Preguntas frecuentes de quienes buscan, Lección 4. Leer Lucas 13:1-5. Después de vivir enfermedad, injusticia o pérdida, “si Dios existe, ¿cómo pudo permitirlo?” se convierte en la barrera más difícil de superar
Pasaje principal: Lucas 13:1-5
Alguien contó a Jesús una atrocidad; Jesús mencionó después otra tragedia y preguntó si quienes habían sufrido eran más pecadores que los demás. Dos veces respondió: “No”. La Biblia no explica la causa de cada sufrimiento, pero no permite utilizarlo como prueba de que quien sufre sea más pecador que los demás. Reconoce que el mundo gime y nos dice también que Dios no permaneció a distancia: su Hijo Jesús entró personalmente en el sufrimiento humano, y Dios promete que un día enjugará todas las lágrimas.
“Si Dios realmente ama, ¿cómo puede permitir que suceda algo así?”. Esta pregunta no suele nacer ante un escritorio. Surge fuera de una habitación de hospital, en un funeral o ante un diagnóstico: una buena persona recibe un diagnóstico de cáncer, un niño sufre un accidente, alguien pierde los ahorros de toda una vida por una estafa, y las noticias vuelven a hablar de un terremoto, un accidente de tráfico o el derrumbe de un edificio. Quien pregunta quizá no quiera debatir; está sufriendo y quiere saber por qué.
También en tiempos de Jesús había noticias así. Algunas personas le hablaron de unos galileos a quienes el gobernador Pilato había matado y “cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios” (Lucas 13:1). Morir mientras ofrecían sacrificios fue consecuencia de la crueldad humana. Jesús mencionó otra tragedia: una torre de Jerusalén cayó sobre dieciocho personas y las mató (Lucas 13:4). En un caso, la crueldad humana resulta evidente; en el otro, se trata de una desgracia repentina cuya causa el texto no explica. Ambas situaciones estremecen.
La pregunta de Jesús confronta una explicación muy común: si les sucedió algo así, sin duda habían cometido algún pecado. Al ver a un hombre ciego de nacimiento, los discípulos hicieron una pregunta parecida: “Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?” (Juan 9:2). Una explicación así puede parecer razonable y ofrecer al espectador una falsa sensación de seguridad: sufrieron porque eran malos; como yo no he sufrido, debo de estar bien.
Jesús responde dos veces: “No, os digo” (Lucas 13:3, 5). La tragedia por sí sola no demuestra que quienes la padecen sean más pecadores que los demás. A continuación, dirige la pregunta hacia quienes escuchan: “si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente”. Estas palabras resultan duras, pero son sinceras: la vida de quienes comentan desde fuera es igual de frágil, y ellos también necesitan volverse a Dios. Inmediatamente después, Jesús cuenta una parábola: una higuera que llevaba tres años sin fruto. El dueño dice que la corten, pero el viñero ruega: “Señor, déjala aún este año” (Lucas 13:7-8). El tiempo que Dios concede a las personas es expresión de su paciencia.
Romanos 8 amplía la mirada: las criaturas fueron “sujetas [...] á vanidad” y “todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora” (Romanos 8:20, 22). Este mundo ya no es como aquel que al principio fue llamado “bueno en gran manera”. La Biblia no convierte cada sufrimiento en un castigo dirigido contra una persona concreta ni afirma que Dios sea la fuente del mal. Reconoce que el sufrimiento es real y pesado; incluso quienes tienen el Espíritu “gemimos dentro de nosotros mismos” (Romanos 8:23).
La Biblia nos ofrece algo más profundo que una “causa”. Dios no contempla desde lejos. “Y lloró Jesús” ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35); él mismo fue traicionado, azotado y clavado en una cruz. El Hijo de Dios entró personalmente en el sufrimiento humano: esta es la respuesta central de la fe cristiana ante el sufrimiento. También resucitó de entre los muertos y promete que un día “limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4). Pablo dice: “Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada” (Romanos 8:18). Quien escribió estas palabras había sido golpeado, encarcelado y había sobrevivido a naufragios; no hablaba desde una vida cómoda y ajena al dolor.
Esta lección no agotará la pregunta “¿por qué?”. Pero puede ayudarnos a pronunciar menos palabras equivocadas ante el sufrimiento y a sostener una esperanza mayor.
1. Dos clases de sufrimiento. La muerte de los galileos a manos de Pilato fue claramente resultado de la crueldad humana; acerca de la caída de la torre de Siloé, el texto no explica la causa y la presenta como una desgracia repentina. Este acontecimiento solo aparece en el relato de Lucas. Jesús responde de la misma manera a ambos casos: “No”. La tragedia por sí sola no prueba que quienes la padecen sean más pecadores que los demás.
2. “Si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente”. Jesús no explica por qué sucedieron las dos tragedias, sino que vuelve la mirada de sus oyentes hacia ellos mismos: la vida puede terminar repentinamente y todas las personas necesitan volverse a Dios. Estas palabras se dirigen a los espectadores; no son una sentencia contra las víctimas.
3. La parábola de la higuera viene inmediatamente después. Lucas 13:6-9 describe una higuera que lleva tres años sin dar fruto. El dueño quiere cortarla, pero el viñero pide que la deje un año más. Colocada aquí, la parábola muestra que no haber sufrido una tragedia no significa que seamos mejores, sino que Dios sigue teniendo paciencia y esperando.
4. “Sujetas [...] á vanidad”. Romanos 8:20 dice que las criaturas fueron sujetas a vanidad “no de grado, mas por causa del que las sujetó”. Después del pecado humano en Génesis 3, la tierra quedó bajo maldición. La ruptura de la creación está relacionada con el pecado de la humanidad, pero esto no significa que podamos atribuir cada enfermedad o cada desastre a un pecado concreto de una persona determinada.
5. Los “gemidos” aparecen tres veces. Las criaturas gimen (Romanos 8:22) y nosotros también gemimos (8:23). Si seguimos leyendo, el Espíritu mismo “pide por nosotros con gemidos indecibles” (8:26). Dios no desprecia los gemidos del sufrimiento; su Espíritu está presente también en ellos.
Un recordatorio antes de empezar (quien dirige lo lee en voz alta)
Lo que se comparte en el grupo no se cuenta fuera. Hay una excepción: si hay daño que está ocurriendo, riesgo para un menor o una persona vulnerable, o peligro inmediato de que alguien se haga daño o dañe a otros, quien dirige no puede prometer confidencialidad absoluta. Normalmente procurará hablar primero con la persona implicada y comunicará solo la información necesaria a quienes realmente puedan ayudar. Si se trata de un menor o de alguien que no puede protegerse, o si existe un peligro inmediato, no se espera a obtener su consentimiento; según la situación, se contacta a un pastor, profesionales cualificados, la seguridad pública o policía local, los servicios de emergencia o los servicios médicos. Ante un peligro inmediato, se pide ayuda en el momento y no se deja sola a la persona.
Para comenzar: Cuando de pequeño sufrías una injusticia o estabas enfermo, ¿cómo deseabas que te trataran las personas que estaban a tu lado? (Quien viene por primera vez también puede responder.)
Orientación para quien dirige: Basta con una o dos frases. La mayoría responderá algo como “que se quedaran conmigo”, “que no me regañaran” o “que me prepararan algo caliente”; pocas personas dirán “que me dieran explicaciones”. La pregunta prepara el tema de cómo acompañar a quien sufre.
Repaso de la lección (quien dirige lo lee en voz alta; aproximadamente 1 minuto, para quienes no se prepararon)
Esta lección estudia Lucas 13:1-5. Algunas personas contaron a Jesús que Pilato había matado a unos galileos y mezclado su sangre con sus sacrificios. Jesús preguntó si pensaban que aquellos galileos eran más pecadores que los demás porque habían padecido así. Respondió que no y añadió que, si ellos no se arrepentían, todos perecerían igualmente. Después mencionó que la torre de Siloé había caído sobre dieciocho personas y las había matado. Preguntó igualmente si eran más culpables que todos los habitantes de Jerusalén y volvió a responder que no. El pasaje relacionado está en Romanos 8: todas las criaturas gimen y están de parto hasta ahora; nosotros también gemimos mientras esperamos la redención de nuestro cuerpo; lo que ahora se padece no puede compararse con la gloria que ha de manifestarse. Hoy conversaremos sobre esta pregunta: si Dios ama, ¿por qué existe el sufrimiento?
1. Lee Lucas 13:1-5. ¿Qué acontecimiento contaron a Jesús? ¿Qué otro acontecimiento mencionó él? ¿En qué se diferencian?
Orientación para quien dirige: Pilato mató a unos galileos mientras ofrecían sacrificios, un acto claro de crueldad humana. La torre de Siloé cayó y mató a dieciocho personas; fue una desgracia repentina cuya causa el texto no explica.
2. ¿Cómo respondió Jesús a la idea de que “eran más pecadores que los demás”? ¿Hacia dónde dirigió después la conversación?
Orientación para quien dirige: Dos veces respondió: “No, os digo”. Después afirmó: “si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente”, y dirigió la mirada desde quienes habían sufrido hacia sus propios interlocutores.
3. Lee Romanos 8:18-25. ¿Cómo describe Pablo la condición actual del mundo? ¿Qué espera?
Orientación para quien dirige: Sujeto a vanidad, sometido a servidumbre de corrupción, gimiendo y de parto; nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos. Espera la gloria que ha de manifestarse, la liberación de la corrupción y la redención de nuestro cuerpo.
4. Jesús responde dos veces: “No”. ¿Qué significa esto para quien está sufriendo y para quienes contemplamos el sufrimiento ajeno?
Orientación para quien dirige: Esta es la pregunta central de la lección; dedícale más tiempo. Para quien sufre: lo que te ha sucedido no demuestra que seas peor que los demás, y no necesitas cargar además con esa vergüenza. Para quien observa: no expliques el dolor ajeno diciendo “seguro que hizo algo malo”; esa explicación también nos ofrece una falsa sensación de seguridad. Somos igual de frágiles y necesitamos igualmente a Dios. Pueden leer después Juan 9:1-3.
5. (Pregunta opcional, si hay tiempo.) La Biblia no explica la causa de cada sufrimiento. ¿Qué nos ofrece que sea más profundo que una “causa”?
Orientación para quien dirige: Dios no permaneció a distancia: Jesús lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35) y él mismo soportó la cruz (Hebreos 12:2); un día será reparada la ruptura del mundo (Romanos 8:21; Apocalipsis 21:4); cuando gemimos, el Espíritu también pide por nosotros (Romanos 8:26). No lo presentes como si significara que “el sufrimiento es algo bueno”.
6. Las palabras “si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente” resultan duras. ¿Por qué las pronunció Jesús precisamente en este momento? ¿Cómo ayuda a entenderlas la parábola de 13:6-9?
Orientación para quien dirige: Una tragedia recuerda que la vida es frágil y cualquiera puede marcharse de repente; es un llamado dirigido a cada persona que escucha. La parábola de la higuera muestra que no haber sufrido todavía no significa ser mejor, sino que Dios tiene paciencia y concede tiempo. No apliques estas palabras a las víctimas.
7. ¿Tú o alguna persona cercana han vivido algo que te hiciera preguntar “dónde está Dios”? Si quieres, comparte solo una o dos frases. (También puedes limitarte a decir si te ha sucedido; quien viene por primera vez puede participar.)
Orientación para quien dirige: Limítate a escuchar, sin comentar ni apresurarte a dar una respuesta. Agradece a quien comparta algo. Si alguien habla de un dolor profundo, conversa con esa persona en privado después de la reunión y, cuando haga falta, pide a un pastor que participe en el seguimiento.
8. Cuando alguien sufre, ¿qué palabras equivocadas solemos pronunciar? ¿Cómo te gustaría acompañar esta semana a una persona que está atravesando dificultades?
Orientación para quien dirige: Errores frecuentes: apresurarnos a explicar, comparar quién sufre más o hablar en nombre de Dios para explicar el motivo. Pueden leer Job 2:11-13: sus amigos se sentaron con él en tierra durante siete días y siete noches, y nadie le habló porque veían que su dolor era muy grande. La siguiente lista de acciones sigue esta idea.
Pide primero a una persona del grupo que lea despacio Romanos 8:18-25, y después guarden un minuto de silencio. A continuación, quienes lo deseen pueden orar con una o dos frases: pueden expresar directamente a Dios el “por qué” que llevan dentro, y pueden orar por quienes están enfermos, de duelo o sufriendo una injusticia. A menos que la persona haya dado su consentimiento, no digan su nombre ni detalles que permitan identificarla; basta con decir “una persona con la que trabajo” o “una persona mayor de mi familia”. Quien no desee hablar puede orar en silencio; también eso es oración. Las personas que todavía están conociendo la fe pueden escuchar en silencio y no tienen que orar ni declarar una postura. Al final, quien dirige reúne las oraciones y da gracias e intercede por las personas del grupo. Las peticiones de oración permanecen dentro del grupo; los asuntos sensibles no se escriben en la aplicación ni se envían al chat del grupo. Para un seguimiento ordinario se pide primero el consentimiento de la persona y se anotan en privado tan solo una o dos frases necesarias. Cuando esté en juego la seguridad de un menor o de alguien que no puede protegerse, o exista un peligro inmediato de autolesión o daño a otras personas, no se espera a obtener su consentimiento: hay que contactar de inmediato con los servicios locales de emergencia, la seguridad pública o policía, o las entidades de protección apropiadas.
Puede comenzar así (orientación para la oración):
Señor, vemos demasiadas lágrimas: enfermedad, accidentes, injusticia y pérdidas. Muchas veces no entendemos por qué y también sentimos resentimiento. Gracias porque no permaneciste a distancia: lloraste ante la tumba de Lázaro y sufriste en la cruz. Consuela a quienes están sufriendo y acompaña a quienes pasan la noche en vela. Enséñanos a dar menos explicaciones y a caminar un trecho junto a ellos. Esperamos el día en que enjugarás todas las lágrimas. En el nombre de Jesús. Amén.
Después de orar, cada persona elige una de las siguientes acciones para esta semana. Basta con escoger una; si ahora mismo no sabes cuál elegir, no pasa nada.
No hace falta registrarlo ni informar a nadie; si quieres, en la próxima reunión puedes contar cómo te fue. Si no lo hiciste, lleva a la oración aquello que te lo impidió.
Pueden escoger, dentro de la serie “Quién es Jesús”, la lección basada en Juan 11, “En él están la resurrección y la vida”, o bien cualquier lección de la serie “Vencer en medio del sufrimiento”.