Sacar el pecado a la luz, confesarlo y hacerlo morir, Lección 7. Leer Romanos 7:14-8:17. Oscilamos entre la indulgencia y el castigo propio; cuanto más nos esforzamos, más derrotados nos sentimos
Pasaje principal: Romanos 7:14-8:17
Pablo puso en las Escrituras una frase que todos hemos dicho alguna vez: “ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago”. Pero no se detuvo ahí, sino que pronunció el giro más importante de toda la carta: “AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Sobre el fundamento de no estar condenados, dejamos de apretar los dientes a solas y hacemos morir las obras de la carne por el Espíritu.
La segunda mitad de Romanos 7 hace que muchas personas respiren aliviadas, porque pone por escrito algo que creíamos que solo nosotros nos atrevíamos a decir:
Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. (Romanos 7:15)
Unos versículos después, Pablo vuelve a decir casi lo mismo: “Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago” (Romanos 7:19). La misma contradicción aparece dos veces y deja muy clara la impotencia de querer algo y no lograr hacerlo. La frase de en medio llega aún más hondo: “porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo” (Romanos 7:18). Entre querer y llevarlo a cabo hay una brecha que la persona no puede cruzar por sí sola.
A lo largo de la historia, los intérpretes han entendido de distintas maneras a quién se refiere el “yo” de Romanos 7. Algunos piensan que se trata de una persona que todavía no cree; otros, de un creyente que intenta vivir por sus propias fuerzas; otros lo leen como una realidad presente durante toda la vida del creyente. Esta lección no pretende decidir cuál interpretación es la correcta, porque, sea cual sea, el desenlace que da el propio Pablo es claro. Al final de ese camino brota un grito:
¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? (Romanos 7:24)
Pregunta “¿quién?”, dirigiendo la esperanza ante todo hacia un Salvador. La respuesta viene inmediatamente: “Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:25). Después llega el gran giro del capítulo 8:
AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu. (Romanos 8:1)
Dice que ya no hay condenación, no que ya no haya errores ni caídas. Si confundimos esas dos cosas, entenderemos mal todo el pasaje. Pablo explica después cómo se ha hecho posible: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). La ley es buena, pero no podía liberar a las personas del dominio del pecado y de la muerte, pues era débil por la carne (Romanos 8:3). Por eso Dios envió a su propio Hijo como sacrificio por el pecado y dio el Espíritu Santo. Así cambia la orientación de toda la persona:
Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. (Romanos 8:5)
“Ocuparse” habla de aquello en lo que se fija habitualmente la mente. Es una dirección, no un esfuerzo aislado. A continuación aparece la frase más práctica del pasaje:
Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. (Romanos 8:13)
En esta frase hay dos elementos que no pueden separarse. “Mortificáis” exige una obediencia real y activa; es una palabra enérgica. “Por el espíritu” muestra que el poder y la dirección de esa acción vienen del Espíritu. Pablo pone ambos elementos en la misma frase: no se trata de decir “déjaselo a Dios” y no hacer nada, ni de apretar los dientes y sostenerse a solas. Gálatas también dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne” (Gálatas 5:16). Reconoce con la misma franqueza que la carne y el Espíritu “se oponen la una á la otra” (Gálatas 5:17). Pablo no dice que la lucha termine cuando creemos. La lucha continúa, pero ahora el Espíritu está en nosotros.
Al final, Pablo lleva el argumento a una identidad:
Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. (Romanos 8:15)
Este versículo declara ante todo que quienes están en Cristo ya no viven en esclavitud y temor, sino que han recibido la adopción como hijos y pueden clamar: “Abba, Padre”. También puede consolar a quienes, cada vez que caen, solo piensan en castigarse y no se atreven a volver a Dios. Esa es una aplicación pastoral, no el único sentido del versículo. No estar condenados en Cristo nos da un fundamento firme; además, el Espíritu nos ayuda a hacer morir el pecado en actos concretos de obediencia cada día. Ya no apretamos los dientes a solas, ni dejamos la lucha en manos de un lema. Los pecados repetidos y las adicciones deben afrontarse con sinceridad y requieren límites concretos y ayuda. Las compulsiones, la depresión prolongada o la ansiedad también pueden implicar problemas de salud y no deben tratarse sin más como pecado o fracaso espiritual. Acudir al servicio de salud mental o medicina psicosomática de un hospital reconocido, o pedir ayuda a profesionales cualificados, no contradice andar por el Espíritu.
1. Pablo repite dos veces aquella frase de Romanos 7. Los versículos 15 y 19 son casi iguales; al aparecer dos veces la misma contradicción, queda muy clara la impotencia de querer y no conseguir hacerlo.
2. Hay una brecha entre “querer” y “llevar a cabo”. La persona no puede cruzarla por sí sola.
3. Hay distintas interpretaciones acerca de quién es el “yo” de Romanos 7. Esta lección no lo decide. Sea cual sea la lectura, el pasaje desemboca en el mismo grito.
4. Él pregunta “¿quién?”. Dirige la esperanza ante todo hacia el Salvador; el capítulo 8 explica después cómo el Salvador, por medio del Espíritu, lleva a las personas a una vida nueva y concreta.
5. “No hay condenación” no significa “ya no cometo errores”. Confundir ambas cosas distorsiona todo el pasaje.
6. La ley es buena, pero no podía obrar a causa de la debilidad de la carne. Por eso Dios envió a su propio Hijo como sacrificio por el pecado y dio el Espíritu Santo.
7. Romanos 8:13 contiene dos elementos indispensables. Hacer morir las obras es lo que nos toca hacer; hacerlo por el Espíritu indica de dónde viene la fuerza.
8. Gálatas 5:17 dice que la lucha continúa. No termina cuando creemos; lo que cambia es que ahora el Espíritu está en nosotros en medio de la lucha.
9. Romanos 8:15 declara ante todo la adopción como hijos. Quienes están en Cristo ya no viven en esclavitud y temor, sino que pueden clamar: “Abba, Padre”. También puede consolar a quienes, al caer, solo piensan en castigarse; esa es una aplicación pastoral, no el único sentido del versículo.
Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se divulga fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de hacerse daño o dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y compartirá solo la información necesaria con quienes de verdad puedan ayudar. Si hay un niño o alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento: según el caso, se contactará con un pastor, profesionales cualificados, la policía, urgencias o los servicios médicos de la localidad. Ante un peligro inmediato hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Rompehielos: ¿hay algo que te propones cada comienzo de año y que, al terminar el año, sigue igual? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder).
Sugerencia para quien dirige: conversen con ligereza; seguramente habrá risas. Levantarse temprano, hacer ejercicio, mirar menos el teléfono. Esta pregunta prepara Romanos 7:15; no conviertan todavía las respuestas en una lección moral.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la preparación)
Esta lección se basa en Romanos 7:14-8:17. Pablo dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago”. “Porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo”. Dice que ve otra ley en sus miembros que se rebela contra la ley de su espíritu. Entonces grita: “¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?”. Y responde: “Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. En el capítulo 8 dice: “AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”, y “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado”. Quienes viven conforme a la carne se ocupan de las cosas de la carne, pero quienes viven conforme al Espíritu se ocupan de las cosas del Espíritu. “Si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis”. Finalmente dice: “no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre”. Hoy conversaremos sobre ser liberados en Cristo y hacer morir el pecado por el Espíritu.
1. Lean Romanos 7:15 y 7:18-19. ¿Qué situación describe Pablo? ¿Qué dice que puede querer, pero no logra llevar a cabo?
Sugerencia para quien dirige: no hace lo que quiere y hace lo que aborrece. Tiene el querer, pero no logra efectuar el bien. Lo dice dos veces; inviten al grupo a localizar ambas expresiones.
2. Lean Romanos 7:24-25 y 8:1. ¿Qué pregunta formula Pablo en el punto más doloroso? ¿Cuál es la respuesta? ¿Qué declara la primera frase del capítulo 8?
Sugerencia para quien dirige: pregunta: “¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?”. Es “¿quién?”, no “¿qué método uso?”. La respuesta es Jesucristo nuestro Señor. Romanos 8:1 declara: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.
3. Lean Romanos 8:13 y 8:15. ¿Qué manda hacer Pablo y por medio de quién? ¿Qué espíritu hemos recibido?
Sugerencia para quien dirige: hacer morir las obras de la carne por el Espíritu. No hemos recibido espíritu de servidumbre para volver al temor, sino espíritu de adopción, por el cual clamamos: “Abba, Padre”.
4. Romanos 8:1 dice que “ninguna condenación hay”. ¿En qué se diferencia eso de decir que “ya no cometemos errores”? ¿Por qué importa tanto esa diferencia?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. No estar condenados describe nuestra posición ante Dios, no nuestro desempeño de hoy. Confundirlo produce dos errores: algunos piensan que el creyente ya no debería caer y, cuando caen, dudan de su salvación; otros concluyen que, como de todos modos caerán, da igual.
5. Romanos 8:13 dice que hacemos morir las obras de la carne “por el Espíritu”. ¿Por qué pone Pablo en una sola frase la acción de hacer morir y el hacerlo por el Espíritu?
Sugerencia para quien dirige: si conservamos solo la primera parte, apretamos los dientes a solas y volvemos a Romanos 7. Si conservamos solo la segunda, caemos en una espiritualidad pasiva que no hace nada. Pablo pide una acción real cuya fuerza no procede de nosotros. Pueden preguntar: en tu experiencia, ¿cuál de los dos elementos se olvida con más facilidad?
6. (Pregunta opcional, si hay tiempo). Después de una caída, ¿cómo pueden la vergüenza y el miedo impedir que volvamos a Dios? ¿Qué diferencia trae la adopción como hijos de Romanos 8:15?
Sugerencia para quien dirige: la vergüenza suele decirnos: “Primero tengo que arreglarme y después podré acercarme”. Romanos 8:15 dice que, en Cristo, hemos recibido el Espíritu de adopción y podemos clamar directamente: “Abba, Padre”. No determinen lo que siente cierta clase de personas; hablen de su propia experiencia.
7. ¿En qué situación reciente podrías haber dicho la frase de Romanos 7:15? (Comparte solo hasta donde quieras; si no deseas mencionar el asunto concreto, basta con decir que sí te ha pasado).
Sugerencia para quien dirige: quien dirige puede dar como ejemplo algo cotidiano y de bajo riesgo, o simplemente reconocer que también conoce esa lucha. No hace falta revelar algo íntimo para animar al grupo. No indaguen, no den soluciones y no sermoneen.
8. Esta semana, ¿en qué asunto quieres intentar actuar “por el Espíritu” en vez de “por tus propias fuerzas”? ¿Qué harás en concreto?
Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretarlo. En aquel momento, detenerse primero y decir una breve oración; enviar primero un mensaje a alguien; salir primero de la situación. Si alguien atraviesa una lucha grave, puede tomar como única acción de esta semana pedir una cita médica o de orientación profesional. Eso también puede ser un paso para andar por el Espíritu. La lista de acciones que sigue mantiene este mismo enfoque.
Pidan a una persona del grupo que lea despacio Romanos 8:1 y después la segunda mitad de Romanos 8:15. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual llama a Dios “Padre” en su interior. Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Para terminar, quien dirige pide que todos tengan la certeza de que no hay condenación y que quienes llevan mucho tiempo luchando reciban ayuda y compañía. Las peticiones de oración quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide permiso a la persona y luego se anota en privado solo una o dos frases necesarias. Cuando está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o existe un peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no es necesario obtener antes el consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios de urgencias, la policía o los organismos de protección pertinentes de la localidad.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor, reconocemos que las palabras de Pablo también son nuestras: “ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago”. Hemos intentado esforzarnos más y también hemos intentado rendirnos. Gracias porque dices: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Graba esta palabra en nuestro corazón para que dejemos de castigarnos como manera de acercarnos a Ti. Dices que debemos hacer morir las obras de la carne por el Espíritu. Que Tu Espíritu obre hoy dentro de nosotros: danos fuerza y también sabiduría para pedir la ayuda que necesitamos. No hemos recibido espíritu de servidumbre, sino espíritu de adopción; por eso Te llamamos: Abba, Padre. En el nombre de Jesús, amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál escoger, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te frenó.
Pueden elegir la lección “De una sola decisión a la esclavitud” (Romanos 6:12-23), o “Ver tu propio corazón a la luz” (Salmos 51).