Circunstancias de la vida, Lección 8. Leer 2 Reyes 4:1-7. Préstamos por internet, tarjetas de crédito y deudas del negocio siguen acumulándose; cada llamada de cobro te llena de angustia
Pasaje principal: 2 Reyes 4:1-7
El acreedor venía a llevarse a sus dos hijos. Eliseo no comenzó dándole una explicación, sino que le hizo una pregunta muy práctica: “Declárame qué tienes en casa”. Ella respondió: “Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite”. El pago de la deuda comenzó con aquella botija. Muchas veces Dios empieza a abrir camino con lo poco que ya tenemos en las manos.
Vivir endeudado tiene un peso muy particular: cuando suena el teléfono del cobrador, el ánimo se viene abajo; uno no se atreve a silenciarlo, pero tampoco a contestar. Por la noche se duerme y vuelve a despertar con la cabeza llena de cifras. Y lo que más miedo da es que la familia se entere o que los hijos empiecen a preguntar.
El comienzo de 2 Reyes 4 nos lleva al día en que una viuda ya no veía ninguna salida.
UNA mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó á Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová: y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. (2 Reyes 4:1)
Fijémonos en cada parte de lo que dice: su marido temía a Jehová; su marido había muerto; y ahora el acreedor venía para llevarse a sus dos hijos como siervos. En aquella época sí existía la servidumbre por deudas, en la que se pagaba trabajando; el pasaje no explica en qué ley concreta se apoyaba el acreedor. Esta no es una historia sobre una mala administración del dinero: una persona piadosa también puede dejar deudas al morir. Afirmar que toda deuda demuestra falta de piedad o incapacidad para manejar el dinero es un prejuicio presente en muchas iglesias, y este versículo lo desmiente.
La respuesta de Eliseo merece nuestra atención:
Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite. (2 Reyes 4:2)
La primera pregunta fue “¿Qué te haré yo?”; la segunda, “Declárame qué tienes en casa”. No comenzó preguntando cómo habían llegado a deber tanto, ni pronunciando un largo discurso. Primero preguntó qué necesitaba; después, con qué contaba.
Luego le dio un plan de acción muy concreto: debía pedir prestados muchos recipientes vacíos a todos sus vecinos; después entraría en casa, cerraría la puerta tras ella y sus hijos, y echaría el aceite en todos los recipientes (2 Reyes 4:3-4). Ella obedeció y todos se llenaron. Cuando pidió a uno de sus hijos que trajera otro, él respondió que ya no quedaban más; entonces cesó el aceite (2 Reyes 4:6).
Por último, Eliseo le dijo que vendiera el aceite, pagara a sus acreedores y viviera con sus hijos de lo que quedara (2 Reyes 4:7).
Este pasaje ofrece varias enseñanzas muy concretas.
Primera: pagar la deuda antes que nada. Lo que Dios hizo no le proporcionó dinero para gastos secundarios. El primer uso era pagar la deuda; solo después podrían vivir de lo restante. La Biblia toma en serio la responsabilidad de devolver lo prestado.
Segunda: Dios comenzó con lo poco que ella tenía. Una botija de aceite. Muchas veces creemos que no tenemos nada, cuando en realidad no valoramos ese poco que ya está en nuestras manos: una habilidad, una habitación libre, dos horas al día o un familiar dispuesto a ayudar.
Tercera: ella tuvo que pedir recipientes vacíos a todos sus vecinos. El texto solo dice que obedeció y pidió muchos. Pedir ayuda suele costar mucho; también hoy, ese suele ser el paso más difícil.
Cuarta: el aceite cesó cuando ya no quedaban recipientes vacíos. El pasaje no convierte el número de recipientes en una medida de la fe ni en una fórmula que determine cuánto proveerá Dios. Lo que muestra es esto: la viuda obedeció la instrucción recibida, y Dios proveyó partiendo de la botija de aceite que realmente tenía.
¿Qué podemos hacer hoy de manera concreta?
Uno: aclarar todas las cuentas. Tomar una hoja y anotar cada deuda: a quién se debe, cuánto, qué interés tiene y cuándo vence. Las deudas que no entendemos son las que más miedo dan. Una vez puestas por escrito, a menudo descubrimos que la situación, aunque difícil, se puede medir y ordenar.
Dos: distinguir entre lo que hay que pagar primero y lo que se puede negociar. Conviene dar prioridad a los intereses más altos y a las deudas que pueden afectar la vivienda o la educación de los hijos. También se puede hablar con un banco o una entidad formal sobre pagos fraccionados o una prórroga.
Tres: nunca pedir un préstamo de alto interés, un crédito puente ni dinero de procedencia dudosa para pagar otra deuda. Si se considera una prórroga, una renovación o una consolidación de deuda por medio de un banco formal, primero hay que calcular el costo total y las obligaciones del contrato, y consultar a una entidad financiera regulada, a un servicio de asistencia jurídica o a un profesional cualificado. Si hay amenazas, acoso o divulgación de datos personales, se deben conservar las pruebas y denunciarlo a la policía.
Cuatro: hay que aumentar los ingresos y reducir los gastos. Aceptar el trabajo que se pueda hacer y recortar este mismo mes los gastos que se deban recortar.
Cinco: contárselo a una o dos personas de confianza. Cargar a solas con una deuda es una de las situaciones en las que más fácilmente puede ocurrir algo grave, incluida la autolesión. Cuando alguien más lo sabe, puede tender una mano en el momento decisivo.
Seis: no tratar la ofrenda como una condición para que la deuda sea resuelta. Dios no es una empresa de reestructuración de deudas. Tampoco se debe aconsejar a nadie que cuanto más ofrende, antes terminará de pagar.
Para la iglesia y el grupo: no pregunten delante de todos cuánto debe una persona. Sí pueden ayudarle a ordenar las cuentas, ponerla en contacto con asesoría jurídica o financiera fiable, ofrecerle ayuda material durante un tiempo o acompañarla a una conversación difícil. También hay que tener cuidado con algo: los préstamos privados dentro de la iglesia suelen destruir relaciones. Si de verdad se quiere ayudar, es preferible hacerlo mediante los cauces formales de la iglesia, en vez de prestarse dinero unos a otros de manera privada.
Aquí resulta apropiada una frase de Pablo a los filipenses:
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme á sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4:19)
Fijémonos en el contexto: Pablo dice esto después de agradecer a la iglesia de Filipos que hubiera atendido sus necesidades. La carta muestra que, a veces, Dios cuida a una persona precisamente por medio de la generosidad de sus hermanos y hermanas. Pero este versículo no promete que toda deuda desaparecerá de forma milagrosa.
1. El marido era temeroso de Jehová. Una persona piadosa también puede dejar deudas. Es un prejuicio afirmar que toda persona endeudada tiene necesariamente un problema espiritual.
2. Eliseo preguntó primero qué necesitaba y después qué tenía en casa. No comenzó interrogándola sobre cómo había contraído la deuda ni dándole una explicación. Ese es el orden cuando queremos ayudar.
3. Todo comenzó con una botija de aceite. Dios suele empezar con lo poco que ya tenemos en las manos. No digamos demasiado pronto: “No tengo nada”.
4. Ella obedeció y pidió recipientes vacíos. El texto solo describe su acción; también hoy, pedir ayuda suele ser el paso más difícil.
5. “Ve, y vende el aceite, y paga á tus acreedores”. El primer uso de la provisión fue saldar la deuda, no mejorar su nivel de vida. La Biblia toma en serio el pago de las deudas.
Primero, una aclaración (para leer en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por regla general, hablará primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes puedan prestar ayuda real. Cuando haya menores o personas que no puedan protegerse, o exista un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará con el pastor, profesionales cualificados, la policía o los servicios médicos y de emergencia de la localidad. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona.
Para empezar: ¿Qué pequeña habilidad tienes que podría servirle a otra persona? (Cocinar, reparar cosas, conducir, manejar computadoras o contar historias: todo vale. Quien viene por primera vez también puede participar.)
Sugerencia para quien dirige: Mantengan un tono ligero y respondan con una o dos frases. Esta pregunta prepara el camino para “Declárame qué tienes en casa”, y a veces incluso ayuda a que las personas empiecen a apoyarse de manera práctica.
Resumen de la lección (para leer en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección se basa en 2 Reyes 4:1-7. La mujer de uno de los hijos de los profetas clamó a Eliseo: su marido, siervo de Eliseo y temeroso de Jehová, había muerto, y el acreedor venía a llevarse a sus dos hijos como siervos. Eliseo le preguntó: “¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa”. Ella contestó que no tenía nada salvo una botija de aceite. Eliseo le mandó pedir muchos recipientes vacíos a todos sus vecinos, entrar en casa con sus hijos, cerrar la puerta y echar el aceite en cada recipiente. La mujer obedeció; cuando ya no quedó ningún otro recipiente, cesó el aceite. Eliseo le dijo que vendiera el aceite, pagara a sus acreedores y viviera con sus hijos de lo que quedara. El texto relacionado es Filipenses 4: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme á sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Hoy conversaremos sobre qué hacer cuando las deudas nos aplastan.
1. Lean los versículos 1-2. ¿Cuál era la situación de la viuda? ¿Qué dos preguntas le hizo Eliseo?
Sugerencia para quien dirige: Su marido había muerto y era temeroso de Jehová; el acreedor venía a llevarse a sus dos hijos como siervos. Eliseo preguntó: “¿Qué te haré yo?” y “Declárame qué tienes en casa”.
2. Lean los versículos 3-6. ¿Qué cosas le pidió Eliseo que hiciera? ¿Cuándo cesó el aceite?
Sugerencia para quien dirige: Pedir a todos sus vecinos muchos recipientes vacíos; cerrar la puerta y echar el aceite con sus hijos dentro de casa. El aceite cesó cuando se acabaron los recipientes.
3. Lean el versículo 7. ¿Para qué debía usarse primero el dinero de la venta? ¿Y lo restante?
Sugerencia para quien dirige: Primero debía vender el aceite y pagar a sus acreedores; ella y sus hijos vivirían de lo que quedara. El orden es muy claro.
4. Eliseo no comenzó preguntando: “¿Cómo llegaron a deber tanto?”, sino: “Declárame qué tienes en casa”. ¿Qué diferencia hay entre esas dos maneras de preguntar?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle tiempo. Una manera busca culpables; la otra busca una salida. Pueden conversar sobre cuál suele ser nuestra primera reacción cuando alguien nos habla de sus deudas.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) El pasaje señala expresamente que el marido era “temeroso de Jehová”. ¿Qué malentendido impide esa frase?
Sugerencia para quien dirige: Impide el prejuicio de que tener deudas siempre significa ser impío o incapaz de administrar dinero. Una persona piadosa también puede enfermar, perder el trabajo o sufrir una crisis familiar y dejar deudas.
6. Ella tuvo que pedir recipientes vacíos a todos sus vecinos. ¿Qué implicaba eso? ¿Por qué era tan difícil?
Sugerencia para quien dirige: En la práctica, significaba que toda la aldea sabría que estaba necesitada. Uno de los pasos más difíciles cuando hay deudas es hablar. Pueden preguntarse: en nuestro grupo, ¿se atrevería alguien a decir que no logra cubrir sus pagos?
7. Si un hermano o una hermana te dijera que debe mucho dinero, ¿cuál sería tu primera frase? (Quien viene por primera vez también puede responder.)
Sugerencia para quien dirige: Practiquen cómo responder. Dos ejemplos: “Te agradezco que hayas querido contármelo”; “Hagamos juntos una lista de las deudas y veamos por dónde se puede empezar”. Recuerden: no preguntar la cantidad, no hablarlo delante de todos y no prestar dinero en privado.
8. ¿Qué cosa concreta podemos hacer por una persona esta semana?
Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: acompañarla a poner todas sus deudas en una sola lista; ayudarla a consultar opciones formales de pago fraccionado o prórroga; ponerla en contacto con asistencia jurídica; llevarle ayuda material durante un tiempo; acompañarla a una conversación. Si la situación es propia, esta semana puede aclarar las cuentas y contárselo a una persona de confianza. La lista de acciones que sigue parte de estas ideas.
Pidan a una persona que lea despacio 2 Reyes 4:1-7 y guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar: ¿qué tengo en mis manos que podría ofrecer? Después, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases por los hermanos y hermanas oprimidos por las deudas, sin mencionar nombres ni cantidades; también pueden pedir sabiduría y una salida para su propia situación. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por regla general, antes de hacer seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anotan en privado una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta esperar el consentimiento: hay que contactar de inmediato con emergencias, la policía o la institución de protección adecuada de la localidad.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, hay personas aplastadas por las deudas: se angustian cuando suena el teléfono, no duermen por la noche y no se atreven a contárselo a su familia. Ten misericordia de ellas; guárdalas de las amenazas y la opresión, y no permitas que tomen un camino que empeore su situación. Como hiciste entonces, abre camino partiendo de lo poco que tienen en las manos: dales trabajo, sabiduría y valor para pedir ayuda. Haz que nosotros, sus hermanos y hermanas, no nos quedemos al margen comentando, sino que extendamos de verdad una mano. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una sola acción para esta semana. Una basta; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Perder el trabajo y el sustento” (1 Reyes 17:8-16), o la lección “Después de ser engañado” (Josué 9:3-27).