La gloria de Dios, Lección 35. Leer Oseas 11:1-9. Cuando amar a alguien termina causándonos dolor, cerramos el corazón y ya no queremos entregarnos
Pasaje principal: Oseas 11:1-9
En Oseas 11, Dios recuerda como un padre: “CUANDO Israel era muchacho, yo lo amé”; “Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos”. Pero cuanto más los llamaban, más se alejaban. Dios dice: “¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? [...] inflámanse todas mis conmiseraciones”. Él ama verdaderamente al pueblo que quebranta el pacto, sin tomar a la ligera su rebelión. Este amor se manifestó de forma suprema en Jesús: él “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. Quienes han sido heridos por amar pueden recibir primero consuelo en este amor y, poco a poco, volver a aprender a amar.
Amar a alguien a veces nos deja heridos. Una persona se esfuerza por cuidar la relación con su hijo, pero años de malentendidos los van distanciando. Ayuda de corazón a un amigo y este revela sus asuntos privados. Se entrega sinceramente en una relación y al final descubre que la otra persona la ha engañado durante mucho tiempo. Después de una herida así, es fácil decirse: “No vuelvas a ser tan ingenuo. Si das menos, sufrirás menos”.
Oseas habla con palabras profundamente humanas del amor de Dios hacia el pueblo que quebrantó el pacto. El matrimonio del profeta se convirtió en una señal: el capítulo 1 cuenta que se casó con Gomer; en el capítulo 3 recibió el mandato de amar a una mujer infiel y pagó un precio para recuperarla (Oseas 3:1-2). El texto no relata todo lo ocurrido entre ambos capítulos, ni identifica por nombre si la mujer del capítulo 3 seguía siendo Gomer. Al llegar al capítulo 11, Dios usa otra imagen y recuerda la infancia de su hijo como un padre:
CUANDO Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé á mi hijo. (Oseas 11:1) Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; á los Baales sacrificaban, y á las esculturas ofrecían sahumerios. (Oseas 11:2) Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba. (Oseas 11:3) Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fuí para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida. (Oseas 11:4)
Enseñó al niño a caminar, lo sostuvo en sus brazos, curó sus heridas y le dio de comer. Pero cuanto más lo llamaban, más se alejaba, y ni siquiera “conocieron” quién los cuidaba. Esta imagen de un padre nos deja ver la compasión real de Dios hacia el pueblo que quebrantó el pacto. A continuación, Dios habla de las consecuencias: como no quisieron convertirse, Asiria llegaría a ser su rey (Oseas 11:5). La rebelión era real, y sus consecuencias también. Sin embargo, inmediatamente después aparecen algunas de las frases más conmovedoras de todo el Antiguo Testamento:
¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como á Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones. (Oseas 11:8) No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á Ephraim: porque Dios soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no entraré en la ciudad. (Oseas 11:9)
Adma y Zeboim fueron ciudades destruidas junto con Sodoma y Gomorra (Deuteronomio 29:23). Israel merecía llegar al mismo fin, pero Dios pregunta: “¿Cómo tengo de dejarte?”. Su compasión se encendió. La última frase merece una atención especial: “porque Dios soy, y no hombre”. Cuando las personas sufrimos una herida, a menudo retiramos nuestro amor. Dios, en cambio, no retiró el suyo ante la rebelión de su pueblo. Seguía siendo el Santo, y las consecuencias de aquella rebelión seguían siendo reales. No necesitamos interpretar esta imagen como si Dios fuera emocionalmente inestable, como los seres humanos. En la cruz, el Hijo de Dios tomó carne, sufrió de verdad y llevó personalmente nuestros pecados.
Este amor se manifestó de forma suprema en Jesús. Juan dice que, “como había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin” (Juan 13:1). Sabía que los discípulos huirían y que Pedro lo negaría, pero aun así los amó hasta el fin. Pedro escribió después: “El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados” (1 Pedro 2:24). Aquí, ser “sanados” se refiere ante todo a morir a los pecados, vivir para la justicia y volver al Pastor de nuestras almas (1 Pedro 2:25). Juan también dice: “En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
Quienes han sido heridos por amar no tienen que obligarse inmediatamente a volver a dar algo de sí. Pueden acercarse primero al Dios que los ama hasta el fin, buscar consuelo y restauración en su amor, y también aceptar ayuda profesional a largo plazo sin fingir que ya están bien. “Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Poco a poco, recuperarán fuerzas para volver a amar. Este amor tampoco significa permitir que otros nos hagan daño. Si en una relación hay violencia, control o engaño prolongado, proteger primero la seguridad y pedir ayuda no contradice el amor. La cruz no apremia a nadie a permanecer en una situación dañina. Primero nos lleva de regreso a Cristo, quien cargó con el pecado y ama con fidelidad al pacto; después nos enseña de nuevo a amar, con seguridad y verdad.
1. El matrimonio de Oseas (Oseas 1-3). El capítulo 1 cuenta que Oseas se casó con Gomer; el capítulo 3 dice que recibió el mandato de amar a una mujer infiel y pagó un precio. La mayoría considera que se trata de la misma persona, pero el texto no la identifica por nombre. La familia del profeta se convirtió en una imagen del amor de Dios hacia el pueblo que quebranta el pacto.
2. La imagen del padre (11:1-4). Llama, enseña a caminar, sostiene en sus brazos, cuida y alimenta. Mateo aplica las palabras de 11:1, “De Egipto llamé á mi Hijo”, al regreso del niño Jesús desde Egipto (Mateo 2:15).
3. “Adma” y “Zeboim” (11:8). Eran ciudades destruidas junto con Sodoma y Gomorra (Deuteronomio 29:23). Cuando Dios pregunta “¿cómo podré?”, señala que Israel merecía aquel juicio, pero él no quiso entregarlo por completo.
4. “Inflámanse todas mis conmiseraciones”. Es un lenguaje humano que expresa cuánto se conmueve el corazón de Dios. No significa que Dios tenga cambios caprichosos de humor, sino que nos permite ver cuán real es su amor. En Jesucristo, el Hijo de Dios se hizo hombre y sufrió personalmente.
5. “Porque Dios soy, y no hombre” (11:9). Cuando las personas sufren una herida, suelen retirar su amor. Dios no retira el suyo por la rebelión humana. Él sigue siendo el Santo, y las consecuencias de la rebelión siguen siendo reales (11:5-6).
Una aclaración inicial (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas incapaces de protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento: según la situación, se contactará a un pastor, a profesionales acreditados, a la policía local o a los servicios de emergencia o de salud. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.
Dinámica: Cuando eras pequeño, ¿quién te enseñó a caminar, montar en bicicleta o nadar? ¿Recuerdas cómo era aquel momento? (Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: plantea la pregunta con ligereza. Prepara el tema de “Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim”. Si alguien no tuvo en su infancia a una persona así, agradécele que lo haya contado y no le pidas más detalles.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación previa)
En esta lección leímos Oseas 11:1-9. Dios dijo: cuando Israel era muchacho, yo lo amé y de Egipto llamé a mi hijo; yo guiaba a Efraín, tomándolo en mis brazos, pero no reconocieron que yo los cuidaba; los traje con cuerdas de amor. Sin embargo, cuanto más los llamaban, más se alejaban y no quisieron convertirse a mí. ¿Cómo tengo de dejarte, Efraín? ¿Cómo he de entregarte, Israel? Mi corazón se revuelve dentro de mí y se inflaman todas mis conmiseraciones. No ejecutaré el furor de mi ira, porque Dios soy, y no hombre. Como pasaje relacionado leímos 1 Pedro 2: él llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero; por su herida fuimos sanados. Hoy hablaremos juntos sobre el amor que se entrega: el Dios dispuesto a sufrir por amor.
1. Lean los versículos 1-4. ¿Cómo describe Dios su amor hacia Israel? ¿Cómo respondió Israel?
Sugerencia para quien dirige: lo llamó de Egipto, le enseñó a caminar, lo sostuvo en sus brazos, lo cuidó, lo atrajo con cuerdas de amor y puso comida delante de él. Pero Israel se alejaba cada vez más, adoraba a los Baales y a los ídolos y no reconocía quién lo cuidaba.
2. Lean los versículos 5-7. ¿Cuáles serían las consecuencias de la rebelión de Israel?
Sugerencia para quien dirige: Asiria sería su rey, la espada caería sobre sus ciudades, porque no quisieron convertirse a Dios y permanecieron aferrados a la rebelión.
3. Lean los versículos 8-9 y después 1 Pedro 2:21-24. ¿Qué dijo Dios al final? Según Pedro, ¿cómo sufrió Cristo por nosotros?
Sugerencia para quien dirige: “¿Cómo tengo de dejarte?”. Su corazón se revolvió dentro de él y se inflamaron sus conmiseraciones. No ejecutaría el furor de su ira, porque era Dios y no hombre. Cristo no respondió con maldiciones cuando lo maldecían ni amenazó cuando padecía; llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, y por su herida fuimos sanados.
4. Los versículos 5-9 ponen delante de nosotros tanto el juicio como la compasión: Dios no tomó a la ligera la ruptura del pacto ni abandonó por completo a su pueblo. Dijo: “¿Cómo tengo de dejarte?” y “porque Dios soy, y no hombre”. En la cruz, ¿cómo se manifiestan ambas realidades cuando Cristo carga con el pecado?
Sugerencia para quien dirige: esta es la pregunta central de la lección; dale más tiempo. Las consecuencias de la rebelión eran reales, pero Dios no retiró su amor. En la cruz, el pecado fue juzgado, el pecador fue amado y Cristo cargó personalmente con el pecado. Puedes preguntar: saber que Dios nos ama de esta manera, ¿qué consuelo ofrece para nuestras propias heridas?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) El versículo 3 dice acerca de Israel: “no conocieron que yo los cuidaba”. En nuestra vida, ¿hay algún amor que hemos recibido constantemente sin reconocerlo ni agradecerlo?
Sugerencia para quien dirige: puede ser una comida, la compañía de un amigo o alguien que te ayudó con una pequeña carga. Si no se les ocurre nada o no quieren hablar de la familia, pueden omitir la pregunta.
6. Jesús, “como había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin”, y finalmente sufrió y dio su vida por nosotros (Juan 13:1; 1 Pedro 2:24). ¿Cómo nos muestra la cruz que el amor de Dios está dispuesto a sufrir?
Sugerencia para quien dirige: sabía que los discípulos huirían y que Pedro lo negaría, pero aun así los amó hasta el fin. Cargó con nuestros pecados. Puedes señalar 1 Juan 4:10, 19: no fuimos nosotros quienes amamos primero a Dios; él nos amó. Nosotros amamos porque él nos amó primero.
7. ¿Hay alguna ocasión en la que diste algo de ti y quedaste herido, de modo que desde entonces te cuesta volver a hacerlo? (Comparte solo hasta donde te sientas cómodo; no es necesario dar detalles ni nombrar a nadie. Quienes vienen por primera vez también pueden responder.)
Sugerencia para quien dirige: responde tú primero con un ejemplo propio. Agradece a quienes quieran hablar; no les pidas detalles ni te apresures a exhortarlos a perdonar o a volver a dar algo de sí. Si alguien habla de un daño que sigue ocurriendo, actúa conforme a lo dicho en la apertura.
8. Esta semana, ¿cómo quieres recibir primero el amor de Dios? En una relación segura, ¿cómo te gustaría intentar volver a dar algo de ti, aunque sea un poco?
Sugerencia para quien dirige: ayuden a concretarlo. Lean Oseas 11:8 y 1 Juan 4:19, y lleven la propia herida delante de Dios. En una relación segura, hagan algo pequeño sin esperar nada a cambio. Si la relación no es segura, no se obliguen. La lista de acciones que sigue va en esta dirección.
Pide primero a una persona del grupo que lea lentamente Oseas 11:1-4 y después 11:8-9. Guarden dos minutos de silencio. Cada uno puede entregar a Dios una situación en la que dio algo de sí y quedó herido. Quien quiera puede orar con una o dos frases. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Para terminar, quien dirige puede orar por las personas del grupo que han sido heridas al amar. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se publican en el chat grupal. Por lo general, antes de dar seguimiento se pide el consentimiento de la persona y solo se anota en privado una o dos frases indispensables. Cuando está en juego la seguridad de un menor o de alguien incapaz de protegerse, o existe un peligro inmediato de suicidio o agresión, no es necesario obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad adecuada de protección.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Padre celestial, amaste a Israel, le enseñaste a caminar y lo sostuviste en tus brazos. Cuanto más lo llamabas, más se alejaba, pero tú dijiste: “¿Cómo tengo de dejarte?”. Algunas personas entre nosotros han sido heridas al amar y ya casi no se atreven a volver a dar algo de sí. Consuélanos y sana poco a poco nuestras heridas. Gracias porque Jesús nos amó hasta el fin y llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que muramos a los pecados y vivamos para la justicia. Amamos porque tú nos amaste primero. Danos de nuevo fuerzas para amar dentro de relaciones seguras. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona puede escoger una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; si por ahora no sabes cuál, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie. Quien quiera puede compartir la próxima vez cómo le fue. Si no pudiste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “Perdón y restauración, también con seguridad” (Mateo 18:21-35), o “El Dios lleno de misericordia y compasión” (Salmos 103).