Permanecer a su lado durante más tiempo · Grupos pequeños

La santificación de nuestras respuestas emocionales, Lección 13. Leer Romanos 12:9-21. Después de acompañar a alguien durante meses, la persona sigue igual; tú estás agotado, pero tampoco sabes cómo dar un paso atrás

Pasaje principal: Romanos 12:9-21

Acompañar a una persona una o dos veces no es difícil. Lo difícil es seguir cuando han pasado meses, la persona continúa igual y quien la acompaña también está a punto de agotarse. Romanos 12 pone en el mismo pasaje “llorad con los que lloran” y “sufridos en la tribulación”, y además afirma que “el amor sea sin fingimiento”. El acompañamiento duradero no se sostiene solo con entusiasmo, sino con sinceridad y responsabilidades compartidas.

Introducción

Al principio, todos muestran mucho entusiasmo: llevan comida, conversan y preguntan cada día cómo está la persona. Tres meses después, todo sigue igual y muchos mensajes quedan sin respuesta. Entonces surgen pensamientos que cuesta admitir: ¿será que en realidad no quiere mejorar? ¿Sirve de algo lo que hago? Yo tampoco aguanto mucho más.

Después llega esa retirada silenciosa: los mensajes disminuyen, ya no se lleva comida y, aunque todavía se saluda al encontrarse, nadie da un paso más.

Romanos 12:9-21 contiene una sucesión de exhortaciones breves que Pablo dirige a la iglesia. No fue escrito específicamente para acompañar a personas con depresión, pero ofrece principios aplicables al acompañamiento prolongado al enseñar cómo la iglesia debe amarse y caminar unida en medio de la aflicción.

El comienzo establece el tono:

El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno; (Romanos 12:9)

“Sin fingimiento” es el fundamento del pasaje: el amor debe ser genuino y no quedarse en palabras. Aplicado al acompañamiento prolongado, también incluye reconocer sinceramente nuestros límites, sin fingir que tenemos fuerzas, que nunca nos cansamos o que conocemos todas las respuestas para mantener una relación.

Las frases siguientes adquieren peso cuando se leen juntas:

Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; (Romanos 12:12)

La esperanza dirige nuestra mirada hacia las promesas futuras de Dios; la paciencia persevera en medio de la tribulación; la constancia continúa orando sin rendirse fácilmente. Las tres frases juntas nos recuerdan que el acompañamiento no debe convertirse en una carrera por ver resultados rápidos.

Después viene una frase muy conocida:

Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran. (Romanos 12:15)

Observa que el verbo de la segunda parte es “llorad con”, no “hagan que deje de llorar”. Llorar con alguien significa entrar en su emoción, no sacarlo de ella para que yo pueda comprobar que ya está bien.

El versículo siguiente continúa: “Unánimes entre vosotros: no altivos, mas acomodándoos á los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión” (Romanos 12:16). “No seáis sabios en vuestra opinión” es especialmente importante al acompañar. Con el paso del tiempo, es fácil pensar que uno sabe mejor que la propia persona lo que debería hacer.

En 1 Tesalonicenses aparece una frase que distingue diferentes necesidades:

También os rogamos, hermanos, que amonestéis á los que andan desordenadamente, que consoléis á los de poco ánimo, que soportéis á los flacos, que seáis sufridos para con todos. (1 Tesalonicenses 5:14)

Pablo recuerda a la iglesia que responda según la necesidad real de cada persona: amonestar a quien anda desordenadamente, consolar a quien tiene poco ánimo, sostener al débil y ser paciente con todos. Esto no divide para siempre a la gente en tres categorías ni constituye un diagnóstico médico. Lo importante es no tratar como rebelde y reprender, sin comprender primero, a quien está desanimado o enfermo. Esta es una herida muy común dentro de la iglesia.

¿Cómo podemos acompañar durante más tiempo?

Primero, deja de proponerte “curar a la persona”. Por supuesto que esperamos que reciba la ayuda adecuada y mejore poco a poco; pero no midas tu amor por la velocidad de su recuperación. Tu responsabilidad es asumir fielmente la parte que realmente puedas llevar. Cuando haga falta, puedes pasar el relevo para que la iglesia y los profesionales se incorporen también.

Segundo, haz el acompañamiento más pequeño y regular. Un mensaje diario que no requiera respuesta es más sostenible que una conversación de tres horas. Las carreras largas se recorren con pasos pequeños.

Tercero, busca a otras personas con quienes compartir la responsabilidad. Quien carga solo durante meses acaba derrumbándose. Si no existe un riesgo para la seguridad, pide primero el consentimiento de la persona y después invita a uno o dos hermanos, hermanas o pastores de confianza a compartir el acompañamiento. Es mejor turnarse entre dos o tres que exigir a una sola persona que resista indefinidamente.

Cuarto, asegúrate de recibir también lo que necesitas. Quien acompaña también necesita ser acompañado. Comer y dormir a horas regulares, y contar con un lugar para expresar tu cansancio, te permitirá llegar al día siguiente. Esto no es egoísmo.

Quinto, reconoce tus límites. No somos médicos ni terapeutas. Cuando haga falta acudir a profesionales, hay que hacerlo; y cuando sea necesario decir “yo no puedo ayudarte con esto, pero te acompañaré a buscar a quien sí pueda”, hay que decirlo.

Sexto, permite que aparezcan tus propias emociones. Tras acompañar durante mucho tiempo, puede haber irritación, enojo o ganas de escapar. Esto no significa que no ames a la persona. Cuéntaselo con sinceridad a Dios y, si hace falta, habla con alguien de confianza; habla solo de tu propio estado, sin revelar la identidad de la otra persona ni repetir lo que te contó.

Podemos acompañar no porque nos hayamos convertido en el salvador de otra persona; Cristo es el Salvador. Romanos 12 presenta antes a la iglesia como un cuerpo, de modo que una carga prolongada nunca debería recaer sobre una sola persona. Reconocer los límites y compartir la responsabilidad es amar fielmente desde la gracia, no retirarse.

Por último, hay que aclarar dos cosas.

Si la persona corre peligro de hacerse daño, eso no se resuelve solo con acompañamiento: cuéntaselo inmediatamente a alguien capaz de ayudar, no la dejes a solas, entrega a otra persona cualquier objeto peligroso y contacta a un médico. Ante un peligro inmediato, llama a los servicios locales de emergencia o a la policía; en China continental, al 120 o al 110. No prometas guardar el secreto.

Si dentro de la relación aparece daño —la persona te convierte en su único recurso, ejerce presión sobre ti o la relación se vuelve insegura—, eso no significa que no ames lo suficiente. Prioriza la seguridad de ambas personas. Si hace falta, deja de asumir tú solo el acompañamiento y pide que pastores, familiares y profesionales tomen el relevo. Poner límites no es falta de amor, y mantener exactamente el mismo contacto no es el único objetivo posible.

Notas de estudio

1. “El amor sea sin fingimiento” es el fundamento del pasaje. El amor es genuino y no se queda en palabras. En el acompañamiento prolongado, también implica reconocer los propios límites y no fingir que nunca nos cansamos o que tenemos todas las respuestas.

2. Las tres expresiones del versículo 12. La esperanza mira hacia las promesas futuras de Dios, la paciencia persevera en la tribulación y la constancia continúa orando sin rendirse fácilmente. Ninguna es instantánea.

3. “Llorad con los que lloran”. El verbo es llorar con, no hacer que dejen de llorar. Se trata de entrar en su emoción, no de sacarlos de ella.

4. “No seáis sabios en vuestra opinión” (versículo 16). Este es uno de los errores más fáciles después de acompañar durante mucho tiempo: creer que sabemos mejor que ella lo que debería hacer.

5. 1 Tesalonicenses 5:14 responde a la necesidad real. A quien tiene poco ánimo se lo consuela, al débil se lo sostiene y solo a quien anda desordenadamente se lo amonesta. No es una clasificación permanente ni un diagnóstico médico. Lo importante es no tratar como rebelde a quien está desanimado o enfermo.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o del peligro inmediato de que alguien se haga daño o lastime a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un menor, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía o seguridad pública local, o a los servicios médicos o de emergencia. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Rompehielos: ¿has cuidado alguna vez de una persona enferma, de una persona mayor, de un niño o de un amigo que llevaba mucho tiempo triste? ¿Qué etapa te resultó más agotadora? (Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: compartan algo sencillo en una o dos frases, sin decir quién era la persona. Muchos responderán que la etapa más difícil no fue el comienzo, sino la parte intermedia. Ese es precisamente el tema de hoy.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la lectura previa)

Esta lección trata de Romanos 12:9-21. Pablo dice que el amor sea sin fingimiento, que aborrezcamos lo malo y nos acerquemos a lo bueno; que nos amemos con afecto fraternal y nos honremos mutuamente; que no seamos perezosos, sino ardientes en espíritu y sirvamos al Señor. Dice que estemos gozosos en la esperanza, seamos sufridos en la tribulación y constantes en la oración; que compartamos con los santos necesitados y practiquemos la hospitalidad. También manda bendecir a quienes persiguen, gozarse con quienes se gozan y llorar con quienes lloran; vivir en armonía, no ser altivos sino acercarse a los humildes, y no ser sabios en nuestra propia opinión. Añade que no paguemos mal por mal y, si es posible, vivamos en paz con todos; que no nos venguemos, sino que dejemos lugar a la ira de Dios; que no seamos vencidos por lo malo, sino que venzamos con el bien el mal. El pasaje relacionado está en 1 Tesalonicenses 5: hay que amonestar a quienes andan desordenadamente, consolar a quienes tienen poco ánimo, sostener a los débiles y ser pacientes con todos. Hoy hablaremos de cómo acompañar durante más tiempo.

Observación

1. Lean los versículos 9-13. ¿Qué cosas manda Pablo en estos versículos? ¿Cuáles tienen que ver con el paso del tiempo?

Sugerencia para quien dirige: que el amor sea sin fingimiento; amarse con afecto fraternal; honrarse mutuamente; no ser perezosos y ser ardientes en espíritu. Las que tienen que ver con el tiempo están en el versículo 12: gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación y constantes en la oración.

2. Lean los versículos 14-18. ¿Qué dos cosas manda el versículo 15? ¿Qué actitudes pide evitar el versículo 16?

Sugerencia para quien dirige: gozarse con quienes se gozan y llorar con quienes lloran. No ser altivos, acercarse a los humildes y no ser sabios en la propia opinión.

3. Lean 1 Tesalonicenses 5:14. ¿Qué situaciones distingue el versículo y cómo se responde a cada una?

Sugerencia para quien dirige: amonestar a quienes andan desordenadamente, consolar a quienes tienen poco ánimo, sostener a los débiles y ser pacientes con todos. Observen que las personas con poco ánimo y las débiles no están en la categoría de la amonestación.

Interpretación

4. “Llorad con los que lloran”: ¿qué diferencia hay entre llorar con alguien y aconsejarle que deje de llorar? ¿Por qué, después de acompañar mucho tiempo, es fácil pasar de lo primero a lo segundo?

Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central; dedíquenle más tiempo. Llorar con alguien es entrar en su emoción; aconsejarle que deje de llorar muchas veces nace de nuestra propia incomodidad. Cuando las fuerzas disminuyen, queremos ver resultados cuanto antes.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo). “El amor sea sin fingimiento” aparece al principio del pasaje. ¿Qué formas puede tomar el fingimiento al acompañar a alguien?

Sugerencia para quien dirige: fingir que uno no se cansa o que tiene respuestas; decir “puedes llamarme a cualquier hora” mientras se espera que la persona no lo haga. Quien no finge puede acompañar durante más tiempo. También pueden hablar de esto: ¿decir la verdad puede herir? ¿Cómo se puede ser sincero sin rechazar a la persona?

6. ¿Qué ocurre cuando tratamos a quienes tienen poco ánimo como si anduvieran desordenadamente?

Sugerencia para quien dirige: terminamos amonestando: “debes reaccionar” o “esto demuestra falta de fe”. Es una herida común dentro de la iglesia. Cuando distinguimos la situación, nuestras palabras también cambian.

Aplicación

7. Después de acompañar durante mucho tiempo, ¿qué señales físicas o emocionales te muestran que necesitas descansar, compartir la responsabilidad o pedir ayuda? (No hace falta mencionar personas ni situaciones concretas. Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: responde primero con algo propio: dormir mal, sentir tensión en cuanto llega un mensaje, empezar a evitarlo o irritarse por dentro. Estas señales no significan falta de amor; reconocerlas permite acompañar durante más tiempo. No juzguen ni aconsejen.

8. ¿Cómo te gustaría simplificar el acompañamiento esta semana para que sea sostenible?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: un mensaje diario que no requiera respuesta; acordar turnos con otro hermano o hermana; contarle la situación a un pastor; reservar también para ti un descanso o una conversación. La lista de acciones que sigue continúa en esa dirección.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a una persona que lea despacio Romanos 12:12 y 15, y después 1 Tesalonicenses 5:14. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual puede preguntarse: ¿a quién acompaño ahora? ¿Quién me acompaña a mí? Después, quienes quieran pueden orar con una o dos frases: pedir paciencia y sinceridad para sí mismos, y que Dios cuide personalmente a la persona que acompañan, sin mencionar su nombre. También pueden orar por quienes acompañan, porque ellos también necesitan compañía. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar en silencio y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige da gracias e intercede por el grupo. Las peticiones se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la App ni se comparten en el chat. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y solo se anota en privado lo imprescindible. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener antes su consentimiento: contacten de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o seguridad pública, o al organismo de protección adecuado.

Se puede comenzar así (orientación para la oración):

Señor, al principio tenemos entusiasmo, pero con el tiempo nuestras fuerzas flaquean. Haz que nuestro amor sea sin fingimiento: que no finjamos tener fuerzas ni respuestas. Danos un corazón paciente en la tribulación, que no exija resultados rápidos; danos también un corazón capaz de llorar con otra persona, sin apresurarse a sacarla de su dolor. Tú amas más que nosotros a la persona que acompañamos. Nosotros no podemos curar su enfermedad ni disipar su oscuridad; cuídala Tú mismo y prepara médicos y personas que puedan ayudarla. Acuérdate también de quienes acompañan: concédenos descanso y una persona con quien hablar. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no puedes escoger, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “La renovación emocional comienza por lo que amas” (Gálatas 5:16-26), o la lección “Acompañar a una persona con depresión” (Job 2:1-13).

Guía para quien dirige