Vencer en medio del sufrimiento, Lección 1. Leer Job 1. Has procurado creer y vivir con fidelidad, pero aun así llegó la desgracia; quienes te rodean incluso murmuran que quizá cometiste algún pecado
Pasaje principal: Job 1
El comienzo de Job deja establecido algo de manera definitiva: Job era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; las calamidades no le sobrevinieron porque hubiera cometido el pecado que sus amigos le atribuían y que supuestamente merecía semejante castigo. Al final del libro, Dios reprende precisamente a los tres amigos que no dejaron de explicar causas y efectos: “porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job”.
Cuando llega una calamidad, surge una pregunta en el corazón: ¿por qué a mí? Muchas veces la sigue una respuesta inmediata: seguramente hice algo mal. Esta reacción resulta atractiva porque imagina el mundo como una fórmula calculable: el bien recibe su recompensa, el mal recibe su castigo y, si algo sucede, siempre debe haber una causa que podamos encontrar. Pero esa visión religiosa de causa y efecto no equivale a la fe bíblica. Desde el primer capítulo, el libro de Job comienza a desmontarla.
HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal. (Job 1:1)
Esta es la valoración que el narrador ofrece al lector. Los personajes del libro no saben lo que ocurrirá en la conversación celestial de los versículos 6-12; el lector, en cambio, sabe desde el principio que esta calamidad no puede explicarse con la teoría posterior de los amigos: “Job debe de esconder algún pecado grave”. El comienzo aumenta aún más la tensión: Job no solo era piadoso, sino que ofrecía con frecuencia holocaustos por sus hijos: “Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado á Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5). Un hombre al que las Escrituras llaman perfecto y recto sufrió, aun así, una calamidad enorme.
Entonces la escena se traslada al cielo, y este pasaje debe leerse con cuidado. Satán dice: “Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro” (Job 1:11). Lo que se pone en duda es si una persona puede temer a Dios sin hacerlo por los beneficios que recibe. La narración distingue entre la acción directa del que hace daño, el permiso de Dios y el límite que Dios establece: Jehová dice “solamente no pongas tu mano sobre él” (Job 1:12). Sin embargo, este pasaje no ofrece una explicación completa de la relación entre la soberanía de Dios y el mal. Por eso no podemos llamar a Dios autor del mal ni convertir esta escena en una fórmula que explique cada sufrimiento. Está aquí para que el lector sepa que Job no sufrió por haber pecado; no es una llave que nos permita adivinar las causas celestiales de cada calamidad. Sobre todo, nunca digamos a quien está sufriendo: “Dios te está probando”. No tenemos autoridad para afirmar eso ni sabemos si es así.
Después llegan cuatro mensajeros. Cada uno termina con la misma frase: “solamente escapé yo para traerte las nuevas” (Job 1:15). Además, cada mensajero aparece mientras el anterior “aún estaba hablando”: el ganado, los criados, los camellos y, por último, los diez hijos. Una calamidad cae sobre otra sin dejar siquiera un momento para respirar. Uno de los mensajeros dice: “Fuego de Dios cayó del cielo” (Job 1:16). Para quien sufre, muchas veces la desgracia parece venir directamente de la mano de Dios, y la Biblia conserva estas palabras tal como fueron pronunciadas. Job responde así:
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró; y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito. (Job 1:20-21)
Rasgarse el manto y trasquilarse la cabeza eran expresiones comunes e intensas de duelo en aquella época; después Job cayó en tierra y adoró. No se saltó el dolor para ir directamente a la adoración: adoró en medio de su dolor. “Jehová dió, y Jehová quitó” es la confesión que Job pronunció dentro de su propio duelo. Si otra persona la usa para exigir que quien sufre acepte de inmediato lo sucedido, solo aumentará su herida. Quien acompaña debe escuchar primero y, cuando la persona esté dispuesta, leer estas palabras junto a ella.
En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno. (Job 1:22)
Hay otra frase al final del libro que debemos leer junto a esta. Dios habla personalmente a Job en los capítulos 38-41 y también lo corrige. Job responde: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Después Dios dice a los amigos de Job: “Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job” (Job 42:7). Job no acertó en cada una de sus palabras, pero no aceptó la fórmula “si sufres, necesariamente escondes un pecado”, y siguió llevando su dolor ante Dios. Sus tres amigos, en cambio, no dejaron de explicar por Dios las causas de lo ocurrido y atribuyeron a la fuerza el sufrimiento de Job a su pecado.
Por eso esta lección tiene dos consecuencias muy prácticas. La Biblia no promete que conoceremos la causa concreta de cada sufrimiento. Podemos examinarnos ante Dios, pero no debemos convertir nuestras conjeturas en respuestas. Mucho menos debemos declarar que el sufrimiento de otra persona es el castigo por un pecado determinado.
1. El versículo 1 es la valoración que el narrador ofrece al lector. Los personajes del libro no saben lo que sucede en el cielo en los versículos 6-12; el lector sabe así que esta calamidad no puede explicarse diciendo que “Job debe de esconder algún pecado grave”.
2. Job no solo era piadoso, sino que ofrecía con frecuencia holocaustos por sus hijos. El comienzo aumenta deliberadamente la tensión: un hombre al que las Escrituras llaman perfecto y recto sufrió, aun así, una calamidad enorme.
3. La escena celestial cuestiona si una persona puede amar a Dios sin hacerlo por los beneficios que recibe. No descubre ningún defecto oculto en el carácter de Job.
4. La narración distingue entre la acción del que hace daño y el permiso y el límite de Dios. Dice: “solamente no pongas tu mano sobre él”. Sin embargo, este pasaje no ofrece una explicación completa de la relación entre la soberanía de Dios y el mal. No podemos llamar a Dios autor del mal ni convertir esta escena en una fórmula.
5. Esta escena no es una fórmula que explique todo sufrimiento. Está aquí para que el lector sepa que Job no sufrió por haber pecado. Sobre todo, no digamos a quien sufre: “Dios te está probando”.
6. La frase “solamente escapé yo” se repite cuatro veces. Las cuatro calamidades se amontonan sin dejar un momento para respirar.
7. El versículo 16 dice: “Fuego de Dios cayó del cielo”. Para quien sufre, muchas veces la calamidad parece venir directamente de la mano de Dios; la Biblia conserva estas palabras tal como fueron pronunciadas.
8. Rasgarse el manto y trasquilarse la cabeza eran expresiones comunes e intensas de duelo en aquella época; después cayó en tierra y adoró. No se saltó el dolor: adoró en medio de su dolor.
9. El versículo 21 es lo que Job dijo dentro de su propio duelo. Si otra persona lo usa para exigir que quien sufre acepte de inmediato lo sucedido, solo aumentará su herida. Escuchemos primero y, cuando la persona esté dispuesta, leámoslo junto a ella.
10. Job 42:7 debe leerse junto con los capítulos 38-41. Dios corrigió personalmente a Job, pero reprendió a sus tres amigos porque no habían hablado rectamente de él. Job no acertó en cada una de sus palabras, pero no aceptó la fórmula “si sufres, necesariamente escondes un pecado”.
Una aclaración inicial (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas incapaces de protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento: según la situación, se contactará a un pastor, a profesionales acreditados, a la policía local o a los servicios de emergencia o de salud. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Dinámica: Cuando oyes que algo malo le ha sucedido a una familia, ¿qué explicaciones suelen dar quienes están alrededor? ¿Por qué resultan tan atractivas? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: hablen solo de las explicaciones que han oído, sin mencionar casos ni personas concretas. Probablemente alguien diga: “¿Habrá hecho algo malo?”. Poner esa idea sobre la mesa facilitará toda la conversación. No juzguen a nadie.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación previa)
En esta lección leímos Job 1. Al comienzo, el pasaje dice que hubo un varón en tierra de Hus, llamado Job, y que era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Su hacienda era muy grande y ofrecía con frecuencia holocaustos por sus hijos. Un día, los hijos de Dios se presentaron delante de Jehová, y Satán también vino entre ellos. Preguntó: “¿Teme Job á Dios de balde?”, y dijo que, si Dios tocaba todo lo que tenía, Job blasfemaría contra él en su rostro. Jehová lo permitió, pero dijo: “solamente no pongas tu mano sobre él”. Después llegaron cuatro mensajeros uno tras otro: los bueyes y las asnas habían sido tomados, las ovejas consumidas por el fuego, los camellos capturados y, por último, un gran viento derribó la casa y los diez hijos murieron. Cada mensajero dijo: “solamente escapé yo para traerte las nuevas”. Entonces Job se levantó, rasgó su manto, trasquiló su cabeza, cayó en tierra y adoró. Dijo: “Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito”. El pasaje afirma: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno”. Como texto relacionado leímos Job 42:7, donde Dios dice a los amigos de Job: “Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job”. Hoy hablaremos juntos sobre esto: cuando la calamidad alcanza a una persona que teme a Dios.
1. Lean los versículos 1 y 5. ¿Cómo describe el autor a Job? ¿Qué hacía por sus hijos?
Sugerencia para quien dirige: era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Se levantaba con frecuencia de mañana y ofrecía holocaustos por sus hijos. Esto es lo que el autor comunica al lector; los personajes del libro no conocen la escena celestial.
2. Lean los versículos 13-19. ¿Cuántos mensajeros llegaron? ¿Cuál fue la última frase de cada uno? ¿En qué momento llegaba el siguiente?
Sugerencia para quien dirige: fueron cuatro. Cada uno dijo: “Solamente escapé yo para traerte las nuevas”. Todos llegaron mientras el anterior aún estaba hablando: una calamidad tras otra, sin pausa.
3. Lean los versículos 20-22 y después Job 42:7. ¿Qué acciones realizó Job y qué dijo? Al final del libro, ¿contra quiénes se encendió la ira de Dios y por qué?
Sugerencia para quien dirige: rasgó su manto, trasquiló su cabeza, cayó en tierra y adoró. Dijo: “Jehová dió, y Jehová quitó”. La ira de Dios se encendió contra Eliphaz y sus dos compañeros porque no habían hablado rectamente de Dios como Job.
4. ¿Cómo respondió Dios de manera diferente a Job y a sus tres amigos? Según los capítulos 38-42, ¿qué aspectos de Job fueron corregidos y por qué fueron reprendidos los amigos?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dale más tiempo. Dios corrigió a Job en los capítulos 38-41, y Job respondió; sin embargo, en 42:7 reprendió a sus tres amigos porque no habían hablado rectamente de él. Ellos no dejaron de atribuir el sufrimiento de Job a su pecado. Puedes preguntar: cuando consolamos a alguien, ¿también solemos apresurarnos a buscar una causa?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Job primero expresó su duelo rasgándose el manto y trasquilándose la cabeza; después cayó en tierra y adoró. ¿Qué aprendemos sobre el duelo y la adoración al ver juntas estas dos partes?
Sugerencia para quien dirige: no se saltó el dolor. Muchas personas piensan que ser piadoso significa no permitirse estar triste, pero el comienzo de Job desmiente esa idea. También pueden hablar de si solemos exigirnos, o exigir a otros, que “se recuperen pronto”.
6. ¿En qué momento dijo Job 1:21, “Jehová dió, y Jehová quitó”? ¿Qué puede ocurrir si otra persona usa esas palabras para exhortar a quien está sufriendo?
Sugerencia para quien dirige: Job pronunció esta confesión de fe dentro de su propio duelo. Si otra persona la usa para exigírsela, se convertirá en otra carga sobre quien sufre. Quien dirige puede decirlo claramente: si alguien está herido, primero lo acompañamos y escuchamos; cuando esté dispuesto, leeremos juntos estas palabras.
7. ¿Recuerdas alguna ocasión en que el “consuelo” de otra persona te hizo sentir peor? ¿Qué te dijo? (No hace falta decir quién fue; quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: casi todos tendrán una respuesta. No conviertan la pregunta en una ocasión para criticar a alguien; cierren con una frase: casi siempre se dijo con buena intención, pero no era el momento de decirlo.
8. ¿Hay esta semana alguna persona cercana que esté atravesando una dificultad? ¿Cuál es la cosa más pequeña que puedes hacer por ella?
Sugerencia para quien dirige: orienta las respuestas hacia acompañar, no hacia hablar: enviar un mensaje que no exija respuesta, invitar a comer o ayudar con una tarea concreta. Recuérdales que no vayan con explicaciones. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.
Pide primero a una persona del grupo que lea lentamente Job 1:21 y después Job 42:7. Guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede pensar en una persona que esté sufriendo. Quien quiera puede orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Para terminar, quien dirige puede interceder por quienes atraviesan dificultades y pedir a Dios que detenga nuestras explicaciones apresuradas sobre el sufrimiento ajeno. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat grupal. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide el consentimiento de la persona y solo se anota en privado una o dos frases indispensables. Cuando está en juego la seguridad de un menor o de alguien incapaz de protegerse, o existe un peligro inmediato de suicidio o agresión, no es necesario obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad adecuada de protección.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, reconocemos que, cuando vemos sufrir a otra persona, enseguida queremos encontrar una causa; y, cuando nos toca a nosotros, empezamos enseguida a contar nuestras faltas. El libro de Job lo dice con claridad: Job era perfecto y recto, y aun así le sobrevino la calamidad. Detén nuestras explicaciones presuntuosas y danos valor para llevarte el dolor tal como es, igual que Job, sin arreglarlo primero para que parezca ordenado. Tú no has menospreciado ni abominado al afligido. Ponemos en Tus manos a los hermanos y hermanas que atraviesan dificultades; acompáñalos Tú mismo. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; si por ahora no sabes cuál, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Quien quiera puede compartir la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Acompañar a quienes sufren” (2 Corintios 1:3-11), o “En la oscuridad más profunda, Cristo está con nosotros” (Salmos 22).