Años de esfuerzo perdidos de repente · Grupos pequeños

Circunstancias de la vida, Lección 9. Leer Lucas 5:1-11. El negocio fracasó o el proyecto se canceló; el trabajo de muchos años desapareció de la noche a la mañana

Pasaje principal: Lucas 5:1-11

Pedro dijo: “Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado”. Para un pescador, pocas frases podían expresar mejor el desaliento. Jesús no intentó animarlo con palabras; solo dijo: “Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar”. Esta lección no promete que todo proyecto fracasado terminará recuperándose, pero aquella mañana junto al lago ocurrió algo mucho mayor: lo que Pedro pescaría desde entonces ya no serían peces.

Introducción

Un negocio que fracasa, un proyecto que se cancela, una tienda que cierra, un sector al que dedicaste diez años y que de pronto cambia por completo. A menudo lo más doloroso no es haber perdido el dinero, sino sentir que todos esos años no sirvieron para nada: las noches sin dormir, las relaciones desgastadas y el tiempo que no pasaste con la familia parecen quedar reducidos a una sola frase: “Se acabó”.

La escena que abre Lucas 5 sucede en una mañana así.

Pedro y los demás no habían pescado nada en toda la noche y estaban lavando las redes: lavarlas era la tarea con la que terminaban la jornada. Jesús enseñó desde la barca de Pedro y, cuando acabó, le dijo: “Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5:4).

La respuesta de Pedro fue muy sincera:

Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. (Lucas 5:5)

Escuchemos bien las dos partes de la frase: primero, la realidad —habían trabajado toda la noche sin conseguir nada—; después, su respuesta —“mas en tu palabra echaré la red”—. Pedro no ocultó el fracaso, pero obedeció la instrucción clara de Jesús.

El resultado fue que la red empezaba a romperse y las dos barcas se llenaron de tal manera que casi se hundían (Lucas 5:6-7).

Entonces ocurrió algo inesperado. Pedro no celebró, sino que cayó de rodillas ante Jesús:

Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. (Lucas 5:8)

Ante aquella señal vio la autoridad de Jesús y reconoció que él mismo era pecador. Jesús no se apartó como Pedro le pedía; al contrario, le respondió:

Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres. (Lucas 5:10)

La última frase da la vuelta a toda la escena: “Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron” (Lucas 5:11). Acababan de conseguir la pesca más abundante de su vida y enseguida lo dejaron todo.

Aquí debemos aclarar algo con mucho cuidado. Este pasaje no garantiza que, después de un fracaso, Dios hará que todo salga bien. Aquella pesca no fue el relanzamiento profesional de Pedro, sino la señal de un llamamiento: lo que recibió no fueron peces, sino personas. La Biblia nunca promete que toda persona fiel recuperará en esta vida lo que perdió. Pablo también pasó hambre, necesidad y desnudez (Filipenses 4:12; 2 Corintios 11:27); eso no significaba que Dios lo hubiera abandonado. Convertir este pasaje en el mensaje “inténtalo una vez más y saldrá bien” añade otra carga sobre quien ya lo ha perdido todo.

Entonces, ¿qué podemos llevarnos de esta lección?

Uno: decir primero la verdad. Pedro no ocultó que había trabajado toda la noche sin pescar nada. Ante Dios, la familia y los acreedores, la verdad sirve mucho más que guardar las apariencias.

Dos: “mas en tu palabra”; Pedro actuó porque Jesús le dio una instrucción clara. Hoy podemos preguntarnos qué responsabilidades ya deja claras la Escritura —ser honrados, pagar las deudas, cuidar a la familia y hacer lo que nos corresponde— y qué cosas no son más que el impulso desesperado de recuperar lo perdido. Hagamos lo primero y detengámonos antes de lo segundo.

Tres: prestar atención a si Dios está cambiando la dirección. La historia no termina con Pedro convertido en el pescador de mayor éxito, sino con una nueva dirección para toda su vida. Un fracaso puede ser una ocasión para volver a discernir el rumbo, pero el fracaso en sí mismo no demuestra que Dios ya nos haya indicado que debemos cambiarlo. Conviene discernir con calma en oración, teniendo en cuenta las responsabilidades claras de la Escritura, los hechos de la situación y el consejo de personas fiables.

Cuatro: no apresurarse a tomar decisiones importantes. Durante las primeras semanas después de perderlo todo, es fácil irse a un extremo: pedir otra gran suma para recuperarse de golpe, o abandonarlo todo y no hacer nada. Primero hay que estabilizar la vida cotidiana: los ingresos, la vivienda, la familia y la salud.

Cinco: atender la vergüenza que deja el fracaso. Cuando Pedro reconoció que era pecador, Jesús le dijo “No temas” y lo llamó a seguirlo. Este pasaje muestra ante todo cómo Cristo recibe y llama a una persona que reconoce su pecado; al aplicarlo a la vergüenza del fracaso, solo podemos afirmar que él no nos desecha por nuestros reveses. Si no logras salir de ese estado interior, habla con un pastor o con un profesional.

Pablo escribió una frase apropiada para momentos así:

No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado. (Gálatas 6:9)

Observemos que habla de “hacer bien”, no de “hacer negocios”. A la luz del contexto (Gálatas 6:8-10), la cosecha se refiere en primer lugar a sembrar para el Espíritu, segar finalmente vida eterna y perseverar ahora en hacer bien a todos. No es una promesa de que tarde o temprano el negocio recuperará sus pérdidas. Aunque el proyecto que tenemos delante no se restablezca, por el Espíritu podemos seguir haciendo el bien que corresponde.

Para la familia y el grupo: no pregunten cuánto perdió la persona ni digan “ya te lo había advertido”. Sí pueden ofrecerle una comida, dar un paseo sin hablar de dinero, ayudarle a revisar un currículum o un contrato y, mientras todavía intenta recuperarse, no presionarla para que “se anime”.

Notas de estudio

1. Estaban lavando las redes. Era la tarea con la que cerraban la jornada. La instrucción de Jesús llegó después de una noche sin resultados, cuando se disponían a volver a casa.

2. “Habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado”. Pedro comenzó diciendo la verdad. Reconocer un fracaso no es falta de fe.

3. “Mas en tu palabra”. No actuó porque de pronto se sintiera mejor, sino que volvió a echar la red por la palabra de Jesús. La acción precedió al sentimiento.

4. Aquella pesca fue la señal de un llamamiento, no el relanzamiento de un negocio. La historia termina con ellos dejándolo todo para seguir a Jesús. No enseñemos que “si lo intentas otra vez, saldrá bien”: la Biblia no promete que una persona fiel recuperará en esta vida todas sus pérdidas.

5. “No temas”. Pedro reconoció que era pecador; Jesús no se apartó, sino que le dijo “No temas” y lo llamó a seguirlo.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Primero, una aclaración (para leer en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por regla general, hablará primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan prestar ayuda real. Cuando haya menores o personas que no puedan protegerse, o exista un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará con el pastor, profesionales cualificados, la policía o los servicios médicos y de emergencia de la localidad. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.

Para empezar: ¿En qué tarea pusiste mucho esfuerzo y al final no salió adelante? (Puede ser un examen, una competición, una mudanza o una reforma de la casa. Quien viene por primera vez también puede participar.)

Sugerencia para quien dirige: Mantengan un tono ligero y respondan con una o dos frases; no hace falta que sea algo grave. Esta pregunta permite que la experiencia de haberse esforzado en vano se pueda nombrar dentro del grupo.

Resumen de la lección (para leer en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)

Esta lección se basa en Lucas 5:1-11. Jesús estaba junto al lago de Genezaret y la multitud se agolpaba para oír la palabra de Dios. Vio dos barcas en la orilla; los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Entró en la barca de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra y enseñó a la gente desde allí. Al terminar, dijo a Simón: “Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar”. Simón respondió que habían trabajado toda la noche sin tomar nada, pero que, por su palabra, echaría la red. Al hacerlo encerraron tantos peces que la red se rompía; llamaron a sus compañeros y llenaron las dos barcas hasta casi hundirlas. Al verlo, Simón Pedro cayó de rodillas ante Jesús y se reconoció pecador. Jesús le dijo: “No temas: desde ahora pescarás hombres”. Cuando llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron. El texto relacionado es Gálatas 6: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado”. Hoy conversaremos sobre esos momentos en que el trabajo de muchos años parece haber quedado en nada.

Observación

1. Lean los versículos 1-3. ¿Qué habían vivido antes de esta escena? ¿Qué estaban haciendo los pescadores?

Sugerencia para quien dirige: Habían trabajado toda la noche sin obtener nada. Habían bajado de las barcas y lavaban las redes, preparándose para terminar la jornada. Conviene señalar ese detalle.

2. Lean los versículos 4-7. ¿Qué ordenó Jesús? ¿Cuáles son las dos partes de la respuesta de Pedro? ¿Qué sucedió después?

Sugerencia para quien dirige: Debían ir a alta mar y echar las redes. Pedro primero dijo la realidad —habían trabajado toda la noche sin tomar nada— y después respondió: “Mas en tu palabra”. La red empezó a romperse y las dos barcas quedaron llenas.

3. Lean los versículos 8-11. ¿Cómo reaccionó Pedro? ¿Qué le dijo Jesús? ¿Qué hicieron finalmente?

Sugerencia para quien dirige: Pedro cayó de rodillas ante Jesús y dijo que era un hombre pecador. Jesús respondió: “No temas: desde ahora pescarás hombres”. Ellos llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron.

Interpretación

4. Pedro actuó porque Jesús le dio una instrucción clara. Después de un fracaso, ¿qué responsabilidades ya deja claras la Escritura y qué cosas no son más que nuestro impulso de recuperar lo perdido?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle tiempo. Responsabilidades claras: ser honestos, pagar las deudas, cuidar a la familia, terminar los trámites necesarios y hablar con quien corresponda. Impulsos desesperados: pedir otro préstamo o apostar de nuevo todo el patrimonio. Pueden concretar cuál es el paso que toca dar hoy.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) ¿Enseña este pasaje que, si obedecemos a Dios, recuperaremos todo lo perdido?

Sugerencia para quien dirige: No. La historia termina con ellos dejándolo todo para seguir a Jesús; aquella pesca fue la señal de un llamamiento. En la Biblia hay muchas personas fieles que no recuperaron sus pérdidas. Hay que decirlo con claridad, pues lo contrario herirá a quien realmente lo ha perdido todo.

6. Pedro vio una pesca extraordinaria, pero dijo: “Soy hombre pecador”. ¿Qué respondió Jesús primero?

Sugerencia para quien dirige: Primero dijo “No temas”. Tanto el fracaso como el éxito pueden sacar a la luz lo que hay dentro de nosotros. Jesús atendió primero el temor y la autocondena, y luego le dio una nueva dirección.

Aplicación

7. Después de un fracaso, ¿qué resulta más difícil: el dinero, la imagen ante los demás o sentir que todos esos años no sirvieron para nada? (Quien viene por primera vez también puede responder.)

Sugerencia para quien dirige: Quienes quieran pueden responder con una o dos frases. No pregunten cantidades ni pidan detalles. Quien dirige puede responder primero. Después de escuchar a alguien, no contesten con “Lo que deberías hacer es…”.

8. ¿Qué paso siguiente, honesto y prudente, estás dispuesto a dar esta semana? (Puede ser actuar, limitar las pérdidas, descansar o pedir ayuda.)

Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: enviar un currículum, hacer una llamada, ordenar las cuentas, consultar a alguien que pueda aconsejar, o empezar por recuperar la salud y el sueño. También es válido parar y descansar. Recuerden que, durante las primeras semanas después de una gran pérdida, no conviene tomar decisiones como pedir una nueva deuda para intentar recuperar todo de golpe. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona que lea despacio Lucas 5:4-5 y 10, y guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar: ¿cuál es la verdad que más necesito decirle ahora a Dios? Después, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases, contando a Dios la pérdida, la vergüenza o el hecho de no saber qué hacer, sin entrar en detalles. También pueden orar por las personas del grupo que atraviesan un tiempo difícil. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por regla general, antes de hacer seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato con emergencias, la policía o la institución de protección adecuada de la localidad.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, hemos trabajado toda la noche y no hemos tomado nada. Para algunas personas, el esfuerzo de estos últimos años parece haber quedado en nada: la tienda cerró, el proyecto se canceló y los compañeros se marcharon. No Te pedimos que necesariamente nos devuelvas todo lo perdido; Te pedimos que nos encuentres aquí, como encontraste a Pedro junto al lago. Detén esa voz interior que dice “ya no tengo remedio” y dinos: “No temas”. Danos sabiduría y valor para discernir si el siguiente paso es comenzar de nuevo, detenernos o cambiar de dirección, aunque ese rumbo no sea el que habíamos imaginado. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una sola acción para esta semana. Una basta; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden escoger la lección “Perder el trabajo y el sustento” (1 Reyes 17:8-16), o la lección “En la mediana edad, después de años sin ser reconocido” (Éxodo 2:11-25).

Guía para quien dirige