Comprender la voluntad de Dios al leer la Biblia, Lección 3. Leer Marcos 2:1-12. Abres la Biblia y enseguida preguntas “¿para qué me sirve?”, por lo que a menudo introduces tus propias ideas en el texto
Pasaje principal: Marcos 2:1-12
Uno de los errores más comunes al leer la Biblia es abrirla y preguntar enseguida “¿De qué me sirve esto?”, de modo que terminamos introduciendo nuestras propias ideas en el texto. Primero vayamos más despacio y observemos lo que dice el pasaje: quién aparece, dónde está, qué hace, qué dice y qué palabras se repiten. El paralítico que bajaron por el techo en Marcos 2 ofrece un buen ejercicio: cuanto más atentamente miramos, con mayor claridad vemos quién es Jesús.
Muchas personas acostumbran leer la Biblia así: abren un pasaje, lo leen una vez y preguntan enseguida: “¿Qué quiere decirme Dios hoy?”. Si una frase toca algo que llevan en el corazón, se detienen allí y pasan rápidamente por todo lo demás. A veces esta forma de leer trae verdadero consuelo; pero, con el tiempo, descubrimos que a menudo solo leemos aquello que ya queríamos oír, sin llegar a ver con claridad de qué trata realmente el pasaje.
Hay un método muy antiguo llamado “observación”: antes de buscar el significado y la aplicación, miramos el pasaje como un detective examina una escena y anotamos uno por uno los elementos que están allí. ¿Qué personas aparecen? ¿Dónde sucede? ¿Quién hizo o dijo qué? ¿Qué palabras se repiten? ¿Qué resulta inesperado? Podemos tomar un bolígrafo y escribirlo en una hoja o en el margen de la Biblia. Observar es el trabajo más sencillo y básico: deja que las propias palabras del pasaje orienten primero nuestra lectura y reduce el riesgo de introducir directamente nuestras ideas. Después todavía habrá que interpretarlo teniendo en cuenta su contexto.
Marcos 2:1-12 es un pasaje muy apropiado para practicar. Jesús regresó a Capernaum y, al difundirse la noticia, una casa se llenó de gente, de modo que “ya no cabían ni aun á la puerta” (Marcos 2:2). Cuatro hombres trajeron a un paralítico y, como no podían entrar, subieron al techo; “descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico” (Marcos 2:4).
Lo que ocurrió a continuación fue muy inesperado:
Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. (Marcos 2:5)
Cuando llevan a un paralítico ante Jesús, el lector espera naturalmente que lo sane; sin embargo, Jesús habla primero del perdón de los pecados. Los escribas sentados allí pensaban en su interior: “¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?” (Marcos 2:7). En esto veían algo con claridad: solo Dios puede perdonar pecados. Jesús conoció sus pensamientos y preguntó qué era más fácil, decir “Tus pecados te son perdonados” o decir “Levántate, y toma tu lecho y anda”. Luego declaró: “Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados” (Marcos 2:10). Mandó al paralítico que se levantara, y este salió delante de todos llevando su lecho. Todos se asombraron y “glorificaron á Dios” (Marcos 2:12).
Si leemos deprisa, probablemente nos detendremos en los cuatro amigos: “Yo también debo ser como ellos y buscar la manera de llevar a mis amigos ante Jesús”. Es una buena aplicación. Pero al observar con cuidado descubrimos que ciertas palabras vuelven una y otra vez: las formas de “perdonar” aparecen cuatro veces y las de “pensar”, tres. Marcos quiere que veamos el centro del pasaje: Jesús hizo lo que solo Dios puede hacer, perdonar los pecados; y el paralítico que se levantó y caminó delante de todos confirmó el perdón que no se podía ver.
Mirar primero con claridad no reduce la aplicación, sino que le da un fundamento más firme. Hechos dice que los bereanos “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Recibir con disposición y examinar cada día son dos actitudes que podemos aprender juntas.
1. Los techos de aquella época. Las casas comunes de Capernaum solían tener un techo plano al que se podía subir por una escalera exterior o una escalera de mano. Sobre unas vigas de madera se colocaban ramas y cañas, cubiertas después con barro; por eso era posible abrir un hueco y bajar a una persona.
2. “Hijo”. La palabra original de 2:5 es τέκνον (teknon), una forma afectuosa de dirigirse a alguien que también puede traducirse como “niño” o “hijo”.
3. “Blasfemias”. Cuando los escribas dicen que Jesús blasfema, quieren decir que ofende a Dios y se coloca en el lugar que corresponde a Dios. Siguiendo su razonamiento, solo había dos posibilidades: Jesús blasfemaba o realmente poseía la autoridad de Dios.
4. “Hijo del hombre”. Es la expresión que Jesús usa con más frecuencia para referirse a sí mismo en los Evangelios. Más adelante en Marcos, este título alude claramente a la figura de Daniel 7:13-14 que viene con las nubes del cielo y recibe dominio y reino (véanse Marcos 13:26; 14:62). En este pasaje, el énfasis está en que el Hijo del hombre “tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados”. Esta es también la primera vez que aparece el título “Hijo del hombre” en Marcos.
5. Una serie de controversias. Marcos 2:1-3:6 reúne cinco controversias: el perdón de los pecados, comer con pecadores, el ayuno, arrancar espigas en sábado y sanar en sábado. Al final, los fariseos y los herodianos consultan cómo destruir a Jesús (3:6). Cuando leemos este pasaje dentro de toda la serie, percibimos mejor su peso.
Para comenzar: cuando eras pequeño, ¿jugabas a “encontrar las diferencias”? ¿Eras de quienes las veían enseguida o necesitabas mirar despacio? (Quien viene por primera vez también puede responder).
Sugerencia para quien dirige: Conversen con naturalidad. Esta pregunta introduce la idea de mirar despacio y con atención.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para incluir a quienes no hicieron la lectura previa)
En esta lección leímos Marcos 2:1-12. Jesús estaba predicando en una casa de Capernaum tan llena que no quedaba sitio ni ante la puerta. Cuatro hombres trajeron a un paralítico y, como no podían entrar, abrieron el techo y lo bajaron con su lecho. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos escribas pensaron que blasfemaba, porque solo Dios puede perdonar pecados. Jesús declaró que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados y mandó al paralítico que se levantara, tomara su lecho y regresara a su casa. El hombre se levantó y caminó delante de todos; la gente se asombró y glorificó a Dios. El pasaje relacionado está en Hechos 17: los bereanos examinaban cada día las Escrituras para comprobar si estas cosas eran así. Hoy practicaremos cómo ver primero lo que el propio pasaje quiere decir.
1. (Práctica conjunta) Guarden silencio durante cinco minutos. Cada persona lee Marcos 2:1-12 y anota en una hoja todo lo que observa: qué personas aparecen, dónde están, quién hace o dice cada cosa y qué palabras se repiten. Después, quien lo desee comparte una observación. Se pueden añadir detalles a lo que otra persona haya dicho, y quien no encuentre nada en ese momento puede pasar.
Sugerencia para quien dirige: Den tiempo suficiente y no metan prisa. Pueden invitar al grupo a contar cuántas veces aparecen las formas de “perdonar”, las de “pensar” y la palabra “lecho” (cuatro, tres y cuatro veces, respectivamente). Al final, quien dirige añade lo que nadie haya mencionado.
2. Cuando llevaron al paralítico, ¿qué esperaba recibir probablemente? ¿Qué le dijo Jesús primero? ¿Te sorprende?
Sugerencia para quien dirige: Quienes lo llevaban probablemente esperaban una sanidad; lo primero que Jesús dijo fue: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Pueden preguntar por qué Jesús empezó por esto, pero no se apresuren a responder; la siguiente pregunta ayudará a verlo.
3. ¿Qué razonaban los escribas en su interior? ¿Cómo respondió Jesús? ¿Cuál fue la reacción final de la gente?
Sugerencia para quien dirige: Dijeron que Jesús blasfemaba porque solo Dios puede perdonar pecados. Jesús conoció sus pensamientos, preguntó qué era más fácil y sanó al paralítico para demostrar que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados. Todos se asombraron y glorificaron a Dios.
4. Al reunir todas estas observaciones, ¿qué quería Marcos que sus lectores vieran sobre todo en este pasaje?
Sugerencia para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedíquenle más tiempo. Las palabras que se repiten hablan: las formas de “perdonar” y de “pensar” aparecen una y otra vez. El centro es que Jesús tiene potestad para perdonar pecados y hace lo que solo Dios puede hacer; la sanidad visible confirma el perdón invisible. La fe de los cuatro amigos es hermosa y forma parte de la escena, pero no ocupa el centro.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo) Lean Marcos 2:13-3:6. ¿Cuántas controversias siguen después de este relato? ¿Qué tienen en común?
Sugerencia para quien dirige: Comer con pecadores, el ayuno, arrancar espigas y sanar en sábado; junto con este pasaje son cinco controversias. En todas ellas, los dirigentes religiosos cuestionan a Jesús, él manifiesta su autoridad y, al final, ellos consultan cómo destruirlo (3:6). Al leer estos relatos dentro de su contexto, vemos que avanzan paso a paso hacia la cruz.
6. Este pasaje suele leerse de dos maneras: una se concentra en los cuatro amigos que llevaron al paralítico ante Jesús; la otra, en la potestad de Jesús para perdonar pecados. ¿Qué capta la primera lectura y qué podría pasar por alto? ¿Cómo da la segunda un fundamento más firme a la aplicación?
Sugerencia para quien dirige: La primera capta la fe y la acción de los amigos, que forman parte del pasaje. Pero, si nos detenemos allí, perdemos el centro: quién es Jesús y que puede perdonar pecados. Cuando vemos esto primero, la aplicación llega más hondo: el Señor ante quien llevamos a nuestros amigos puede perdonar pecados, y nosotros mismos también necesitamos oír: “Tus pecados te son perdonados”.
7. Cuando lees la Biblia, ¿qué haces con más frecuencia: saltas de un lugar a otro buscando una frase conocida, buscas enseguida una aplicación o lees despacio? Lee Hechos 17:11. ¿Qué te enseñan los bereanos?
Sugerencia para quien dirige: Cada persona responde con una o dos frases, sin juicios. Los bereanos recibían la palabra con toda solicitud y examinaban cada día las Escrituras: estaban dispuestos a escuchar y también a comprobar.
8. ¿Cómo te gustaría practicar esta semana el mirar primero lo que dice el propio pasaje?
Sugerencia para quien dirige: Cuanto más concreto, mejor: leer cada día un pasaje breve y anotar cinco observaciones; tener un bolígrafo para hacer marcas en la Biblia; o, al terminar, resumir primero en una frase de qué trata el pasaje. La lista de acciones que sigue ayudará a concretarlo.
Primero, pidan a una persona del grupo que lea despacio Marcos 2:5 y 2:10-12. Después guarden un minuto de silencio. Quienes lo deseen pueden orar una o dos frases: dar gracias por la potestad de Jesús para perdonar pecados; pedir al Señor que nos ayude a leer despacio y con claridad; y orar también por amigos con movilidad reducida que necesitan apoyo. Quien no desee hablar puede orar en silencio; eso también es oración. Quien viene por primera vez puede escuchar en silencio y no tiene que orar ni declarar una postura de fe. Al final, quien dirige cierra el tiempo dando gracias e intercediendo por el grupo. Las peticiones quedan dentro del grupo; los asuntos delicados no se escriben en la App ni se envían al chat. Si hace falta dar seguimiento, quien dirige pedirá el consentimiento de la persona y anotará en privado solamente una o dos frases necesarias.
Pueden comenzar así (orientación para la oración):
Señor Jesús, Tú dijiste al hombre que bajaron: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Gracias porque tienes potestad en la tierra para perdonar pecados y porque también nos has perdonado. Muchas veces leemos Tu palabra demasiado deprisa y buscamos solamente lo que deseamos oír. Ayúdanos a ir más despacio y a ver cómo Te revelas en la Escritura. Danos el corazón de los bereanos, dispuesto a recibir la palabra y a examinar cada día las Escrituras. En Tu nombre. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con una; si ahora mismo no sabes cuál escoger, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni dar cuentas. Si lo desean, en la próxima reunión pueden contar cómo les fue. Si no logran hacerlo, lleven a la oración aquello que se lo impidió.
Pueden elegir la lección “Volver a colocar un versículo en su contexto” (Filipenses 4:10-20) o la lección “Comprender la Palabra de Dios por medio del Espíritu Santo” (1 Corintios 2:6-16).