Circunstancias de la vida, Lección 14. Leer Génesis 37:12-36. Un hermano se vuelve contra ti por dinero; un socio y amigo de muchos años te engaña
Pasaje principal: Génesis 37:12-36
José fue enviado por su padre para saber si sus hermanos estaban bien. Al llegar, le quitaron su ropa, lo arrojaron a una cisterna y lo vendieron por veinte siclos de plata; sus hermanos se sentaron a comer. Salmos 55 expresa con precisión ese dolor: no fue un enemigo; fuiste tú, mi compañero y mi familiar.
Cuando te hiere un desconocido, al menos puedes encontrar alguna explicación; cuando te hiere tu propia familia, suele ser mucho más difícil hallar un lugar seguro donde contarlo. Hermanos que rompen su relación por dinero, un socio de muchos años que actúa a tus espaldas, un pariente que pide prestado, no devuelve el dinero y encima te acusa. Lo más difícil muchas veces no es la pérdida, sino una pregunta que no logras pronunciar: ¿cómo pudiste ser tú?
Génesis 37 relata precisamente algo así, y ocurrió dentro de una familia que temía a Dios.
José fue enviado por su padre para comprobar si sus hermanos y el rebaño estaban bien: “Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta” (Génesis 37:14). Se perdió por el camino, pero preguntó por ellos y los siguió hasta Dotán (Génesis 37:15-17).
Mientras tanto, sus hermanos:
Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos llegara, proyectaron contra él para matarle. (Génesis 37:18)
Se dijeron el uno al otro con crueldad: “He aquí viene el soñador;” (Génesis 37:19). Rubén intervino y propuso que lo echaran en una cisterna; pensaba librarlo de sus manos y devolverlo a su padre (Génesis 37:21-22). Le quitaron a José la ropa de colores y lo arrojaron a la cisterna, que estaba vacía y sin agua (Génesis 37:23-24).
El versículo siguiente contiene la frase más fría de todo el capítulo:
Y sentáronse á comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de Ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, é iban á llevarlo á Egipto. (Génesis 37:25)
Génesis 42:21 añade más tarde que José les había suplicado. Sin embargo, en este punto Génesis 37 solo dice: se sentaron a comer. Después Judá preguntó qué provecho obtendrían al matar a su hermano y ocultar su sangre; propuso venderlo a los ismaelitas y no poner la mano sobre él, porque era su hermano y su carne (Génesis 37:26-27). En sus palabras aparecen a la vez “no pongamos la mano sobre él, porque es nuestro hermano” y “¿qué provecho?” El texto no reduce sus motivos a una sola respuesta. José fue vendido por veinte siclos de plata y llevado a Egipto (Génesis 37:28).
También merece atención lo que hicieron después. Degollaron un cabrito, tiñeron la ropa con sangre y se la enviaron a su padre, pidiéndole que reconociera si era o no la ropa de su hijo (Génesis 37:31-32). Usaron la ropa manchada de sangre para inducir a su padre a una conclusión falsa y ocultar la verdad. Jacob rasgó sus vestidos, guardó luto durante muchos días y no quiso recibir consuelo (Génesis 37:34-35).
Salmos 55 habla del mismo dolor:
Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él: (Salmos 55:12)
El versículo siguiente descubre quién era: “Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar:” (Salmos 55:13). El versículo 14 duele todavía más: “Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, á la casa de Dios andábamos en compañía.” (Salmos 55:14). Hasta el recuerdo de haber adorado juntos se convierte en parte de la herida.
Esta lección deja claras varias cosas.
Primera: este dolor tiene nombre y tiene un lugar en la Biblia. No eres mezquino por sentirlo. Que te hieran familiares o compañeros no es lo mismo que ser herido por un desconocido.
Segunda: no apresurarse a “perdonar” para cerrar el asunto. El perdón es una enseñanza verdadera, pero no sirve para saltarse la herida. Primero hay que reconocer qué ocurrió y cuánto dolió, para que el perdón no se convierta en un autoengaño. Tampoco debemos imponer a otra persona un plazo para perdonar.
Tercera: perdonar no significa restaurar la relación a su estado anterior ni renunciar a exigir responsabilidades. El dinero debido debe devolverse, se puede recurrir a la vía legal y hay que establecer nuevos límites. “Al fin y al cabo es tu hermano” no puede justificar que sigan aprovechándose de ti.
Cuarta: no decir demasiado pronto que “Dios encamina todo a bien”. José dijo más tarde: “Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien” (Génesis 50:20). Pero pronunció esas palabras más de veinte años después, cuando ya gobernaba en Egipto y sus hermanos se habían arrepentido. Decírselo a alguien mientras todavía está dentro de la cisterna equivale a mandarlo callar.
Quinta: prestar atención a quienes “se sentaron a comer”. En este capítulo no solo estremecen quienes actuaron, sino también esa indiferencia. En una familia o una iglesia, la reacción de quienes presencian el daño suele determinar si la persona herida podrá quedarse.
Entonces, ¿qué se puede hacer en la práctica? Primero, ordenar bien los hechos: pagarés, transferencias, contratos y conversaciones. Segundo, pedir ayuda solo a una persona segura, neutral y sin intereses en el asunto; las cuestiones jurídicas deben llevarse ante un abogado cualificado o un servicio de asistencia jurídica, no dejarse en manos del “mediador” de la familia. Tercero, encontrar un lugar donde hablar: una persona de confianza que realmente pueda ayudar. No discutas públicamente en un chat ni repitas detalles que no estén comprobados. Cuarto, cuidar el propio corazón: la amargura puede salir más cara que la pérdida. Quinto, si hay amenazas, violencia o intimidación, asegurar primero la protección personal y llamar a la policía.
1. José fue a comprobar si estaban bien. No fue a provocar a sus hermanos; su padre lo envió para interesarse por ellos. Este contraste hace que lo sucedido duela aún más.
2. “Se sentaron a comer pan” (versículo 25). Había alguien suplicando dentro de la cisterna y ellos comían como si nada. El texto se limita a narrarlo, sin añadir comentarios, y el lector se estremece.
3. La propuesta de Judá contiene dos elementos. “No pongamos la mano sobre él, porque es nuestro hermano” aparece junto a “¿qué provecho?”. El texto no simplifica sus motivos en una sola respuesta.
4. Usaron la ropa manchada de sangre para inducir a su padre a una conclusión falsa. Después del daño aparece una segunda capa: ocultar la verdad y hacer creer que la causa fue otra.
5. Salmos 55:14 menciona que iban juntos a la casa de Dios. Cuando se vuelve contra ti alguien con quien adorabas, la herida queda unida a tus recuerdos de fe. Este tipo de daño es especialmente difícil de sanar.
Primero, una aclaración (para leer en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por regla general, hablará primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan prestar ayuda real. Cuando haya menores o personas que no puedan protegerse, o exista un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará con el pastor, profesionales cualificados, la policía o los servicios médicos y de emergencia de la localidad. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.
Para empezar: Si las mismas palabras salen de la boca de un desconocido o de alguien de tu familia, ¿se sienten igual? (Pueden dar un ejemplo sencillo; quien viene por primera vez también puede participar.)
Sugerencia para quien dirige: Mantengan un tono ligero y respondan con una o dos frases. La mayoría dirá que se siente completamente distinto. Esta pregunta prepara los versículos de Salmos 55.
Resumen de la lección (para leer en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección se basa en Génesis 37:12-36. Los hermanos de José fueron a apacentar las ovejas a Siquem. Su padre Israel envió a José para saber si sus hermanos y el rebaño estaban bien. José se perdió, preguntó por ellos y los siguió hasta Dotán. Sus hermanos lo vieron de lejos y, antes de que llegara, conspiraron para matarlo. Dijeron que había llegado el soñador y propusieron matarlo y echarlo en una cisterna. Rubén quiso librarlo de sus manos y dijo que no le quitaran la vida, sino que lo echaran en una cisterna del desierto. Cuando José llegó, le quitaron la ropa de colores y lo arrojaron a la cisterna, que estaba vacía y sin agua. Después se sentaron a comer. Al ver acercarse una caravana de ismaelitas procedente de Galaad, Judá preguntó qué provecho sacarían de matar a su hermano y ocultar su sangre, y propuso venderlo. Los hermanos aceptaron, sacaron a José de la cisterna y lo vendieron por veinte siclos de plata; él fue llevado a Egipto. Rubén volvió, no encontró a José y rasgó sus vestidos. Los hermanos degollaron un cabrito, tiñeron la ropa con sangre y se la enviaron a su padre, pidiéndole que la reconociera. Jacob creyó que una mala bestia había devorado a su hijo; rasgó sus vestidos, se puso saco y guardó luto durante muchos días, sin querer recibir consuelo. El texto relacionado es Salmos 55: no fue un enemigo quien me afrentó; fuiste tú, mi compañero y mi familiar. Hoy conversaremos sobre lo que ocurre después de que la propia familia nos traiciona.
1. Lean los versículos 12-17. ¿Por qué fue José a buscar a sus hermanos? ¿Qué ocurrió por el camino?
Sugerencia para quien dirige: Su padre lo envió para saber si sus hermanos y las ovejas estaban bien. Se perdió, pero preguntó por ellos y los siguió hasta Dotán. Observen que José fue a interesarse por su bienestar.
2. Lean los versículos 18-28. ¿Qué hicieron sus hermanos? ¿Qué dice el versículo 25?
Sugerencia para quien dirige: Conspiraron, le quitaron la ropa de colores y lo arrojaron a una cisterna vacía; después se sentaron a comer. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte siclos de plata. Rubén había intentado salvarlo.
3. Lean los versículos 29-36. ¿Cómo explicaron lo ocurrido a su padre? ¿Cómo reaccionó Jacob?
Sugerencia para quien dirige: Degollaron un cabrito, tiñeron la ropa con sangre y la enviaron, pidiendo a su padre que la reconociera. Jacob rasgó sus vestidos, se vistió de saco, guardó luto durante muchos días y no quiso recibir consuelo.
4. Lean Salmos 55:12-14. ¿Por qué duele más ser herido por la propia familia o por un compañero que por un enemigo?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle tiempo. El salmista lo expresa con claridad: si fuera un enemigo, podría soportarlo. El versículo 14 añade que iban juntos a la casa de Dios: hasta el recuerdo de haber adorado juntos se convierte en una herida. Pueden conversar sobre con quién es seguro hablar de este dolor.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) ¿Qué elementos aparecen a la vez en la propuesta de Judá? ¿Qué revelan “no pongamos la mano sobre él, porque es nuestro hermano” y “¿qué provecho?”? ¿Cómo valoramos su elección?
Sugerencia para quien dirige: Hay cierta consideración por su hermano y también un cálculo de provecho; el texto no emite por nosotros un juicio único sobre sus motivos. Pueden conversar sobre si vemos a nuestro alrededor una conducta semejante: evitar una ruptura abierta y, aun así, aprovecharse de la otra persona.
6. ¿Por qué resulta tan estremecedora la frase “se sentaron a comer pan”? ¿Qué papel tienen los espectadores en situaciones así?
Sugerencia para quien dirige: La indiferencia es también una forma de participar. Pueden conversar sobre qué suelen hacer quienes están alrededor cuando algo así sucede en una familia o una iglesia, y qué necesita de ellos la persona herida.
7. ¿Por qué cuesta tanto superar este tipo de herida? (Se puede hablar de observaciones generales sin contar una experiencia propia; cualquiera puede optar por no responder; quien viene por primera vez también puede participar.)
Sugerencia para quien dirige: Quienes quieran pueden responder con una o dos frases, sin decir nombres. No pidan detalles ni emitan juicios. Esta pregunta no trata del perdón; solo permite poner en palabras este tipo de daño. Quien dirige comparte primero una observación propia.
8. ¿Qué acción concreta quieres realizar esta semana con respecto a este asunto?
Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreta, mejor: ordenar los hechos y las pruebas; hablar una vez con el pastor o con alguien que conozca el derecho; decidir un límite —por ejemplo, no volver a prestar dinero o no volver a conversar a solas—; escribirle a Dios lo que llevas dentro, sin publicarlo en el chat familiar. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.
Pidan a una persona que lea despacio Salmos 55:12-14 y guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede llevar delante de Dios a aquella persona y aquel suceso, sin tener que perdonar primero ni explicar primero. Después, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases, pidiendo misericordia frente a la amargura y sabiduría para el camino que deben recorrer, sin mencionar nombres. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por regla general, antes de hacer seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato con emergencias, la policía o la institución de protección adecuada de la localidad.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, no fue un enemigo quien nos hirió; si hubiera sido un enemigo, podríamos soportarlo. Nos hirieron nuestro compañero y nuestra propia familia. No logramos contarlo ni podemos dejarlo atrás. Escúchanos primero cuando decimos que duele; no nos apresures a decir que no importa. Guarda nuestro corazón para que la amargura no lo devore y danos sabiduría para saber qué hacer: qué decir, qué límites establecer y qué camino tomar. Tú eres el Señor que ve; viste todo lo que ocurrió en la cisterna. Haznos justicia y sánanos. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una sola acción para esta semana. Una basta; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Cuando tienes la oportunidad de vengarte” (1 Samuel 24), o la lección “Disputas por la herencia familiar” (Génesis 13).