Acompañar a quienes sufren · Grupos pequeños

Vencer en medio del sufrimiento, Lección 10. Leer 2 Corintios 1:3-11. Ante las lágrimas de otra persona, solo sabemos dar explicaciones, buscar causas o apresurarla para que se recupere

Pasaje principal: 2 Corintios 1:3-11

Pablo dice que Dios nos consuela “para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios”: lo que transmitimos es el consuelo que primero recibimos de Dios. Vale la pena aprender de lo que hicieron al principio los tres amigos de Job: “se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra”.

Introducción

Ante las lágrimas de otra persona solemos hacer tres cosas: razonar con ella, buscar la causa y apremiarla para que se recupere cuanto antes. Estas reacciones suelen nacer de una buena intención; a veces también nos apresuramos a decir algo porque no soportamos el dolor de la otra persona. Job 2 convierte la pregunta de cómo acompañar en una escena que podemos contemplar:

Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle. (Job 2:11)

Cada uno salió de su lugar y acordaron ir juntos. El pasaje destaca que, al enterarse de lo sucedido, fueron deliberadamente hasta donde estaba Job.

Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. (Job 2:12)

Job había cambiado tanto que no lo reconocían. Su primera reacción fue llorar a gritos. Además, hicieron los mismos gestos de duelo que Job: rasgaron sus mantos y esparcieron polvo. No se quedaron mirando desde fuera. Después viene la frase más conocida:

Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande. (Job 2:13)

Siete días y siete noches sin decir una palabra. A partir del capítulo 4, los tres amigos toman la palabra por turnos y discuten con Job; al final, Dios los reprende porque no habían hablado correctamente acerca de él. Al principio, sin embargo, se sentaron y lloraron con Job sin apresurarse a explicar nada. De eso sí podemos aprender. Más adelante atribuyeron a la fuerza el sufrimiento de Job a algún pecado suyo y así aumentaron su dolor. A menudo, acompañar comienza sencillamente por estar allí.

Entonces, ¿no debemos decir nada? 2 Corintios 1 nos da la otra mitad de la respuesta:

Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, (2 Corintios 1:3) El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios. (2 Corintios 1:4)

El orden es recibir primero y después transmitirlo a otros: Dios nos consuela primero en la tribulación para que podamos compartir el consuelo recibido. Esto no significa que quien no ha pasado por la misma experiencia no pueda acompañar. Aunque no hayamos vivido lo mismo, podemos escuchar con humildad, orar por la persona y ayudarla a encontrar un apoyo adecuado. Pablo y sus colaboradores también habían llegado a una situación extrema:

Porque hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fué hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida. (2 Corintios 1:8) Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos: (2 Corintios 1:9)

Cuando ellos hablaban de consuelo, no lo hacían desde una distancia segura. Al final, Pablo menciona algo muy concreto: “Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros” (2 Corintios 1:11). Cuando no podemos hacer nada más, la oración no es un premio de consolación; Pablo la considera una ayuda real.

Por eso, al acompañar a alguien que sufre, podemos empezar preguntándole qué necesita en ese momento: que lo escuchemos, que permanezcamos en silencio a su lado o que le demos ayuda práctica. Primero nos hacemos presentes: tal vez mediante una llamada, una visita o una comida compartida, siempre preguntándole antes si lo desea. Escuchamos antes de explicar la causa o decirle lo que debería hacer. Los amigos de Job redujeron su sufrimiento a su pecado y no dejaron de ofrecer explicaciones tajantes en nombre de Dios. Tampoco nosotros debemos afirmar a la ligera por qué sufre alguien. En ese momento es mejor evitar frases como: “Seguro que Dios tiene un buen propósito en todo esto”. Cuando la persona esté dispuesta a escuchar, podremos compartir el consuelo que nosotros mismos recibimos de Dios. También oramos por ella. Acompañar a alguien durante mucho tiempo puede dejar agotada a la persona que cuida: necesita descansar y pedir a otros que compartan la carga. Podemos perseverar en el acompañamiento, no porque sepamos decir las palabras correctas, sino porque el Padre de misericordias nos consoló primero.

Notas de estudio

1. Los tres amigos “habían concertado de venir juntos”. El pasaje destaca que, al enterarse de lo sucedido, fueron deliberadamente hasta donde estaba Job.

2. “no lo conocieron, y lloraron á voz en grito”. Su primera reacción no fue analizar lo ocurrido, sino llorar a gritos.

3. Hicieron los mismos gestos que Job. Rasgaron sus mantos y esparcieron polvo: no se quedaron mirando desde fuera.

4. Durante siete días y siete noches no dijeron una palabra. Al principio, se sentaron y lloraron con él sin apresurarse a explicar nada. De eso sí podemos aprender.

5. El contraste: a partir del capítulo 4, los tres amigos toman la palabra por turnos. Más adelante atribuyeron a la fuerza el sufrimiento de Job a algún pecado suyo y así aumentaron su dolor; al final, Dios los reprende porque no habían hablado correctamente acerca de él.

6. El orden del consuelo es recibir primero y después transmitirlo a otros. Esto no significa que quien no ha pasado por la misma experiencia no pueda acompañar; también puede escuchar con humildad, orar y ayudar a la persona a encontrar un apoyo adecuado.

7. Pablo y sus colaboradores llegaron a estar “en duda de la vida”. Cuando ellos hablaban de consuelo, no lo hacían desde una distancia segura.

8. “Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros”: la oración es una ayuda, no un último recurso cuando ya no queda nada más.

9. No afirmemos a la ligera por qué sufre alguien. Los amigos de Job redujeron su sufrimiento a su pecado y no dejaron de ofrecer explicaciones tajantes en nombre de Dios.

10. Quien acompaña también puede quedar agotado. Necesita descansar y pedir a otros que compartan la carga.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración antes de comenzar (para leer en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, primero procurará hablar con la persona afectada y solo comunicará la información necesaria a quienes puedan ayudar de manera concreta. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento: según la situación, se contactará con el pastor, con profesionales cualificados, con la policía local o los servicios de emergencia o de salud. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Para romper el hielo: cuando ves llorar a alguien, ¿qué es lo primero que deseas hacer? (Basta con responder con sinceridad; quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: esta pregunta pide sinceridad. Muchos dirán: “Quiero decir algo”, “quiero que deje de llorar” o “quiero irme cuanto antes”. No juzgues las respuestas; precisamente este es el punto de partida de la lección.

Repaso de la lección (para leer en voz alta, alrededor de 1 minuto, pensando en quienes no hicieron la lectura previa)

En esta lección leímos 2 Corintios 1:3-11. Pablo dice: “Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,” y añade: “El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios”. También habla de sí mismo: “Porque hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fué hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida”. Después dice: “Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:”. Al final afirma: “Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros”. El pasaje relacionado está en Job 2: “Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle”. “Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo”. “Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande”. Hoy hablaremos juntos de cómo acompañar a quienes sufren.

Observación

1. Lean Job 2:11-13. ¿Qué acciones realizaron los tres amigos? ¿Cuánto tiempo estuvieron sentados? ¿Qué dijeron?

Sugerencia para quien dirige: acordaron venir juntos desde sus respectivos lugares; miraron desde lejos, no lo reconocieron y lloraron a gritos; rasgaron sus mantos y esparcieron polvo; se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches sin decirle una palabra.

2. Lean 2 Corintios 1:3-4. ¿Cómo describe Pablo a Dios como Padre? ¿Qué recibimos en la tribulación? ¿Qué debemos hacer después de recibirlo?

Sugerencia para quien dirige: es el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. Nos consuela en todas nuestras tribulaciones; después, con el consuelo recibido de Dios, consolamos a quienes están en cualquier angustia. El orden es recibir primero y después transmitirlo a otros.

3. Lean 2 Corintios 1:8-11. ¿Qué había vivido Pablo? ¿Cuál dice que fue el propósito de esa experiencia? ¿Qué pide a sus lectores que hagan?

Sugerencia para quien dirige: en Asia habían sufrido una tribulación; fueron cargados sobre sus fuerzas hasta dudar de la vida y tuvieron en sí mismos respuesta de muerte. El propósito fue que no confiaran en sí mismos, sino en Dios, que levanta a los muertos. Pide que los ayuden con sus oraciones.

Interpretación

4. ¿Qué hicieron los tres amigos al principio que sí ayudó a Job? ¿Qué afirmaciones posteriores le hicieron daño?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central; dedícale más tiempo. Al principio acordaron ir juntos, lloraron a gritos y se sentaron con Job durante siete días y siete noches sin hablar. Después atribuyeron a la fuerza el sufrimiento de Job a su pecado y ofrecieron explicaciones tajantes en nombre de Dios. También puedes preguntar: ¿por qué sentimos tanta urgencia por decir algo?

5. “consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios”: ¿por qué Pablo habla de un consuelo recibido de Dios y no de algo que él mismo ideó?

Sugerencia para quien dirige: porque el consuelo no es una técnica, sino algo que primero recibimos. A quien nunca han consolado le puede resultar difícil consolar a otros; quien ha recibido consuelo tiene algo que puede compartir.

6. (Pregunta opcional, si hay tiempo). Pablo dice: “Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros”. ¿Por qué llama “ayuda” a la oración?

Sugerencia para quien dirige: porque es una ayuda real, no un último recurso cuando ya no queda nada más. Puedes comentar que, cuando no podemos hacer otra cosa, todavía podemos orar, y Pablo lo considera una ayuda verdadera.

Aplicación

7. Recuerda alguna ocasión en que alguien te acompañó con respeto. ¿Qué palabras, silencios o actos concretos te hicieron sentir respetado? (Si no se te ocurre nada o prefieres no contarlo, puedes hablar de cómo te gustaría que te acompañaran; quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: se puede dedicar más tiempo a esta pregunta, pero cualquiera puede optar por no responder. La respuesta puede ser una frase oportuna, el silencio o una comida; acoge todas esas respuestas. Puedes observar si aparecen elementos comunes, pero no hace falta imponer una conclusión única.

8. ¿Quién de las personas que te rodean atraviesa una dificultad esta semana? ¿Cómo piensas estar presente?

Sugerencia para quien dirige: ayúdalo a concretarlo: ir a verlo, llamar, llevar una comida o sentarse un rato a su lado. Recuerda con claridad que no debemos llevar explicaciones preparadas ni hablar en nombre de Dios. La lista de acciones que sigue se basa en esto.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a alguien del grupo que lea despacio 2 Corintios 1:3-4 y después Job 2:13. Guarden dos minutos de silencio. Que cada uno piense en una persona que atraviesa una dificultad. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio y no tienen ninguna obligación de orar ni de expresar una postura de fe. Al final, quien dirige puede reunir las peticiones y orar por quienes están acompañando a otras personas, también por sus propias fuerzas. Las peticiones de oración quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si hay un peligro inmediato de suicidio o de violencia, no es necesario obtener primero el consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios locales de emergencia, la policía o la entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor, Tú eres el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. Reconocemos que, cuando vemos sufrir a alguien, muchas veces nos apresuramos a decir algo porque nosotros mismos no soportamos su dolor. Enséñanos a sentarnos, como hicieron aquellos tres amigos durante sus mejores siete días, y a guardar silencio primero. Tú dices que nos consuelas en la tribulación para que consolemos a otros con el consuelo que Tú nos das. Consuélanos primero, para que tengamos algo que compartir. Acuérdate también de los hermanos y hermanas que acompañan a otras personas durante mucho tiempo; ellos también se cansan. Dales fuerzas y ayuda. En el nombre de Jesús, amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para realizarla esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál escoger, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden escoger la lección “La desgracia alcanza a quienes temen a Dios” (Job 1) o ¿Qué significa que todas las cosas ayudan para bien? (Romanos 8:18-30).

Guía para quien dirige