Ver tu propio corazón a la luz · Grupos pequeños

Sacar el pecado a la luz, confesarlo y hacerlo morir, Lección 2. Leer Salmos 51. Mientras no hayamos infringido la ley, creemos que somos bastante buenos; no vemos que la orientación del corazón ya se ha desviado

Pasaje principal: Salmos 51

David no pidió que su pecado quedara oculto; pidió limpieza y renovación: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí». El sacrificio que Dios desea es un corazón contrito y humillado. Un corazón así deja de justificarse, se mira con sinceridad a la luz y se vuelve hacia el Dios misericordioso.

Introducción

Es muy común evaluarnos de esta manera: «No he matado, no he robado ni he hecho daño a nadie; supongo que soy bastante buena persona». Muchas veces esta frase es cierta, pero solo mide si hemos cruzado ciertas líneas. Si usamos únicamente esa medida, podemos pasar toda la vida sin mirar nuestro corazón. El Salmo 51 es una oración que David escribió después de un hecho muy grave. Había cruzado la línea, y de manera terrible. Lo más valioso de este salmo es que lleva a la persona ante Dios para afrontar tanto lo que ha hecho como la condición que hay en su interior.

Lo primero que David pide es:

TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. (Salmos 51:1)

Se apoya en la misericordia y la compasión de Dios. No dice «en realidad soy una buena persona», ni comienza prometiendo «no volveré a hacerlo». Podemos confesar porque primero confiamos en que quien nos escucha es misericordioso. Luego dice: «A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (Salmos 51:4). David causó un daño concreto a Betsabé y a Uría, y también implicó a más personas. Esta frase no borra ninguno de esos daños; señala la capa más profunda del asunto: el pecado es pecado, ante todo, porque se dirige contra Dios.

Después mira más adentro:

He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. (Salmos 51:5)

Es lenguaje poético. David no culpa a sus padres ni dice que engendrar hijos sea pecado. Lleva el problema del pecado hasta el comienzo de la vida y deja de tratar su propio pecado como un desliz aislado. La tradición de la Iglesia ha visto aquí la profundidad con que el pecado arraiga en el ser humano, aunque no hace falta cargar sobre este único versículo la demostración de toda una doctrina. A continuación dice:

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. (Salmos 51:6)

A Dios le importa si hemos cruzado una línea exterior, pero también si somos sinceros por dentro y si nos volvemos hacia él. El arrepentimiento verdadero afronta a la vez la conducta y el corazón. Por eso David pide:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51:10)

La palabra «crea» pone toda la esperanza en Dios: David le pide que limpie y renueve su corazón, en lugar de confiar el cambio a sus propios remiendos. También ruega: «No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu», y «Vuélveme el gozo de tu salud» (Salmos 51:11-12). Su oración no se limita a las consecuencias. Pide no ser apartado de la presencia de Dios y recuperar el gozo de la salvación.

Después llega una de las frases más citadas del salmo:

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmos 51:17)

El versículo anterior dice: «Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto.» (Salmos 51:16). Esto no significa que Dios rechace los sacrificios que él mismo estableció. Los dos últimos versículos todavía dicen: «Entonces te agradarán los sacrificios de justicia» (Salmos 51:19). La idea es que ningún sacrificio puede sustituir a un corazón contrito y humillado; los ritos externos no pueden cubrir la dureza interior. Este quebranto tampoco es una representación emocional. Consiste en dejar de justificarnos y volvernos hacia el Dios misericordioso que puede limpiarnos. La dirección de todo el salmo es la esperanza del perdón y la restauración, no una vida prolongada bajo condenación. Los últimos dos versículos pasan a una oración por Sión y por sacrificios apropiados. Hay distintas interpretaciones de su relación con lo anterior; no es necesario tomarlos como una indicación cronológica de que David ya había sido restaurado personalmente. Recibir perdón tampoco elimina la responsabilidad de afrontar las consecuencias.

La meta de esta lección es, por tanto, mirarnos con sinceridad delante de Dios: considerar no solo si hemos cruzado una línea, sino también hacia dónde se orienta el corazón. No se trata de encerrarnos en la culpa repetida, sino de pedir al Dios misericordioso que limpie y renueve nuestro interior.

Notas de estudio

1. David comienza apoyándose en la misericordia de Dios, no en su propio comportamiento. «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia». Puede confesar porque primero confía en que quien lo escucha es misericordioso.

2. «A ti solo he pecado» no significa que David no haya dañado a otras personas. Causó daños muy concretos. Esta frase señala la capa más profunda de lo sucedido.

3. «En pecado me concibió mi madre» no culpa a sus padres ni afirma que engendrar hijos sea pecado. Esta frase poética lleva el problema del pecado hasta el comienzo de la vida; David ya no lo trata como un desliz aislado. La tradición de la Iglesia ha visto aquí la profundidad con que el pecado arraiga en el ser humano, pero no hace falta que este versículo demuestre por sí solo toda una doctrina.

4. «Tú amas la verdad en lo íntimo». A Dios le importa si hemos cruzado una línea exterior, pero también si somos sinceros por dentro y si nos volvemos hacia él. El arrepentimiento verdadero afronta a la vez la conducta y el corazón.

5. «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». La palabra «crea» pone toda la esperanza en Dios: David le pide que limpie y renueve su corazón, en lugar de confiar el cambio a sus propios remiendos.

6. David pide no ser apartado de la presencia de Dios y recuperar el gozo de la salvación. Su oración no se limita a las consecuencias. La confesión se dirige hacia el gozo, no hacia una culpa interminable.

7. El «corazón contrito y humillado» no es una representación emocional. El versículo anterior dice que Dios no quiere sacrificios. Esto significa que ningún sacrificio puede sustituir a un corazón contrito y humillado; no niega los sacrificios que Dios mismo estableció, pues el versículo 19 aún habla de sacrificios apropiados.

8. Los últimos dos versículos oran por Sión y por sacrificios apropiados. Hay distintas interpretaciones de su relación con lo anterior; no es necesario tratarlos como una indicación cronológica de que David ya había sido restaurado personalmente. La dirección de todo el salmo es la esperanza del perdón y la restauración, no una vida prolongada bajo condenación.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Antes de comenzar (léelo en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información imprescindible a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño, de alguien que no puede protegerse o de un peligro inmediato, no será necesario obtener antes su consentimiento; según el caso, se contactará con un pastor, un profesional acreditado, la policía local o los servicios médicos y de emergencia. Si hay un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Para entrar en conversación: ¿te ha ocurrido que alguien alabara algo de ti y que por dentro supieras que no era del todo así? (No hace falta explicar los detalles; basta con contar cómo te sentiste. Quienes vienen por primera vez también pueden participar).

Sugerencia para quien dirige: Mantén un tono ligero y no pidas detalles. La mayoría sonreirá y admitirá que sí. Esta pregunta prepara el camino para hablar de la «verdad en lo íntimo».

Repaso de la lección (léelo en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en el Salmo 51. David dice: Dios, ten piedad de mí conforme a Tu misericordia y, conforme a la multitud de Tus piedades, borra mis rebeliones. Yo conozco mis rebeliones y mi pecado está siempre delante de mí. Contra Ti, contra Ti solo he pecado. Tú amas la verdad en lo íntimo. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de Ti ni quites de mí Tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de Tu salvación. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios. Hoy hablaremos de mirar nuestro corazón a la luz.

Observación

1. Lee los versículos 1-2. ¿En qué se apoya David para pedir? ¿Qué cosas pide que Dios haga?

Sugerencia para quien dirige: Se apoya en la misericordia y la abundante compasión de Dios, no en su propia conducta. Pide que borre sus rebeliones, que lo lave de su maldad y que lo limpie de su pecado.

2. Lee los versículos 6 y 10. ¿Qué ama Dios? ¿Qué le pide David que haga en él?

Sugerencia para quien dirige: Dios ama la verdad en lo íntimo. David le pide que cree en él un corazón limpio y renueve un espíritu recto dentro de él. Puedes señalar que usa la palabra «crea»: está pidiendo algo mayor que una reparación.

3. Lee los versículos 16-17. ¿Qué dice David que Dios no quiere? ¿Cuál es el sacrificio que Dios desea?

Sugerencia para quien dirige: No quiere sacrificios ni holocaustos. Desea un espíritu quebrantado, un corazón contrito y humillado. Puedes preguntar: ¿por qué un sacrificio externo no puede sustituir a un corazón contrito y humillado? ¿Cómo nos recuerda el versículo 19 que el sacrificio en sí mismo no era incorrecto?

Interpretación

4. «Tú amas la verdad en lo íntimo»: a Dios le importan nuestros actos y también nuestro interior. Si solo preguntamos «¿he hecho algo malo?», ¿qué podemos pasar por alto?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedícale más tiempo. Si solo preguntamos si hemos hecho algo malo, alguien podría no haber cometido ningún acto incorrecto y, aun así, guardar orgullo y frialdad en su interior. El Salmo 51 afronta tanto las transgresiones concretas como el corazón. También hay que aclarar que la «verdad en lo íntimo» no significa examinarnos sin descanso, sino dejar de encubrir lo que hay en nosotros y volvernos hacia Dios.

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) David dice «A ti solo he pecado». ¿De verdad no pecó contra otras personas? ¿Cómo debemos entender esta frase?

Sugerencia para quien dirige: Causó daños muy concretos a otras personas. Esta frase señala la capa más profunda de lo sucedido: el pecado es pecado porque, ante todo, se dirige contra Dios. No deduzcas de ella que «por tanto, no hace falta pedir perdón a las personas»; la Biblia nunca enseña eso.

6. ¿En qué se diferencia un «corazón contrito y humillado» de «culparse sin cesar»?

Sugerencia para quien dirige: Esta pregunta es muy importante. El corazón contrito reconoce el pecado y se vuelve hacia Dios; la culpa prolongada puede encerrar a una persona en acusaciones repetidas contra sí misma, sin encontrar salida. David pide como resultado el «gozo de tu salud», no una sombra interminable. Si alguien lleva mucho tiempo atrapado en esta culpa, necesita el consuelo del evangelio y un acompañamiento paciente; cuando sea necesario, también puede necesitar la ayuda de un médico o de un profesional acreditado. No añadas otra carga diciéndole que su problema es «pensar demasiado en sí mismo».

Aplicación

7. ¿Hay algún asunto al que has respondido siempre diciendo «yo no he hecho nada malo»? (Comparte solo hasta donde quieras; si es tu primera vez en el grupo, puedes hablar únicamente de cómo entiendes la pregunta).

Sugerencia para quien dirige: Comienza tú con algo propio. Quédate en «lo que he visto en mí», sin necesidad de contar el hecho concreto. Si alguien no quiere hablar, puede pasar.

8. ¿Qué frase estás dispuesto a decirle a Dios esta semana? (Puedes usar una frase del Salmo 51 o expresarlo con tus propias palabras).

Sugerencia para quien dirige: Invita a cada persona a pensar una frase concreta. La lista de acciones que sigue continúa en esta dirección. Si alguien no sabe qué decir, sugiérele que use la frase del versículo 10.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide a alguien que lea despacio Salmos 51:10 y luego 51:17. Guarden dos minutos de silencio. Cada persona puede decirle a Dios una verdad en su interior. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige puede cerrar pidiendo para cada persona del grupo un corazón limpio y el gozo de la salvación. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Por lo general, antes de hacer seguimiento se obtiene el consentimiento de la persona y solo se anotan en privado una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un niño o de alguien que no puede protegerse, o hay peligro inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no es necesario obtener antes su consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios médicos y de emergencia, la policía local o una entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Oh Dios, Tu Palabra dice que amas la verdad en lo íntimo. Confesamos que miramos con facilidad lo exterior y pocas veces nuestro interior; sabemos dar explicaciones, pero nos cuesta reconocer. Ten piedad de nosotros conforme a Tu misericordia, no conforme a nuestro comportamiento. Crea en nosotros un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de nosotros; no podemos reparar este corazón por nuestra cuenta. Tú dices que no despreciarás el corazón contrito y humillado. Lo traemos ante Ti y te pedimos también que nos devuelvas el gozo de Tu salvación. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona puede elegir una de estas acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál escoger, no pasa nada.

No es necesario registrarlo ni informar al grupo. Si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no llegaste a hacerlo, lleva a la oración aquello que te detuvo.

Si quieren seguir conversando

Pueden elegir la lección “El carácter oculto del pecado” (2 Samuel 11:1-12:13) o “El pecado distorsiona todas las relaciones” (Romanos 1:18-25).

Guía para quien dirige