La gloria de Dios, Lección 31. Leer Levítico 19:9-18. Retener salarios, no devolver dinero prestado o sacar pequeñas ventajas parece normal porque todos lo hacen
Pasaje principal: Levítico 19:9-18
Levítico 19 dice: “No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana”. Al cosechar, no se debía segar todo el borde del campo, sino dejarlo para el pobre y el extranjero; tras una instrucción y otra se repite: “Yo Jehová”. Dios nunca queda en deuda con nadie: el dueño de la viña dijo al trabajador que no le hacía agravio, y Proverbios afirma que quien da al pobre presta a Jehová, y él le dará su paga. Cristo pagó en la cruz la deuda que teníamos ante Dios. Quienes han recibido esta gracia escuchan también: “No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros”.
Una obra termina, pero el pago final se retrasa una y otra vez. Alguien presta dinero y, después de reclamarlo varias veces, la otra persona deja de contestar el teléfono. Se llevan a casa varias resmas de papel de la empresa o se infla una factura al pedir un reembolso. Estas cosas son tan comunes que muchas veces dejamos de darles importancia: “todo el mundo lo hace”. Pero quien sufre el impago o el engaño sabe cuánto duele.
Levítico 19 contiene las palabras de Dios para toda la congregación de Israel. Comienza así: “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 19:2). A continuación, la santidad se expresa en asuntos muy cotidianos:
Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu tierra segada. (Levítico 19:9) Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová vuestro Dios. (Levítico 19:10)
El grano de los bordes del campo pertenecía al propietario, pero Dios le ordenó dejar deliberadamente una parte para quienes no tenían tierra. Más tarde, Rut recogió espigas en un campo así y pudo sostenerse a sí misma y a su suegra (Rut 2). El pasaje continúa:
No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno á su prójimo. (Levítico 19:11) No oprimirás á tu prójimo, ni le robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana. (Levítico 19:13)
En aquella época, muchos jornaleros eran pobres: trabajaban un día, cobraban un día y con ese dinero compraban la comida de ese día. Deuteronomio dice: “En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo: pues es pobre, y con él sustenta su vida” (Deuteronomio 24:15). Retener el dinero un día más puede parecer poca cosa para quien lo guarda, pero para la otra persona puede significar la comida de toda su familia.
Cada pocas instrucciones, la sección repite: “Yo Jehová”. El fundamento de cada mandato es quién es Dios: porque él es así, su pueblo debe tratar así a los demás. Dios nunca queda en deuda con nadie. Jesús contó una parábola sobre el dueño de una viña que contrató trabajadores al comenzar el día por un denario y luego contrató a otros en distintas horas. Al caer la tarde, cada uno recibió un denario. Los primeros se quejaron, y el dueño respondió: “Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?” (Mateo 20:13). Cumplió lo acordado con los primeros y fue generoso con los últimos. Proverbios llega a decir: “A Jehová empresta el que da al pobre, y él le dará su paga” (Proverbios 19:17). Este lenguaje afirma que Dios ve y recuerda la misericordia hacia el pobre; no garantiza que toda buena acción producirá en esta vida una devolución económica equivalente ni ofrece una fórmula de inversión. Dios no queda en deuda con nadie.
La sección termina con una de las frases más citadas de toda la Biblia: “No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová” (Levítico 19:18). Pablo dice: “No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley” (Romanos 13:8). Las deudas económicas deben pagarse; la deuda de amor, en cambio, se reconoce y se sigue pagando durante toda la vida.
Ante Dios tenemos una deuda que no podemos pagar. Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores” (Mateo 6:12). Pablo dice que Dios perdonó todos nuestros pecados y añade: “Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz;” (Colosenses 2:14). Cristo cargó con la deuda de nuestro pecado. No nos entregó otra lista que debamos cumplir solo con fuerza de voluntad; el Espíritu Santo renueva a quienes han recibido gracia para que aprendan a vivir con honradez, justicia y generosidad en el salario, las deudas y el trato hacia los demás: pagar a tiempo, devolver lo prestado, hablar con sinceridad y acordar un plan cuando no sea posible pagar de inmediato; no apropiarse de lo que pertenece a una institución o a otra persona; y dejar también una parte del propio “borde del campo” para quien la necesite. Cuando no lo logramos, regresamos al perdón de Cristo y, sostenidos por su gracia, asumimos la responsabilidad que nos corresponde. Si tú eres la persona a quien deben dinero, buscar una vía justa para recuperarlo no contradice la fe.
1. La santidad llega a la vida cotidiana (19:2). Levítico 19 aplica “Santos seréis” a asuntos tan corrientes como la cosecha, el salario, la manera de hablar y el trato hacia las personas sordas o ciegas.
2. “No acabarás de segar el rincón de tu haza” (19:9-10). Era una provisión de Israel para cuidar al pobre y al extranjero. Rut 2 ocurre precisamente en un campo donde era posible recoger las espigas que quedaban.
3. “No se detendrá el trabajo del jornalero” (19:13). En aquel tiempo, muchos jornaleros cobraban cada día y dependían del salario de esa jornada para vivir (Deuteronomio 24:14-15). Retrasar el pago un solo día podía afectar la subsistencia inmediata del trabajador y de su familia.
4. “Yo Jehová”. Esta frase se repite a lo largo de la sección (19:10, 12, 14, 16, 18). El fundamento de cada instrucción es el propio Dios.
5. “No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros” (Romanos 13:8). Las deudas económicas deben pagarse; la deuda de amor, en cambio, permanece y se sigue pagando.
Una aclaración previa (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá solo la información necesaria con quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas que no pueden protegerse por sí mismas, o si el peligro es inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento: según la situación, se contactará a un pastor, a profesionales cualificados, a los organismos locales de seguridad pública o a la policía, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Si hay peligro inmediato, se pide ayuda en ese mismo momento y no se deja sola a la persona.
Hoy puede hablarse de dinero y deudas. Cada persona comparte solo lo que desee; no pregunten por cantidades, personas concretas ni detalles. Si el asunto incluye fraude, cobro violento o riesgos para la seguridad personal, sigan también las pautas anteriores.
Actividad inicial: Entre las cosas que has prestado, ¿cuál tardó más en volver, o todavía no ha vuelto? Puede ser un libro o un paraguas. (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Haz la pregunta en un tono distendido; seguramente habrá risas. Esta pregunta prepara el camino para hablar de no quedar en deuda con otros.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección estudia Levítico 19:9-18. Dios ordenó a Israel que, al cosechar, no segara todo el borde del campo, sino que lo dejara para el pobre y el extranjero. No debían hurtar, engañar ni mentir; no debían oprimir al prójimo ni retener hasta la mañana el salario del jornalero; no debían maldecir al sordo ni poner tropiezo delante del ciego; al juzgar, no debían favorecer al pobre ni honrar al poderoso; no debían vengarse, sino amar al prójimo como a sí mismos. Tras muchas de estas instrucciones aparece la frase: “Yo Jehová”. Los pasajes de referencia son Proverbios 19, donde dice que quien da al pobre presta a Jehová, y Romanos 13: “No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros”. Hoy hablaremos juntos del Dios que no queda en deuda con nadie.
1. Lean los versículos 9-10. Al cosechar, ¿qué debía dejar Israel y para quiénes?
Sugerencia para quien dirige: No debían segar todo el borde del campo ni recoger las espigas caídas; tampoco debían rebuscar la viña ni recoger las uvas caídas. Debían dejarlo para el pobre y el extranjero.
2. Lean los versículos 11-14. ¿Qué maneras de perjudicar o quedar en deuda con otros aparecen aquí? ¿Cuándo debía pagarse el salario del jornalero?
Sugerencia para quien dirige: Hurtar, engañar, mentir, jurar en falso, oprimir al prójimo, robar, retener el salario, maldecir al sordo y poner tropiezo delante del ciego. El salario no debía quedarse en casa hasta la mañana.
3. Lean los versículos 15-18 y después Romanos 13:8. ¿Cuál es la última frase del versículo 18? Según Pablo, ¿qué deuda sigue siempre pendiente?
Sugerencia para quien dirige: “Amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová”. “No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros”.
4. Cada pocas instrucciones, este pasaje repite: “Yo Jehová”. Dios nunca queda en deuda con nadie (Mateo 20:13; Proverbios 19:17). ¿Cómo cambia conocer a este Dios nuestra actitud ante asuntos que parecen pequeños, como retrasar un pago o quedarnos con una ventaja?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Dios cumple su pacto, es justo y también generoso; su pueblo aprende a tratar a los demás según su carácter. “Todo el mundo lo hace” no es la norma; “Yo Jehová” sí lo es. Pueden preguntar qué asunto pequeño para nosotros puede ser en realidad muy importante para otra persona.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) “No acabarás de segar el rincón de tu haza”: ¿en qué aspectos podríamos dejar deliberadamente una parte para otra persona hoy?
Sugerencia para quien dirige: Llévenlo a algo concreto: no regatear hasta el último céntimo con una persona mayor que vende verduras; dejar tiempo para comer a una persona que trabaja por horas; al repartir un beneficio en el trabajo, acordarse también de la persona recién llegada.
6. Ante Dios teníamos una deuda imposible de pagar; Cristo quitó de en medio aquella cédula, “enclavándola en la cruz” (Colosenses 2:14). ¿Cómo cambia nuestra manera de tratar a los demás en asuntos pequeños el hecho de que se nos haya perdonado una deuda tan grande?
Sugerencia para quien dirige: Pueden mencionar la parábola de Mateo 18: el siervo malvado fue perdonado de una deuda inmensa, pero salió y agarró del cuello a un compañero que le debía una suma pequeña. El señor le preguntó: “¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?” (Mateo 18:33). El Espíritu Santo hace que quienes han recibido una gracia tan grande la extiendan a otros; cuando no lo logramos, volvemos al perdón de Cristo.
7. En asuntos de dinero o pequeñas ventajas, ¿qué es lo que más fácilmente dejas de considerar importante? (Basta con mencionar el tipo de asunto; quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Comparte primero algo de tu propia vida. No hagan preguntas adicionales ni juzguen.
8. Esta semana, ¿cómo quieres saldar una deuda pendiente o dejar para alguien una parte del “borde de tu campo”?
Sugerencia para quien dirige: Llévenlo a algo concreto: pagar una deuda retrasada o explicar a la otra persona un plan de pago; pagar a tiempo a quien realiza un trabajo; devolver a su lugar algo que pertenece al trabajo y que te llevaste a casa; apartar una porción para alguien que la necesite. La lista de acciones que sigue parte de esta propuesta.
Pide primero a una persona del grupo que lea despacio Levítico 19:9-13 y después Romanos 13:8. Guarden dos minutos de silencio. Que cada persona piense en una deuda propia que lleva tiempo retrasando. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige cierra este tiempo e intercede por quienes están endeudados o sufren porque otra persona les debe dinero. Las peticiones de oración permanecen en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. En general, cualquier seguimiento se hace primero con el consentimiento de la persona, anotando en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o existe peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, no es necesario obtener primero el consentimiento: se contacta de inmediato con los servicios de emergencia, los organismos locales de seguridad pública o la policía, o los servicios de protección adecuados.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Jehová, Dios nuestro, Tú nunca quedas en deuda con nadie: cumples Tu pacto, eres justo y también generoso. Reconocemos que muchas veces tratamos como cosas pequeñas los pagos retrasados y las ventajas que tomamos, porque pensamos que todo el mundo lo hace. Perdónanos. Gracias porque perdonaste la deuda que nunca habríamos podido pagar y clavaste aquella cédula en la cruz. Enséñanos a pagar a tiempo lo que debemos, a no apropiarnos de lo que no nos pertenece y a dejar también una parte del borde de nuestro campo para otras personas. Haz que sigamos reconociéndonos en deuda de amor. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; no pasa nada si alguien todavía no sabe cuál escoger.
No hace falta anotarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “El Dios que no hace acepción de personas” (2 Crónicas 19:4-11) o la lección “La seguridad que el dinero no puede comprar” (Mateo 6:19-34).