Él nos da libertad y espacio para equivocarnos y crecer · Grupos pequeños

El liderazgo de Jesús: cómo seguir a Jesús, Lección 8. Leer Mateo 14:22-33. El miedo a equivocarnos nos impide intentar nada; cuando guiamos a otros, exigimos eficiencia y obediencia, sin dejarles margen para cometer errores

Pasaje principal: Mateo 14:22-33

Pedro quiso bajar de la barca y Jesús le dijo: “Ven”; no se lo impidió. Cuando Pedro comenzó a hundirse, Jesús “extendiendo la mano, trabó de él”, y también le preguntó: “¿por qué dudaste?”. Quienes guían a otros suelen irse a uno de dos extremos: o no dan ninguna oportunidad, o no se atreven a decir la verdad. Jesús hizo ambas cosas.

Introducción

Por miedo a equivocarnos, no nos atrevemos a probar nada; y cuando nos toca guiar a otros, muchas veces solo buscamos eficiencia y obediencia, sin dejarles margen para cometer errores. Parecen dos problemas opuestos, pero brotan de una misma tensión: no sabemos cómo dar libertad y, al mismo tiempo, asumir responsabilidad.

Este pasaje de Mateo 14 nos lo muestra en una escena.

Fíjate primero en lo que sucedió antes: “Y luego Jesús hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte del lago” (Mateo 14:22), mientras él “subió al monte, apartado, á orar” (Mateo 14:23). Es decir, los discípulos habían emprendido el camino obedeciendo sus instrucciones, y entonces se encontraron con el viento: “Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario” (Mateo 14:24).

Durante la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue hacia ellos andando sobre el mar. Al verlo, los discípulos “se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo” (Mateo 14:26). Las primeras palabras de Jesús fueron de ánimo: “Confiad, yo soy; no tengáis miedo” (Mateo 14:27).

Entonces Pedro tomó la palabra:

Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas. (Mateo 14:28)

Fíjate en que la iniciativa fue de Pedro; no era una tarea que Jesús le hubiera asignado. La respuesta de Jesús fue una sola palabra: “Ven” (Mateo 14:29). El texto no explica por qué respondió así ni convierte la ausencia de instrucciones de seguridad en un principio para quien guía a otros. Lo que sí podemos afirmar es que Pedro no bajó al agua por su cuenta: caminó hacia el Señor en respuesta a su mandato, y el Señor estaba allí. Pedro bajó de la barca y anduvo sobre las aguas.

Después comenzó a hundirse: “Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame” (Mateo 14:30).

Jesús hizo dos cosas, y el orden importa mucho:

Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? (Mateo 14:31)

Primero lo sujetó y después le hizo la pregunta. La expresión “Y luego” muestra que no esperó a que Pedro comprendiera su error, se arrepintiera o pronunciara primero las palabras correctas. Pero, una vez que lo sostuvo, tampoco fingió que no había sucedido nada: señaló directamente su poca fe y su duda. Fue una corrección que vino acompañada del rescate; no fue una humillación, pero tampoco la ausencia de reprensión. La bondad no eliminó la verdad, y la verdad no tuvo que convertirse en un sermón pronunciado mientras alguien se hundía.

Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Quienes estaban en ella lo adoraron, diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:33).

⚠️ El centro de este pasaje es, ante todo, revelar quién es Jesús: camina sobre el mar, salva a Pedro y calma el viento; por eso los discípulos lo adoran. La aplicación a la manera de guiar a otros es una analogía subordinada a este centro. Antes que invitarnos a imitar un método de liderazgo, el pasaje nos llama a confiar en este Señor.

El pasaje relacionado muestra otro aspecto del mismo Señor. Muchos discípulos se echaron atrás porque les resultaban duras sus palabras y “ya no andaban con él” (Juan 6:66). Juan no cuenta que Jesús tratara de retenerlos mediante presión ni que suavizara su enseñanza; se volvió hacia los doce y preguntó: “¿Queréis vosotros iros también?” (Juan 6:67). Les preguntó incluso si querían quedarse. Pedro respondió: “Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

Al leer juntos los dos pasajes, aparece el modelo que esta lección quiere enseñarnos:

Primero, Jesús dio a Pedro la oportunidad de bajar de la barca. Aceptó su petición. Cuando guiamos a alguien, ¿nos atrevemos a decirle “ven”? Segundo, no se quedó mirando cuando Pedro comenzó a hundirse. Extendió la mano enseguida: dar espacio no significa desentenderse. Tercero, dijo la verdad. Solo después de sujetarlo preguntó por qué había dudado. Si invertimos el orden, la verdad se convierte en palabras que hieren. Cuarto, no retuvo a las personas por la fuerza. Los discípulos podían marcharse, y preguntó a quienes quedaban si también querían irse.

Hay que dejar clara una cosa: aquí aplicamos el pasaje a los tropiezos propios del aprendizaje y el crecimiento, no cambiamos el nombre del pecado para llamarlo “prueba y error”. Jesús también corrigió la poca fe y la duda de Pedro. Toda conducta contraria a la Escritura, en especial el abuso, el daño y el engaño, debe afrontarse seriamente, detenerse y asumir sus consecuencias; no se puede minimizar en nombre de “dar espacio”.

Por eso, esta lección debe aterrizar en algo muy concreto: en casa, en el grupo o en el trabajo, ¿podemos dar a alguien una oportunidad para probar, extender la mano cuando comienza a hundirse y solo después decir con sinceridad lo que sea necesario decir?

Notas de estudio

1. Los discípulos subieron a la barca obedeciendo sus instrucciones. La tormenta no llegó porque hubieran tomado el camino equivocado.

2. “Señor, si tú eres, manda que yo vaya…” fue una petición de Pedro. No era una tarea asignada por Jesús.

3. “Ven” fue una sola palabra. El texto no explica por qué Jesús respondió así. Lo que sí podemos afirmar es que Pedro no bajó al agua por su cuenta: caminó hacia el Señor en respuesta a su mandato.

4. Primero “extendiendo la mano, trabó de él”; después preguntó: “¿por qué dudaste?”. Este orden es central para la lección.

5. Sus palabras fueron una corrección acompañada del rescate; no fueron una humillación ni la ausencia de reprensión. Jesús sujetó enseguida a Pedro y después señaló su poca fe y su duda.

6. En Juan 6, Jesús no presionó a nadie para que se quedara. Muchos se fueron, y él no suavizó la enseñanza que acababa de dar; se volvió hacia los doce y preguntó: “¿Queréis vosotros iros también?”.

7. Dar “espacio para crecer” no significa cambiar el nombre del pecado para llamarlo “prueba y error”. Jesús también corrigió la poca fe y la duda de Pedro; una conducta contraria a la Escritura debe afrontarse seriamente, detenerse y asumir sus consecuencias.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Una aclaración antes de comenzar (quien dirige la lee en voz alta)

Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera de él. Pero hay una excepción: si hay daño que continúa, está en riesgo la seguridad de un niño o de una persona vulnerable, o alguien corre peligro inmediato de hacerse daño o de dañar a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Por lo general, primero procurará hablarlo con la persona afectada y solo comunicará la información indispensable a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un niño o de alguien incapaz de protegerse, o si existe un peligro inmediato, no se esperará a obtener su consentimiento; según la situación, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía local, a los servicios de emergencia o a los servicios médicos. Si hay peligro inmediato, se debe pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Dinámica inicial: Cuando aprendiste algo nuevo, ¿quién te ayudó a atreverte a probar por primera vez? (Puede ser montar en bicicleta, conducir, cocinar o hablar en público; quienes vienen por primera vez también pueden participar)

Sugerencia para quien dirige: conversen con ligereza. Muchas personas recordarán un detalle: aquella persona estaba a su lado, pero no hizo las cosas en su lugar. Esta pregunta prepara el terreno para lo que sigue.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no hicieron la preparación)

Esta lección se basa en Mateo 14:22-33. Jesús hizo que los discípulos entraran en la barca y fueran delante de él a la otra orilla, mientras él subió solo al monte a orar. La barca estaba en medio del mar, atormentada por las olas porque el viento era contrario. En la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue hacia ellos andando sobre el mar. Los discípulos se asustaron, pensaron que era un fantasma y gritaron de miedo. Jesús les dijo que tuvieran ánimo, que era él y que no temieran. Pedro le pidió que, si realmente era él, mandara que fuera hacia él sobre las aguas. Jesús le dijo que fuera. Pedro bajó de la barca y anduvo sobre las aguas hacia Jesús; pero, al ver el fuerte viento, tuvo miedo, comenzó a hundirse y gritó pidiendo al Señor que lo salvara. Jesús extendió enseguida la mano, lo sujetó y le preguntó por qué había dudado. Cuando subieron a la barca se calmó el viento, y quienes estaban allí adoraron a Jesús y reconocieron que verdaderamente era el Hijo de Dios. El pasaje relacionado está en Juan 6: muchos discípulos se echaron atrás y dejaron de andar con Jesús; él preguntó a los doce si también querían irse, y Simón Pedro respondió que no tenían a quién más acudir, pues él tenía palabras de vida eterna. Hoy hablaremos de libertad, errores y espacio para crecer.

Observación

1. Lean los versículos 22-27. ¿Por qué estaban los discípulos en el mar? ¿Cuáles fueron las primeras palabras de Jesús?

Sugerencia para quien dirige: Jesús los había hecho subir a la barca. Sus primeras palabras fueron de ánimo: “Confiad, yo soy; no tengáis miedo”.

2. Lean los versículos 28-31. ¿Quién propuso bajar de la barca? ¿Cuántas palabras usó Jesús en su respuesta? Cuando Pedro comenzó a hundirse, ¿qué hizo primero Jesús y qué dijo después?

Sugerencia para quien dirige: Pedro lo propuso. Jesús respondió: “Ven”. Primero extendió enseguida la mano y lo sujetó; después le preguntó: “Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

3. Lean los versículos 32-33 y después Juan 6:66-69. ¿Qué sucedió al subir a la barca? En Juan 6, ¿cómo trató Jesús a quienes querían marcharse?

Sugerencia para quien dirige: el viento se calmó y quienes estaban en la barca adoraron a Jesús. En Juan 6, muchos discípulos se marcharon; él no los retuvo mediante presión, sino que preguntó a los doce si ellos también querían irse.

Interpretación

4. ¿Qué nos muestran, respectivamente, “extendiendo la mano, trabó de él” y las palabras posteriores sobre su poca fe y su duda? ¿Cómo se mantienen juntas estas dos cosas?

Sugerencia para quien dirige: es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. La bondad no elimina la verdad; si se invierte el orden, la verdad se convierte en un sermón dirigido a alguien que se está ahogando. Pueden preguntar: cuando corregimos a una persona, ¿qué solemos hacer primero?

5. (Pregunta opcional; háblenla si hay tiempo) El texto solo cuenta que Jesús dijo “Ven”, sin explicar por qué respondió así. ¿Qué podemos afirmar a partir del relato? ¿Qué razones no debemos inventar para llenar el silencio del texto?

Sugerencia para quien dirige: podemos afirmar que Pedro no bajó al agua por su cuenta, sino que caminó hacia el Señor en respuesta a su mandato, y el Señor estaba allí. No podemos deducir del silencio del texto un principio como “quien guía bien no necesita explicar los riesgos”.

6. Según Juan 6:66-69, ¿cómo afronta Jesús la partida de algunos y cómo pide una respuesta a los doce? ¿Qué nos enseña esto a quienes guiamos a otros?

Sugerencia para quien dirige: no retuvo a nadie mediante presión ni suavizó su enseñanza. Esto no significa que le diera igual que se fueran; les permitió escoger de verdad, y solo el seguimiento que nace de una decisión real es seguimiento verdadero.

Aplicación

7. ¿Hay alguien cercano a ti a quien no te atreves a dejar que pruebe? (Puede ser un hijo, un colaborador o un hermano o una hermana que acaba de llegar; no den nombres)

Sugerencia para quien dirige: quienes quieran pueden compartir una o dos frases. Pueden añadir una pregunta: ¿qué te preocupa en concreto? Quien no sepa expresarlo puede escuchar primero a los demás.

8. Esta semana, ¿en qué asunto quieres decirle a alguien “ven”? ¿Cómo piensas quedarte cerca para sostenerlo?

Sugerencia para quien dirige: cuanto más concreto, mejor: dejar que dirija una dinámica inicial, permitir que un hijo haga algo por sí mismo o delegar una parte de un proceso. No olviden la segunda mitad: si algo sale mal, ¿estarás a su lado? La lista de acciones que sigue parte de esta pregunta.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona del grupo que lea despacio Mateo 14:28-31. Guarden dos minutos de silencio. Cada cual puede pensar en dos cosas: ¿qué no me atrevo a probar últimamente? ¿A quién me cuesta darle espacio? Quienes quieran pueden orar con una o dos frases. Quien no quiera hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quienes vienen por primera vez pueden escuchar tranquilamente, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige cierra intercediendo por los hermanos y las hermanas que guían a otras personas. Las peticiones de oración se quedan dentro del grupo; los asuntos sensibles no se anotan en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Para un seguimiento normal, primero se obtiene el consentimiento de la persona y luego se anotan en privado solo una o dos frases indispensables. Si está en riesgo la seguridad de un niño o de alguien incapaz de protegerse, o existe un peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, no se espera el consentimiento: hay que contactar enseguida a los servicios locales de emergencia, a la policía o a una entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, cuando Pedro Te pidió que mandaras que fuera a Ti desde la barca, dijiste una sola palabra: “Ven”. Cuando comenzó a hundirse, extendiste enseguida la mano, lo sujetaste y solo entonces le preguntaste por qué había dudado. Reconocemos que unas veces no dejamos que nadie lo intente, y otras empezamos a razonar con la persona justo cuando ha tropezado. Enséñanos primero a confiar en Ti y obedecer Tu palabra. Cuando guiemos a otros, ayúdanos a dar oportunidades de crecimiento apropiadas y seguras, a sostener a tiempo a quien tropieza y también a corregir con sinceridad conforme a la verdad. Te lo pedimos en Tu nombre. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora no sabes cuál elegir, no pasa nada.

No hace falta registrarlo ni informar a nadie; si quieres, puedes contarlo en la próxima reunión. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Si quieren seguir hablando

Pueden elegir la lección de Lucas 22:31-34, 54-62, “Después de la caída, él todavía restaura”, o la lección de Juan 1:35-51, Liderazgo de acompañamiento: empezar preguntando “¿qué quieren?”.

Guía para quien dirige