El Soberano que usa bien su autoridad · Grupos pequeños

La gloria de Dios, Lección 18. Leer Daniel 4. En casa y en el trabajo parece que quien tiene poder decide todo; nosotros también aprendemos a usar la autoridad para dominar

Pasaje principal: Daniel 4

De pie sobre el palacio, Nabucodonosor dijo: “¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder [...]?”. Antes de que terminara de hablar, fue humillado. Cuando se cumplió el tiempo, alzó los ojos al cielo y reconoció que “el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres”. La autoridad de Dios es real: él puede humillar al soberbio y también restaurarlo. Y la manera en que este Altísimo ejerce su autoridad en Jesucristo es inclinándose para lavar los pies de otros.

Introducción

En muchos lugares, la regla de la autoridad es muy sencilla: quien tiene el poder, decide. En casa puede ser la persona mayor o quien gana más dinero; en el trabajo, quien ocupa un puesto directivo. Incluso en un grupo pequeño o en la iglesia, algunas personas se acostumbran a que, cuando ellas hablan, todos los demás deben obedecer. Lo que cuesta aún más percibir es que, en cuanto nosotros mismos tenemos un poco de autoridad, solemos aprender a usarla de la misma manera: solo damos órdenes a nuestros hijos sin explicarles nada, tratamos con arrogancia al personal nuevo y no tenemos paciencia con quienes son más débiles.

Daniel 4 es la historia que cuenta en primera persona el rey de un gran imperio. Nabucodonosor era rey de Babilonia. Había conquistado muchas naciones y también había tomado Jerusalén. Soñó con un árbol enorme: “su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra”; las aves y los animales se alimentaban de él (Daniel 4:11-12). Entonces un vigilante santo descendió del cielo y ordenó derribar el árbol, dejando solo el tronco con sus raíces, para que todos supieran “que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17).

Cuando Daniel interpretó el sueño, primero se atrevió a aconsejar al rey:

Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. (Daniel 4:27)

No le dijo al rey: “Debes mostrar aún más majestad”, sino que le dijo que usara su autoridad para practicar la justicia y mostrar misericordia a los pobres. Sin embargo, doce meses después, mientras el rey paseaba por el palacio, dijo:

¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza? (Daniel 4:30)

“Yo”, “la fuerza de mi poder”, “la gloria de mi grandeza”: toda la frase giraba en torno a él. Aún tenía estas palabras en la boca cuando una voz del cielo anunció: “El reino es traspasado de ti” (Daniel 4:31).

En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fué echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves. (Daniel 4:33)

La persona más poderosa cayó de pronto desde la gloria del palacio hasta una humillación extrema. Pero la historia no terminó allí:

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fué vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. (Daniel 4:34)

El texto une las palabras “alcé mis ojos al cielo” con la recuperación de su razón y su alabanza al Altísimo, en claro contraste con sus anteriores palabras de orgullo. Dios no solo lo humilló; en aquella ocasión también lo restauró y lo confirmó en su reino. Al final declaró que Dios “humillar puede á los que andan con soberbia” (Daniel 4:37). Mucho antes, el propio Daniel ya había dicho: “Sea bendito el nombre de Dios de siglo hasta siglo: porque suya es la sabiduría y la fortaleza” (Daniel 2:20).

La manera en que este Dios Altísimo ejerce su autoridad es muy distinta del poder de este mundo. El Evangelio de Juan dice que Jesús sabía “que el Padre le había dado todas las cosas en las manos”; a continuación, “levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse” y empieza a lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:3-5). Esto es más que un ejemplo para quienes tienen autoridad. Cuando Pedro se negó a dejarse lavar, Jesús le contestó: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). Primero recibimos el servicio y la limpieza de Cristo, quien se humilló hasta la cruz; después, por el Espíritu Santo, aprendemos a considerar la autoridad que tenemos como algo que se nos ha confiado para practicar la justicia y sostener a quienes son débiles.

Por eso esta lección también nos pregunta: ¿usamos esa pequeña medida de autoridad para mostrar nuestra propia grandeza o para practicar la justicia y mostrar misericordia a los débiles? Los padres y madres, quienes dirigen un grupo, las personas supervisoras y quienes enseñan al personal nuevo tienen alguna autoridad. Si alguien está siendo oprimido o herido por una persona con autoridad en casa o en el trabajo, necesita protección y ayuda; no tiene que soportarlo en silencio. “Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes” (1 Pedro 5:5).

Notas de estudio

1. El testimonio de un rey gentil. Este capítulo está escrito desde la perspectiva de Nabucodonosor, como un decreto dirigido a todo el mundo. Tanto al principio como al final alaba al Altísimo.

2. La imagen del gran árbol. En el antiguo Cercano Oriente, un gran árbol solía simbolizar la protección de un rey y de su reino. El árbol fue derribado, pero el tronco y sus raíces quedaron en la tierra: aun en medio de la humillación permanecía una esperanza de restauración (4:26).

3. El consejo de Daniel (4:27). Aconsejó al rey: “redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres”. Aquí se expresa con claridad el propósito de la autoridad: la justicia y la misericordia.

4. “Siete tiempos”. Por lo general, se entiende como siete períodos de tiempo; el texto no indica su duración exacta.

5. La restauración después de la humillación. Los versículos 34-36 relatan que Dios restauró en aquella ocasión la razón y el reino del rey. Esto muestra que Dios tiene autoridad para humillar y también para restaurar, pero no permite concluir que toda persona que se vuelve a Dios recuperará en esta vida su situación anterior. Lo que el evangelio garantiza es que, en Cristo, una persona se reconcilia con Dios.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se difunde fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño a sí mismo o a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, intentará hablar primero con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales cualificados, a los servicios locales de seguridad pública o a la policía, a los servicios de emergencia o a un centro médico. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona afectada.

Actividad inicial: Entre las personas con autoridad, como líderes, docentes o familiares mayores, ¿cuál te ha impresionado más por su manera de ejercerla? Puede ser un ejemplo bueno o malo. (No hace falta decir su nombre; quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Pregunta con naturalidad y no pidas nombres. Probablemente surjan dos tipos de historias: las de personas que inspiraban miedo y las de personas a quienes los demás querían seguir. Esta pregunta prepara el camino para hablar de cómo ejercer la autoridad.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la lectura previa)

Esta lección estudia Daniel 4. El rey Nabucodonosor de Babilonia soñó con un árbol cuya altura llegaba hasta el cielo y que fue derribado, dejando solo el tronco y sus raíces, para que todos supieran que el Altísimo gobierna el reino de los hombres. Daniel interpretó el sueño y aconsejó al rey que redimiera sus pecados con justicia y sus iniquidades con misericordia para con los pobres. Doce meses después, mientras estaba en su palacio, el rey dijo que él había edificado la gran Babilonia con la fuerza de su poder para gloria de su grandeza. Antes de terminar de hablar, fue apartado de entre los hombres y comió hierba como los bueyes. Cuando se cumplió el tiempo, alzó los ojos al cielo, recobró la razón y alabó al Altísimo, diciendo que Dios puede humillar a quienes andan con soberbia. El pasaje de referencia es Daniel 2: el nombre de Dios debe ser bendecido, porque a él pertenecen la sabiduría y la fortaleza; él cambia los tiempos, quita reyes y pone reyes. Hoy hablaremos juntos del Soberano Altísimo y del buen uso de la autoridad.

Observación

1. Lean 4:10-17. ¿Qué vio el rey en su sueño? ¿Qué anunció el vigilante santo? ¿Cuál era el propósito?

Sugerencia para quien dirige: Un árbol cuya altura llegaba hasta el cielo y del que se alimentaban las aves y los animales. El santo ordenó derribarlo, dejando solo el tronco con sus raíces. El propósito era que todos supieran que el Altísimo gobierna el reino de los hombres y que lo da a quien quiere.

2. Lean 4:19-27. ¿Cómo interpretó Daniel el sueño? ¿Qué aconsejó al rey?

Sugerencia para quien dirige: El árbol representaba al rey. Este sería apartado de entre los hombres hasta que reconociera que el Altísimo gobierna. Daniel le aconsejó que redimiera sus pecados con justicia y sus iniquidades con misericordia para con los pobres.

3. Lean 4:28-37 y después 2:20-21. ¿Qué dijo el rey? ¿Qué ocurrió después? ¿Cómo alabó finalmente a Dios?

Sugerencia para quien dirige: Preguntó si aquella gran Babilonia no era la que él había edificado con la fuerza de su poder. Antes de que terminara de hablar, fue humillado. Al cumplirse el tiempo, alzó los ojos al cielo, recobró la razón y alabó al Altísimo. Declaró que todas las obras de Dios son verdad y que él puede humillar a quienes andan con soberbia.

Interpretación

4. Daniel aconsejó al rey: “redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres”. En cambio, el rey dijo: “¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder [...]?”. ¿Qué diferencia hay entre estas dos maneras de entender la autoridad? ¿Qué nos enseñan acerca de cómo usarla en casa y en el trabajo?

Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. Una manera convierte la autoridad en un escenario para exhibirse; la otra la recibe como una responsabilidad confiada para servir a otros. Pueden preguntar: ¿solemos usar la autoridad que tenemos para favorecernos a nosotros mismos o para ayudar a los demás?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Los versículos 34-36 cuentan concretamente cómo trató Dios a Nabucodonosor. ¿Qué aspectos de la autoridad de Dios revela este episodio? ¿Qué no promete acerca de lo que recuperará en esta vida toda persona que se vuelve a Dios?

Sugerencia para quien dirige: Dios tiene autoridad para humillar al soberbio y también para restaurar; en su autoridad hay justicia y misericordia. Pero la restauración que recibió este rey no se promete a todo el mundo. Algunas personas se vuelven a Dios sin recuperar su puesto, su salud o su situación anterior. El evangelio promete la reconciliación con Dios en Cristo.

6. Juan dice: “Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos”; lo siguiente que hizo fue lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:3-5). ¿Cómo ejerce el Altísimo su autoridad en Cristo?

Sugerencia para quien dirige: Quien tiene todas las cosas en sus manos se inclina para servir. Pueden preguntar: ¿qué diferencia hay entre esto y lo que solemos ver en las personas con poder?

Aplicación

7. ¿En qué ámbitos de tu vida tienes una pequeña medida de autoridad? (Ser padre o madre, dirigir un grupo, supervisar a otras personas o enseñar al personal nuevo también cuenta; quienes vienen por primera vez pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Comparte primero con sinceridad un ejemplo propio, preferiblemente una pequeña ocasión en que usaste mal tu autoridad. No juzgues a los demás.

8. ¿Cómo quieres usar esta semana esa pequeña medida de autoridad para servir a alguien?

Sugerencia para quien dirige: Llévenlo a algo concreto: en casa, dialogar una vez en lugar de dar una orden; ayudar a una persona nueva a quien nadie toma en cuenta en el trabajo; escuchar las razones de un hijo antes de decidir. La lista de acciones que sigue parte de esta propuesta.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pide primero a una persona del grupo que lea despacio Daniel 4:34-37 y después Juan 13:3-5. Guarden dos minutos de silencio. Que cada persona piense en la pequeña medida de autoridad que tiene. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige recoge lo compartido e intercede por quienes tienen responsabilidades en casa y en el trabajo, y también por las personas oprimidas. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero permiso a la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios de emergencia, la seguridad pública o policía local, o una institución de protección apropiada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Altísimo, Tu señorío es sempiterno y Tu reino permanece por todas las edades. Reconocemos que, cuando tenemos un poco de autoridad, a menudo la usamos para exhibirnos y perdemos la paciencia con quienes son más débiles. Gracias porque humillas al soberbio y muestras misericordia a quien se vuelve a Ti. Gracias porque Jesús tiene todas las cosas en sus manos y, aun así, se inclinó para lavar nuestros pies. Haz que usemos la pequeña medida de autoridad que tenemos para practicar la justicia y mostrar misericordia a quienes son débiles. Protege también a quienes están siendo oprimidos por personas con poder. En el nombre de Jesús. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; no pasa nada si alguien todavía no sabe cuál escoger.

No hace falta anotarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir hablando

Pueden escoger la lección “El Dios que no domina a las personas” (Josué 24:1-15) o la lección “El Dios manso y humilde” (Mateo 11:25-30).

Guía para quien dirige