Comprender la voluntad de Dios al leer la Biblia, Lección 10. Leer Mateo 5:17-20. Te atascas al llegar a Levítico y no sabes distinguir qué preceptos siguen vigentes hoy
Pasaje principal: Mateo 5:17-20
Jesús dijo que no había venido para abrogar la Ley, sino para cumplirla. Los sacrificios, las normas de pureza y las fiestas del Antiguo Testamento eran “la sombra de los bienes venideros” y hallaron su cumplimiento en él. Lejos de rebajar los mandamientos de amar a Dios y al prójimo, Jesús mostró todo lo que exigen. No tenemos que saltarnos la Ley del Antiguo Testamento ni copiarla sin más; debemos leerla a la luz de Cristo, pues nos muestra cómo es Dios y cuánto lo necesitamos.
Muchas personas se proponen leer toda la Biblia desde el principio. Disfrutan Génesis y todavía avanzan bien por la primera parte de Éxodo, pero al llegar a las medidas del tabernáculo, la preparación de los sacrificios y los capítulos llenos de normas en Levítico ya no saben cómo continuar. Y hay una pregunta aún más desconcertante: ¿debemos obedecer hoy esas disposiciones? ¿No se puede comer carne de cerdo? ¿Hay que guardar el sábado? Levítico dice: “No te pondrás vestidos con mezcla de diversas cosas” (Levítico 19:19). Entonces, ¿qué hacemos con la ropa de tejidos mezclados que llevamos puesta? Algunas personas concluyen que toda la Ley del Antiguo Testamento ha quedado anticuada; otras toman unas pocas normas y las imponen a los demás.
Jesús abordó directamente esta cuestión en el Sermón del Monte:
No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. (Mateo 5:17)
Lo afirmó con gran solemnidad: “Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas” (Mateo 5:18). Después añadió: “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). En aquella época, los escribas y fariseos eran quienes observaban las normas con más rigor. ¿Cómo podía la justicia de alguien superar la de ellos?
“Cumplir” es la clave para entender la Ley del Antiguo Testamento. La Ley apuntaba hacia una meta, y Jesús la llevó a su cumplimiento. Hebreos dice: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos á los que se allegan” (Hebreos 10:1). Una sombra no es falsa: muestra realmente una figura. Pero, cuando llega la realidad que proyecta esa sombra, ya no necesitamos aferrarnos a ella. Los sacrificios ofrecidos año tras año preparaban al pueblo para esperar el sacrificio único y definitivo. Las normas de pureza enseñaban a Israel a apartarse para el Dios santo y mostraban que las personas necesitan una purificación verdadera. Respecto a los alimentos, el propio Jesús habló de ellos, y Marcos anotó: “Esto decía, haciendo limpias todas las viandas” (Marcos 7:19). Pablo dijo que la comida, las fiestas y los sábados eran “la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo” (Colosenses 2:16-17). Cristo llevó a cumplimiento la salvación a la que apuntaba la Ley, pero no hace falta buscar a la fuerza una figura profética individual en cada disposición.
¿Y qué ocurre con el propósito de la Ley de enseñar a amar a Dios y al prójimo? El Antiguo Testamento ya mandaba amar a Dios con todo el corazón y no aborrecer al prójimo en el corazón (Deuteronomio 6:5; Levítico 19:17-18). Con su propia autoridad, Jesús reveló todo lo que exige la Ley y llevó los mandamientos hasta las motivaciones, las relaciones y las acciones humanas. Inmediatamente después de este pasaje dijo: los antiguos oyeron “No matarás”, pero yo les digo que quien se enoje injustamente con su hermano será culpable de juicio; oyeron “No adulterarás”, pero quien mire a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5:21-28). Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, respondió que amar a Dios con todo el corazón, el alma y la mente era el primero, y que amar al prójimo como a uno mismo era el segundo. “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40).
Por tanto, tener una justicia mayor que la de los escribas y fariseos no significa multiplicar las reglas ni hacerlas más minuciosas, sino obedecer de verdad desde el corazón. Esa justicia no es un mérito con el que ganamos el derecho a entrar en el reino. Dios ya había prometido: “Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones” (Jeremías 31:33). En Cristo somos justificados por gracia, y el Espíritu Santo nos renueva para que vivamos la justicia propia del pueblo del reino.
Con esto encontramos una manera de volver a leer Levítico. Podemos hacer varias preguntas: ¿qué regulaba esta ley en la vida de Israel en aquel tiempo? ¿Qué revela sobre la santidad, la justicia o la misericordia de Dios? ¿Cómo trata el Nuevo Testamento esta clase de mandamiento? ¿Cómo podemos responder hoy por gracia, en Cristo, al propósito que hay detrás? Por ejemplo, Levítico 19 manda que, al cosechar, no se sieguen por completo los rincones del campo, sino que se dejen para el pobre y el extranjero (Levítico 19:9-10). La práctica concreta pertenece a los campos del mundo antiguo, pero el propósito de cuidar al pobre y al extranjero todavía debe vivirse hoy.
1. “La Ley y los Profetas”. Era una manera habitual de referirse a todo el Antiguo Testamento. Jesús no afirmó que cumpliría solamente las disposiciones de la Ley de Moisés, sino todo aquello hacia lo que apuntaba el Antiguo Testamento entero.
2. “Una jota ni un tilde”. La “jota” representa la letra griega más pequeña, ι (iota), equivalente a la letra hebrea más pequeña; el “tilde” es un pequeño trazo de una letra. Jesús usa esta expresión para subrayar que hasta los detalles más pequeños de la palabra de Dios se cumplirán; ninguno quedará sin efecto.
3. “Cumplir”. En 5:17, “cumplir” significa llevar algo a su plenitud y realización. Diversas partes del Nuevo Testamento muestran cómo Jesús cumplió la Ley: él es el sacrificio definitivo (Hebreos 10:10-14), declaró limpios todos los alimentos (Marcos 7:19) y mostró con su propia autoridad todo lo que exigen los mandamientos (Mateo 5:21-48).
4. La “sombra”. Hebreos 10:1 dice que la Ley tiene “la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas”. Colosenses 2:17 también dice que la comida, las fiestas y los sábados son “la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo”. La sombra es real, pero no es la realidad misma.
5. Una división común en tres partes. Muchas iglesias dividen la Ley del Antiguo Testamento en leyes morales, ceremoniales y civiles. Esta clasificación ayuda a entender qué preceptos siguen vigentes en Cristo y de qué manera, pero la propia Biblia no presenta así las categorías y algunas disposiciones son difíciles de clasificar. Lo más importante es leer cada ley a la luz de Cristo.
Para comenzar: ¿alguna vez intentaste leer la Biblia desde Génesis en adelante? ¿En qué parte te atascaste? (Quien viene por primera vez también puede responder).
Sugerencia para quien dirige: Conversen con naturalidad y pueden reírse un poco. Probablemente varias personas se atascaron en Levítico o Números. Esta pregunta introduce la dificultad de la lección.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la lectura previa)
En esta lección leímos Mateo 5:17-20, una parte del Sermón del Monte. Jesús dijo que no había venido para abrogar la Ley o los Profetas, sino para cumplirlos; hasta que perezcan el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la Ley, hasta que todo se cumpla. Quien infrinja uno de los mandamientos más pequeños y enseñe a otros a hacer lo mismo será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; y si la justicia de sus discípulos no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino. El pasaje de contraste está en Hebreos 10: la Ley tiene la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, y los sacrificios ofrecidos cada año no pueden hacer perfectos a quienes se acercan. Hoy conversaremos sobre cómo leer la Ley del Antiguo Testamento cuando Levítico nos resulta imposible de continuar y no sabemos qué disposiciones siguen vigentes.
1. Lean los versículos 17-18. ¿Qué dijo Jesús que había venido a hacer? ¿Qué afirmó sobre la “jota” y el “tilde” de la Ley?
Sugerencia para quien dirige: No vino para abrogar, sino para cumplir. Hasta que perezcan el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la Ley, hasta que todo se cumpla. Observen que unió “la Ley y los Profetas”, una referencia al Antiguo Testamento entero.
2. Lean los versículos 19-20. ¿Qué dijo Jesús sobre quienes obedecen y enseñan los mandamientos? ¿Qué exigió de la justicia de sus discípulos?
Sugerencia para quien dirige: Quien infrinja uno de los mandamientos más pequeños y enseñe a otros a hacer lo mismo será llamado muy pequeño en el reino; quien los cumpla y enseñe será llamado grande. La justicia de los discípulos debe superar la de los escribas y fariseos, algo que en aquel tiempo habría parecido casi imposible.
3. Lean Hebreos 10:1-4. ¿A qué se parece la Ley según Hebreos? ¿Por qué los sacrificios ofrecidos cada año no pueden hacer perfectas a las personas?
Sugerencia para quien dirige: Es la sombra de los bienes venideros y no la imagen misma de las cosas. Los sacrificios anuales recuerdan el pecado año tras año; la sangre de toros y machos cabríos no puede quitar los pecados. Todo ello señala a un sacrificio mejor: Cristo.
4. Jesús dijo que vino a “cumplir” la Ley. ¿Cómo se cumplieron en él los sacrificios, las normas de pureza y las fiestas? ¿Qué ocurrió con los mandamientos de amar a Dios y al prójimo?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Los sacrificios apuntaban a la ofrenda única y definitiva de Jesús (Hebreos 10:10-14). Las normas de pureza enseñaban a apartarse para el Dios santo, y el Nuevo Testamento declara limpios todos los alimentos (Marcos 7:19). Las fiestas y los sábados eran sombra, mientras que el cuerpo es de Cristo (Colosenses 2:16-17). Respecto a los mandamientos de amar a Dios y al prójimo, Jesús mostró todo lo que exigen (Mateo 5:21-48; 22:37-40). Pueden escribir estas categorías en una hoja y compararlas, sin buscar a la fuerza una figura profética en cada norma.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Lean Mateo 5:21-22, 27-28. ¿Cómo lleva Jesús los mandamientos “No matarás” y “No adulterarás” hasta el corazón y las relaciones humanas? ¿Cómo nos ayuda esto a entender una justicia mayor que la de los escribas y fariseos?
Sugerencia para quien dirige: Jesús aplica los mandamientos al enojo y a la codicia del corazón. Una justicia mayor que la de los fariseos es una obediencia verdadera que nace del corazón. No es un mérito para ganar el reino, sino la vida de quienes han sido justificados por gracia en Cristo y son renovados por el Espíritu Santo (Jeremías 31:33).
6. Al leer Levítico, ¿qué preguntas pueden ayudarnos a no saltarlo ni copiarlo directamente?
Sugerencia para quien dirige: ¿Qué regulaba esta ley en la vida de Israel en aquel tiempo? ¿Qué revela sobre la santidad, la justicia o la misericordia de Dios? ¿Cómo trata el Nuevo Testamento esta clase de mandamiento? ¿Cómo podemos responder hoy por gracia, en Cristo? No hace falta buscar a la fuerza una figura profética en cada norma. Pueden usar Levítico 19:9-10 o 19:18 como ejemplo y practicar juntos.
7. ¿Hay alguna ley del Antiguo Testamento que nunca has sabido cómo entender hoy? (Alimentos, sábado, diezmo, tatuajes... Quien viene por primera vez también puede responder).
Sugerencia para quien dirige: Reúnan primero las preguntas. Después, usen las preguntas de la actividad 6 para pensar juntos en uno o dos ejemplos. No establezcan en el grupo una conclusión definitiva sobre las prácticas concretas; pueden consultar a un pastor.
8. ¿Qué pasaje de la Ley del Antiguo Testamento te gustaría escoger esta semana y cómo quisieras leerlo?
Sugerencia para quien dirige: Pueden comenzar por Levítico 19, que contiene muchos mandamientos cercanos a la vida actual. La lista de acciones que sigue ayudará a concretarlo.
Primero, pidan a una persona del grupo que lea despacio Mateo 5:17-20 y Jeremías 31:33. Después guarden un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden orar una o dos frases: dar gracias porque Jesús cumplió la Ley y se ofreció a sí mismo; confesar las áreas en que obedecemos exteriormente mientras el corazón permanece lejos; pedir al Espíritu Santo que escriba la Ley de Dios en nuestro corazón. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio y no tiene que orar ni declarar una postura de fe. Al final, quien dirige cierra el tiempo dando gracias e intercediendo por el grupo. Las peticiones quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la App ni se envían al chat. Si hace falta dar seguimiento, quien dirige pedirá el consentimiento de la persona y anotará en privado solamente una o dos frases necesarias.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, no viniste para abrogar la Ley, sino para cumplirla. Gracias porque Te ofreciste una vez y Te convertiste en el sacrificio definitivo. Gracias también porque mostraste todo lo que exige la Ley. Por nosotros mismos nunca tendremos una justicia mayor que la de los escribas y fariseos. Gracias porque en Ti nos declaras justos; también Te pedimos que el Espíritu Santo escriba Tu Ley en nuestro corazón, para que amemos a Dios y al prójimo tanto por dentro como por fuera. En Tu nombre, amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál escoger, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni dar cuentas. Si lo desean, en la próxima reunión pueden contar cómo les fue. Si no logran hacerlo, lleven a la oración aquello que se lo impidió.
Pueden elegir la lección “Ver a Cristo en toda la Biblia” (Lucas 24:13-35) o la lección “Volver a colocar un versículo en su contexto” (Filipenses 4:10-20).