Después de la caída, él todavía restaura · Grupos pequeños

El liderazgo de Jesús: cómo seguir a Jesús, Lección 6. Leer Lucas 22:31-34, 54-62. Después de un solo fracaso, sentimos que ya no merecemos seguirlo

Pasaje principal: Lucas 22:31-34, 54-62

Pedro dijo tres veces que no conocía a Jesús y después salió y lloró amargamente. Pero antes de que sucediera, el Señor ya le había dicho: “Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos”. Su fracaso no lo expulsó de su lugar como seguidor: el Señor ya había contado con lo que vendría “una vez vuelto”.

Introducción

Muchas personas guardan por dentro “aquello que pasó”. Quizás fue una mentira, una traición, una etapa de la que no quieren hablar o una ocasión en la que se escondieron cuando debían dar un paso al frente. Después vuelven a la reunión; están físicamente allí, pero por dentro se retiran a la última fila: ¿qué derecho puede tener alguien como yo?

Lucas 22 relata completa aquella noche de Pedro y, además, primero registra las palabras del Señor y después su fracaso. Este orden es muy importante.

Durante la última cena, el Señor dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo” (Lucas 22:31). Las formas “os” y “zarandaros” están en plural: Pedro no era el único que iba a ser zarandeado. A continuación, el Señor pronunció tres afirmaciones que avanzan una tras otra:

Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos. (Lucas 22:32)

La primera: “Mas yo he rogado por ti”. No le dijo “tienes que mantenerte firme”, sino que él había orado primero. La segunda: “que tu fe no falte”. Observemos que el Señor no dijo “para que no caigas”. La caída sucedería; él pidió que el hilo no se rompiera. La tercera: “una vez vuelto, confirma á tus hermanos”. Antes de que ocurriera el fracaso, el Señor ya le había encomendado una tarea para después de su regreso.

Pedro respondió con firmeza: “Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte” (Lucas 22:33). La respuesta de Jesús fue muy concreta: “Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces” (Lucas 22:34).

El pasaje siguiente resulta doloroso de leer. Cuando apresaron a Jesús, “Pedro le seguía de lejos” (Lucas 22:54). Observemos que todavía lo seguía, pero a distancia. Se sentó junto al fuego en el patio. Una criada lo reconoció, y él dijo: “Mujer, no le conozco” (Lucas 22:57). Poco después otra persona dijo que Pedro era uno de ellos, y él respondió: “Hombre, no soy” (Lucas 22:58). Aproximadamente una hora más tarde, una tercera persona afirmó con insistencia que era galileo, y Pedro dijo: “Hombre, no sé qué dices” (Lucas 22:60).

Entonces sucedió esto:

Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. (Lucas 22:60-61)

“Vuelto el Señor, miró á Pedro”. El pasaje no describe cómo era la mirada del Señor, y tampoco tenemos que añadirle un adjetivo. Lo importante es esto: Pedro acababa de negarlo tres veces, y el Señor se volvió y lo miró. Entonces Pedro salió y lloró amargamente (Lucas 22:62).

Lucas no presenta este acontecimiento como el final de Pedro. Las palabras “una vez vuelto” ya estaban allí desde antes. La restauración no fue algo que Pedro se ganara con su conducta posterior; comenzó con la oración del Señor y con una misión que ya le había confiado. Pedro todavía debía volverse de verdad y afrontar las consecuencias de su fracaso. Ser perdonado no significa recuperar automáticamente toda responsabilidad. La posibilidad de volver a asumir un servicio concreto debe discernirse con prudencia a la luz de la Biblia, de las consecuencias reales y de la supervisión de la comunidad.

Esta lección desemboca en tres verdades. Primero, fracasar no significa quedar fuera. El Señor pidió que la fe de Pedro no faltara, no que nunca cayera. Segundo, su llanto fue real y no hace falta saltarlo. La Biblia no se apresura a consolarlo, sino que primero cuenta que salió y lloró amargamente. Tercero, antes de su caída, el Señor ya le había encargado: “una vez vuelto, confirma á tus hermanos”. La gracia recibida, el regreso y el servicio a los demás están unidos en esta frase.

Por eso, si perteneces a Cristo pero una caída te hace temer volver a su presencia, recuerda hoy que el Señor sigue intercediendo por los suyos (Hebreos 7:25; Romanos 8:34). No recuperamos la gracia mediante nuestra conducta. Él también nos llama a confesar, volvernos a él y caminar de nuevo en su seguimiento.

Notas de estudio

1. Las palabras del Señor vienen antes del fracaso. Lucas registra primero “yo he rogado por ti” y después las tres negaciones de Pedro. Ese orden constituye el armazón de esta lección.

2. El pronombre está en plural (v. 31). Satanás no quería zarandear únicamente a Pedro.

3. El Señor no dijo “para que no caigas”. Pidió que la fe de Pedro no faltara. Hay una gran diferencia entre ambas frases.

4. Dijo “una vez vuelto” antes de que sucediera. La restauración no fue algo que Pedro se ganara después; el Señor ya le había encargado una tarea para cuando regresara.

5. “Pedro le seguía de lejos”. Lucas nos muestra que llegó hasta la casa del sumo sacerdote, pero manteniendo cierta distancia del Señor.

6. Las tres negaciones se registran una por una. “Mujer, no le conozco”; “Hombre, no soy”; “Hombre, no sé qué dices”. Lucas escribe cada frase para mostrarnos cómo se cumplieron las palabras anteriores del Señor.

7. “Vuelto el Señor, miró á Pedro”. El pasaje no describe la mirada del Señor; no le añadamos un adjetivo. Lo importante es que lo miró en aquel momento.

Conversación

Apertura (unos 10 minutos)

Acuerdo inicial (quien dirige lo lee en voz alta)

Lo que compartimos en el grupo no se cuenta fuera de él. Hay, sin embargo, una excepción: si se trata de un daño que está ocurriendo, de la seguridad de un menor o de una persona vulnerable, o de un riesgo inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otra persona, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. En general, procurará hablar primero con la persona afectada y compartirá solo la información imprescindible con quienes puedan prestar ayuda real. Si están implicados un menor o alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato, no será necesario obtener primero su consentimiento: según el caso, se contactará al pastor, a profesionales acreditados, a la policía local o a los servicios médicos o de emergencia. Ante un peligro inmediato, hay que pedir ayuda en ese mismo momento y no dejar sola a la persona.

Dinámica: cuando aprendías a montar en bicicleta, nadar o cocinar, ¿cuál fue tu peor caída o fracaso? ¿Seguiste aprendiendo después? (Quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Conversen de manera distendida; seguramente habrá risas. La mayoría mencionará a alguien que la ayudó a levantarse. Esta pregunta prepara el camino para lo que sigue.

Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; alrededor de 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la lectura previa)

En esta lección leímos Lucas 22:31-34 y 54-62. El Señor le dijo a Simón que Satanás había pedido zarandearlos como trigo, pero que él había rogado por Pedro para que su fe no faltara; una vez vuelto, debía confirmar a sus hermanos. Pedro respondió que estaba dispuesto a ir con Jesús a la cárcel y a la muerte. Jesús le dijo que, antes de que cantara el gallo aquel día, negaría tres veces conocerlo. Más tarde apresaron a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo siguió de lejos. Encendieron fuego en medio del patio y Pedro se sentó entre ellos. Una criada lo reconoció y afirmó que había estado con Jesús, pero Pedro dijo que no lo conocía. Poco después, otro dijo que Pedro era uno de ellos, y él respondió que no. Aproximadamente una hora más tarde, alguien insistió en que había estado con Jesús porque era galileo. Pedro contestó que no sabía de qué hablaba. Mientras aún decía esto, el gallo cantó. El Señor se volvió y miró a Pedro. Pedro recordó sus palabras, salió y lloró amargamente. Hoy conversaremos sobre lo que sucede después de una caída.

Observación

1. Lean los versículos 31-32. ¿Qué quería hacer Satanás? ¿Qué cosa pidió el Señor por Pedro?

Sugerencia para quien dirige: Satanás había pedido zarandearlos como trigo; la forma verbal está en plural. El Señor pidió que la fe de Pedro no faltara. Pidan al grupo que observe que no dijo “para que no caigas”.

2. Lean los versículos 33-34. ¿Qué dijo Pedro? ¿Cómo respondió el Señor?

Sugerencia para quien dirige: Pedro dijo que estaba dispuesto a ir con Jesús a la cárcel y a la muerte. El Señor dijo que, antes de que cantara el gallo aquel día, Pedro negaría tres veces conocerlo.

3. Lean los versículos 54-62. ¿De qué manera seguía Pedro? ¿Qué dijo en cada una de sus tres negaciones? ¿Qué sucedió al final?

Sugerencia para quien dirige: Lo seguía de lejos. Dijo: “Mujer, no le conozco”; “Hombre, no soy”; “Hombre, no sé qué dices”. Después cantó el gallo, el Señor se volvió y lo miró, y Pedro salió y lloró amargamente.

Interpretación

4. El Señor pidió por Pedro “que tu fe no falte”, no “que no caigas”. ¿Cómo nos ayuda esta diferencia?

Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central; dedíquenle suficiente tiempo. Las caídas suceden; el Señor guarda para que el hilo no se rompa. Esto no da lugar al pecado, sino que permite a quien ha caído saber que todavía está en sus manos. Pueden preguntar: ¿creemos en secreto que un verdadero creyente nunca debería caer?

5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) Antes de la caída de Pedro, el Señor ya le había encargado: “una vez vuelto, confirma á tus hermanos”. ¿Cómo nos ayuda esta frase a comprender la relación entre recibir gracia, volvernos al Señor y servir a otros?

Sugerencia para quien dirige: Estas palabras fueron pronunciadas antes del fracaso. Pedro no se ganó después su restauración mediante una buena conducta. No las conviertan en una regla general como “quienes han caído son más capaces de sostener a otros”.

6. El pasaje dice que el Señor se volvió y miró a Pedro, pero no describe aquella mirada. ¿Por qué no debemos añadirle nada?

Sugerencia para quien dirige: Lo que añadimos suele proceder de nuestro propio corazón: unos imaginan reprensión y otros compasión. El texto solo nos da un hecho: Pedro acababa de negarlo tres veces, y el Señor se volvió y lo miró. Permanecer en el hecho tiene más fuerza que imaginar.

Aplicación

7. ¿Cómo sueles tratarte a ti mismo después de fracasar? (Habla solo de la manera, no de aquello que hiciste; quienes vienen por primera vez también pueden compartir algo.)

Sugerencia para quien dirige: Antes de plantear la pregunta, aclaren que hoy nadie tendrá que contar lo que hizo. Quienes deseen pueden compartir una o dos frases. Los demás no interrogan ni comentan. Si alguien queda muy afectado, acompáñenlo un rato en privado después de la reunión.

8. Esta semana, ¿qué versículo puede recordarte que Cristo sigue intercediendo por los suyos y también te llama a volver?

Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: copiar Lucas 22:32 y guardarlo en la funda del teléfono, o repetirlo cada mañana. También puede ser una acción: contarle aquello a una persona de confianza o a un pastor. La lista de acciones que sigue continúa en esta misma dirección.

Oración y práctica

Oremos juntos (unos 15 minutos)

Pidan a una persona del grupo que lea despacio Lucas 22:31-32 y después los versículos 61-62. Guarden tres minutos de silencio. Cada cual puede poner delante del Señor aquello que “no se atreve a recordar”, sin contárselo a nadie. Quienes deseen pueden orar con una o dos frases; basta con decir: “Señor, aquí estoy”. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Las personas que vienen por primera vez pueden escuchar en silencio, sin ninguna obligación de orar ni de expresar una postura. Al final, quien dirige puede reunir las oraciones, dar gracias, interceder por el grupo y volver a leer las palabras “una vez vuelto”. Las peticiones de oración se quedan en el grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se comparten en el chat. Para dar seguimiento, por lo general se pide primero el consentimiento de la persona y luego se anotan en privado solo una o dos frases imprescindibles. Si está en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si hay un riesgo inmediato de autolesión o de dañar a otra persona, no hace falta esperar su consentimiento: hay que contactar de inmediato a los servicios locales de emergencia, a la policía o a la entidad de protección adecuada.

Pueden comenzar así (orientación para la oración):

Señor Jesús, Tú ya sabías lo que Pedro diría aquella noche y, aun así, dijiste: “Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte”. Algunas personas entre nosotros llevan mucho tiempo guardando algo que no se atreven a sacar a la luz. Haznos oír que Tú intercedes por nosotros. Permite que, como Pedro, podamos llorar y también volver. Sostén a quienes están atrapados en la vergüenza y la acusación contra sí mismos. Haz que volvamos a Ti de verdad y que dejemos de intentar pagar el pasado castigándonos. Si es Tu voluntad, permite también que quienes hemos sido sostenidos por Ti podamos un día sostener a otros con mayor compasión. Te lo pedimos en Tu nombre. Amén.

Lista de acciones de esta semana (unos 5 minutos)

Después de orar, cada persona escoge una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; no pasa nada si ahora no sabes cuál elegir.

No hace falta registrarlo ni rendir cuentas. Si lo deseas, puedes contar la experiencia en la próxima reunión. Si no lograste hacerlo, lleva a la oración aquello que te lo impidió.

Para seguir conversando

Pueden escoger la lección “Seguirlo tiene un costo” (Marcos 8:31-38), o la lección “Él nos da libertad y espacio para equivocarnos y crecer” (Mateo 14:22-33).

Guía para quien dirige