esto junto con el perdón?

Orientación para quien dirige: Es la otra mitad de la lección y no debe omitirse. Perdonar significa renunciar en el corazón a la venganza; proteger la seguridad significa cuidar de uno mismo y de la familia. Ninguna cosa cancela la otra. Perdonar a una persona y volver a entregarle las llaves son dos decisiones distintas.

Aplicación

7. ¿Qué parte del perdón te resulta más difícil? (Comparte solo hasta donde quieras; no hace falta decir qué ocurrió ni quién estuvo implicado. Quienes vienen por primera vez también pueden participar.)

Orientación para quien dirige: Quien dirige debe comenzar con su propio ejemplo. No pidan detalles, no den consejos y no impongan plazos. Si alguien dice “no puedo”, respondan que no poder ahora no significa ser poco espiritual; este proceso suele requerir tiempo y ayuda.

8. ¿Qué pequeño paso estás dispuesto a dar esta semana? (Por ejemplo: orar una vez por esa persona / hablar una vez de este asunto con Dios / no convertirlo en tema de conversación informal / si hay un problema de seguridad, buscar a alguien que pueda ayudar.)

Orientación para quien dirige: Aclaren que el paso de esta semana no incluye ir a hablar con la persona que causó el daño. La conveniencia de verse, el momento y la seguridad deben evaluarse por separado. Si hace falta, hablen primero con un pastor o un profesional. La lista de acciones que sigue desarrolla estas ideas.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona del grupo que lea despacio Mateo 18:33 y después Proverbios 22:3. Guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar en un asunto que todavía pesa sobre él. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quienes no quieran hablar pueden orar en silencio; quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de tomar una postura. Al final, quien dirige puede recoger las oraciones e interceder por quienes siguen atravesando esa situación, sin apresurarlos y pidiendo solamente que Dios obre en ellos. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Para hacer seguimiento, por regla general se pide primero el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios de emergencia, la policía local o una entidad de protección adecuada.

Se puede comenzar así (orientación para la oración):

Señor, Tú tuviste misericordia de nosotros con una gracia que jamás podríamos devolver. También ves que la deuda que otras personas tienen con nosotros es real y que algunas heridas siguen siendo profundas. No permitas que finjamos estar bien, pero tampoco que la venganza y la amargura reinen dentro de nosotros. Sostennos con paciencia para que caminemos de verdad hacia el perdón. Tu Palabra también dice que el avisado ve el mal y se esconde. Danos sabiduría para proteger la seguridad, buscar justicia y discernir cuándo acercarnos y cuándo protegernos a nosotros mismos y a nuestra familia. Si alguien entre nosotros está ahora en peligro, dale una salida y el valor para pedir ayuda. En el nombre de Jesús, amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una, y no pasa nada si ahora mismo no pueden elegir.

No hace falta registrarlo ni informar al grupo. Quien quiera puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden elegir la lección “Después del conflicto, la reconciliación es posible” (Génesis 33:1-11), o la lección “Hablar con gracia, sin sacar cuentas del pasado” (1 Pedro 3:7-12).

Guía para quien dirige