Perder a un ser querido · Grupos pequeños

Circunstancias de la vida, Lección 4. Leer Lucas 7:11-17. Has despedido a un padre, al cónyuge o a un hijo; otros siguen adelante después de ofrecer unas palabras de consuelo, pero tú no logras salir del dolor

Pasaje principal: Lucas 7:11-17

A la puerta de Naín, un cortejo fúnebre viene de frente: el muerto es el hijo único de una viuda. Jesús no ve primero al muerto, sino a la madre; se compadece de ella, le dice “No llores” y luego le devuelve a su hijo. Esta lección no promete que los seres queridos de todos volverán a levantarse, pero el Señor que vio a aquella viuda también ve hoy a quienes están despidiendo a alguien.

Introducción

Después de despedir a una persona, lo más difícil muchas veces no son los días del funeral, sino lo que viene después.

La vida de los demás pronto vuelve a la normalidad; la tuya no. El séptimo día, los cien días, el aniversario de su muerte, el Año Nuevo chino; la silla donde solía sentarse, el número que todavía no has borrado del teléfono, el camino de regreso del hospital. Alguien te aconseja: “Los muertos no pueden volver; tienes que superarlo”. Tú asientes, pero por dentro piensas: no lo entiendes.

Lucas 7 relata el encuentro de dos comitivas a la puerta de una ciudad.

Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad. (Lucas 7:12)

Fíjate en todo lo que esta mujer ha perdido: su esposo ya no está y ahora ha muerto su hijo único. En aquella época esto la dejaba especialmente vulnerable, pues tanto su sustento como su cuidado en la vejez podían quedar en grave peligro; el texto no dice si tenía otros familiares o algún otro apoyo.

El grupo de Jesús está entrando en la ciudad. El texto cuenta lo primero que él hace:

Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores. (Lucas 7:13)

Primero ve a la madre. La palabra original que aquí se traduce “compadecióse” es muy intensa: expresa que las entrañas se conmueven. No se trata de mirarla un momento y sentir lástima, sino de quedar profundamente afectado por lo sucedido.

Después hace tres cosas: se acerca y toca el féretro (quienes lo llevan se detienen), manda al joven que se levante y lo entrega a su madre (Lucas 7:14-15). Lucas anota de manera intencional este último gesto: la escena no solo muestra su autoridad, sino que también dirige nuestra mirada hacia aquella madre que había perdido a su hijo.

La gente reacciona con asombro, glorifica a Dios y dice que Dios ha visitado a su pueblo (Lucas 7:16).

En esta lección necesitamos dejar claras dos cosas.

Primero, la Biblia sí relata un hecho así, y este señala una certeza aún mayor. Jesús mismo resucitó de entre los muertos, y sobre esa base Pablo escribe a los tesalonicenses:

Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tesalonicenses 4:13)

Fíjate bien en lo que dice Pablo: no dice “no estén tristes”, sino que no se entristezcan como quienes no tienen esperanza. Los cristianos también lloran, pero mientras lloran guardan una certeza en el corazón: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús.” (1 Tesalonicenses 4:14) La diferencia no está en llorar o no llorar, sino en la esperanza.

Segundo, lo que sucedió en Naín no es algo que vaya a vivir toda persona. Lucas cuenta que Jesús levantó a aquel joven en Naín; el texto no promete el mismo desenlace a cada persona que pierde a un ser querido. Decir “si tienes suficiente fe, tu familiar también se recuperará” hiere a quienes ya han tenido que despedirse. Esta escena revela la autoridad de Jesús sobre la muerte, su compasión por la viuda y la esperanza de la resurrección final hacia la cual él dirige nuestra mirada.

Por eso, estas son algunas cosas concretas que podemos hacer.

Para quien está de duelo: primero, no te impongas un plazo. El duelo no sigue un ritmo estándar; para no pocas personas, el segundo año resulta más difícil que el primero. Segundo, habla de lo que echas de menos: cuéntaselo a Dios y también a una o dos personas que sepan escuchar y acompañar ese dolor. Tercero, cuida el cuerpo: come, duerme y sal a caminar; el duelo agota físicamente. Cuarto, las festividades y los aniversarios de la muerte suelen ser especialmente difíciles; díselo de antemano a alguien: puede que ese día no esté bien. Quinto, si durante un tiempo sigues sin poder comer o dormir, o ya te resulta difícil sostener la vida cotidiana, no hace falta esperar varios meses: busca pronto atención médica o ayuda de un profesional de la salud mental. Si aparecen pensamientos de hacerte daño, díselo de inmediato a alguien cercano y llama a emergencias o a la policía (en China continental, 120 y 110): pedir ayuda no es falta de fe.

Para quien acompaña: primero, no digas “ahora está mejor”, “tienes que superarlo” ni “Dios lo necesitaba”. Estas palabras pueden decirse con buena intención, pero a menudo se adelantan a escuchar el dolor del otro. Segundo, di “no sé qué decir, pero estoy aquí”, y quédate de verdad. Tercero, recuerda las fechas: un mes después del funeral, tres meses después, el aniversario de la muerte; entonces es cuando puede sentirse mayor soledad. Cuarto, haz algo concreto: lleva comida, acompaña a hacer trámites o ayuda a recoger a los niños. Quinto, no tengas miedo de mencionar por su nombre a quien murió; pregunta primero si la persona quiere hablar de él o de ella. Muchas personas en duelo temen, en realidad, que su ser querido sea olvidado.

Una última frase: Jesús vio a la viuda a la puerta de Naín y se compadeció de ella. Quienes hoy están despidiendo a alguien también pueden acercarse a este Señor compasivo que ha vencido a la muerte.

Notas de estudio

1. No solo ha perdido a su hijo. Su esposo ya no está y ahora ha muerto también su hijo único; en aquella época esto la dejaba especialmente vulnerable, pues tanto su sustento como su cuidado en la vejez podían quedar en peligro (el texto no dice si tenía otros familiares). El duelo suele ir unido a circunstancias muy concretas.

2. “Y como el Señor la vió”. Primero ve a la persona que sigue viva. En los funerales de hoy, quienes quedan atrás también son los que más fácilmente pasan inadvertidos.

3. “Compadecióse de ella”. En el original expresa que las entrañas se conmueven; no es una compasión superficial.

4. “Y dióle á su madre”. Lucas anota este gesto de manera intencional; dirige la mirada hacia aquella madre que había perdido a su hijo. Vale la pena leer esta frase despacio.

5. 1 Tesalonicenses 4:13 no prohíbe la tristeza. Dice que no nos entristezcamos como quienes no tienen esperanza. La diferencia no está en llorar o no llorar, sino en la esperanza.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si hay daño que continúa, está en riesgo la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información indispensable a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño o de alguien incapaz de protegerse, o si existe un peligro inmediato, no se esperará a obtener su consentimiento; según la situación, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía local, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Si hay peligro inmediato, se debe pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Dinámica inicial: ¿Hay algún familiar mayor o amigo que haya fallecido y en quien todavía piensas a menudo? Si quieres, cuenta una pequeña anécdota suya. (Se puede pasar; quienes vienen por primera vez también pueden participar)

Sugerencia para quien dirige: esta pregunta permite pronunciar el nombre de quien murió. No preguntes cómo falleció ni pidas detalles; hablen solo de cómo era esa persona. Si alguien llora mientras habla, dale tiempo; no hace falta apresurarse a consolarlo.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en Lucas 7:11-17. Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Cuando estaba cerca de la puerta, sacaban a un muerto: era el hijo único de su madre, que además era viuda, y mucha gente de la ciudad la acompañaba. El Señor vio a la viuda, se compadeció de ella y le dijo que no llorara. Luego se acercó, tocó el féretro y quienes lo llevaban se detuvieron. Jesús mandó al joven que se levantara. El muerto se incorporó y comenzó a hablar; Jesús se lo entregó a su madre. Todos se asombraron y glorificaron a Dios diciendo que un gran profeta se había levantado entre ellos y que Dios había visitado a su pueblo. El pasaje relacionado está en 1 Tesalonicenses 4: acerca de quienes duermen, Pablo no quiere que los hermanos lo ignoren ni que se entristezcan como quienes no tienen esperanza. Hoy hablaremos de los días que siguen a la pérdida de un ser querido.

Observación

1. Lean los versículos 11-12. ¿Dónde se encuentran las dos comitivas? ¿Cuál es la situación de la madre?

Sugerencia para quien dirige: a la puerta de Naín. Ella es viuda, el muerto es su hijo único y mucha gente de la ciudad la acompaña en el cortejo. Invita al grupo a pensar qué significaba esto para su vida futura en aquella época.

2. Lean los versículos 13-15. ¿A quién ve Jesús primero? ¿Qué acciones realiza?

Sugerencia para quien dirige: primero ve a la viuda, se compadece de ella y le dice que no llore. Después se acerca y toca el féretro, manda al joven que se levante y se lo entrega a su madre.

3. Lean los versículos 16-17. ¿Cómo reacciona la gente? ¿Qué dice?

Sugerencia para quien dirige: se asombra y glorifica a Dios; dice que un gran profeta se ha levantado entre ellos y que Dios ha visitado a su pueblo.

Interpretación

4. El texto dice: “Y como el Señor la vió, compadecióse de ella”. ¿Por qué menciona primero que él ve a la madre y no al muerto?

Sugerencia para quien dirige: es la pregunta central de la lección; dedícale tiempo. Quien queda vivo suele ser la persona más olvidada. Pueden conversar sobre esto: después de un funeral, ¿quién sigue pendiente de la persona que queda durante los meses siguientes?

5. (Pregunta opcional; háblenla si hay tiempo) ¿Podemos tomar el hecho de que Jesús levantó al joven como el desenlace que toda persona en duelo recibirá en esta vida? ¿Qué nos revela realmente este pasaje acerca de él?

Sugerencia para quien dirige: no. El texto no promete el mismo desenlace a toda persona que pierde a un ser querido. Revela la autoridad de Jesús sobre la muerte, su compasión por la viuda y la esperanza que más adelante trae su propia resurrección. Hay que decirlo con claridad, pues de otro modo se puede herir a quienes ya han despedido a un ser querido.

6. Lean 1 Tesalonicenses 4:13-14. ¿Dice Pablo que no debemos estar tristes? ¿En qué se diferencia el duelo cristiano del de los demás?

Sugerencia para quien dirige: Pablo no prohíbe la tristeza; dice que no nos entristezcamos como quienes no tienen esperanza. La diferencia no está en llorar o no llorar, sino en la esperanza de la resurrección.

Aplicación

7. ¿Qué es lo más difícil al acompañar a alguien que acaba de perder a un ser querido? ¿Qué palabras de consuelo han escuchado que en realidad causan más dolor? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar)

Sugerencia para quien dirige: algunas frases comunes son: “ahora está mejor”, “tienes que superarlo”, “Dios lo necesitaba” o “todavía eres joven, puedes tener otro hijo”. Si quien dirige reconoce primero que alguna vez dijo algo así, ayudará a relajar el ambiente. También pueden hablar de lo que sí ayudó durante aquellos meses.

8. Esta semana, ¿qué te gustaría hacer por una persona que está de duelo?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: enviarle un mensaje antes del aniversario de la muerte o de una festividad; llevarle una comida; acompañarla a hacer un trámite; mencionar por su nombre a quien murió y recordar algo bueno de esa persona. También puede ser algo para ti: decirle a alguien “puede que ese día no esté bien”. La lista de acciones que sigue parte de esta pregunta.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona del grupo que lea despacio Lucas 7:12-15 y después 1 Tesalonicenses 4:13-14. Guarden dos minutos de silencio; cada uno puede pensar en un familiar que ya murió o en un hermano o una hermana que está de duelo. Después, quienes quieran pueden orar con una o dos frases: pueden pedir consuelo y fuerzas para quienes quedan, o dar gracias a Dios por la gracia que la persona fallecida recibió durante su vida. No declaren sobre quien murió un desenlace que las Escrituras no han prometido. No hace falta pedir algo grande ni terminar dando gracias. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar tranquilamente, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige cierra dando gracias e intercediendo por el grupo. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se anotan en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Para un seguimiento normal, primero se obtiene el consentimiento de la persona y luego se anotan en privado solo una o dos frases indispensables. Si está en riesgo la seguridad de un niño o de alguien incapaz de protegerse, o existe un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, no se espera el consentimiento: hay que contactar enseguida a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, a la puerta de Naín Te detuviste y primero viste a aquella madre. Entre nosotros también hay quienes acaban de despedir a un ser querido; el funeral ya pasó, pero los días parecen no avanzar. Ten compasión de ellos como la tuviste de aquella viuda. Sostén su cuerpo y su corazón; acércate Tú mismo en el aniversario, durante las festividades y en medio de la noche. No entendemos por qué fue esa persona ni por qué ahora, pero sabemos que moriste y resucitaste, y sabemos que traerás contigo a quienes durmieron en Ti. Oramos en Tu nombre. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie; si quieres, puedes contarlo en la próxima reunión. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir hablando

Pueden elegir la lección “Afrontar la muerte” (2 Timoteo 4:6-18) o la lección “Aprender a lamentarse” (2 Samuel 1:17-27).

Guía para quien dirige