Cuando termina una relación · Grupos pequeños

Soltería y noviazgo, Lección 6. Leer Salmos 27. Una ruptura o un rechazo parecen una sentencia de fracaso; una soltería prolongada también desgasta poco a poco la esperanza

Pasaje principal: Salmos 27

Después de una ruptura o de sufrir rechazo, es fácil leer en nuestro interior una sentencia: ¿será que no valgo lo suficiente? En el Salmo 27, la misma persona puede decir “JEHOVÁ es mi luz” y también pedir “No escondas tu rostro de mí”. El salmo termina repitiendo el llamado a esperar a Jehová. La relación terminó, pero tú no has sido declarado un fracaso.

Introducción

Cuando una relación termina, los días se llenan de decisiones muy concretas: borrar o no el historial de mensajes; evitar el local al que iban juntos; esquivar al pariente que sin duda preguntará cómo están los dos; oír sonar el teléfono, notar que el corazón se acelera y volver a desilusionarse.

Quien ha sido rechazado suele oír una pregunta interior: ¿será que no valgo lo suficiente? Quizá no reúno las condiciones, tengo mal carácter o ya soy demasiado mayor. Esta pregunta sabe disfrazarse de análisis objetivo, pero en realidad funciona como una sentencia.

Hay otro desgaste más lento: no hubo ruptura, pero tampoco llegó a comenzar una relación, y la espera se alarga año tras año. No es un golpe repentino, sino una pérdida gradual de aire. Con el tiempo, la persona ya ni siquiera quiere hablar de esperanza.

Salmos 27 nació en un contexto de enemigos que se acercan, ejércitos que atacan y testigos falsos que se levantan; no trata de la ruptura de una relación amorosa. Sin embargo, reúne en una misma oración el miedo, la sensación de abandono, la búsqueda de Dios y la espera. Por eso puede acompañar también las palabras de quien atraviesa una pérdida. Su riqueza consiste en que no presenta una sola emoción.

La primera mitad habla con mucha fuerza: “JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1). El salmista dice que, aunque un ejército acampe contra él, su corazón no temerá (27:3).

Pero en la segunda mitad el tono desciende de pronto:

No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira á tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, Dios de mi salud. (Salmos 27:9)

En el mismo salmo aparecen tanto la pregunta “¿de quién temeré?” como la súplica “no me dejes”. No es una contradicción; es la realidad. La fe no elimina todo dolor, sino que sigue hablando con Dios en medio de él. Por eso, dentro del grupo nadie necesita fingir que ya se ha recuperado.

En el centro hay un versículo que conviene leer despacio después de un rechazo: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá” (Salmos 27:10). Puede entenderse como la peor situación que el salmista imagina, y algunos creen que describe una experiencia real. En ambos casos, el énfasis está en la segunda mitad: aun entonces, Dios nos acoge. Tu valor no depende de quién te haya escogido.

Un poco antes aparece otro versículo que ofrece una reorientación especialmente necesaria después de una ruptura:

Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. (Salmos 27:4)

Cuando una relación termina, a menudo parece que también desaparece el futuro que habíamos imaginado. Esta “una cosa” que pide el salmista no reprende el deseo de casarse. Cuando todo tiembla, lo devuelve al centro que todavía puede buscar: Dios mismo. Nadie puede arrebatarle esa única cosa.

El final dice: “Aguarda á Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera á Jehová” (Salmos 27:14). La espera aparece dos veces dentro del mismo versículo y así adquiere peso. También nos deja oír que esperar no es una frase ligera.

¿Cómo se pueden vivir de manera concreta los días que siguen? Hay algunas prácticas sencillas:

Date tiempo para llorar la pérdida. Es una pérdida real y no necesitas apresurarte para estar bien. Cada persona necesita un tiempo diferente, y el duelo rara vez avanza en línea recta.

Dentro de lo que sea seguro y posible, reduce el contacto que vuelve a abrir la herida. Decir que la relación terminó mientras se mantienen mensajes ambiguos desgarra la herida repetidamente. Durante un tiempo suele ayudar dejar de contactar y de mirar las publicaciones del otro. Si hubo acoso, amenazas o violencia, o si aún quedan asuntos prácticos inevitables, no anuncies a solas que cortarás el contacto ni vayas a confrontar cara a cara a la otra persona. Pide primero a personas de confianza y a profesionales que te ayuden a preparar medidas seguras.

No cargues toda la culpa sobre ti ni se la atribuyas toda a la otra persona. Puedes preguntarte qué aprendiste en la relación, pero no conviertas esa reflexión en un juicio interminable contra ti mismo.

No uses una nueva relación como anestesia. El vacío duele, pero utilizar a otra persona para llenarlo no sería justo para ella.

Permite que algunas personas conozcan tu situación. No hace falta anunciarlo a todo el mundo; bastan dos o tres hermanos o hermanas de confianza que se acuerden de ti los fines de semana y durante las fiestas.

Si aparece el pensamiento de que vivir ya no tiene sentido, no es señal de debilidad, sino una señal para contárselo a alguien de inmediato. Contacta ahora mismo con una persona de confianza, un pastor y un médico o profesional de salud mental. Si ya tienes un plan concreto o temes hacerte daño de forma inminente, no permanezcas a solas: contacta enseguida con los servicios locales de emergencia o acude a urgencias de un hospital.

El final de una relación no es una sentencia de fracaso sobre ti. Dios no te ha rebajado ni olvidado por ello. Esperar en él no significa quedarse vacío. Durante la espera podemos seguir pidiendo, como el salmista, aquella “una cosa”: continuar buscándolo y contemplando su hermosura.

Notas de estudio

1. Dos tonos en un solo salmo. La primera mitad es una declaración y la segunda una súplica. Algunos estudiosos creen que se combinaron dos salmos; otros ven las emociones cambiantes de una misma persona. En ambos casos, el texto nos concede permiso para que la fe y el dolor estén presentes al mismo tiempo.

2. Tres nombres en 27:1. Luz, salvación y fortaleza de mi vida. El salmista no comienza explicando su situación, sino confesando quién es aquel en quien cree.

3. “Una cosa” (27:4). Reduce muchas peticiones a una: habitar en la casa de Jehová y contemplar su hermosura. Esta es una reorientación esencial en medio de la pérdida.

4. “Aunque mi padre y mi madre me dejaran” (27:10). Puede leerse como la peor situación que el salmista imagina, y algunos creen que describe una experiencia real. En ambos casos, el énfasis está en la segunda mitad: aunque las personas más cercanas lo dejen, Jehová lo recogerá.

5. “Espera” (27:14). La palabra hebrea קָוָה (qavah) incluye la idea de esperar con anhelo, no de dejar pasar el tiempo pasivamente. Por eso va acompañada de la exhortación a esforzarse y alentar el corazón.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Un aviso antes de comenzar (para leer en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se difunde fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, primero procurará hablar con la persona afectada y solo comunicará la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales cualificados, a la policía o seguridad pública local, o a servicios médicos y de urgencias. Si hay peligro inmediato, se debe pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.

Para empezar: Cuando atraviesas una pérdida, ¿qué suele ayudarte: caminar, dormir, hablar con alguien, cocinar u otra cosa? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: Conversen con ligereza y no pregunten cuál fue la pérdida. La pregunta pone sobre la mesa cómo atravesamos el dolor y ayuda a crear seguridad para lo que sigue.

Repaso de la lección (para leer en voz alta, aproximadamente 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la preparación)

Esta lección estudia Salmos 27. El salmista declara primero que Jehová es su luz, su salvación y la fortaleza de su vida, y pregunta a quién temerá. Aunque un ejército acampe contra él, su corazón no teme. Dice que ha pedido una cosa a Jehová y que esa buscará: estar en la casa de Jehová todos los días de su vida y contemplar su hermosura. En la segunda mitad, el tono desciende. Pide a Jehová que escuche su clamor, que no esconda de él su rostro, que no lo deje ni lo desampare. Aunque su padre y su madre lo dejaran, Jehová lo recogerá. Al final dice que habría desmayado si no creyera que vería la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes, y termina exhortándose a aguardar a Jehová, esforzarse y alentar el corazón; sí, a esperar a Jehová. Hoy hablaremos de los días que siguen al final de una relación.

Observación

1. Lee los versículos 1-6. ¿Qué tres nombres usa el salmista para hablar de Jehová? ¿En qué situaciones afirma que no tendrá miedo?

Sugerencia para quien dirige: Mi luz, mi salvación y la fortaleza de mi vida. Aunque un ejército acampe contra él o se levante guerra, su corazón no teme. Pide habitar en la casa de Jehová todos los días de su vida.

2. Lee los versículos 7-12. ¿Cómo cambia el tono respecto a la primera parte? ¿Qué pide el salmista?

Sugerencia para quien dirige: Pasa de la declaración a la súplica. Pide que Dios lo oiga, tenga misericordia y responda; que no esconda su rostro ni lo deje; y que le enseñe y lo guíe. Observa el versículo 10: aunque su padre y su madre lo dejaran, Jehová lo recogerá.

3. Lee los versículos 13-14. ¿Qué dice el salmista de sí mismo? ¿Qué exhortación repite al final?

Sugerencia para quien dirige: Habría desmayado si no creyera que vería la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. “Aguarda á Jehová” y “espera á Jehová” expresan dos veces el mismo llamado; entre ambas frases aparece “esfuérzate, y aliéntese tu corazón”.

Interpretación

4. En el mismo salmo aparecen tanto “¿de quién temeré?” como “no me dejes”. ¿Qué consuelo ofrece esto a una persona que está sufriendo?

Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. La fe no significa dejar de sufrir. El salmo permite que ambas realidades estén presentes. También en el grupo, nadie necesita fingir que ya se ha recuperado.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo). Lee 27:4. ¿Cuál es aquella “una cosa”? ¿Por qué resulta especialmente importante en medio de una pérdida amorosa?

Sugerencia para quien dirige: Habitar en la casa de Jehová todos los días de la vida y contemplar su hermosura. Muchas veces una persona pone toda su vida en una relación; este versículo reorienta el deseo hacia aquello que nadie puede arrebatarle. No niega el deseo de casarse, sino que ordena las prioridades.

6. “Aguarda á Jehová” y “espera á Jehová” repiten el llamado a esperar. ¿En qué se diferencia esperar de limitarse a aguantar o de quedar insensible? ¿Cómo se pueden vivir los próximos días?

Sugerencia para quien dirige: Esperar es anhelar con intensidad, no dejar pasar el tiempo pasivamente; por eso el texto dice: “esfuérzate, y aliéntese tu corazón”. Pueden mencionar prácticas concretas: darse tiempo para el duelo, reducir dentro de límites seguros el contacto que abre repetidamente la herida, no usar una nueva relación como anestesia y permitir que dos o tres personas de confianza conozcan la situación.

Aplicación

7. ¿Cuál de estas dos frases se acerca más a lo que vives ahora: “Jehová es mi luz” o “no me dejes”? ¿Hay una que deseas creer, pero que todavía no consigues pronunciar? (Puedes responder con una sola frase o no responder; quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: Escucha sin comentar y sin exigir que todos hablen. Invita también a quienes llevan mucho tiempo esperando; muchas veces nadie les pregunta por su cansancio.

8. ¿Qué pequeña cosa quieres hacer por ti esta semana?

Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: salir a caminar una vez, dormir lo suficiente, comer con un amigo, escribirle a Dios lo que deseas decir o dejar de mirar durante un tiempo las publicaciones de la otra persona. La lista de acciones que sigue ayudará a concretarlo.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a alguien que lea despacio Salmos 27:1, 4, 10 y 13-14, y guarden un minuto de silencio. Después, quienes quieran pueden orar con una o dos frases: contar a Dios con sinceridad el dolor de la pérdida y el rechazo; orar por los hermanos y las hermanas que llevan mucho tiempo esperando; y pedir consuelo por quienes están sufriendo en el grupo, sin mencionar nombres ni detalles. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige cierra dando gracias e intercediendo por el grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide consentimiento a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no se requiere consentimiento previo: hay que contactar de inmediato con los servicios locales de urgencias, con la policía o seguridad pública, o con una entidad de protección adecuada.

Se puede comenzar así (orientación para la oración):

Jehová, Tú eres mi luz y mi salvación. Entre nosotros hay quien acaba de perder una relación y quien lleva mucho tiempo esperando; todos están cansados por dentro. No queremos fingir fortaleza, sino decirTe la verdad: no escondas Tu rostro de nosotros. Tú has dicho que, aunque nuestro padre y nuestra madre nos dejaran, Tú nos recogerías. Permite que en estos días sigamos pidiendo aquella una cosa: estar en Tu casa todos los días de nuestra vida y contemplar Tu hermosura. Haz que nos esforcemos y alienta nuestro corazón. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para realizar esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál escoger, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, puedes contar la próxima vez cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te frenó.

¿Quieres seguir conversando?

Pueden escoger la lección “Cuando te sientes solo, la iglesia es tu hogar” (Marcos 3:31-35), o la lección “Llevar tus verdaderas emociones a la oración” (Salmos 13), de la serie “Orar en el Espíritu Santo”.

Guía para quien dirige