La gloria de Dios, Lección 13. Leer Salmos 103. Cuando volvemos a caer en el mismo pecado, suponemos que Dios ya está harto de nosotros
Pasaje principal: Salmos 103
Salmos 103 dice: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo”. Dios no nos trata conforme a nuestras iniquidades y aleja de nosotros nuestras rebeliones “cuanto está lejos el oriente del occidente”. Quien vuelve a caer en el mismo mal hábito puede regresar a este Dios lleno de misericordia: él recuerda que somos polvo y, en Jesucristo, se compadece de nuestras flaquezas.
Lo que más desanima no suele ser la primera caída, sino volver a caer en el mismo hoyo. Nos propusimos no volver a perder los estribos, pero el niño nos contestó y volvimos a gritar. Dijimos que no seguiríamos mirando el teléfono hasta la madrugada, pero lo tomamos en la mano y otra vez eran las dos. Ya habíamos confesado el pecado y llorado por él, pero unas semanas después regresó aquel viejo hábito. Entonces surge una voz interior: Dios ya debe de estar cansado de mí; ¿con qué cara voy a buscarlo otra vez?
Salmos 103 es David hablando a su propia alma:
Bendice, alma mía á Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. (Salmos 103:2) El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; (Salmos 103:3)
El primer beneficio que enumera es el perdón. La afirmación de que sana todas nuestras dolencias alaba a Dios como fuente de toda sanidad; no promete que toda enfermedad se cure de inmediato en esta vida. La redención en Cristo llegará a incluir la redención del cuerpo. Mientras estamos enfermos, podemos orar, acudir al médico y aceptar la ayuda de otros. Después, David describe la manera en que Dios trata a las personas pecadoras con palabras cada vez más cercanas:
Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. (Salmos 103:8) No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. (Salmos 103:9) No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados. (Salmos 103:10)
Luego vienen tres comparaciones. “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen” (Salmos 103:11); “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmos 103:12). Oriente y occidente son dos extremos que nunca llegan a encontrarse. La última comparación es la más cercana a nuestra experiencia:
Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. (Salmos 103:13) Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo. (Salmos 103:14)
Un buen padre no dice “¿otra vez tú?” cuando ve que su hijo cae por décima vez mientras aprende a caminar; sabe que todavía es pequeño. Dios “conoce nuestra condición” y entiende nuestra debilidad mejor que nosotros mismos. El pecado sigue siendo pecado delante de él. Sin embargo, trata con compasión a sus hijos cuando vuelven a él; no los aparta con fastidio.
En el Nuevo Testamento, Mateo describe el corazón de Jesús cuando vio a una gran multitud:
Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9:36)
La palabra traducida “compasión” conlleva la idea de que las entrañas se conmueven: un dolor y una ternura que brotan de lo más profundo. Hebreos dice que nuestro gran sacerdote no es alguien que no pueda “compadecerse de nuestras flaquezas”, pues fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Por eso podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:15-16).
Así que, si vuelves a caer, vuelve a acercarte. Juan dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:9). Volver a Dios es confiar en la compasión que él revela en este salmo. Al mismo tiempo, algunos hábitos arraigados no son solo un asunto de fuerza de voluntad. La ludopatía, el alcoholismo, la adicción a internet o los estallidos prolongados de ira suelen requerir el acompañamiento de otras personas y, a veces, ayuda profesional. Pedir ayuda no se opone a confiar en Dios; también puede ser parte de la ayuda que este Dios compasivo pone a nuestro lado.
1. Hablar a la propia alma. Los versículos 1, 2 y 22 dicen “alma mía”. El salmista se recuerda a sí mismo que las personas olvidamos fácilmente los beneficios recibidos y necesitamos volver a hablar a nuestra propia alma.
2. El eco del versículo 8. “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia” vuelve a emplear las palabras de Éxodo 34:6. Es una de las presentaciones que Dios hace de sí mismo más citadas en el Antiguo Testamento.
3. “El que sana todas tus dolencias” (103:3). El salmista alaba a Dios como fuente de toda sanidad; esto no promete que toda enfermedad de una persona creyente se cure de inmediato en esta vida. La redención en Cristo llegará a incluir la redención del cuerpo. Mientras estamos enfermos, todavía podemos orar, acudir al médico y aceptar la ayuda de otros.
4. “Los que le temen”. Esta expresión se repite en los versículos 11, 13 y 17. Temer a Dios incluye reverencia, sumisión y santo temor ante su majestad. No es lo mismo que tener miedo de un padre imprevisible que puede hacernos daño en cualquier momento. La compasión del salmo alcanza a quienes se vuelven a él, pero tampoco convierte la gracia en una razón para tomar el pecado a la ligera.
5. “Compasión”. En Mateo 9:36 aparece el verbo griego σπλαγχνίζομαι (splanchnizomai), cuya raíz se refiere a las entrañas y expresa una conmoción profunda, una ternura que nace de lo más íntimo. En los Evangelios, esta palabra se usa casi siempre para Jesús o para personajes compasivos de sus parábolas: el padre del hijo pródigo, el buen samaritano y el señor que perdona una deuda.
Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)
Lo que compartimos en el grupo no se difunde fuera de él. Sin embargo, hay una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un peligro inmediato de que alguien se haga daño a sí mismo o a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, intentará hablar primero con la persona afectada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si hay menores o personas que no pueden protegerse, o existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento; según el caso, se contactará a un pastor, a profesionales cualificados, a la seguridad pública o policía local, a los servicios de emergencia o a una institución de protección apropiada. Si el peligro es inmediato, hay que pedir ayuda en el acto y no dejar sola a la persona afectada.
Actividad inicial: ¿Has visto a un niño pequeño aprender a caminar? ¿Cómo suelen reaccionar los adultos cuando se cae? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)
Sugerencia para quien dirige: Pregunta con naturalidad; probablemente el grupo se reirá. Esta pregunta prepara el camino para hablar de que un padre se compadece de sus hijos.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; dura aproximadamente 1 minuto y ayuda a quienes no hicieron la lectura previa)
Esta lección estudia Salmos 103. David dice: Alma mía, bendice a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todas tus iniquidades y sana todas tus dolencias. Jehová es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia. No nos trata conforme a nuestras iniquidades; cuanto está lejos el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, Jehová se compadece de quienes le temen, porque conoce nuestra condición y recuerda que somos polvo. Los días del ser humano son como la hierba, pero la misericordia de Jehová es desde el siglo y hasta el siglo. El pasaje de referencia es Mateo 9: Jesús vio a las multitudes y tuvo compasión de ellas, porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas sin pastor. Hoy hablaremos juntos del Dios lleno de misericordia y compasión.
1. Lean los versículos 1-5. ¿Qué dice el salmista que su alma no debe olvidar? ¿Qué beneficios enumera?
Sugerencia para quien dirige: No debe olvidar ninguno de los beneficios de Dios: perdona las iniquidades, sana las dolencias, rescata la vida del hoyo, corona de favores y misericordias y sacia de bien.
2. Lean los versículos 8-14. ¿Cómo trata Dios nuestro pecado? ¿Qué comparaciones aparecen en estos versículos?
Sugerencia para quien dirige: No contenderá para siempre ni guardará el enojo para siempre; no nos trata conforme a nuestras iniquidades. Las comparaciones son la altura de los cielos sobre la tierra, la distancia entre oriente y occidente y la compasión de un padre por sus hijos.
3. Lean los versículos 15-18 y después Mateo 9:36. ¿A qué se parecen los días del ser humano? ¿Sobre quiénes permanece la misericordia de Dios? ¿Qué sintió Jesús al ver a la multitud?
Sugerencia para quien dirige: Sus días son como la hierba y florecen como la flor del campo; pasa el viento y desaparecen. La misericordia permanece desde el siglo y hasta el siglo sobre quienes le temen. Jesús tuvo compasión de la gente, porque estaba derramada y esparcida como ovejas sin pastor.
4. Cuando una persona vuelve a caer en el mismo mal hábito, suele pensar que Dios ya debe de estar cansado de ella. ¿Cómo responde Salmos 103:8-14 a este sentimiento?
Sugerencia para quien dirige: Es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. Dios no nos trata conforme a nuestras iniquidades; se compadece como un padre de sus hijos y recuerda que somos polvo. Puedes preguntar también: ¿cómo nos ayuda este pasaje a distinguir entre Dios, que señala el pecado y nos llama a volver, y esa voz interior que dice “ya está cansado de mí”?
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) “Él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo”: ¿cómo nos ayuda a ver nuestra debilidad el hecho de que Dios recuerde que somos polvo? ¿Quiere decir que el pecado no importa?
Sugerencia para quien dirige: Nos permite reconocer con sinceridad nuestra debilidad sin fingir que somos fuertes. Pero el pecado sigue siendo pecado, y la compasión es para quienes vuelven a Dios.
6. La palabra “compasión” de Mateo 9:36 conlleva la idea de que las entrañas se conmueven. ¿Qué nos muestra la compasión de Jesús acerca de la manera en que Dios trata a las personas débiles?
Sugerencia para quien dirige: Se conmueve desde lo más profundo; no se limita a corregir con frialdad. Puedes relacionarlo con Hebreos 4:15-16: podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia.
7. ¿Hay algún hábito arraigado que a menudo te hace sentir que ya no te atreves a acercarte a Dios? (No tienes que decir cuál es; también puedes pensarlo en silencio. Quienes vienen por primera vez pueden hablar de un hábito que les cuesta cambiar.)
Sugerencia para quien dirige: Comparte primero con sinceridad una cosa pequeña de tu propia vida. No pidas detalles y agradece a quien quiera hablar. Si alguien menciona una adicción o un daño, actúa de acuerdo con la aclaración inicial.
8. ¿Cómo quieres llevar esta situación ante el Dios lleno de misericordia durante esta semana?
Sugerencia para quien dirige: Llévenlo a algo concreto: cuando una persona caiga y se dé cuenta, puede acercarse a Dios, confesar su pecado y leer 1 Juan 1:9. Si se trata de una adicción, puede hablar con alguien de confianza o con una institución profesional. La lista de acciones que sigue parte de esta propuesta.
Pide primero a una persona del grupo que lea despacio Salmos 103:8-14. Guarden dos minutos de silencio. Que cada persona entregue en silencio a Dios un hábito arraigado. Quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar y no tienen que orar ni expresar una postura. Al final, quien dirige recoge lo compartido e intercede por quienes vuelven a caer y sienten que ya no tienen cara para acercarse a Dios. Las peticiones se quedan en el grupo; los asuntos delicados no se escriben en la aplicación ni se envían al chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero permiso a la persona y después se anotan en privado solo una o dos frases necesarias. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe peligro inmediato de autolesión o de hacer daño a otra persona, no hace falta obtener primero su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios de emergencia, la seguridad pública o policía local, o una institución de protección apropiada.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor misericordioso y clemente, hemos vuelto a caer en el mismo hoyo y sentimos que ya no tenemos cara para acercarnos a Ti. Gracias porque no nos tratas conforme a nuestras iniquidades; cuanto está lejos el oriente del occidente, así alejas de nosotros nuestras rebeliones. Gracias porque te compadeces de nosotros como un padre se compadece de sus hijos y porque recuerdas que somos polvo. Gracias porque Jesús se compadece de nuestras flaquezas. Perdónanos, límpianos y danos también la humildad de pedir ayuda. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con elegir una; no pasa nada si alguien todavía no sabe cuál escoger.
No hace falta anotarlo ni rendir cuentas. Quien lo desee puede contar la próxima vez cómo le fue. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger la lección “El Dios lento para la ira” (Éxodo 34:1-9) o la lección “El Dios cuya ira no dura para siempre” (Salmos 30).