El Dios cuya ira no dura para siempre · Grupos pequeños

La gloria de Dios, Lección 27. Leer Salmos 30. Después de equivocarnos, tememos que Dios lo recuerde siempre y que nunca vuelva a usarnos

Pasaje principal: Salmos 30

David dijo: “un momento será su furor; mas en su voluntad está la vida: por la tarde durará el lloro, y á la mañana vendrá la alegría”. El salmo no explica qué hecho concreto produjo aquella etapa de aflicción, pero da testimonio de que la ira de Dios dura un momento y su favor perdura toda la vida. Isaías añade que él no se enoja para siempre y habita con la persona de espíritu quebrantado y humilde. Pedro negó tres veces al Señor; aun así, Jesús resucitado le preguntó tres veces: “¿me amas?”, y volvió a encomendarle sus ovejas. Quienes confían en Cristo, confiesan su pecado y se vuelven a él pueden levantarse de nuevo en el perdón y volver a servirle.

Introducción

Algunos errores nos acompañan mucho tiempo después de cometerlos: una caída delante de otras personas, una etapa de la vida que no queremos mencionar o una decisión que hirió a alguien. Aunque el hecho haya quedado atrás, una voz sigue diciendo por dentro: “Dios todavía lo recuerda; a alguien como yo no volverá a usarlo”. Entonces nos sentamos al fondo de la iglesia y rechazamos toda oportunidad de servir porque nos sentimos indignos.

El título del Salmo 30 dice que David lo compuso “en la dedicación de la casa”. El salmo recuerda una etapa muy difícil:

Y dije yo en mi prosperidad: no seré jamás conmovido; Porque tú, Jehová, por tu benevolencia has asentado mi monte con fortaleza. Escondiste tu rostro, fuí conturbado.

Cuando todo le iba bien, David había dicho: “no seré jamás conmovido”; cuando Dios escondió su rostro, se turbó. El texto no explica qué hecho causó aquella etapa ni cómo la interpretó David en ese momento; solo registra que después clamó a Dios. Su oración fue muy directa: “¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?” (Salmos 30:9).

Al mirar atrás, dijo a todos:

Cantad á Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento será su furor; mas en su voluntad está la vida: por la tarde durará el lloro, y á la mañana vendrá la alegría.

El versículo contrapone un momento de ira con toda una vida bajo el favor de Dios, y el llanto de una noche con la alegría de la mañana. El salmo no relaciona aquella noche de llanto con un pecado concreto, pero da un testimonio claro: la ira no es la última palabra de Dios sobre quienes le pertenecen. El salmo termina así:

Has tornado mi endecha en baile; desataste mi saco, y ceñísteme de alegría. Por tanto á ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.

Isaías también habla de este Dios. El Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo, dice:

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado.

El Dios alto y santo habita precisamente con la persona quebrantada y humilde de espíritu. No se enoja para siempre porque sabe que los seres humanos que creó no podrían soportarlo.

En el Nuevo Testamento, Pedro dijo tres veces que no conocía a Jesús durante la noche de su juicio. Cuando cantó el gallo, “saliendo fuera Pedro, lloró amargamente” (Lucas 22:62). Después de resucitar, Jesús preguntó tres veces a Pedro: “¿me amas?”. La tercera vez, Pedro se entristeció y respondió: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). Las tres preguntas evocan con claridad las tres negaciones. El texto dice expresamente que, después de cada pregunta, Jesús volvió a confiarle el cuidado de su rebaño. Jesús no fingió que lo ocurrido nunca había sucedido, pero tampoco permitió que se convirtiera en el final de Pedro. Cincuenta días después, Pedro se puso en pie para predicar en Pentecostés (Hechos 2).

Por eso, cuando pecamos, tenemos que confesarlo y arrepentirnos; si hemos herido a alguien, debemos reparar el daño en la medida de lo posible. Algunas consecuencias pueden permanecer y quizá haya que reconstruir poco a poco la confianza. Pero, después de confesar el pecado, no tenemos que quedarnos arrodillados sin volver a levantarnos. Juan dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). Dios no ha borrado tu nombre de su familia.

Notas de estudio

1. El título “en la dedicación de la casa”. David no llegó a construir el templo durante su vida. El título podría referirse a su propio palacio o indicar que el salmo se usó más adelante durante la dedicación del templo. Hay distintas interpretaciones.

2. “Furor” y “voluntad” (30:5). El texto contrapone un momento de furor con toda una vida bajo el favor de Dios, y el llanto de la tarde con la alegría de la mañana. La palabra original רָצוֹן (ratson), traducida aquí como “voluntad”, también puede tener el sentido de “favor” o “benevolencia”.

3. “Escondiste tu rostro” (30:7). En el Antiguo Testamento, cuando se dice que Dios esconde su rostro, suele significar que una persona experimenta como si su presencia y su favor se hubieran retirado. El salmista se turbó y por eso clamó.

4. Isaías 57:15-16. El Alto y Santo habita con la persona quebrantada y humilde de espíritu. No se enoja para siempre porque tiene en cuenta que quienes creó no podrían soportarlo.

5. La restauración de Pedro (Juan 21:15-17). Las tres preguntas “¿me amas?” responden a las tres negaciones de Pedro. Cada pregunta va seguida por una encomienda: apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas y apacienta mis ovejas.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se difunde fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño a sí mismo o a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, intentará hablar primero con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales cualificados, a los organismos locales de seguridad pública o a la policía, a los servicios de emergencia o a una institución de protección apropiada. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona afectada.

Actividad inicial: ¿Alguna vez sentiste por la noche que el mundo se venía abajo y, después de dormir, descubriste por la mañana que la situación no era tan terrible como habías pensado? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Pregunta con ligereza. Puede tratarse de un examen, una entrevista o una discusión familiar. La pregunta prepara el camino para la frase: “por la tarde durará el lloro, y á la mañana vendrá la alegría”.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la lectura previa)

Esta lección estudia el Salmo 30. David dice: “Glorificarte he, oh Jehová, porque me has ensalzado”; Dios hizo subir su alma del sepulcro. Llama a los santos de Jehová a cantarle porque su furor dura un momento, pero en su voluntad está la vida; el llanto dura por la tarde y la alegría viene por la mañana. Cuando todo le iba bien, David dijo: “no seré jamás conmovido”; cuando Dios escondió su rostro, fue turbado. Clamó a Jehová, y Dios tornó su endecha en baile, desató su saco y lo ciñó de alegría. El pasaje de referencia es Isaías 57: el Alto y Santo habita con la persona quebrantada y humilde de espíritu; no contiende ni se enoja para siempre. Hoy hablaremos juntos del Dios que no permanece airado para siempre.

Observación

1. Lean los versículos 1-3 y 6-10. ¿Qué experimentó David? ¿Qué dijo durante la prosperidad y qué ocurrió después?

Sugerencia para quien dirige: Dios lo había levantado, sanado y hecho subir del sepulcro. Durante la prosperidad dijo: “no seré jamás conmovido”. Cuando Dios escondió su rostro, fue turbado y clamó a Jehová.

2. Lean los versículos 4-5. ¿Por qué llama David al pueblo a cantar a Jehová? ¿Qué dos contrastes aparecen en este versículo?

Sugerencia para quien dirige: Su furor dura un momento, pero en su voluntad está la vida; el llanto dura por la tarde y la alegría viene por la mañana.

3. Lean los versículos 11-12 y después Isaías 57:15-16. ¿En qué convirtió Dios la endecha de David? ¿Dónde dice Isaías que habita el Dios Alto y Santo?

Sugerencia para quien dirige: Tornó su endecha en baile, desató su saco y lo ciñó de alegría. Dios habita en la altura y la santidad, y también con la persona quebrantada y humilde de espíritu para vivificarla. No contiende ni se enoja para siempre.

Interpretación

4. ¿Cómo contrapone el Salmo 30:5 la ira y el favor, el llanto y la alegría? Lean de nuevo Isaías 57:15-16. ¿Qué esperanza ofrecen ambos textos a quienes tienen un corazón quebrantado y se vuelven a Dios? ¿Cómo responden a la idea de que “Dios siempre recordará mi error”?

Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. No atribuyan al salmo un pecado concreto que no menciona. Observen primero cómo da testimonio de que la ira de Dios no es su última palabra, y después cómo Isaías muestra que él vivifica a la persona quebrantada y humilde. Para quienes confían en Cristo, confesar el pecado no es un modo de ganarse el perdón, sino de volver a la gracia que Cristo ya obtuvo. Pueden preguntar: en nuestra imaginación, ¿cuánto tiempo dura la ira de Dios?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Cuando todo le iba bien, David dijo: “no seré jamás conmovido”. ¿Por qué los días de prosperidad pueden alejarnos, casi sin darnos cuenta, de la dependencia de Dios?

Sugerencia para quien dirige: Cuando todo va bien, es fácil atribuir la estabilidad a nosotros mismos. Cuando Dios esconde su rostro, comprendemos que nuestra firmeza siempre procedió de su favor.

6. Lean Juan 21:15-17. ¿Cómo trató Jesús resucitado a Pedro después de que este lo negara tres veces? ¿Qué nos muestra esto acerca de la manera en que Dios trata a quien cae y vuelve a él?

Sugerencia para quien dirige: Las tres preguntas “¿me amas?” evocan las tres negaciones. Cada vez, Jesús le encomendó apacentar o pastorear sus ovejas. No fingió que lo ocurrido nunca había sucedido, pero tampoco permitió que se convirtiera en el final de Pedro. Cincuenta días después, Pedro predicó en Pentecostés.

Aplicación

7. ¿Hay algún error del pasado que todavía te haga pensar: “Dios ya no volverá a usarme”? (No hace falta decir cuál fue; también puedes pensarlo en silencio. Quienes vienen por primera vez pueden compartir qué piensan sobre la posibilidad de comenzar de nuevo después de equivocarse.)

Sugerencia para quien dirige: Comparte primero un error propio de poca gravedad. No pidan detalles y agradezcan a quienes quieran hablar. Si alguien menciona un daño que aún está ocurriendo, actúen de acuerdo con la aclaración inicial.

8. ¿Cómo quieres llevar esta semana ese asunto ante Dios y volver a levantarte?

Sugerencia para quien dirige: Llévenlo a algo concreto: confesar ese hecho a Dios y leer 1 Juan 1:9; si hirió a alguien, discernir junto con una persona que no tenga intereses compartidos con ninguna de las partes cómo asumir responsabilidad, y no contactar directamente a la persona herida sin su consentimiento; también se puede aceptar una pequeña tarea de servicio. La lista de acciones que sigue parte de esta propuesta.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide primero a una persona del grupo que lea despacio Salmos 30:4-5 y después 30:11-12. Guarden dos minutos de silencio. Que cada persona lleve ante Dios un error del pasado. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige cierra este tiempo e intercede por quienes viven bajo la culpa y no se atreven a volver a servir. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero permiso a la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios de emergencia, los organismos locales de seguridad pública o la policía, o una institución de protección apropiada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Jehová nuestro Dios, Tu furor dura un momento, pero en Tu voluntad está la vida. Algunas personas entre nosotros cometieron errores y todavía sienten que los recuerdas; no se atreven a levantar la cabeza ni a volver a servir. Llevamos estos pecados ante Ti y Te pedimos perdón. Gracias porque habitas con la persona quebrantada y vivificas nuestro corazón; gracias porque Jesús resucitado no abandonó a Pedro y tampoco nos abandona a nosotros. Torna nuestra endecha en baile y ayúdanos a levantarnos de nuevo para seguirte. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; no pasa nada si alguien todavía no sabe cuál escoger.

No hace falta anotarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir hablando

Pueden escoger la lección “El Dios lento para la ira” (Éxodo 34:1-9) o la lección “El Dios lleno de misericordia y compasión” (Salmos 103).

Guía para quien dirige