Cuando todo va bien · Grupos pequeños

Circunstancias de la vida, Lección 11. Leer 2 Crónicas 26:1-21. La carrera avanza, aumentan los ingresos y todos te elogian; poco a poco piensas que todo se debe a tu propia capacidad

Pasaje principal: 2 Crónicas 26:1-21

Uzzías comenzó a reinar a los dieciséis años. Buscó a Dios y Dios lo hizo prosperar: tuvo ejército, torres, pozos y fama. Luego el texto introduce un giro muy breve: “Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse”. En los días de prosperidad necesitamos que nos sostengan incluso más que en la dificultad.

Introducción

La mayoría de las lecciones de esta serie hablan de dificultades. Esta trata de cuando todo va bien: recibimos un ascenso, aumentan los ingresos, prospera el negocio, un hijo logra entrar en una buena escuela y en la iglesia cada vez se valora más lo que hacemos.

Cuando todo va bien, no sentimos que necesitemos ayuda. Precisamente ahí está el peligro.

2 Crónicas 26 habla de Uzzías. Comenzó a reinar a los dieciséis años y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén, un periodo muy largo entre los reyes de Judá. El texto valora favorablemente la primera parte de su vida:

Y persistió en buscar á Dios en los días de Zachârías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que él buscó á Jehová, él le prosperó. (2 Crónicas 26:5)

Observemos dos cosas: persistió en buscar a Dios y durante su juventud tenía cerca a Zacarías, un hombre entendido en las revelaciones de Dios. El texto relaciona su prosperidad con la búsqueda de Jehová. No explica cuándo dejó de estar Zacarías ni si su ausencia fue la causa de que Uzzías se volviera orgulloso.

Después aparece una larga lista de logros: venció a los filisteos; los amonitas le dieron presentes y su fama llegó hasta Egipto; edificó torres en Jerusalén y abrió cisternas en el desierto porque tenía mucho ganado; había personas cultivando las montañas y los campos fértiles, pues le gustaba la agricultura; su ejército contaba con trescientos siete mil quinientos guerreros; preparó escudos, lanzas, yelmos, corazas y arcos; incluso encargó a ingenieros máquinas para lanzar flechas y grandes piedras desde las torres (2 Crónicas 26:6-15). El pasaje concluye así: “Y su fama se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte” (2 Crónicas 26:15).

“Se ayudó maravillosamente”: la ayuda procedía de Dios. Entonces llega el giro:

Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar sahumerios en el altar del perfume. (2 Crónicas 26:16)

Cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció: el texto presenta la relación con toda claridad. La fuerza no era el pecado; fue aquella sensación de “yo puedo” la que lo empujó más allá del límite.

Ochenta sacerdotes entraron tras él para detenerlo. Le dijeron que quemar perfume a Jehová no le correspondía, sino a los sacerdotes descendientes de Aarón (2 Crónicas 26:18). Uzzías reaccionó con ira: sostenía el incensario en la mano y se enfureció contra los sacerdotes junto al altar (2 Crónicas 26:19). En ese momento apareció lepra en su frente. Vivió en una casa apartada hasta el día de su muerte, separado de la casa de Jehová (2 Crónicas 26:21).

Aquí debemos dejar algo muy claro: la lepra de Uzzías es un juicio de Dios que la Biblia afirma expresamente dentro de aquel episodio histórico; no podemos usarla para explicar la enfermedad de ninguna persona hoy. No tenemos autoridad para interpretar en nombre de Dios por qué alguien ha enfermado. Lo que este capítulo nos invita a mirar es otra cosa: cómo la prosperidad puede cambiar a una persona poco a poco.

Este capítulo reúne varios peligros frecuentes de la prosperidad.

Primero: olvidar de dónde vino la ayuda. El texto declara dos veces que Dios lo prosperó y lo ayudó. Cuando vivimos mucho tiempo entre logros, “Dios me ayudó” se va convirtiendo lentamente en “yo lo conseguí”.

Segundo: conservar cerca a personas que digan la verdad. El pasaje muestra que, cuando era joven, tenía a su lado a alguien que le enseñaba. Cuando todo va bien, cada vez quedan menos personas dispuestas a decirte “no puedes hacer eso”; no necesariamente porque te hayas vuelto malvado, sino porque nadie se atreve.

Tercero: traspasar límites. Lo que hizo Uzzías parecía, por fuera, un acto religioso: quemar perfume. Sin embargo, la Escritura lo llama rebelión contra Jehová. La apariencia espiritual no hace correcto traspasar un límite. Fue precisamente cuando intentaron detenerlo cuando quedó a la vista lo que había dentro: se enfureció. La incapacidad de aceptar una corrección puede ser todavía más seria que el error que se está señalando.

Cuarto: los logros pueden ocultar los cambios de carácter. Las torres, las cisternas y el ejército seguían en pie, pero la persona ya no era la misma. Los demás ven las obras; no ven el corazón.

¿Qué debemos hacer, entonces, cuando las cosas van bien?

Uno: conservar cerca a personas que digan la verdad. Busca activamente a una o dos personas que no dependan económicamente de ti y no te tengan miedo. Pídeles que hablen contigo con sinceridad de manera regular. Cuando te corrijan, responde primero con un agradecimiento, sin justificarte.

Dos: decir con frecuencia quién lo dio. En casa, al dar testimonio y en la oración personal, hay que decirlo de manera explícita: esta ayuda vino de Dios. Lo que la boca repite ayuda al corazón a recordarlo.

Tres: respetar los límites. Cuanto mayor sea la autoridad, más necesario es mantenerse dentro de la propia función: seguir los procedimientos, evitar los conflictos de interés y separar el dinero de la autoridad. No se deben eludir las normas alegando que se hace por el bien de la iglesia.

Cuatro: dar más cuando todo va bien. Tiempo, dinero y oportunidades. Compartir conscientemente en la prosperidad nos enseña a no considerar lo recibido como algo que solo nos pertenece, y nos recuerda que seguimos siendo receptores y administradores.

Cinco: vigilar el temperamento. En la prosperidad, una de las cosas que más fácilmente salen a la luz es nuestra reacción cuando nos rechazan o cuestionan. Uzzías se enfureció precisamente cuando intentaron detenerlo.

Proverbios resume por completo este camino:

Antes del quebrantamiento es la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu. (Proverbios 16:18)

Notas de estudio

1. “En estos días que él buscó á Jehová, él le prosperó” (versículo 5). La prosperidad fue un don de Dios. Desde el principio, el pasaje atribuye el mérito a quien corresponde.

2. “En los días de Zachârías”. Durante su juventud, Uzzías tenía cerca a alguien entendido en las revelaciones de Dios. El texto no dice que la marcha o muerte de Zacarías causara su orgullo. Lo que sí podemos aprender es esto: en la prosperidad necesitamos conservar cerca a personas que nos recuerden la verdad.

3. “Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció” (versículo 16). La relación está expresada con toda claridad. Ser fuerte no era pecado; dejar que la fuerza lo empujara a cruzar los límites sí lo fue.

4. Lo que hizo al cruzar el límite tenía una apariencia religiosa. Fue a quemar perfume, pero el texto lo llama rebelión contra Jehová. La apariencia espiritual no hace correcto traspasar un límite.

5. La lepra fue el juicio de Dios en aquel episodio histórico, no una clave para explicar las enfermedades actuales. No tenemos autoridad para decir por qué ha enfermado una persona en nuestros días.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Primero, una aclaración (para leer en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por regla general, hablará primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan prestar ayuda real. Cuando haya menores o personas que no puedan protegerse, o exista un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará con el pastor, profesionales cualificados, la policía o los servicios médicos y de emergencia de la localidad. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.

Para empezar: ¿Hay cerca de ti alguien que se atreva a decirte a la cara algo que no quieres oír? (No hace falta decir quién es. Quien viene por primera vez también puede participar.)

Sugerencia para quien dirige: Mantengan un tono ligero y respondan con una o dos frases. Muchas personas descubrirán que no saben qué contestar. La pregunta prepara el camino para hablar de Zacarías, que estuvo junto a Uzzías.

Resumen de la lección (para leer en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)

Esta lección se basa en 2 Crónicas 26:1-21. El pueblo de Judá hizo rey a Uzzías cuando tenía dieciséis años, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Hizo lo recto ante Jehová. En los días de Zacarías, entendido en las revelaciones de Dios, persistió en buscar a Dios, y mientras buscó a Jehová, Dios lo prosperó. Atacó a los filisteos y Dios lo ayudó; los amonitas le dieron presentes y su fama llegó hasta Egipto. Edificó torres en Jerusalén y en el desierto, abrió cisternas porque tenía mucho ganado y se dedicó a la agricultura. Contaba con un ejército de trescientos siete mil quinientos hombres y preparó escudos, lanzas, yelmos, corazas, arcos y máquinas para lanzar flechas y piedras desde las torres. Su fama se extendió lejos porque recibió una ayuda maravillosa y se hizo fuerte. Pero cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció hasta corromperse: se rebeló contra Jehová y entró en el templo para quemar perfume. El sacerdote Azarías y otros ochenta sacerdotes se opusieron, explicándole que ese servicio correspondía a los descendientes de Aarón y que debía salir del santuario. Uzzías se enfureció con el incensario en la mano; mientras mostraba su ira contra los sacerdotes, apareció lepra en su frente. Lo hicieron salir del templo y permaneció leproso hasta el día de su muerte, viviendo en una casa apartada y separado de la casa de Jehová. El texto relacionado es Proverbios 16: “Antes del quebrantamiento es la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu”. Hoy conversaremos sobre qué sucede cuando todo marcha bien.

Observación

1. Lean los versículos 1-5. ¿Qué edad tenía Uzzías cuando comenzó a reinar? Según el versículo 5, ¿qué hizo y cuál fue el resultado? ¿Quién estaba cerca de él?

Sugerencia para quien dirige: Tenía dieciséis años. Persistió en buscar a Dios y Dios lo prosperó. Zacarías estaba vivo: el pasaje menciona expresamente tanto a esa persona como ese periodo.

2. Lean los versículos 6-15. ¿Qué cosas consiguió? ¿A quién atribuye la última frase del versículo 15 la causa de su fortaleza?

Sugerencia para quien dirige: Victorias militares, presentes, fama, torres, cisternas, agricultura, ejército y maquinaria. El versículo 15 dice que recibió una ayuda maravillosa y llegó a ser fuerte.

3. Lean los versículos 16-21. ¿En qué frase ocurre el giro? ¿Cómo reaccionó cuando intentaron detenerlo?

Sugerencia para quien dirige: Cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció. Al enfrentarse a los ochenta sacerdotes, se enfureció mientras sostenía el incensario. Entonces apareció lepra en su frente.

Interpretación

4. “Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció”. ¿Cómo puede la fortaleza convertirse en orgullo? ¿Qué pasos aparecen en ese camino?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle tiempo. Pueden enumerar juntos: olvidar de dónde vino la ayuda, no tener cerca a nadie que se atreva a hablar con sinceridad, traspasar los límites de la propia función y enfurecerse al recibir una corrección. Pueden preguntar: ¿cuál de estos cuatro pasos me resulta más fácil dar?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) ¿Cómo relaciona el versículo 5 la búsqueda de Uzzías con la prosperidad que Dios le dio? ¿Qué nos recuerda la frase “en los días de Zachârías”?

Sugerencia para quien dirige: Enfaticen la búsqueda perseverante de Dios. No deduzcan que la ausencia de Zacarías fue la causa de su caída. Después pueden aplicarlo: ¿tengo ahora a alguien que pueda recordarme la verdad? ¿Cuándo fue la última vez que me corrigió?

6. Lo que hizo Uzzías parecía un acto religioso, pero el texto lo llama rebelión contra Dios. ¿Por qué merece atención ese contraste?

Sugerencia para quien dirige: La apariencia espiritual no hace correcto traspasar los límites; el texto tampoco inventa para Uzzías una buena intención. Pueden hablar de situaciones concretas en la iglesia: eludir procedimientos para que un ministerio avance, no separar el dinero y la autoridad o negarse a rendir cuentas. Todas son maneras de traspasar límites bajo un buen nombre.

Aplicación

7. ¿En qué área te están yendo bien las cosas últimamente? Cuando todo va bien, ¿qué es lo primero que tiendes a dejar de hacer? (Quien viene por primera vez también puede responder.)

Sugerencia para quien dirige: Quienes quieran pueden responder con una o dos frases. Algunas respuestas frecuentes: orar menos, escuchar menos opiniones, enfadarse con mayor facilidad o compartir menos. Quien dirige puede responder primero, para que nadie se sienta atacado.

8. ¿Qué quieres hacer esta semana para mantenerte firme cuando todo va bien?

Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: pedir a una persona sincera que te recuerde periódicamente la verdad; reconocer en casa o al dar testimonio que lo recibido viene de Dios; compartir una cantidad de dinero o unas horas; cuando alguien te corrija esta semana, dar primero las gracias y reflexionar antes de contestar. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona que lea despacio 2 Crónicas 26:5 y 16, y luego Proverbios 16:18. Guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede recordar la ayuda que Dios le ha dado durante este año y preguntarse: ¿a quién atribuyo el mérito? Después, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases, pidiendo que Dios guarde su corazón y orando por las personas del grupo que están en prosperidad o en dificultad. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por regla general, antes de hacer seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato con emergencias, la policía o la institución de protección adecuada de la localidad.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, si tenemos algún logro en las manos, es porque Tú nos has ayudado. No permitas que cambiemos en secreto “Tú me prosperaste” por “yo lo conseguí”. Conserva a nuestro lado personas que se atrevan a decir la verdad y danos un corazón capaz de recibir corrección. Guarda nuestro temperamento, sobre todo cuando se nos niega algo o se cuestiona lo que hacemos. Que en la prosperidad compartamos más, respetemos nuestra función y no traspasemos los límites que estableciste alegando que lo hacemos por una buena causa. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una sola acción para esta semana. Una basta; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden escoger la lección “Ascendido de repente y cargado con una gran responsabilidad” (1 Reyes 3:5-15), o la lección “Después de cometer un grave error” (2 Crónicas 33:1-20).

Guía para quien dirige